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Capítulo 25

Malika

Creo que por primera vez en mi vida odio la lluvia.

<<No lo creo.>>

La odio.

Nunca pensé que mudándome de una ciudad a otra donde la lluvia no para como si te avisara que la inundación que hubo en el tiempo de Noé se volverá a repetir en este momento.

No hay una noche que en Brooklyn no llueva y para rematar el frío es como en el Antártida.

— ¡Blanca!—dejo lo que estaba haciendo cuando un cuerpo pequeño impacta contra el mío abrazándome por las piernas.

— Abril—me agacho para devolver el abrazo a la niña de cinco años que me abraza como si fuera lo mejor que le haya pasado.

A pesar de que llevo unas semanas viviendo en mi nuevo piso, lo primero que hice fue una amiguita que miraba desde la escalera la casa de su nueva vecina.

Al principio la pequeña era recelosa que la tocaran o que intentara acércame a ella, pero lo entendía, era una persona desconocida y a los desconocidos no hay que tenerle mucha confianza.

Así que comencé a preparar galletas de las que mi mamá me hacía cuando tenía su edad y comencé a ganarme su confianza, ahora no solo es mi amiguita sino la pequeña niña de risos dorados que me hace reír con sus ocurrencias.

—Pensé que no ibas a llegar, llevo horas esperándote.—se separa de mi abrazo, llevándose las manos a su pequeña cadera y moviendo un pie regañándome.

— Perdón, es que estaba buscando trabajo y ya sabes cómo se coloca el tráfico allá afuera.—le revuelvo sus risos y eso hace que deje estar enojada.

— Te perdono, pero si vemos un maratón de los Osos Escandalosos y me prepara de tus galletas sabrosas.—no ha terminado de hablar cuando me quita las llaves de mi mano y ella es la que abre la puerta.

Ya estoy acostumbra y para nada me molesta.

Pero cuando descubrir que le gustaba la misma serie de Adriel fue como un balde de agua fría diciéndome que no podía olvidar la realidad.

— Está bien, pero seré yo la que elija los nuevos episodios.—me voy a la cocina cerrando la puerta tras de mí, ella se va a la sala.

A pesar de que el apartamento no es grande, es perfecto. Porque consta con una sola habitación y un baño, lo que me hizo que comprar este piso fue la cocina porque parece una de ensueño, la sala de estar es grande y ninguna pared nos dividía.

Porque tenía un mesón donde podía ver a la sala y el que estaba en la sala miraba al que estaba en la cocina.

— Nah, tú eliges los peores episodios y ahora me toca a mí elegirlo.

—Como diga princesa.—veo como enciende la tele y dejo que ella haga lo que quiera mientras saco todo lo que necesito.

—Mamá compro un nuevo gato, lo llamé como tú porque es preciosa.—dice de repente solo miro al lugar donde ella está.

Está parada en el sillón gris y la tele está en pausa mientras que ella me mira.

—¿Cómo yo?—frunzo las cejas confundida y sigo preparando la masa.

Ella asiente feliz.

—Si como tú.

—No crees que le podías colocar otro nombre al gato en vez de blanca, es como si me estuvieras ofendiendo. —ella ríe y la veo como salta en el sillón alzando los brazos.

— Me gusta más como tú, es un precioso nombre, además es único.

—Pero blanca no es un nombre común, Abril.—ella ríe más fuerte.

—Pero a mí me gusta que se llame como tú, y nadie me lo va a quitar.

— Está bien, si tú lo dices.—ella deja de brincar y vuelve a colocarle play a la tele.

Media hora después saco la primera bandeja de galletas y la coloco en un plato, voy por las malteadas y me siento a su lado en el sillón.

—Listo, espero merecer tu perdón por estas delicias.—me dejo caer a su lado y ella se va a las galletas llevándose dos a la boca de una.—¡Abril come despacio que no se van a acabar! —la regaño riéndome como parece a un castor con los cachetes full de galleta.

—Tan buenn...—ella habla, pero no se le entiende nada.

— Primero traga y después me habla.—ella lo hace y le paso la malteada que hace que las galletas pasen más rápido antes de mirarme.

— Dije que están muy buenas y deliciosas.

—Ya lo sé, las preparé yo.—le doy un mordisco a mi galleta y me dejo llevar a ver las comiquitas.

Tres horas después estoy preparando la cena y a pesar de que son las ocho, sé que los padres de Abril no van a llegar temprano, descubrí que son una pequeña familia latina. Los padres de Abril trabajan mucho dejando la pequeña al cuidado del sobrino de la mamá de Abril. Son ellos cuatro los únicos que pudieron emigran y mantenerse aquí en este país.

