Capítulo 24: Amigas
Narra Adeline York:
Me quedé sin palabras. Era cierto lo que él decía de huir, pero yo tenía mis motivos. No aguantaba oír la voz de la persona que había dicho cosas tan ofensivas y menospreciativas. No podía aceptar el beso de una persona que consideraba que yo "no valía ni su tiempo". No toleraba perder tanta dignidad.
-Hice lo que me salió. -le dije mientras me ponía la túnica-
-Y yo hice lo que me dijiste. -contestó él- Tú querías saber el motivo por el que fui yo quien que te sacó del lago en la segunda prueba. ¿Qué otra respuesta esperas? -me acomodé la túnica y saqué el cabello que había quedado dentro-
-Eso no fue una respuesta, Tom. Fue un beso. -me crucé de brazos e intenté tomar algo de calor-
-¿Quieres una respuesta? -dijo, dando un paso hacia mí-
-No. Suficiente tengo con saber que "no valgo ni tu tiempo". -solté. Él hizo una expresión que no pude reconocer, pero se recuperó a los pocos segundos-
-Eso... -comenzó a decir-
-Eso fue lo que escuché. -interrumpí- Lo dijiste tú, nadie más. -me tragué el nudo que tenía en la garganta y suspiré-
-Esa no es la respuesta al porqué te saqué del lago. -susurró, casi vencido- Eso es lo que le dije a Druella para que dejara de molestarme.
-¿En serio esperas que me lo crea? -levanté una ceja-
-Tú eres la única persona preciada que tengo en el mundo. -dijo, mirando al suelo. Yo me impresioné tanto que no pude hacer más que mirarlo con los ojos abiertos de par en par. ¿Acaso estaba declarándose?- Es por eso que te saqué del lago. -levantó la mirada y pide notar una intensidad jamás vista- Porque eres preciada para mí.
-Tom... -susurré, comenzando a ver borroso-
-Creí que era imposible. Creí que el Amortentia que usó mi madre en ese muggle había acabado con mi capacidad de querer. Pero tú haz sacado a flote esa parte de mí. -llevó su mano hacia la mía y la posicionó en su pecho. Su corazón latía con rapidez, su respiración era irregular, sus ojos brillaban aún en la oscuridad- Tú provocas esto...
-Yo...
¿Qué puedo decir en una situación así? No me esperaba esto para nada.
-Sólo tenme paciencia, Adeline... -rogó acercándose más a mí, aún sosteniendo mi mano- Hay muchas cosas que no sabes, muchas cosas que no quiero que sepas, muchas cosas que aún no aclaro. No sé aún qué voy a hacer contigo... Con nosotros.
-¿Nosotros? -pregunté- Tom, no puedes hablar de un nosotros luego de actuar así. -negué con la cabeza- Me besas, me ignoras, me tratas mal, me tratas bien, me confundes, me salvas, vuelves a tratarme mal, vuelves a besarme... ¿Crees que yo sé qué hacer?
-¿Te das cuenta de lo que me pasa, York? -dijo, casi ofendido- ¿Te das cuenta de la importancia que tiene esto para mí?
-¿De qué hablas? -pregunté confundida-
-¡Te quiero! -exclamó, haciendo a mi corazón saltar- Por Salazar, Adeline. Pensé que te darías cuenta.
-Tú me... me... -negué con la cabeza- Creí que... ¿Cómo sabes que me quieres?
-Porque no lo había sentido antes... Me haces actuar extraño. -iba a decir algo, pero me interrumpió- Sí, más que de costumbre. -dijo, haciéndome reír- Cuando sonríes así, haces que algo en mi estómago se mueva. ¡He llegado a creer que estaba enfermo! -levantó su mano desocupada y llevó un mechón de mi cabello hacia mi oreja- Eres la única que ha despertado mi interés. La única que ha hecho que sienta necesidad por su compañía.
-Tom... No sé. Yo...
Estaba tan atareada, con tantas cosas en la cabeza, que ya no podía ni hablar coherentemente.
-¿Qué pasará con August? -pregunté. Él me soltó la mano y me miró con seriedad-
-Dejarás de verlo... -contestó-
-¿Qué? -lo miré incrédula- ¿O sea que tengo que dejar a una persona que no me menospreció y me trató maravillosamente? -alcé una ceja-
-¿Estás enamorada de él? -preguntó, hablando un tono más bajo-
-No... -murmuré cohibida mientras bajaba la mirada-
-¿Yo te gusto? -preguntó. Sentí los colores subiendo a mis mejillas. Lo miré y traté de saber qué hacer con él-
-Creo que no estaríamos aquí en ésta situación de no ser así... -respondí. Él sonrió, pero yo suspiré con frustración- Pero no es sencillo. -comencé a caminar por la torre- No quiero hacer sentir mal a Gus... -escuché un bufido se su parte- Aparte, no creo del todo que me quieras. Creo que estás equivocado.
