Capítulo 3: Clases
-¿Para qué crees que Dumbledore quiera que llevemos a nuestras mascotas a clase? -preguntó Nélida con su sapo en la mano. Nos dirigíamos a la clase de Transformaciones-
-No lo sé. Espero que no sea para practicar el "Evanesco" con ellos... -acaricié la cabeza de Clifford. Llegamos al aula y buscamos lugar para sentarnos. Lamentablemente, esta clase (y algunas otras) la compartíamos con Slytherin. Lo bueno es que también estaba Gryffindor-
-¡Addy! ¡Por aquí! -gritó Melissa entusiastamente. Ellas estaban adelante de Tom Riddle y detrás de la otra puerta de salida que había. Miré a Nélida con disculpas-
-Ve, yo estoy contigo la mayor parte del día. -dijo con una sonrisa. Yo fui hasta donde estaban mis amigas y dejé a Clifford en la mesa-
-Cuidado, tu gato se comerá a mi ratón. -dijo Daisy, alzando su pequeña ratita blanca-
-¿Hiciste la tarea de pociones? -preguntó Melissa- Escribí como diez pergaminos. Era muy difícil. -se quejó-
-No, olvidé hacerla. -dije, recordando que después de Transformaciones teníamos Pociones- Es que, verdaderamente, soy muy mala para Pociones. -me mordí el labio-
-Y para todo... -murmuró alguien atrás. Fulminé a Tom con la mirada (aunque él haya estado concentrado en su libro de... Vaya a saber de qué)-
-¡Genial! -exclamó alguien entrando al aula- Tenemos clases con los estúpidos leones y los inservibles tejones. -con Daisy y Malissa nos dimos vuelta. Era un grupo de Slytherin buscando asiento-
-Agh... Malditas serpientes. -murmuró Daisy- Es un desperdicio de belleza. -volvió a mirar al frente. Dumbledore todavía no llegaba-
-Ustedes, muévanse. -ordenó una fría voz detrás de nosotras. Los Slytherin de nuevo-
-¿Disculpa? -dijo Mel-
-Sí, te disculpo. Ahora muévanse. -dijo el rubio-
-Nosotras llegamos primero, Malfoy. -dije cuando mis amigas planeaban levantarse. Agarré a Daisy del brazo y la volví a sentar-
-Tú cállate, sangre sucia. -dijo, provocando varias exclamaciones de sorpresa y muchas miradas de dolor. No era la única hija de padres no magos. Yo me levanté y lo miré de frente-
-¿Cómo dijiste? -estaba roja de la ira-
-Sangre sucia. -pronunció con asco-
-Esta sangre sucia puede golpearte al mejor estilo muggle y hacer que sufras más que con un Crucio. -amenacé. La puerta volvió a abrirse y vimos a Albus Dumbledore caminar en dirección al escritorio que había en frente de la clase-
-¿Pasó algo? -preguntó cuando pasaba por nuestro lado-
-No, profesor. -dijo Malfoy, mirándome con enojo. Me volví a sentar al lado de mis amigas-
-Entonces, tome asiento, por favor. -contestó Albus. Abraxas nos dedicó otra mirada de desdén y se fue con su grupo a las mesas de atrás- Buenos días, queridos estudiantes... -saludó Dumbledore-
-Creo que la que debe estar en Gryffindor soy yo. -dije en tono de regaño- ¿Cómo es que no le hacen frente a ese idiota? -Daisy y Melissa seguían mirándome con adoración- "Los Gryffindor son valientes" -recité- Claro, ustedes son las más valientes de Hogwarts.
-Te llamó sangre sucia... -murmuró Melissa-
-Es un maldito. -dijo Daisy enojada-
-Cinco puntos menos para Gryffindor y Hufflepuff por hablar... Y diez menos a Slytherin por la utilización de esa frase despectiva. -dijo Albus y siguió dando la clase- Les he pedido que traigan a sus animales para practicar con el hechizo "Engorgio". Es un hechizo fácil que ya han aprendido, pero deben practicarlo para los EXTASIS de fin de año. -vimos al fénix de Dumbledore aparecer por la ventana. Se posó en la mesa y Dumbledore le sonrió- ¡Engorgio! -señaló al ave con la varita y comenzó a crecer cada vez más. Ya tenía el tamaño de una persona- Antes lo usábamos con objetos como copas o libros. Ahora lo haremos con seres vivos... -el fénix volvió a la normalidad y Albus le acarició la cabeza- Iremos por orden alfabético...