Pero esto tres días que el primo de Abril que no aparece y la mamá de Abril se está encargando de la búsqueda mientras que su esposo la cubre en el trabajo. Yo hago el favor en siempre en cuidar a la pequeña, a pesar de que siempre está sola en su casa o en las escaleras.

Terminamos de comer y la llevo al baño.

—Voy a buscar la ropa, tú prepara la bañera.

— ¿Puedo usar el jabón de canela? Me gusta como huele y además queda en tu piel como un perfume perfecto.—asiento y la dejo en el baño yéndome hacia la sala.

Sus padres me dejaron una llave de emergencia desde el día que Kevin se desapareció para que busque lo necesario para la pequeña, voy al piso de alado y ni me molesto en ver el apartamento que luce más solo, pero bien amueblado.

Voy hacia el último cuarto y abro la puerta, una pequeña habitación rosa me recibe con innumerables muñecos. Los muebles de la habitación son rosas y la cama también, me voy al almario y busco la pijama que va a utilizar, pero algo cae a mis pies.

Me agacho al ver que es un pequeño diario, a pesar de que no soy de meterme con las cosas ajenas, me gustaría saber un poco de Abril. Así que lo agarro conmigo y la pijama también, un maullido suena en toda la habitación y veo que es el gato.

Su pelaje es negro y me hace que frunza más la ceja confundida.

— Te nombro blanca y eres negro, perfecto nombre he.—paso por su lado antes de darle cariño y salir de este lugar.

Salgo del piso y vuelvo al mío, el olor a canela invade todas mis fosas nasales. Escucho como canta una canción en español y la traducción llega a mí.

Aquí, sentí, viví, gané, perdí. De todos modos sigo andando. Caminando.—cada vez que me acerco la melodía de su canto se une con la canción de fondo.—Vete. Porque te puedo lastimar. Te digo. Vete, yo sé mentir y sé engañar. —escondo el diario tras de mi espalda y entro al cuarto de baño.

Ella tiene como micrófono un desodorante en mano mientras que le canta a su reflejo en el espejo.

—Qué preciosa voz tiene. —aplaudo feliz tomándola por sorpresa. Y lo primero que hace es lanzarme el desodorante asustada.

—¡Blanca! ¡Me has asustado! —chilla asustada tapándose y corriendo a la bañera.

Río por lo graciosa que se ve.

— Vamos Abril, si tienes una bonita voz.—llegó a su lado para cerrar el grifo y dejarla que se bañe.

— Pues a mí no me gusta, ¡Así que sal que me voy a bañar!

—¡Qué mandona me has salido!—sigo riéndome mientras la dejo sola.

Una hora después de que ella se haya bañado y yo también, la dejo que se acueste en mi cama mientras me voy a la sala a recoger el desastre que dejamos.

Ya para las 11 el timbre de mi piso suena y voy a abrir sabiendo quien es, un señor de sus treinta y pico cansado está del otro lado.

—¿Qué tal el trabajo Juanpa?

—Como todos los días, horrible y con ganas de suicidarme. —lo dejo entrar.

— Se quedó dormida en mi cama, puedes ir a buscarla.—yo me voy a la cocina y veo como entra a buscarla.

Recojo lo que le iba a dar y cinco minutos vuelve con una pequeña dormida en sus brazos, le paso la tasa de comida que les guardaba a ellos.

—Abril y yo hicimos demasiado comida y pensé en ustedes, sé que su esposa todavía no ha vuelto, pero sé que se siente llegar tarde y llegar cocinando o no comiendo.

—Gracias Blanca, eres muy buena con nosotros.

— No hay de que, aunque me gusta cuidar Abril.

—Sí, ella es una buena persona con un buen corazón. Ella y su madre son mi mundo, y no sé qué sería si ellas le pasan algo.

— ¿No te agrada mucho, Kevin he?—no ha nombrado a su sobrino y como que tampoco le agrada que se haya desaparecido por lo que veo.

—No, solo nos trae problemas desde que emigramos. Por eso no se me hace raro que este desaparecido quizás este en un albergue o con nuevos amigos.—lo acompaño hasta la puerta.

—No sé qué decir, pero si a usted le dio mala espinas, confió en ti. Que tenga una feliz noche.

—Igual Blanca.—cierro la puerta y vuelvo al sillón.

Resoplo cansada y agotada, cuidar de un pequeño te quita todas tus energías por lo que veo. Saco el diario de mi espalda, paso la mano por la portada que está escrita con letra rara pero notable.

Voy a la primera página y el diario se desliza entres mis manos cayendo al suelo. Y en el momento que veo los dibujos y las pequeñas palabras, por primera vez deseo que Kevin no aparezca.

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Apartamento de soltera de Malika

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