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I

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... ... ...
"...Cuando los tres fulgores
Se enfrenten al Oscuro
Cuando los tres defensores
Pasado, Presente y Futuro
Cuando los tres hambrientos
De protección, de paz y de justicia
Se enfrenten a los invasores
Las sombras que acecharán el mundo
Fuerza, Libertad y Esperanza
Serán los valores
Que destruyan al Oscuro..."

...

... ...

... ... ...

No. La Profecía no se cumplirá.
Yo me encargaré de ello...
El mundo será mío, cueste lo que cueste.
Pase lo que pase.
Tú, joven. Corre mientras puedas.
No sabes lo que te espera...
... ... ...

... ...

...

Un día soleado y sin nubes. Una colina verde y hermosa. Un joven corriendo y sonriendo.
Aquel erizo, jovial y orgulloso, vestido de un pelaje azul cobalto. Contrastado con sus tenis rojas, encargadas de conquistar el suelo con cada paso; con su abundante cabellera espinosa ondeando al viento. Con sus brazos erguidos hacia atrás y sus pies levantando gravilla del suelo. El brillo de sus ojos era el vivo reflejo de la vegetación a su alrededor: esmeralda del más puro.
El cuerpo inclinado hacia delante. Los ojos bien abiertos. El corazón latiendo como un reactor.
La curva en su boca bien mostrada.
La hierba se inclinaba exageradamente con sus pasos, pidiendo piedad. Las flores no eran diferentes; hacia donde el corredor seguía su camino, trataban de seguirle inútilmente. Pero estas, malditas, no podían sino permanecer ancladas al suelo.
Los árboles, el viento, todo... susurraba una hermosa canción que solo llegaba a los oídos del chico; un susurro casi inaudible, una paz que solo la naturaleza puede otorgar...
Ya llegaba... ya llegaba... a su hogar.
Knothole.
No era una caminata precisamente corta pero, gracias a su rapidez, para él eran apenas dos minutos.

●●●

Observaba la proyección de un pequeño aparato portátil. Este mostraba lo que parecía un mapa mundial. Ella, aquella ardilla pelirroja, miraba posando un brazo sobre otro, el mismo que terminaba un puño tapando su boca.
-NICOLE, trata de ver si hay algún indicio en el Océano al Este de Holoska. -ordenó ella, con voz decidida.
-NEGATIVO, SALLY. -respondió la máquina.
-Tampoco... -dijo la ardilla de ojos azules por lo bajo, pensativa, con los puños encima de la mesa. -¿Dónde rayos podrá estar...?

●●●

Un zorro trabajaba tranquilamente, en su avión. Un biplano vintage rojo, para ser exactos. Sus dos colas se ondeaban constantemente, mientras el pelaje ambarino se manchaba ligeramente de aceite. Su compañero observaba el talento innato del chico; era algo que ambos tenían en común.
-Cada vez lo haces mejor, Tails. -dijo la morsa añil, mientras se acercaba para ver mejor su trabajo.
-Gracias, Rotor. -respondió Tails, sonriendo.
Ambos eran inventores, aunque, como todos en el mundo, real o ficticio, cada uno lo era a su manera. Tails era mucho más erudito y científico, mas Rotor no se expandía más allá de la ingeniería. Sin embargo, y aunque este tendiese a supervisar a Tails, ambos estaban prácticamente igualados.
...pero de qué sirve competir cuando unos chicos se llevan tan bien.
Aquel avión, bautizado con el nombre de El Tornado, era toda una joya y una herramienta indispensable para... bueno, eso ya se verá después.
Pero... ¿acaso el biplano estaba estropeado? ¿tendría alguna avería? En realidad, no: lo que instalaba el zorro era una nueva fuente de energía, lograda gracias a algo que encontró en el Gran Bosque.

●●●

Se arreglaba tranquilamente frente al espejo, coqueta y con una sonrisa. Una mascarilla, un poco de pintalabios, lápiz de ojos...
Atractiva, divertida y femenina; eso es lo que era.
¿Y qué hay del coyote que la acompañaba?
Afilando su fiel espada, con la que soñaba poder servir algún día en la Guardia Real.
¿Lo conseguiría?
Desgraciadamente, él no es el protagonista de esta historia...
Sino aquel que se aproximaba a ellos a gran velocidad.

