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Capítulo 7


LA MORDIDA DE UN LOBO

"Estoy siempre persiguiendo la luz. La luz convierte en mágico lo ordinario".

—Trent Parke.


ANTHONY

—Venus Miller. —Pruebo su nombre entre mis labios. Doy una vuelta a mi habitación y me detengo en frente de la puerta.

Con sinceridad, me gusta más cómo suena Violeta pastel... Eso, Violet.

El día de ayer pasé comiéndome la cabeza porque pensé que había tomado la decisión de no mudarse, pero entonces me sorprendió cuando esta mañana llamó a la puerta junto a sus pertenencias ya que finalmente lo haría. ¿Qué la habrá convencido?

Enfermizamente me sentí aliviado. Fue una sensación extraña, pero no duró mucho, pues entonces dos más llegaron en su compañía y para ayudarla.

Abro la puerta tan solo un poco y espío a través de la rendija. Es domingo por la tarde, y desde esta mañana se encuentra encerrada en el cuarto de enfrente junto a su amiga que me pareció escuchar, se llama June, y otro sujeto de apariencia asiática que me tiene intrigado ya que hace un momento lo escuché hablar sobre condones.

No puede ser él, ¿cierto?

Me inquieta. Creo que lo conozco, o bueno, no personalmente. En la universidad muchos han escuchado hablar de él por lo que hace. No es bueno, eso dicen. Estudia medicina en la universidad pública, pero en lo personal, nunca sentí curiosidad, hasta ahora. Sé que tiene mi edad porque, vamos, uno puede reconocer con facilidad a los de su misma época, o por lo menos, es lo que sucede conmigo.

Cierro la puerta.

El punto al que quiero llegar es que me hablaron de él porque tiene una fama increíble con respecto a las mujeres. Ya olvidé su nombre, sin embargo, las bocas cuentan que suele llevar por lo menos tres chicas distintas por semana a su apartamento. No es que me admire, más bien me intriga saber cómo es que Violet llegó a conocer a semejante personaje.

¿Tendrán ellos algún tipo de relación afectiva?

Escucho que alguien sale del apartamento, y aunque arduamente he intentado no prestar oídos a lo que hablan, esta vez hago un esfuerzo por saber si sus acompañantes por fin se marcharon, pero amargamente reparo que June sigue con ella.

Esto empieza a molestarme.

¿Acaso no piensan dejarla sola?

Son cerca de las diez de la noche cuando por fin la puerta del apartamento se cierra y de inmediato los nervios me invaden. Admito que por primera vez me siento ansioso al encontrarme a solas con una chica. También quiero darme un golpe. Sé que esto es absurdo, pero es así como me tiene, terriblemente trastornado.

Abro la puerta de mi habitación y en plena marcha me detengo en seco, pues al parecer no fui el único en llevar a cabo esta última acción.

Ella, cruzada de brazos con sus pantalones cortos de flores, camiseta blanca manchada con pintura y un abrigo largo tejido, me observa minuciosamente.

Admito que esos ojos grises son preciosos, grandes y escrupulosos, parecen contemplarlo todo con especial atención.

Tiene ciertas pecas esparcidas de forma aleatoria en su rostro. Lleva el cabello corto sujeto a una cola mal hecha sobre la coronilla, de la que varios cabellos se han soltado a lo largo de toda la jornada de mudanza. De pronto quiero tenerlos entre mis dedos mientras beso su cuello expuesto para mí...

Cierro los ojos y me niego rotundamente a mis pensamientos.

¿Por qué estoy imaginando algo como eso? Necesito comprender por qué de pronto me empecé a comportar como un adolescente hormonal fuera de control.

Después de echar un segundo vistazo sé que nada sobre ella es de mi tipo. No es que esté tan mal, pero prefiero a las pelirrojas de cabello suelto y despampanante, quizá morenas. Además, soy amante de las piernas largas y cuerpos esbeltos, y ella, ni siquiera se acerca a nada de eso. Es baja de estatura, tiene un poco de curvas, sí, pero eso no explica la razón por la cual me encuentro tan necesitado por explorar un poco más, al mismo tiempo, parece un fantasma con esa piel traslúcida.

¿Por qué diablos pierdo el control de mis acciones si acabo de negarme rotundamente a su aspecto? No lo entiendo.

