Capítulo 40: De nuevo en la estación.
-No creo que eso sea... -empecé a decir. Adeline agarró el peine que tenía en su bolso y comenzó a peinarme- Necesario. -terminé. Agarré su muñeca e hice fuerza en su brazo para que se peinara ella misma. Se rió y luchó para que dejara de peinarla-
-Vas a enredarlo... -dijo entre risas-
Ya habían pasado días desde mi cumpleaños y desde año nuevo. Estábamos en la estación, esperando para poder abordar el tren. Habíamos llegado demasiado temprano, por lo tanto, no había casi nadie. Otra de las razones por la falta de alumnos en la estación, era porque casi nadie había vuelto a sus casas para navidad. Normalmente nadie vuelve cuando es el Torneo de los Tres Magos. Todos se quedan por el baile y esas cosas. Este año habían hecho el baile de Navidad el veintitrés de diciembre, y sigo sin saber por qué.
-Espero que vuelvas, Tom. Me encantó tenerte en casa. -dijo Trina con una sonrisa en la cara. Me forcé a devolverle la sonrisa-
-Gracias por dejar que me quedara... Fue un gusto conocerla. -contesté. Adeline me sonrió y desvió la mirada. Sabe que miento. Me desagradan los muggles- Me gustó pasar tanto tiempo contigo, Adeline... -susurré en su oído. Ella rió levemente y apoyó su cabeza en mi hombro-
-Cariño, debo volver. -le dijo Trina a Adeline- Hoy tengo que entrar a trabajar antes... Me cambiaron el horario. - ella miró triste a su madre y se alejó de mí-
-Nos vemos a fines de junio, mamá... -la abrazó- Te extrañaré mucho. Te amo.
-Y yo te amo a ti, mi niña... -le contestó Trina con lágrimas en los ojos. Sentí amargura de repente. No quería estar presenciando esto- Estaré esperándote. -la soltó y me miró a mí-
Oh, no...
-Ven aquí, Tom... -dijo, con los brazos abiertos. Adeline se tragó su risa y me miró expectante. Yo me quedé quieto y nervioso. Trina se acercó y me rodeó con los brazos. Tuve que agacharme para que no se colgara de mi cuello. Adeline hizo un ruido raro y se tapó la boca. ¿A ella le causaba gracia? ¡Su muggle madre estaba abrazándome en contra de mi voluntad!- Nos vemos, querido. Cuida de mi Adeline... -me dejó libre. La palabra "querido" quedó resonando dentro de mi cabeza- Espero que lo lleves a casa más seguido, Addy. -le dijo a su hija- ¿Qué te sucede? -le preguntó. Adeline estaba bordó por aguantar la risa-
-Nada, nada... -negó con la cabeza y se esforzó por no reír- Adiós, mamá. -besó la mejilla de su madre y ésta se fue caminando extrañada- ¡Ven aquí, Tommy! -exclamó mientras se ponía delante de mí y abría los brazos-
-¿Está burlándose de mí, señorita York? -dije, con una leve sonrisa en el rostro-
-¡Oh, cuida de mi Adeline! -dramatizó. Me reí y negué con la cabeza-
-No sé si cuidar de Adeline o cuidarme de Adeline... -le dije. Ella entrecerró los ojos y me pegó en el brazo. Luego saltó y me rodeó la cintura con la piernas-
-Ahora tendrás que dar vueltas hasta que me aburra y decida bajar. -dijo, cerca de mi rostro. Enredó sus piernas para afianzar su agarre y me abrazó- Camina, unicornio.
-¿Qué eres? ¿Un bebé? -me burlé. Ella besó mi cuello- Un vampiro, quizá... -dije, bajando considerablemente el tono de voz. Me provocaba mil sensaciones prohibidas el que me diera besos en el cuello-
-Un vampiro bebé. Ahora camina hasta que me aburra... -me reí y comencé a caminar. Ella debe haber estado manejando nuestras cosas con magia, ya que las escuchaba detrás de nosotros-
-Estás pesada... -dije para que se enojara. Era adorable verla así. Ella se hizo para atrás inmediatamente y me miró con los ojos bien abiertos-
-¿Estás llamándome gorda? -su ceño empezó a fruncirse. Me reí y besé sus labios-
-No... -contesté. Ella me miraba sumamente iracunda. Su respiración comenzaba a agitarse. Intentó bajarse, pero la agarré y la aferré más a mí-
-Bájame. -dijo cortantemente. Hizo fuerza para bajarse, pero yo no la soltaba-
-Bésame... -la miré a los ojos-
-Que te bese tu esquelética amiga Fontaine. -puso sus manos en mis hombros y trató de empujarme para que la bajara-
-Nah, ella es fea. Yo te quiero a ti. -dejó de empujarme y me miró con detenimiento. Seguí caminando como si nada hubiera pasado-
-¿Si yo fuera fea no me querrías? -preguntó-
-Si tú fueras Solange no te querría. -le contesté. Ella sonrió y me pegó en la cabeza- ¿Y eso por qué?