●●●

Una fortaleza robótica. Unos pasillos totalmente mecanizados, conduciendo a una sala. En esa sala, alguien estudiaba una enorme pantalla atentamente.
Su cabeza calva, mas con unas gafas de visión nocturna. Otro par ocultaba sus ojos azules, redondeadas y del mismo color que estos. Su puntiaguda y gran nariz rosada conjuntaba con su extravagante bigote, pelirrojo y enmarañado. Su de momento invisible boca (a causa de su mostacho) permanecía cerrada, esperando y sin nada que decir. Su extraña figura, ovalada y de extremidades delgadas, resultaba un tanto cómica. Un extraño pero elegante traje acompañado de unos pantalones y botas negros era lo que vestía a aquel individuo.
-¿Cuánto le queda, Orbot? -dijo, dirigiéndose con la voz y sin mirarlo, a un robot esférico y rojizo. Este se dejó ver, levitando hasta su dueño.
-Queda poco, jefe -respondió, con las manos juntas y una reverencia. -. Hacer la cena lleva lo suyo... igual que adelgazar.
-Vale... ¡Espera! ¿¡QUÉ HAS DICHO!? -preguntó, enfurecido y en posición intimidante, con los brazos levantados detrás de él.
-¡Nada, nada...! -respondió Orbot, pidiendo piedad con las manos al frente.
-¡Ya está jefe! -dijo apareciendo alegremente el brillante de Cubot.
-¿Y qué hay de...? -giró la muñeca varias veces, pensativo. -Ya sabéis, lo otro.
-Va por el 72%, jefe. -dijo Orbot.
-Bien, bien, ya está casi listo...

●●●

Una luz azul se observaba a lo lejos, aproximándose rápidamente. La sencilla y humilde Villa de Knothole, situada en lo más profundo del Gran Bosque (cuyos habitantes lo conocían como la palma de su mano). Nada especial tenía en un principio, salvo sus amables y tranquilos aldeanos. Estos, al ver aquel rastro de humo y fotones, a pesar de parecer un mal presagio, no se asustaron lo más mínimo, sino que dibujaron una sonrisa en sus rostros.
-¡Ya ha llegado! ¡Ya ha llegado! -escucharon Tails y Rotor y salieron del taller . Lo escuchó Sally y salió de su casa, sorprendida y feliz. Lo escuchó Antoine y, del susto, dio un respingo que hizo que su espada se cayera al suelo y el maquillaje de Bunnie se echase a perder.
Todos esperaban en las afueras. Solo estaba a un kilómetro; quinientos metros, cien, cincuenta, diez...
Y, con un derrape que levantó medio suelo, finalmente, llegó.
-¡Cof, cof! Sonic, ¡cof, cof! Has tar- ¡cof, cof! Tardado mucho ¡cof, cof! -dijo Tails, mientras Rotor le daba unas palmadas en la espalda para aliviar la tos.
-Lo sé, he alargado un poco el paseo esta vez. -respondió Sonic, haciendo estiramientos con los ojos cerrados.
-¿Dónde has estado? -preguntó Sally, poniendo su enorme flequillo en su sitio.
-Pues... he corrido por la Colina Verde... luego me he ido a las Ruinas Místicas... después a Costa Esmeralda... más tarde a Station Square... a Colina Verde otra vez y... -extendió los brazos por debajo de la cintura, sonriendo. -¡aquí estoy!
-Nunca cambias. -dijo Rotor, poniéndose a su lado y negando con la cabeza.
-Deberías pasar más tiempo con nosotros, cariño, ¿no crees? -preguntó Bunnie, juguetona, dándole un codazo y guiñando un ojo.
-¡Hey! ¿A qué viene todo esto?
-A que nos preocupamos por ti, erizo. -añadió Sally, de brazos cruzados y con una rodilla doblada.
-¿Has averiguado algo, Sal? -preguntó Sonic, mientras se movían hacia el interior de la villa.
-Nada -respondió ella, suspirando. -. Es como si... no estuviera en ninguna parte. -decía mientras negaba y se encogía de hombros.
-Tranquila, Sal -dijo Sonic. Se detuvo y puso una mano en su hombro. -. Estoy seguro de que lo conseguirás. -le brindó una cándida y blanquecina sonrisa.
-¿Tú crees? -preguntó ella, complacida y algo confusa.
-No creo -le sujetó del segundo hombro. -. Lo sé... -respondió en voz baja, muy cerca de ella.
Aquel momento resultaba embriagador y, al mismo tiempo, incómodo. Sonic seguía sonriendo y mirándola fijamente, con una simpatía mutua. Sally siempre encontraba ánimos en aquella mirada esmeralda; era lo que muchas veces le ayudaba a encontrar las fuerzas, afrontar las cosas y mirar hacia delante y, sobretodo, sentirse plenamente segura de lo que era capaz.
-Gracias, Sonic...
Entonces oyeron algo que no se esperaban... y que por lo menos Sonic no quería esperarse: la voz en grito de la optimista, alegre... e irritante Amy Rose.
Una eriza rosada, de pelo corto, con una diadema sujeta a este. Su característico vestido rojo, con aquellas pulseras doradas y esas botas, también rojas.
Siempre dispuesta a ayudar... y perseguir a Sonic.
-¡Soooniiiiic! ¡Qué bien que has vuelto! -decía mientras se acercaba corriendo y saludando exageradamente con la mano.
Sin dejar su anterior posición, Sonic, acelerando como solo él sabía y solía hacerlo, echó a correr.
Amy llegó y ambas tosieron debido al levantamiento de humo. La primera hizo un puchero y Sally consiguió abrir los ojos.
-¡No soporto cuando se va y me deja así...! Oh, ¡Hola Sally! -Amy le saludó amistosamente, pero ella no respondió; se hallaba sorprendida, ausente. Observando la estela de luz

