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9

El sonido del reloj finalmente alcanzó los oídos de Sara, despertándola de su sueño.

¿Por qué sigo viva?

Abrió los ojos y la oscuridad la confundió. La única fuente de iluminación era una pantalla surcada por líneas irregulares de colores; un monitor cardíaco que emitía un brillo muy suave. Se aclaró la garganta por reflejo y se quedó mirando el techo.

Una costilla, un pulmón, la espalda, una pierna, ambos brazos, la cabeza. De repente todos sus dolores se volvieron reales, vívidos, localizados.

Sentía como si hubiera olvidado algo muy, muy importante.

El más mínimo movimiento hacía que todo le doliera, así que decidió quedarse lo más quiera posible. Hasta se inventó un juego en el que debía permanecer inmóvil el mayor tiempo posible, y si se movía, debía comenzar a contar de nuevo. Por tonto que pareciera, el juego la mantuvo entretenida unas dos horas.

Cuando volvió a mirar el reloj, convencida de que no superaría su último récord (Veintitrés minutos y cuarenta y seis segundos), eran las 5:20 de la mañana. La oscuridad aún era cegadora, aunque un rayo de luz se colaba por una rendija en la ventana medio cubierta por una persiana, junto con el sonido de un grillo solitario.

Los primeros sonidos del hospital comenzaron a escucharse en el piso de Sara. Puertas abriéndose y cerrándose delicadamente, sillas de ruedas rodando por los pasillos, pasos silenciosos de enfermeras apresuradas por cuidar de sus pacientes. Pero nadie se ocupaba de Sara.
Nadie esperaba que sobreviviera.

Al fin una enfermera entró para ajustarle la cánula de la nariz. Al verla despierta, se le desorbitaron los ojos y se cubrió la boca para disimular sin mucho éxito un grito ahogado.

— Hola... — Dijo Sara con una sonrisita  que una punzada borró inmediatamente de su rostro, atravesándola de mejilla a mejilla con una larga y delgada aguja.

La enfermera simplemente se le quedó viendo con los ojos desorbitados y las manos sobre la boca. Parecía tan sorprendida de que Sara estuviera viva como esta misma.

—  L-Lo siento, señorita... No sabía que estuviera—

— No se preocupe, yo tampoco lo creí al principio.

— ¿Necesita algo?

— No se preocupe, en cuanto necesite algo se lo haré saber.— Hablar también le dolía; le raspaba la garganta y le desgarraba el pulmón perforado. Pero la enfermera parecía bastante carismática.

— De acuerdo — Dijo la enfermera — Si me necesita, sólo presione el botón azul en el costado de su mesa. — Esto dicho, le dedicó a Sara una sonrisa cargada de tristeza y se dio la media vuelta, sus pasos resonando incluso después de haber cerrado la puerta.

Se quedó sola con sus pensamientos, el tictac del reloj, y el sonido de su propia respiración (Hasta el grillo había decidido tomar una siesta), se balanceaba entre el sueño y la consciencia, hasta que sus ojos se quedaron tan abiertos que casi le dolía intentar cerrarlos. No siendo capaz de seguir durmiendo, volvió a mirar el reloj

9:02

Se percató de que en su estómago, aparte del intenso dolor abdominal que le había comenzado ya a pasar desapercibido, había una sensación de vacío que solamente pudo interpretar como hambre. Estaba a punto de presionar el pequeño botón azul de la mesita cuando escuchó la puerta abrirse con un rechinido y ruedas girando por el piso, acarreando algo que sonaba metálico.

Antes de doblar la esquina del cuarto, la enfermera preguntó educadamente — ¿Se puede? —

— Adelante. — respondió Sara

Una enfermera bajita y delgada, de cabello negro azabache y ojos marrones entró con una mesa de aluminio llena de platos de plástico cubiertos de plástico autoadherible, se acercó a una mesa que Sara no había visto al otro lado de la habitación y fue moviendo todos los platos a la misma, después de acercarle a Sara la mesa y Dedicarle una media sonrisa, procedió a destapar una taza cuyo plástico estaba algo empañado y que empezó a humear tan pronto la enfermera retiró el plástico, que contenía un líquido dorado que olía bien. Lo bebió y cayó en la cuenta de que era simple té de manzanilla con menta. Su cuerpo agradeció la bebida y lo bebió tan rápido que la enfermera tuvo que retirárselo y recordarle que comiera sin prisa para evitar más daños a sus pulmones y a sus músculos del tórax.