***
-Agradezco que no haya alcanzado el tiempo para hacerme transformar a Clifford. -dije cuando Dumbledore salió del aula-
-A lo mejor se comía a las mascotas de todos... -dijo Melissa, riéndose, mientras acariciaba su lechuza marrón-
-Está tan gordo... -dijo Daisy. Nos levantamos y vimos a Abraxas Malfoy y su séquito de serpientes caminar hacia la puerta que estaba justo adelante de nosotras-
-Traidoras de la sangre... -le murmuró a mis amigas. Me enojé y agarré una daga que habíamos usado en la clase anterior que había quedado ahí. Caminé hacia él y lo agarré del brazo- ¿Qué desea la sangre sucia? -dijo con desprecio. Yo pasé la daga en la palma de su mano hasta abrir una herida sangrante- ¡¿Qué crees que haces, York?! -dijo asustado. Maldito cobarde- ¡Suéltame! -intentó zafarse. Tenía varias varitas apuntándome, pero ningún hechizo salía de ellas. Dejé que la daga se deslizara por mi mano hasta herirme a mí también mientras se caía. Estreché nuestras manos heridas y lo miré con una sonrisa cínica en la cara-
-Felicidades, Abraxas. -por el rabillo del ojo vi a Albus en la puerta, pero no le di importancia- Ahora tienes sangre sucia corriendo por tus venas. -lo solté y me di vuelta para agarrar a mi gato. Vi por el espejo que había colgado que Malfoy había levantado su varita en mi dirección-
-¡Calva...!
-¡Tragacaracoles! -me adelanté, dándome vuelta con rapidez. Todos nos observaban con impresión, curiosidad y miedo. Malfoy comenzó a tener arcadas. Agarré a Clifford y me fui. Dejando atrás a mis amigas-
-Señorita York. -me llamó el profesor Dumbledore cuando pasé por la puerta. Me acerqué, sabiendo que me regañaría, castigaría, restaría puntos, asesinaría y quemaría mis restos- Vaya a la enfermería a hacerse curar esa herida. -señaló mi mano. Yo fruncí el ceño-
-¿No va a asesinarme y quemar mis sucios restos? -pregunté confundida-
-No. Yo no vi nada. Ya había salido del aula. -me guiñó un ojo y se fue caminando por el pasillo-
-Como adoro a ese viejo. -murmuré y comencé a caminar-
-¡Adeline! -escuché una voz conocida detrás de mí-
-Dean... -me di vuelta y lo miré-
-Eres mi heroína. -dijo. Yo me reí- Si soy un traidor de la sangre por ser tu amigo, ¡que así sea! -exclamó-
-Eres ruidoso. -dije sonriendo- Sostén a Clifford un momento.
-Claro. -agarró a mi gato y yo miré mi mano- Cielos. Es una herida muy grande...
-Episkey... -dije apuntándome con la varita. La herida se sanó y yo sonreí mientras abría y cerraba el puño-
-¡Adeline York! -dijeron mis Gryffindor corriendo hasta alcanzarnos-
-¿Cómo vas a hacer eso? -dijo Daisy enojada- ¿Eres masoquista o algo?
-Algo. -contesté-
-Ah, no. No te hagas la graciosa conmigo, jovencita. -me señaló con el dedo. Yo me reí-
-Tenemos la misma edad. -vi que Melissa le quitaba a Clifford de las manos a Dean- Estoy bien, no tengo nada. -levanté la mano y le mostré el lugar en donde tenía la herida-
-Fue muy buena. -dijo Mel sonriéndome- Nadie enfrenta a Abraxas como tú. -cambió su expresión a la de una preocupada- Oh, no... Ahora se la volverá a agarrar contigo y no te dejará en paz. ¡Vas a sufrir!
-Quiero ver que lo intente. -miré a Clifford- ¡Haker! -grité al ver al prefecto regañando un par de niños de primero que habían inundado el suelo. Él se acercó y me miró- ¿Podrías llevar a Clifford a la sala común? -pregunté- Tengo Pociones ahora y no quiero llegar tarde...