-Lo sé, Tails, lo sé... -Sally también estaba decepcionada consigo misma.
-Cariño, estoy segura de que Eggy tarde o temprano se cansará de perder siempre. -afirmó Bunnie, despreocupada.
-... Por eso tratará de golpear cada vez más fuerte, Bunnie. -replicó Rotor, algo molesto.
-Yo cgeo que Eggman tenía todo esto pensado -añadió Antoine, con variad miradas curiosas ahora puestas en él. -. Quiego decig... que no es tonto; si tiene un ejégcito de gobots, también se asegugagá de que no le descubgamos.
-Tienes razón, Antoine -dijo Sally, sin dejar su tono de seriedad. Aunque era la líder de aquel grupo, a veces se planteaba si merecía la pena hablar de esa forma con sus amigos. -. También es cierto que últimamente ataca menos.
-¿Y si no está en ningún lado? -dijo Sonic, sorprendiendo al resto con su repentina aportación; hasta hacía un momento estaba holgazaneando, con las piernas cruzadas y apoyadas sobre la mesa.
-¿A qué te refieres, Sonic? -preguntó Tails.
-Que tal vez no esté en ninguno de esos sitios -los demás torcieron la cabeza o arquearon una ceja, extrañados. -Pensadlo; él debe estar riéndose ahora mismo de nosotros por buscar donde no debemos. ¿Quién ha dicho que esté en el mismo lugar? ¿O en uno que NICOLE pueda rastrear?
-¿Qué quieres decir...? -preguntó Amy, con cierta sospecha. Sonic abrió los ojos por fin y también puso los puños sobre la mesa, un tanto serio.
-...Está claro que Eggman está en un sitio lo bastante cerca como para venir hasta aquí en poco tiempo y lo bastante lejos como para que nosotros no sepamos dónde rayos se esconde. -terminó Sonic, sorprendiendo todavía más a sus compañeros, en especial a Sally.
-¿Crees que Eggman puede estar en una especie de... intervalo? -preguntó esta, sin negar la perspicacia del erizo.
-No lo sé -se encogió de hombros, cerrando los ojos otra vez y volviendo a apoyar la cabeza en sus brazos, a modo de respaldo. -. Solo digo que Eggman debe estar jugando con nosotros. -concluyó Sonic, volviendo a esa especie de sueño fingido.
Los demás no podían creérselo y mucho menos asegurar que aquello fuese cierto. Lo único claro era que la teoría de Sonic, aunque algo descabellada (como muchas de las cosas que pensaba y hacía), tenía cierto sentido, especialmente cuando las demás opciones se habían descartado.
Entonces sonó un estruendo que hizo temblar ligeramente la habitación, sobresaltando al resto. Seguido, alguien abrió la puerta de golpe; se trataba de Cream.
Era una coneja, al igual que Bunnie, pero mucho más joven e inocente que ella. Vivía cerca de los Combatientes de La Libertad, junto a su madre y, a menudo, soñaba con convertirse en una de ellos cuando fuese más mayor.
Iba como siempre, con sus orejas caídas y su vestido naranja. Cheese, su Chao (una criatura acuífera parecida a un muñeco), tampoco había cambiado.
-¡Chicos! -dijo, muy nerviosa.
-¿¡Qué ocurre, Cream!? -Amy se levantó de golpe, también preocupada de lo que hubiese podido pasar.
-¡Es Eggman! ¡Ha destruido parte de la aldea! -exclamó, intentando ser tranquilizada por sus compañeros (quienes ya se habían levantado acercado).
-¿A dónde se dirige, Cream? -preguntó Sally, obligándola a mirarle y que se tranquilizase.
-Al... -tragó saliva. -al castillo... -todos se quedaron estupefactos ante la afirmación de Cream, sabiendo lo que aquello podía significar.
-No... -murmuró Sally, exhausta -otra vez no...
-Debemos ir para allá ahora -dijo Sonic, quien se hallaba al fondo, detrás de los demás. El resto le prestó atención. -, antes de que sea demasiado tarde.
-Lo sé Sonic -respondió la pelirroja, seria y decidida, mirándole de reojo. -; no puedo permitir que vuelva a destronar a mi padre...