Al terminarse el té con más calma, la enfermera, que continuaba sonriendo con tristeza, retiró el plástico de un plato llano que tenía tres rebanadas de pan que parecía bolillo y le acercó (después de quitarles también sus respectivos plásticos) tres pequeños recipientes: uno con margarina, uno con mermelada que parecía de fresa, y uno con azúcar.

— ¿El pan untado con margarina? — preguntó la enfermera.

— Por favor. — dijo Sara, sintiendo la mejoría en su garganta que ya comenzaba a hacer efecto del té.

Después  de untar una de las rebanadas de pan con mantequilla, la enfermera volvió a preguntar

— ¿Algo más? —

— Azúcar, por favor. —

Era relajante simplemente tener a alguien ahí, saberse acompañada, masticando rítmicamente, desentumeciendo sus mejillas y el resto de su cara, sus moretones y demás heridas menores en la cabeza comenzaron a parecerle cada vez más insignificantes.

La pequeña coreografía se repitió con los siguientes tres panes, y Sara comenzó a sentirse un poco mal por no poder comer sola y depender de esta señorita tan amable para que le diera de comer en la boca, un trabajo que sabía de primera mano no era muy divertido.

                  

Cuando terminaron, la enfermera devolvió la mesa a su lugar original, volvió a colocar los trastes de plástico en el carrito metálico, se despidió de Sara con su eterna sonrisa triste.

— Gracias. — Se despidió Sara.

De nuevo sola, Sara intentó volver a su juego, el cual no pasó de la primera ronda, ya que diez minutos después de comenzar, la puerta volvió a abrirse.

Alguien golpeó la puerta abierta

— ¿Se puede?

La voz hizo que Sara se estremeciera. Una lágrima rodó por su mejilla sin razón aparente y se dio cuenta de que no había manera de evitarlo; había llegado el momento de afrontar los hechos.
La fuente de la voz dio un paso hacia adelante y volvió a hablar — ¿Sara? —
— hmph.
"¿En serio?" Se dijo a sí misma."¿Te preguntan si se puede pasar y lo único que dices es 'hmph'?
— Asumo que eso podría interpretarse como un sí.— dijo la voz antes de entrar por completo al cuarto y dejarse ver.
Su cabello negro se veía cepillado sin mucho éxito y suelto de manera que caía hasta el centro de su espalda. Sus ojos grises dejaban ver su cansancio, parecía no haber dormido en días.
— Mamá.
— Hola, Sara.
— Mamá, lo—
— Ahórratelo.
Un silencio incómodo se estableció en la habitación mientras Sara pensaba en su madre y en lo grosera que había sido con ella y con Alondra.
Alondra.
— ¿Y Alondra?
— Alondra se quedó en casa. No quiso venir. Gran primera impresión.
Sintió una punzada en el estómago y sus ojos comenzaron a quemar por las lágrimas que intentó contener en vano.
Sólo que no lloró.
De sus ojos no salió nada. Ni una lágrima. Ni se le enrojecieron ni sollozó ni se le entrecortó la voz al decir:
— Pues mejor para mí.

***

Hola.

Esto es vergonzoso.

A partir de este capítulo, pondré esta historia en pausa.

*cof*perodespuéscomienzanloscapítuloslargos*cof*

Sé que no tengo muchos lectores, y los lectores que tengo (aproximadamente cinco .-.) Realmente no le ponen mucha atención a la historia.

Y sinceramente creo que si no actualizo constantemente las personas perderán el interés, o se olvidarán de la linea de eventos y tal vez dirán "Meh. qué paja leer todo desde el inicio". Porque sinceramente es una historia con un argumento complejo, una estructura atípica y una temática que no es muy convencional.

Es una historia que analiza la mente humana, las emociones. Una historia que intenta ponerse en los zapatos de alguien que ha perdido el control.

Es una historia que significa mucho para mí, una historia que quiero que el mundo conozca.

Es mi punto de vista sobre un tema delicado.

Y si no te interesa leerlo, te comprendo.

Pero voy a poner la historia en pausa hasta terminarla. Porque no tiene sentido dar a conocer un trabajo tan mal revisado y con tantos agujeros, en mi opinión, ya no lo vale porque sé que wattpad, aunque sea internacional, tiene una inmensa mayoría de escritores y lectores angloparlantes y pocos que entiendan español.

Así que voy a publicar historias cortas, tal vez cuentos.

Cosas que pueda traducir, como "Esta última navidad".

Y mi consentido, mi proyecto más importante, el proyecto al que tanta planeación le hace falta...

Ese será privado hasta nuevo aviso.

Gracias por su consideración.

-L

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