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Capítulo I

Hyunjin miraba su champán sumido en sus pensamientos, tratando de analizar todo lo que estaba sucediendo.

Le parecía irónica aquella situación.

Metió su mano en el bolsillo de su saco, allí reposaba el papel con el escrito que había preparado para esa ocasión: un discurso por la boda de Hwang Yeji, su hermana menor.

Pasó dos semanas redactando cada maldito párrafo, desechando una hoja tras otra al no parecerle adecuado lo que escribía. Se odió a sí mismo por no tener el valor de rechazar la petición de su misma hermana para que fuera él quien hiciera tan importante acto.

Simplemente debió haberle dicho que tenía pánico escénico. Pero esa sería la mentira más enorme y evidente que diría cuando su trabajo consistía en estar de escenario en escenario presentándose frente a miles de personas. Definitivamente no era una buena excusa.

También había sido culpa de la presión de su madre.

— Esto es importante para tu hermana, por una vez en tu vida no lo arruines, Hyunjin.— Le dijo de manera amenazante antes de empezar la reunión familiar para finiquitar aspectos importantes de la boda.

Se encontró entre la espada y la pared y al final no le quedó de otra que aceptar.

Estúpido Hyunjin, estúpido, estúpido, estúpido.

A penas pudo aguantar toda la ceremonia sin tener que correr al baño por las náuseas y soltar su desayuno en el retrete. Detestaba las bodas.

El sonido de una copa siendo golpeada por un cubierto lo trajo devuelta a la realidad. Su padre estaba levantado de su silla pidiendo la atención de todos los presentes. La gente dejó lo que hacía y desde sus mesas lo miraron expectante.

Hyunjin se removió incómodo en su asiento, había llegado el momento que tanta ansiedad le causó desde que le dieron la noticia.

— Este día me ha traído tantas emociones encontradas.— Comenzó diciendo su padre.— Mi querida niña finalmente se ha convertido en una mujer. Estoy tan orgulloso de ti, mi linda gatita.— Los ojos de su padre se llenaron de lágrimas.— Te amamos, tu madre y yo nos sentimos tan bien al verte feliz.— Hizo una pausa. La madre de Hyunjin acarició la espalda de su marido en compresión.

Por su parte, Hyunjin apretaba fuertemente el papel que tenía en el bolsillo. Su corazón latiendo desbocado.

— Pero no me voy a extender porque me pongo demasiado sentimental. Hija, espero que tu matrimonio este lleno de bendiciones.— Sacó un pañuelo y se sorbió la nariz.— Ahora, le daré la palabra a una persona especial para ti, alguien que ha crecido contigo y el cual también me llena de orgullo llamarlo hijo.

La gente aplaudió, la mayoría de los presentes lo miraron. Con las piernas temblando se levantó de su asiento y se dirigió a la pequeña tarima que estaba ubicada justo en el centro del salón. Todas las miradas estaban puestas en él. Quería armarse de valor y huir lejos de ahí, esa situación se le hacía tan humillante. Estaba más que seguro que la idea había sido de su madre más que de Yeji, ella lo sabía todo y por ende, le encantaba torturarlo cada vez que podía, dejándole en claro cuál era su lugar.

Se posicionó frente al micrófono. Con torpeza abrió la arrugada hoja.

Respiró profundo, intentando calmar el torrente de emociones que lo invadía.

— Yeji...— Comenzó.

Y estuvo tan seguro que cualquier cosa que diría en ese momento le sonaría tan falsa. Porque lo que tenía para decir era completamente inadecuado.

— Se me hace tan irreal verte allí, vestida de blanco, casada y completamente feliz. Te ves preciosa, realmente te queda todo esto. Sé que desde hace mucho tiempo tu sueño es formar una familia.— Visualizo a su hermana en una de las mesas, se veía radiante, tanto que el sentimiento de amargura lo invadió. Era tan egoísta por no ser realmente sincero con sus palabras. Ella no merecía todo esto, Yeji era tan bondadosa y buena, la mejor hermana que la vida había podido darle. Sentía que la traicionaba cada vez que osaba hablarle viéndola a los ojos. Un sinvergüenza, así se sentía él. Tal vez su madre tenía razón después de todo.— Me da tanta alegría saber que ahora ese sueño se está haciendo realidad, lo mereces. Mereces todo lo bueno que te pase y este mundo no es lo suficiente para ti, nada lo será jamás. Gracias, por ser mi hermana y amarme incondicionalmente, sé que jamás podré devolverte ni la cuarta parte de todo lo que me das.— Tragó saliva, sus manos temblaban y las lágrimas amenazaban con salir. — Has crecido tanto, casi parece que fue ayer cuando armábamos fuertes de sábanas en la sala de la casa y pasábamos horas jugando e inventando historia, en la mayoría eras la princesa y yo el valiente caballero que te protegía, creo que hasta ahora lo sigo haciendo. Pero el día de hoy te estoy entregando a alguien más para que seas protegida por él.