●●●

-¡Majestad! ¡Knothole ha sido parcialmente arrasado por el Dr.Eggman! -informó un guardia, entrando en los aposentos de Maximilian. Él se hallaba pensativo, dándole la espalda.
-Dirijan a todos los soldados a la frontera con El Gran Bosque -exclamó el Rey, dándose la vuelta, muy serio. -. Hay que proteger a los ciudadanos.
-¡Pero Majestad! ¡Está claro que va a por vos! -replicó el guardia, inseguro y con lanza en mano. -¡No podéis quedaros aquí solo, alguien debe protegeros! ¡Debéis...!
-De eso me encargo yo. -cortó el Rey, girándose otra vez.
-¿Estáis seguro...? -preguntó el otro, preocupado por su Señor.
-Sí -dijo solamente, con voz fría y seca. -. Además; los Combatientes de La Libertad deben de estar llegando ya para ayudarnos a enfrentar al Doctor.
-Sí, Majestad.

●●●

La hélice del avión giraba rápidamente, como un Tornado. En él, Tails se colocó en el asiento delantero, como piloto, seguido de Rotor, quien se sentó en el asiento de atrás. Sonic hacía unos estiramientos mientras Bunnie, con sus piernas de robot (sí, efectivamente, era un cyborg), se preparaba para propulsarse. Antoine sujetaba el mango de su espada, preparado para desenfundarla, y Amy hacía lo mismo con su martillo. Sally se hallaba al frente, decidida y mostrando todo su liderazgo.
-¡Combatientes de La Libertad! -exclamó en voz alta, alertando al resto, quienes se prepararon todavía más. -¡Vamos allá!
Todos salieron disparados de Knothole hacia El Gran Bosque; El Tornado volaba por lo alto, y Sonic corría raudo por delante del resto. Bunnie, al igual que Tails y Rotor, se desplazaba velozmente por el aire, algo más lenta y baja que ellos, con sus robóticas piernas convertidas en propulsores. Sally y Amy, seguidas de Antoine, no eran tan rápidos, pero su esfuerzo y constancia era lo que les permitía seguirles el paso al resto.
Y así, unos simples aldeanos de la pequeña y sencilla Villa de Knothole, se dirigían a otra trepidante aventura, listos para enfrentar
aquel malvado y loco científico.