-Vuelves a llamarme gorda y te dejo sin descendencia. -me apuntó con su dedo índice. Me reí y la besé. Bajé hasta su cuello y recordé (no sé por qué) a Dean, así que decidí dejar un pequeño recordatorio, para que supiera que ella tiene dueño- ¿Qué haces? -dijo riéndose- Me da cosquillas... -intentó alejarse, pero agarré su nuca y la inmovilicé- ¿Estás...? ¡No! -comenzó a golpearme para que la soltara. Separé mis labios de su cuello y observé la marca roja (próximamente morada) que había quedado. Me reí y la miré a los ojos- ¡Eres un idiota! -dijo, intentando estar enojada, pero vi en sus ojos que quería reírse- Me las pagarás. -acomodó su cabello-
-¿En serio? -la miré con burla- ¿Por qué? Yo sólo estaba dejando mi sello... -dije, fingiendo inocencia-
-¿Ah, sí? -preguntó y se acercó más a mi rostro- ¿Y cómo van a saber que es tuya, genio? -miré sus labios-
-Algo se me ocurrirá... -murmuré, antes de asaltar su boca con la mía-
Narra Adeline York:
-Ay, Salazar... -escuché decir a alguien. Dejé de besar a Tom y me bajé inmediatamente. Volteé y vi a Abraxas- Díganme que lo imaginé... -Tom se puso incómodo. Yo me crucé de brazos y miré a Abraxas con una ceja arqueada-
-¿Quieres hablar de lo que no es imaginario? -dije con burla. Él se sonrojó (era la primera vez que lo veía así) y comenzó a tartamudear-
-Yo... Ahm... -se rascó la nuca-
-¿Qué pasa, Abraxas? -ladeé la cabeza- ¿Te comió la lengua la leona? -reí-
-¿De qué hablan? -preguntó Tom-
-De nada. -dijo Abraxas inmediatamente. Me reí y me di vuelta para mirar a Tom-
-Abraxas se... -comencé a decir, pero una mano tapó mi boca y me hizo para atrás. Tom frunció el ceño y miró a Malfoy con frialdad. Sentía el desbocado y asustado corazón de Abraxas en mi espalda, ya que estaba pegada su pecho-
-No digo nada si tú no dices nada... -me dijo Abraxas. Asentí y él me soltó-
-Se puso nerviosa la serpiente... -murmuré con humor. Tom seguía sin entender nada- Abraxas se cayó encima de un Gryffindor y le pidió disculpas. -le mentí a Tom- ¿Te lo imaginas? ¿Abraxas Malfoy disculpándose con un Gryffindor? ¿Qué sigue? ¿Él besando a Daisy? -me reí. Abraxas me miró con desprecio. Pude ver a algunos alumnos llegando. Eran un poco más que cuando me fui yo, ahora habían unos seis o siete más. Una melena pelirroja y rizada se hizo notar. Levanté la mano para que me viera. Daisy sonrió y corrió hacia mí. Me abrazó con fuerza- Hola, Daisy... -le devolví el abrazo. Y noté que Malfoy veía a mi amiga de una manera extraña. Me causó ternurita- Luego me cuentas todo. -susurré en su oído-
-Hay demasiado qué contar... -me dijo de igual forma y me soltó- Hola, Tom... -saludó a Tom (que estaba detrás de mí) con la mano-
-Hola. -contestó él. Abraxas se veía dudoso, pero terminó carraspeando para llamar la atención de la pelirroja. Daisy se volteó, aún risueña, y vio a Abraxas. Su sonrisa se borró al instante. Se miraron por unos largos segundos, hasta que Daisy recobró la compostura- Serpiente inútil. -dijo en forma de saludo-
-Leona histérica. -contestó él. ¿Acaso no habían estado besándose apasionadamente?-
-Voy a ver al prefecto de Ravenclaw... -dijo Daisy- Me invitó a salir antes de navidad y aún no le respondí. -me contó- Nos vemos dentro del tren, Addy. -me sonrió y se dio vuelta para irse- Agh... Estorbas, Malfoy. -le dijo con desagrado-
-Eres tú la que estorba. -le contestó él. No había sólo desagrado en su mirada. También había resentimiento-
¿Malfoy está resentido?
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