—Necesito un trago de realidad —suelto mientras trato de enfocar sus ojos y no su llamativa boca, aborreciéndome por haber caído tan bajo al comparar a una mujer con otra.

A este nivel me desquicia. No puedo pensar con claridad.

De nuevo empiezo a sentir la necesidad de acercarme tan solo un poco más y sentir su cuerpo pegado al mío, pero me percato de su incómodo silencio y de inmediato un balde de agua helada se cierne sobre mí cuando da media vuelta, entra a su habitación, y cierra la puerta con fuerza.

¿Hice algo que la molestó?

—¿Qué dem...?

Nuestros primeros cinco minutos a solas y de algún modo que no comprendo, la hice enfadar.


VENUS

Es un idiota.

¿Cómo puede contemplar a una mujer sin filtrar ni tan solo un poco de su desprecio? ¡Sus ojos barrieron cada centímetro de mi cuerpo con extraordinaria repulsión!, como si tan solo fuera basura. Poco después negó como si me reprobara. Y sé bien que no debería importarme, pero...

Las miradas dicen mucho, y definitivamente algo de mí —si no es mi yo por completo—, no le agrada en lo absoluto. Pero amargamente también le doy la razón, es decir, lo persigo con una cámara desde hace tiempo. Tal vez piensa que me mudé con él por esa misma razón, y honestamente, no se equivoca.

Odio admitirlo de esta forma, pero aprendo más con la práctica que con la teoría, y fotografiar al nadador siempre fue un gran reto porque todo el tiempo debía ocultarme y hacerlo en secreto. Pero después de planteármelo durante todo el día de ayer, llegué a la conclusión de que también podría sacar provecho de su estúpido trato, pues por fin lo tendría disponible las veinticuatro horas del día, durante los siete días a la semana y, sobre todo, sin recriminarme absolutamente nada.

Pero justo ahora empiezo a pensar que la mudanza no fue una buena idea después de todo.

Tirándola al suelo maldigo la caja de condones que Duncan me dejó ya que, está convencido, mi inesperada mudanza se debe a que me gusta el idiota de en frente. Pero, aunque admito que me deslumbra como modelo, ¡está lejos de convertirse en amor!

Será difícil convivir con alguien que te desprecia hasta la médula.

Cuando llegan las tres de la mañana, me despierto con la alarma del móvil.

Es hora de poner en marcha mi nueva estrategia un poco más estructurada: capturar a Anthony en sus vergüenzas.

Es la primera vez que tomaré el atrevimiento de acercarme.

Mi plan acerca de sacar una fotografía de su trasero todavía sigue en pie, pero eso será por la tarde, cuando termine de entrenar natación y tenga que cambiarse, entonces aguardaré por él escondida en el vestidor. Eso, si no lo pillo mientras se ducha en casa.

Bien. Esto es enfermizo, pero al mismo tiempo fascinante.

Aprovecharé todo el tiempo y cada oportunidad que se me presente para sacarle fotografías. Y esta noche empezaré con una imagen de él durmiendo. A lo mejor consiga capturarlo con la boca abierta y la baba escurriendo del mentón. Eso sí que sería divertido. Aunque, sé bien, algo como eso no me dará dinero. Mi meta en realidad es capturarlo en ropa interior, después de todo, no es lo mismo que un traje de baño, ¿cierto?

A quién engaño, tan solo quiero verlo, ver a mi modelo en secreto y sacarle una fotografía, cualquiera que sea.

La fotografía es mi obsesión. Tampoco puedo ante el incentivo que me mueve con Nik colgado de mi cuello directo a la puerta de su habitación: debo pagar mi parte del alquiler.

Y esa es la mejor parte de todas, que yo siempre obtengo la primicia para mis compradoras. Además, prácticamente ya poseo el permiso de mi modelo, así que por ese lado no existe ningún problema.

Empujo la puerta, sorprendida de que no la haya cerrado con seguro. ¿Olvidó que vive con una chica ahora? Creo que tampoco esperaba que me colase durante altas horas de la noche. Y ahora no sé cómo sentirme al respecto, tengo un choque de emociones.

Todas las luces están apagadas, por lo que no consigo ver gran cosa. Pero estoy preparada, así que enciendo la pantalla de mi celular y alumbro cada uno de mis pasos.

Todo está sorprendentemente más organizado de lo que imaginé.

Me desplazo con cuidado y de esta forma llego a la cama, hasta el sitio en el que intuyo, habré de encontrar su cabeza. Y en efecto, no me equivoco, o por lo menos, no del todo.