●●●

La gente miraba al cielo, expectante. Una enorme nave tapaba el sol, oscureciendo toda Mobotropolis. Unos robots, de todas las formas y colores, recorrían las calles de la enorme ciudad, llenándolas y golpeando a cualquiera que se cruzase en su camino. Algunos incluso amenazaban y agredían a los ciudadanos, provocando gritos y terror. Los que no eran empujados o tirados al suelo, retrocedían atemorizados.
¿Acaso había esperanza?

●●●

Maximilian se encontraba sentado en su escritorio, esperando, con sus entrelazadas manos tapando su boca. No quedaba mucho.
Pudo oír una explosión detrás de él, proveniente del balcón. Alguien había entrado en los aposentos.
Alguien... conocido.
El polvo y los escombros llenaron parte de la enorme habitación. Aquel intruso iba acompañado de una horda de insectos y monstruos metálicos. El Rey no se inmutó.
-Cuánto tiempo, Max. -dijo, con falsa simpatía, fingiendo que eran amigos. Maximilian se giró, con las manos en su regazo y, a diferencia del otro, con semblante serio.
-Lo mismo digo, Ivo. -respondió el monarca, distante y frío.
-¿Sigue disponible el puesto de Consejero Real? ¿O todavía no has encontrado un candidato a mi altura? -preguntó el invasor, orgulloso, jugando con su bigote.
-Cualquier candidato es válido mientras no me arrebate el trono, como tú hiciste hace tiempo, viejo amigo. -respondió, manteniendo su expresión.
-¡Ja, ja, ja! No has cambiado, por lo que veo. -en ese instante también se endureció el rostro del bigotudo.
-¿Qué es lo que quieres? -cuestionó el Rey, ignorando las provocaciones de aquel hombre, no sin un gran esfuerzo; las ganas de abalanzarse sobre él y darle una paliza eran muy intensas. Pero Maximilian no era tonto; si se atrevía a amenazarle lo más mínimo, la escolta de robots iría a por él y le descuartizarían vivo. Por eso se contuvo, tan solo haciendo muestra de su furia cerrando los puños fuertemente. El villano se inclinó y le miró con descaro y malicia.
-Quiero algo que tú tienes. -dijo, muy cerca del rostro del Maximilian. Él solo levantó la cabeza devolviendo el gesto y respondió:
-No pienso darte el trono. -el humano rió con sorna.
-No es el trono lo que quiero. -añadió, siguiéndole una siniestra sonrisa.
-¿Entonces qué es? -empezaba a enfurecerse de verdad.
-De todas las reliquias de la Familia Real hay una especialmente interesante. -explicó, con aquel tono lleno de maldad.
-¿Cuál? -se notaba una vena palpitante en la sien de Maximilian, cada vez más enfurecido.
-El Cetro de Las Tinieblas -respondió, casi enseguida. -. Te lo exijo.
-¡Nunca te daré nada que pertenezca a mi familia! -estalló el Rey. Su respiración era rápida y sonora por la ira.
-¿Acaso sabes siquiera para qué sirve? -él también levantó ligeramente la voz.
-¿¡Acaso lo sabes tú!? -se levantó y tiró la silla. Los robots se dieron cuenta de aquella reacción e hicieron amago de dispararle con un chasquido. Su dueño les detuvo con la mano en alto, impasible.
-El Cetro de Las Tinieblas es un tesoro con un poder inimaginable que por algún motivo acabó en manos de la Casa Real del Archipiélago Acorn. -explicaba, dando vueltas por la habitación, con las manos en la espalda. Maximilian no se giró para mirarle; permanecía ligeramente cabizbajo.
-¡Si acabó en manos del Reino de Acorn fue para que no lo hiciera en las de personas como tú! -exclamó el Rey, defensivo. Los robots volvieron a gruñir y hacer amagos. El hombre del mostacho se detuvo y dijo:
-Lo dudo -le miró de reojo al Rey. -. Entonces, ¿me entregarás el Cetro, si eres tan amable?
-Nunca. -respondió el Monarca. El del bigote hizo volver la cabeza a su posición anterior y negó con ella.
-Sigues sin ser un hombre de negocios, Max. Lo pediré por las buenas una última vez: entrégame el Cetro de Las Tinieblas.
-¡¡¡NUNCA!!! -estalló Maximilian, con los ánimos en llamas. Los robots se enrabietaron todavía más.
-Tú lo has querido. -chasqueó los dedos en alto y uno de los autómatas humanoides apuntó.
Pero algo partió aquel cañón por la mitad.
Un rayo azul.
Otro robot fue derribado por un pequeño misil, desde lo alto. Un sablazo dejó a uno de cintura para abajo. Le siguió uno que fue lanzado de un golpe por los aires. Otro más fue derribado y el siguiente hecho trizas.
"¿Pero qué...?"
-Hola, Eggman. -dijo una ardilla pelirroja, acompañada de una pose triunfal hecha por ella y sus compañeros.
-¡Hijita! -exclamó el Rey, muy feliz.
-Grrr... ¡ATACAD!
Sally proyectó dos espadas azules de sus pulseras y los demás se pusieron en posición de ataque cuando los robots empezaron a disparar.
La batalla había comenzado.
Sonic pateaba y se enroscaba para atravesar y destruir todo enemigo que encontraba. Tails atacaba desde el Tornado, disparando con el armamento de este. Rotor bajó de este y golpeó a dos con su giratoria llave inglesa. Bunnie, con la fuerza de sus piernas robóticas, golpeaba con ahínco, además del cañón en el que se convertía uno de sus brazos, también robótico, y con el cual disparó un potente láser que liquidó toda una fila de enemigos. Antoine blandía su espada con destreza, al igual que Sally las suyas, siendo estas de energéticas y no de metal. Amy, con su fiel Martillo Piko-Piko (los martillos, como los aviones, también tienen nombre), rompía cada armazón y cable de aquellas odiosas máquinas.
Maximilian se hallaba a un lado de aquel encarnizado y al mismo tiempo impresionante espectáculo. Pero en ese momento se dio cuenta de algo: Eggman huía.
Se dirigía junto con un par de robots humanoides a un lugar que él conocía: la puerta del Pasadizo.
El Pasadizo a la Cámara de la Tesorería Real.
Camuflado como un trozo de muro debajo de una cortina. Ahora lo entendía:
Los robots que invadían Mobotropolis no eran más que un cebo para sus soldados y, los que acompañaban al propio Eggman, una distracción para mantener a la Resistencia ocupada. Todo para asegurarse de que conseguía el Cetro de Las Tinieblas.
No podía permitirlo, pero... ¿qué iba a hacer un inofensivo Rey?
Los robots de Eggman ni siquiera corrieron la cortina; la hicieron polvo y, con él, el muro. Maximilian lo vio y echó a correr en aquella dirección, dispuesto a seguirle y evitar que consiguiera la dichosa reliquia.
Sally entonces se percató de que su padre cruzaba aquel agujero; no se habían dado cuenta de nada al estar pendientes de la lucha. Sally iba a adentrarse también, pero entonces sintió un cálido guante agarrando su brazo: Sonic trataba de detenerle.
-¡Sal, te necesitamos aquí! -dijo él, algo preocupado y protegiéndose de un ataque.
-¡No, Sonic! ¡No lo entiendes! -replicó ella, nerviosa y preocupada también. -¡Mi padre está en peligro! ¡No puedo dejar que vaya a por Eggman él solo!
-¡Y yo no puedo dejar que vayas sola! -respondió Sonic, también alterado y algo avergonzado por lo que había dicho. Aquellas palabras provocaron un shock en Sally; fue escucharlas y sintió un bulto en su pecho.
Se miraban fijamente, conscientes de su rubor; el resto seguía luchando.