Por primera vez en todo el día lo miró a los ojos, estaba allí, luciendo tan impecable y hermoso como siempre. Su mandíbula estaba tensada, y cuando sus miradas se encontraron un extraño brillo se reflejó en sus ojos rasgados.

— Sé que te estoy dejando en buenas manos, Jeongin es un buen hombre. Estoy seguro de que te hará la mujer más feliz de este mundo.— Algo quemaba en su interior, quería gritar, salir corriendo de allí. — No importa dónde estés ni con quién estés, yo sincera y completamente, siempre te amaré.— Le sostuvo la mirada hasta que él la apartó.— Yeji, espero que todos tus deseos se cumplan. Gracias.

Estaba llorando y la gente aplaudió, lo palmearon en la espalda a modo de consuelo. Que bueno que lo podían confundir con sentimentalismo.

Al menos, una de las peores partes de ese día ya había pasado. Pudo respirar un poco.

— Te ves bastante mal.— Dijo Changbin horas más tarde acercándose a su mesa abandonada, todos se encontraban en la pista de baile disfrutando, incluidos los novios, quienes daban vueltas por la pista, ambos lucían felices e irreales, nadie podía negar la bella pareja que hacían.

—Uhmmm.— Contestó sirviendo otra copa de champán. Desde hace rato había perdido la cuenta de cuántas llevaba.

— Todo quedó realmente de ensueño.— Dijo refiriéndose al lugar. Yeji fue cuidadosa con cada detalle para que todo quedara perfecto en un día tan especial como ese. Y la boda en cuestión era el reflejo de todo su esfuerzo.

— Sí...— Jeongin y ella bailaban muy juntos. El traje de él era blando y hacía juego con su cabello, igualmente blanco. Parecía un muñequito de porcelana.

— Hyunjin, creo que deberías ir a descansar.— Dijo con preocupación.

No le prestó atención, solo podía imaginarse apartándola de sus brazos y tomando su lugar. ¿Por qué no podía ser ella?, ¿Por qué no podía estar sosteniendo a la persona que amaba en la pista de baile?

— Solo te estás haciendo más daño, Jinnie. Ya fue suficiente por hoy, ve a descansar. — Por primera vez Seo Changbin tenía razón, había sido suficiente.

Como pudo se levantó, en definitiva se había pasado con el alcohol, todo le daba vueltas. Dando tumbos se dirigió a su habitación. Por suerte su hermana rentó todo un hotel para que sus invitados se hospedaran.

Arrastró los pies por los pasillos del hotel, ¿Dónde mierda estaba la habitación 3039?

Siguió avanzando hasta que una mano se enrolló en su antebrazo. Giró bruscamente, exaltado por la repentina acción.

No le dio tiempo de decir nada porque unos labios asaltaron los suyos. Suaves, cálidos y carnosos, labios que conocía a la perfección. El beso era desesperado y cargado de necesidad, una guerra entre lenguas y belfos. Hyunjin no se negó, jamás lo hacía, amaba tanto sus besos y la sensación de calidez que estos le brindaban.

Lo tomó por la cintura y lo pagó más a él, pensando en que no estaban lo suficientemente cerca, deseaba más, mucho más. Todo de él, antes de volver a la realidad.

Hyunjin tomó los muslos del peliblanco y este enrolló las piernas en su cintura. Dando tumbos caminó con dificultad por su estado de ebriedad.

— Esa.— Susurró Jeongin contra sus labios, interrumpiendo el beso. Le mostró una tarjeta con la que podía abrir la habitación, Hyunjin la introdujo. La puerta se abrió dejándolos pasar.

De una patada la cerró y prosiguió con el intenso beso.

Colocó al chico en la encimera del mini bar que había en esa habitación y paseó sus manos por el cuerpo del muchacho, sintiéndolo.