Dirijo la mirada hasta su pecho desnudo, pero nada más. ¡No hay nada más! La parte inferior de su cuerpo se encuentra bajo la fina tela de una sábana negra.

—Pero ¿qué diablos es esto? —me pregunto en voz bajita.

Abre la boca, ronca, ráscate una nalga, pícate la nariz, babea. Haz algo interesante que no sea tan solo dormir. Por el amor de Dios, ¡muestra un poco más de carne!

Y de pronto Todopoderoso escucha mi llamado, Anthony se agita mientras murmura algo entre sueños y creo escucharlo decir "no te vayas" mientras una pierna desnuda se asoma bajo la sábana, alertándome, gritándome sobre la posibilidad de que no duerma en ropa interior, sino más bien completamente desnudo.

Con pánico bloqueo el teléfono y de inmediato empiezo a replantearme el plan.

Tarde razono, pensando que podría ser un gran problema ofrecer una foto de él durmiendo. Mis compradoras dudarían, tropezando con una posible conclusión que las llevara a odiarme y entonces no volver a adquirir ninguna fotografía jamás.

Empiezo a retroceder cuando de repente creo verlo mover los labios por segunda vez. Dentro del mismo segundo una idea asalta mi cabeza. Nada me impide sacarle tan solo una. Claro que por si llego a necesitarla en caso de que intente pasarse de listo con respecto a nuestro trato.

Alumbro indirectamente con el teléfono, saco una fotografía, veo hacia la pantalla para constatar que me quedó malísima, y de pronto lo escucho susurrar:

—Mamá...

Por alguna razón parece un poco triste el modo en que la acaba de llamar. De inmediato pretende decir otro par de cosas, pero casi no logro escucharlo.

La curiosidad me invade, así que me acerco tan solo un poco más.

Espero unos segundos, pero no consigo entender nada. Balbucea y no deduzco el qué.

Agotada de estar inclinada pienso en marcharme tal cual como llegué, sin embargo, inesperadamente me toma del brazo y tira de él, llevándonos hasta una incómoda situación en la que mis labios se posan sobre la comisura de los suyos.

Me paralizo cuando, entre la oscuridad presente de la habitación, lo veo abrir los ojos.

Al comienzo, sin comprender qué está ocurriendo permanezco inmóvil, luego decido que es mejor alejarme, pero segundos antes de ejecutar un primer movimiento logra atrapar mis hombros y tira de mí, arrojándome al colchón.

Esta definitivamente no es la fuerza de un sonámbulo.

—¡Eh! —me quejo con la voz trémula, afectada por la situación.

—El lobo tiene hambre, pastelito —murmura contra mi oído con la voz adormilada. El tono de voz profundo que emplea al hablar es en cierto modo seductor porque suena un poco ronco.

Me estremezco cuando hunde su nariz en mi cuello e inhala profundamente, emitiendo un gemido de placer segundos después.

Escalofríos trepan por mi espina dorsal al sentir que me abraza, acercándome más a él. Siento que me asfixio al respirar el delicioso aroma de su cabello, y es todavía peor cuando soy consciente de su masculinidad rozar mi pierna. Al menos así puedo comprobar que no está desnudo por completo, pero de todas formas...

—¡Qué sucede contigo! —chillo agitada. Quiero apartarlo, pero no puedo. No soy capaz de mover ningún músculo. Todavía intento salir del trance.

—Aunque grites, nadie va a escucharte.

¿Qué fue lo que dijo?

Sus labios suben por mi quijada, marcando un camino de fuego. Se siente bien, pero al mismo tiempo reconozco que está mal.

Con desesperación muerdo mi celular, porque de pronto siento deseos de gritar.

No puedo ceder. Me está probando. Porque está jugando. Tan solo eso.

—Será mejor que me sueltes, Greece. —No consigo que suene como una advertencia ni mucho menos tan seria como me gustaría. En realidad, creo que me escucho casi tan extraña como él, y me apena como el infierno.

Anthony aparta el celular de mi boca, situándolo en compañía de mi mano sobre la almohada, justo por encima de mi cabeza, próximo al sitio en el cual descansa Nik con la pantalla todavía encendida, iluminando parte de su hermoso perfil.

Su respiración se profundiza sobre mis labios cuando se atreve a probarlos despacio.