●●●

Eggman seguía su camino por el pasadizo. Los tres robots tenían los cañones preparados, por si acaso. Maximilian le seguía de lejos, corriendo. No quedaba mucho para llegar a la Cámara..

Mientras el resto seguía luchando con ahínco, Sally y Sonic trataron de cruzar el agujero del muro, hasta que algo se lo impidió:
Estaban rodeados por la horda de robots.

●●●

Allí estaba: la Cámara de la Tesorería Real.
Un lugar amplio y con montañas de joyas, monedas, y toda clase de reliquias.
Pero ninguno de esos codiciables bienes era lo que buscaban; aquello se hallaba más al fondo, en lo más profundo de aquellas brillantes columnas de oro.
Maximilian caminaba lenta y cautelosamente por el lugar, tratando de seguirles el paso. Alguna moneda que caía por un movimiento suyo y los escoltas se giraban de inmediato. Por suerte, no era difícil esconderse entre aquellas dunas de riqueza.
Pero el silencio siempre es un arma que tu enemigo puede emplear para usarlo en tu contra y cazarte después.

●●●

Fueron retrocediendo hasta agruparse todos en el centro de la sala; los robots se iban acercando poco a poco, y ellos estaban alerta ante un posible ataque repentino, con las armas a mano. Entonces ocurrió algo inesperado: un ligero temblor inundó los aposentos, alertando a todos, enemigos incluidos.
El techo se rompió.
Y del agujero cayó un meteoro rojo.
Impactó contra el suelo, creando una potente onda expansiva escarlata que destruyó a los robots e impulsó al grupo hacia atrás.
Tras esa rompedora entrada, Sonic pudo levantar la cabeza y, con los ojos entrecerrados a causa del humo, pudo divisar poco a poco una silueta que se le hacía demasiado familiar.
Un chico rojo y de largas rastas, con dos oscuros ojos violáceos. Sus brazos terminaban en dos poderosos guantes, similares a unos de boxeo. Sin embargo, estos tenían dos picos cada uno en vez de nudillos. Sus zapatos, de una coloración tropical, hacían juego con el cabello puntiagudo del equidna.
-¡Knuckles...!

●●●

Ya estaban en lo más profundo del Castillo, en el subsuelo ni más ni menos. Un muro mucho más fuerte y duro que el anterior, que fue destruido, una vez más, por aquellos autómatas metálicos. Dejando atrás las montañas de oro, aquella estancia resultaba todo lo contrario: vacía, oscura y sombría.
Maximilian entonces se percató de algo que lo dejó helado.
Delante de él y Eggman, en el altar donde levitaba el Cetro de Las Tinieblas...
No había nada.
Si Eggman estaba ahí con él y el Cetro no... ¿quién lo había robado? O, mejor dicho...
¿Quién le había dicho al Rey que lo robaría?
Todavía confuso, vio como Eggman se giraba lentamente, de un modo muy siniestro.
Sin gafas, dejando ver unos ojos... ¿negros? Espera... ¿rojos? Y una sonrisa... ¿endiablada?
Una piel... ¿de metal?
A Maximilian se le cortó la respiración cuando vio como, con una extraña metamorfosis, el ovalado cuerpo del Doctor se convertía en una robótica figura flotante de ojos brillantes.
-¿Metal... Sonic?
Decir eso y el monstruo metálico se abalanzó fugazmente sobre él, con un desgarrador chirrido mecánico.