Jeongin gimió cuando Hyunjin apretó fuertemente sus nalgas. La boca del más alto le asaltó el cuello, haciendo que este se arqueara de placer. Sus labios vagaron por el arco de manera húmeda, soltando sonidos obscenos con cada chupada y lametón que dejaba allí.

Hyunjin bajó una de sus manos y la frotó contra el sexo erecto de Jeongin, el chico se deshacía en gemidos.

Con las manos temblorosas por el placer que le propinaba la atención dada por Hyunjin, el peliblanco comenzó a desabotonar la camisa del rubio quitándola junto al saco que cayeron con descuido al suelo. Hyunjin no se quedó en desventaja, retiro la camisa del muchacho, tomó el cinturón del pantalón de Jeongin y con agilidad lo desabrochó, bajando su pantalón y dejándolo solo en calzoncillos.

Su sexo palpitaba de manera dolorosa y como si Jeongin le leyera el pensamiento, saltó de la encimera, tomó el pantalón del rubio y lo bajó junto con el bóxer, descubriendo el duro pene.

Se lamió los labios al ver la caliente imagen. Y sin que tuvieran que pedírselo, se arrodilló ante Hyunjin y tomó el miembro en su boca.

Hwang soltó un ronco gemido de satisfacción, la cavidad bucal de Jeongin era caliente y húmeda. Comenzó a succionar al mismo tiempo sacaba y metía el pene de su boca. Utilizaba su lengua para estimular el frenillo.

Jeongin hacía unas buenas mamadas, eso le encantaba. Le encantaba observar como él también lo disfrutaba.

Desde su ángulo podía verlo engullir su pene, los cachetes se le ahuecaban cada vez que chupaba, las mejillas se le pintaban de carmesí por el esfuerzo y los ojos le comenzaban a llorar por la acción de meter el falo hasta su garganta. A Hyunjin le fascinaba ver esa obra de arte, lo hacía todo más excitante, junto con las sensaciones y lo bien que lo hacía su chico lo llevaban al límite.

Comenzó a dar embestidas a la boca del chico tratando de conseguir el orgasmo. Sin embargo, al percatarse de esto Jeongin paró la mamada. Se levantó del suelo y terminó por quitarse los boxers. Hyunjin entendió lo que quería, lo guío hasta la cama y lo sentó en el regazo. Definitivamente lo iba a follar si eso era lo que deseaba. Él también lo necesitaba después del espantoso día por el que había pasado.

Metió en su boca uno de los rosados pezones de Jeongin y balanceó las caderas para que sus penes hicieran fricción.

— Hyunjin.— Gemía en su oído.

Siguió el movimiento, aumentando la velocidad.

— Hyunjin... Por favor.— Le regó.

— ¿Por favor qué?

Quería ser malo, quería que él supiera lo mucho que estaba sufriendo viendo como se entregaba a su hermana. Aunque la verdad es que más tarde se entregaría a él también.

— Cógeme.

Hyunjin paró en seco y lo quitó de su regazo. Pero en vez de darle lo que quería, le abrió las piernas y se acercó a su pene, que goteaba líquido pre seminal. Le dio una probada, saboreando a su amado.

Después de un par de chupadas ya tenía a Jeongin chillando. Sonrió con malicia y se acercó su entrada, depositando lametones.

— ¡Carajo!— Soltó al sentir la lengua de Hyunjin recorrer el lugar.

Eso le dio el incentivo para continuar explorando el lugar con su lengua. El cuerpo de Jeongin temblaba sobre excitado.

Sabía que lo que hacían estaba mal, que él acababa de unir lazos con su hermana y que se supone que su noche de bodas fuera con ella, no que estuviese allí, siendo atendido por él. Pero eso, de alguna manera lo hacía más excitante. Aunque más tarde se sintiera como una escoria por eso.

Ya no quería pensar más, solo deseaba descargar todas las emociones y sentimientos que seguían oprimiéndole el pecho, quería poder ser feliz, junto a él. Que siempre fuera así, que pudieran amarse cada vez que pudieran.

Tomó a Jeongin de las caderas, se posicionó en su entrada y sin previo aviso se adentró en él de una estocada. El peliblanco gritó sorprendido, pero después de unas embestidas volvía a gemir fuertemente.

Hyunjin se clavaba en él de una manera salvaje, no estaban teniendo compasión. Jeongin se retorcía del placer y pudo jurar que vio las estrellas cuando Hyunjin encontró su punto y empezó a golpearlo.