—Anton... —susurro. Se ha llevado todo mi aliento con ese beso. ¡Y todavía me atrevo a llamarlo por su apodo!

Ahora, ¿cómo decirle que se detenga?

En vez de una palabra recibo un gruñido cuando acaricia mi cintura, descendiendo las yemas de sus dedos hacia mi pierna.

Mi cuerpo comienza a responder a sus atenciones. Todo en mi interior funciona más rápido de lo que debería. Siento mucho calor, por lo cual mi mente empieza a enviar alertas en forma de bofetadas mentales.

Esto no puede seguir así.

No seas estúpida y aléjalo de ti.

Encuentro fuerzas con una inhalación. Doblo la pierna y de algún modo consigo hundir mi rodilla en su masculinidad.

Por fin me suelta, y mientras me levanto de un salto, él se dobla por el dolor.

—¡Demonios! —exclama—. Era una broma solamente. Te escuché entrar.

¿Una broma solamente?

Ahora estoy realmente cabreada.

—¿Me escuchaste? ¡Me escuchaste! ¿Entonces qué demonios fue ese beso? —protesto, abrazándome los codos.

¿Qué fue todo eso que vino después?

¿Pastelito? ¿El lobo hambriento? ¿El inesperado encuentro con su virilidad dejándome una extraña sensación en el muslo? ¡Todavía puedo sentirla ahí!

Se recupera de prisa, quizá porque no golpeé lo suficientemente fuerte como para dejarlo sin herederos. ¡Pero qué lamentable!

Se incorpora sobre la cama, y mientras sonríe pregunta:

—¿Me besaste? —Finge indignación—. No solo te basta con el acoso, sino que también eres una pervertida.

—¿Qué? No. ¡No! ¡Eso no viene al caso! ¡Tú tiraste de mí! —Aprieto los labios.

—No. Yo pienso que te me arrojaste encima, aprovechándote de que dormía. De otro modo, ¿qué razón pudo traerte hasta aquí?

¡Su ignorancia es fingida!

¿Piensa que me lo quería comer mientras dormía?

¡Ja! ¡Fue él quien insinuó precisamente eso!

¡Él quería violarme!

—Tú... —Lo señalo con el dedo. De pronto siento que el enfado hace hervir la sangre en mis venas—. ¡Esto es increíble!

Súbitamente atrapa esa misma mano, descolocándome por completo. Rápidamente acerca mis nudillos a sus labios, y cuando concibo su respiración ardiente sobre mi piel, se detiene.

¿Por qué lo hace? Y no hablo de su repentina interrupción, sino más bien del porqué de pronto me mira de esa forma. Sus ojos casi parecen lamentarlo.

La pantalla de Nik se apaga, dejándonos completamente a oscuras.

—¿Qué significa esto? —pregunto en un hilo de voz, temblando debido a la particular corriente que sus dedos son capaces de transmitir, aún más cuando de pronto besa mis nudillos.

Su acción por algún motivo logra deshacer mi enfado y más bien la confusión llega armada con un martillo, para golpearme con tanta fuerza en la cabeza que me deja delirante.

Al recobrar una pequeña parte de mis sentidos intento obtener mi mano de regreso, pero no puedo emplear demasiada fuerza, todavía sigo temblando.

—La mordida de un lobo hambriento —contesta—. ¿Lo dejarías ir por más?

Me sonrojo ante lo insinuante que sonó, y tras haber perdido el habla, de inmediato empleo toda la fuerza que soy capaz de reunir para apartarme y huir del lugar, pero creo que me sigue.

Mientras el sudor recorre por mi frente acalorada alcanzo mi puerta, y gritándole que no se acerque me apresuro a cerrarla antes de que, cual película de terror, Anthony golpee suavemente la madera mientras canturrea:

—Soplaré y soplaré y tu puerta derribaré...

De pronto silencio, alcanzo a escuchar su risa profunda, y un momento después una puerta se cierra.

Golpeo mi pecho ya que su inquilino principal no parece tener posibilidad alguna de volver a la normalidad.

¡Está demente!

Será imposible acercarse a él si de pronto sale con mordidas de lobos y cosas extrañas.

¡Está delirando! Tanta agua con cloro definitivamente debió afectarle al cerebro. Es peligroso...

—Debo regresar al plan normal.

Con Anthony, mantenerse a distancia es conservar la vida.


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