●●●

-¡Knuckles! ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has sabido...?
-¿Que estabais en peligro? -interrumpió a Sally. El resto se fueron incorporando y poniéndose en pie. -La Esmeralda Maestra no solo mantiene el equilibrio del universo.
-Te debemos una, rojito. -dijo Bunnie, guiñando un ojo.
-Merci, monsieur Knuckles. -agradeció Antoine.
-Podrías haber calculado mejor el golpe, ¿no? -añadió Rotor. -Creo que tengo un chichón...
-¡Ha sido increíble, Knuckles! -exclamó Tails, a lo que Knuckles se posó orgulloso.
-Pfff, ni que yo no haya hecho entradas (mil veces) mejores... -dijo Sonic, burlón y con una mirada poco amistosa por parte de su amigo. Sally también le miró con disgusto.
-Muchas gracias, Knuckles. -añadió ella, con una sonrisa forzada pero cortés.
-No ha sido nada -cada vez se sonrojaba más aunque, teniendo ya la tez roja, apenas se notaba. -. Por cierto, ¿dónde está el Rey? -Sally puso los ojos en blanco.
-¡¡¡PADRE!!! -gritó y echó a correr por el pasadizo, seguido de sus compañeros.

●●●

Maximilian forcejeaba con Metal Sonic, quien era notablemente más fuerte. De un arañazo, hilos de sangre salieron de la mejilla del Rey, gritando de dolor. La máquina le cogió del cuello, sosteniéndolo en alto y, estampándolo contra la pared, empezó a ahogarlo despiadadamente.

Corrían y corrían, tratando de llegar a tiempo. ¿Podrían sacar al Rey de aquel apuro?

Con la cara roja a causa de la asfixia, Maximilian recibió un puñetazo de Metal, seguido de un rodillazo en el estómago que le hizo escupir aquel líquido rojo. Cogido del pelo, miró al robot a los ojos, pidiendo aquella piedad que siempre se pide a un villano aún sabiendo que nunca la concederá.
Metal iba a propinar otro puñetazo cuando la repentina destrucción de los otros tres robots llamó su atención. Volvió la mirada a Maximilian, quien lloraba desoladamente, cuando algo lo derribó e hizo que el Rey cayera al suelo, debilitado y sangrante.
El erizo azul forcejeaba ahora con su clon robótico, serio y enfurecido. Los demás llegaron y ayudaron a pelear contra el robot, hasta que este se deshizo de ellos con un escudo eléctrico y, disparando al techo, hizo un enorme agujero por el que echó a volar y escapó.
-¡Vuelve aquí, cobarde! -gritó Knuckles, golpeando a la nada, en la dirección en la que se fue Metal. Sonic le puso una mano en el hombro y le obligó a mirar la escena, muy serio.
Sally se hallaba muda, acunando la cabeza de su padre en su regazo. Este, inconsciente, no hacía movimiento alguno.
Todos se quedaron perplejos y tristes.
-Padre... -dijo Sally, a punto de llorar. Su padre tosió y abrió lenta y ligeramente los ojos.
-¿Hi... hijita...? -preguntó, muy débil. Los demás seguían sin palabras.
-Padre... -unas gotas de agua empezaron a recorrer las mejillas de Sally. Su padre alargó el brazo para secar las lágrimas de su hija, haciendo un gran esfuerzo. Ella puso su mano encima y observó destrozada como su padre volvía a cerrar los ojos y se sumía en un sueño eterno.
-¡¡¡¡¡...PADRE...!!!!! -Sally rompió a llorar, desolada, agarrando fuertemente a su padre. Amy también sollozó y Bunnie la rodeó con sus brazos, compartiendo un brillo de tristeza en su mirada. Antoine desenfundó su espada y movió la cabeza a un lado, con una mueca de dolor. Rotor bajó la suya, cerrando los ojos. Tails hizo lo mismo y plegó sus orejas, con la mirada humedecida. Knuckles y Sonic tan solo pudieron cerrar los puños y mantenerse, al igual que el resto, cabizbajos.
Aquella escena fue una de las más horribles y duras por las que pasaron cualquiera de ellos.

●●●

Sentado en un cómodo asiento, observando el cielo por una enorme cristalera. Eggman juntaba los dedos, triunfante. No tenía remordimiento alguno.
-Bien hecho, Metal Sonic. -el robot solo aumentó el brillo eléctrico de sus vacíos y sombríos ojos.
Por una vez en mucho tiempo, Eggman había logrado su principal objetivo.

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