Sintió que se correría en ese instante, pero no, él quería seguir disfrutando, quería continuar sientiendo como Hyunjin lo jodía exquisitamente.

El rubio en un movimiento le dio la vuelta y lo puso en cuatro, con una mano tomó los mechones blancos, los jaló fuertemente y con la otra comenzó a bombear el pene de Jeongin.

Si su intención era volver loco a Yang Jeongin, definitivamente lo estaba logrando. Y es que, solo Hyunjin sabía cómo le gustaba hacerlo, conocía cada parte de él mejor que nadie, tanto en lo íntimo como en cualquier otro aspecto.

Eran mitades de una misma esencia.

— Uhm.— Jadeaba Jeongin.— Oh Dios, sí. Más rápido.

Hyunjin aumentó la velocidad, estaba yendo profundo dentro de él. Ambos se encontraban bañados en sudados y alterados por el esfuerzo.

— Me... Me corro.

Bombeó más rápido el pene del muchacho mientras lo follaba. Jeongin sintió el subidón y cosquilleo característico en su vientre, unos segundos más tarde llegó al orgasmo manchando las sábanas de semen y desplomándose en la cama.

Hyunjin alzó un poco su cintura y lo embistió un par de veces hasta correrse fuertemente dentro de él.

Salió lento del chico observando como su semen chorreaba del culo de Jeongin. Le encantaba empaparlo de él.

Se tumbó en la cama junto a él.

— Te amo.— Susurró Jeongin contra su pecho.

— Eres un cobarde.— Le respondió.

Dolía, todo dolía. Ellos dolían. Esa absurda boda dolía. Incluso su toque dolía.

Jeongin se aferró a él sollozando.

— Lo siento Hyunjin. Lo siento tanto. Lo hice por nosotros, ¿Lo sabes, no?— Su voz sonaba desesperada.— Lo hice por tu bien. Por tu carrera.

Eso lo enojó. Jamás le había pedido algo como esto, él se tomó esa atribución.

— No Jeongin, lo hiciste por ti mismo. Sabes que ni siquiera mi carrera era un impedimento para estar contigo.

— Pero los medios...

— Los medios me la pueden chupar. No sería el primer ni último Idol homosexual, y lo sabes. Pero tuviste miedo de lo que los demás pudieran opinar, de mí y de ti mismo.

Silencio, Jeongin no dijo nada al respecto. Sabía que había tocado un punto sensible, pero Hyunjin tenía que decirlo, porque era verdad.

— Y con mi hermana... ¿Por qué no con otra persona, al menos?

Estaba a punto de romperse, pero no quería hacerlo frente a él, no quería mostrar a qué grado lo había lastimado aquello.

— Yo...no lo sé.— Susurró el chico. Seguía aferrado al cuerpo del rubio.— No la amo, no amo a nadie más que a ti, Hyunjin.

Hyunjin, quitó las manos del muchacho de su cuerpo y se levantó de la cama.

— ¿A-a dónde vas?— El labio le temblaba y sus mejillas estaban empapadas.

Hyunjin recogió su ropa del suelo y comenzó a vestirse. No podía seguir un minuto más allí, no cuando tenía un nudo en la garganta que lo asfixiaba.

— A mi habitación. Deberías volver, Yeji te debe estar buscando como loca. Será mejor que no hagas esperar a tu esposa.

Abrochó su cinturón, se puso su camisa y los zapatos. Y cuando estuvo listo se acercó al chico que reposaba de rodillas en el colchón con un aspecto de cachorro abandonado.

Acarició su mejilla, Yang Jeongin era precioso.

— Te amo, siempre lo haré.— Besó sus labios con ternura y se dirigió hasta la puerta. Pero antes de abrirla se volteó, decidido en lo que diría a continuación.— Jeongin, se acabó.

— ¿Qué?— En los ojos del menor pudo visualizar el temor.

— Lo nuestro. Se acabó, no volverá a pasar más nada.

Y con el corazón hecho pedazos por su decisión, salió de esa habitación, prometiéndose que no volvería a ver con los mismos ojos al que fue el amor de su vida, pero que ahora era el marido de su hermana.

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Holaaa, esta es la primera vez que escribo escenas así, espero haberlo hecho bien. Acá les dejo este pequeño proyectito, un two shot. Espero que lo disfruten y le den amor.

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