-Claro. -sonrió y agarró a Clifford- Suerte. -se fue caminando con mi gato en la mano-
-¿Notaste algo extraño? -preguntó Dean-
-¿Qué? -pregunté mientras me reía de Daisy y Melissa quienes no disimulaban nada al mirar a un Ravenclaw de los lindos-
-Tu gato no me rasguñó hoy. -sonrió-
-Es que hoy se despertó con comida. Está de buen humor. -sonreí y luego recordé algo- Mierda.
-¿Sucede algo malo? -preguntó-
-Olvidé hacer el trabajo de Pociones.
-¿Ese largo que ocupa como ocho pergaminos? -preguntó y yo asentí- Yo lo hice... Pero, no tendrás tiempo de escribir todo.
-Enséñamelo. -dije. Él sacó el trabajo de su bolsillo (mágicamente reducido) y lo volvió a la normalidad- Geminio. -dije apuntando con la varita. El trabajo se dividió en dos, dándome una copia exacta de cada pergamino-
-Vaya... Si yo supiera la mitad de hechizos que te sabes tú, sería feliz. -dijo impresionado-
-Aquí nos separamos. -dijo Daisy- Suerte en Pociones...
-Suerte en Adivinación. -dije y entramos al aula de Pociones. Ahí estaba Slughorn y su gran barriga- Hola, profesor. -saludé y noté que no estaba solo- Riddle. -dije monótonamente-
-York. -contestó de la misma forma-
-¡Hola, Adeline! ¿Cómo estás?
-Bien, profesor. ¿Cómo está usted? -el aula comenzó a llenarse-
-Muy bien... Es extraño no verte llegando tarde. -dijo con una sonrisa. Riddle se fue a uno de los asientos de adelante sin decir ni una palabra- ¡Buenos días, queridos Hufflepuff y Slytherin! -saludó a toda la clase. Con Dean nos fuimos a sentar en la parte del medio- Abran la página trescientos siete del libro y preparen la poción que indica. Mientras, corregiré los trabajos de la clase pasada. -alzó la varita e hizo que los trabajos de todos se posaran en su escritorio-
-¿Poción Crece-Pelo? -preguntó Dean-
-Parece fácil... -dije mirando los ingredientes- Aunque asqueroso.
-Cuarenta colas de rata. -leyó- Aquí sólo hay cincuenta. No alcanza para los dos. Voy a buscar más. -se levantó. Yo leía los pasos mientras trituraba las colas de rata-
-Triturar... -murmuré- Agua al caldero... -saqué la varita y lancé el hechizo hasta llenarlo-
-Aquí están. -dijo Dean sentándose y leyó el libro- Hay que triturar las colas, hervir agua y verter las colas trituradas hasta que el agua sea marrón. -se encogió de hombros- Aguamenti... -llenó su caldero de agua-
-¡York! -me llamó el profesor- Necesito que venga un momento, por favor. -Ups-
-Rayos... -me levanté y vi lo que sucedía. El trabajo de Dean y el "mío"- ¿Sí, profesor? -dije con un extremo grado de sumisión mientras me acercaba-
-¿Geminio? -preguntó. Yo cerré los ojos y solté el aire con rendición-
-Sí... -suspiré- Había olvidado por completo que teníamos que hacerlo y dupliqué el trabajo de mi compañero sin que se enterara. -lo miré con ojitos de cordero- Perdón.
-Siempre te costó mi materia ¿Verdad? -asentí- ¿Qué tal un tutor que te ayude a prepararte para los EXTASIS?
-¿Un tutor? -ladeé la cabeza- No creo que eso sea necesario.
-Te he visto esforzarte mucho y que no te salen las pociones. Has hecho la mayoría de las pociones mal el año pasado y te aprobé igual. -juntó sus manos-
-Pero, con o sin tutor, soy una inútil igual. -dije- No quiero hacer gastar tiempo a alguien por mi estupidez.
-No eres estúpida, Adeline. -dijo con calma- Sólo necesitas algo más de tiempo y esfuerzo. Voy a asignarte a algún alumno que sea bueno en mi clase para enseñarte, ¿bien? -lo miré por unos segundos, dudando- O te irá mal en el examen final.
-Bien, bien. -acepté resignada- ¿Quién será mi tutor? -me crucé de brazos-
-¡Riddle! Ven aquí, por favor. -maldito, maldito, maldito-
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