-Deja de darle vueltas al asunto. -dijo, reteniéndome por los hombros y obligándome a mirarlo- Es como descubrir un nuevo continente el saber que puedo sentir lo que siento por ti, Adeline...
-Lo sé... -susurré- Pero es complicado...
-Sé que si me hubiese dado cuenta antes sería más fácil, pero no soy perfecto. -dijo con pesar- Aún no tengo claro lo que debo hacer, pero aquí estoy, intentando hacerte saber que lo que siento por ti me gusta.
-Déjame pensar qué hacer con August. -lo miré con súplica. Él se tornó frío al instante en el que nombré a Gus y sacó sus manos de mis hombros- No te enojes, sólo quiero aclararme...
-Como quieras... -contestó, apartando la mirada. No pude hacer más que sentir ternura-
-Estás celoso... -canturreé con burla. Él me miró con el ceño fruncido-
-¿Quieres decir que este enojo y esta posesividad que siento, creciendo dentro de mí, son celos? -dijo con dureza. Yo, aún sonriendo, asentí. Él sonrió y me besó cortamente para después caminar hasta la puerta- Entonces sí... Estoy celoso.
Ésta serpiente quiere matarme...
***
-Eso es lo más adorable que escuché en mi vida... -chilló Mel. Daisy asintió, dándole la razón-
-Lo es, pero sigue siendo complicado...
-No es complicado, tonta. -dijo Daisy. Ella siempre era directa cuando se trataba de hacerte abrir los ojos- Él acaba de decirte que te quiere. Tom Riddle se te declaró. Y tú estás aquí, pensando en la anatomía del dragón, en vez de ir con él a decirle que también lo quieres. Discúlpame, pero te diré que eres idiota.
-Con amor... -agregó Melissa. Yo me reí y les lancé nieve. Estábamos en las orillas del lago hablando sobre lo sucedido en el día de ayer- Rayos... Allá está VanDame. -murmuró. Yo inmediatamente comencé a buscarlo con la mirada. Cuando lo encontré, lo vi con sus dos amigos, caminando a la orilla del lago. Apreté la puños, recordando lo que me hizo el día de ayer. Todavía me dolían horrores las costillas y había tenido que cubrirme la mejilla con maquillaje-
-No hagas locuras, Addy... -advirtió Daisy-
-No es una locura. -dije, empezando a caminar en dirección a ellos-
-No, Adeline, no hagas nada. No merece que gastes energías en él...
-¿Y mis costillas sí se lo merecen? -pregunté con odio mientras aceleraba el paso-
-No, Addy, pero aún así. Puedes tener problemas. -dijo Daisy, tratando de agarrarme de la manga de mi abrigo. Me lo saqué para que me soltara y me quedé sólo con el suéter justo cuando llegué frente a él-
-Hey, VanDame... -lo llamé. Él se dio vuelta y yo le pegué en la cara con mi puño- ¿Por qué no te haces el valiente conmigo sin estar atada? -pregunté. Él se soltó la cara, ya que se la había agarrado luego del golpe, y me miró con odio. Vi a sus amigos sacar la varita. Antes de que lograran lanzarme algún hechizo, un gran tentáculo salió del agua y los golpeó, alejándolos de nosotros- Choca ese tentáculo, pulpo. -dije, estirando mi mano. El calamar acercó su tentáculo y lo chocó contra mi mano para luego volver a meterse en el agua-
-Maldita. -escuché. Vi que Jack se abalanzaba hacia mí, así que aproveché ese acercamiento para patearle en donde menos le gusta. Se llevó las manos a esa zona y se tiró al suelo a retorcerse- No es lindo que te golpeen, ¿cierto? -dije, agachándome un poco- Pero, a diferencia de ti, yo no te até con una cuerda para que no pudieras defenderte. Yo te doy la posibilidad. -lo empujé con el pie para ponerlo boca arriba y me subí encima de él- No te metas conmigo, inútil. -dije cerca de su cara. Él sacó su varita y me apuntó con ella. Yo agarré esa mano y la retuve en el suelo- Aprende a defenderte solo. No siempre tendrás tu varita a mano. -me levanté y di un paso hacia atrás. Luego recordé que me había sacado la camisa y me enojé de vuelta- ¡Viste mi sujetador! -chillé colérica y le di una patada en la costilla. Él se llevó la mano ahí y comenzó a toser-
-Suficiente, Addy. Ya te descargaste. -dijo Melissa. Daisy se acercó a Jack y le dio otra patada- ¿Y ahora tú por qué?
-No lo sé. Yo sólo quería participar. -se encogió de hombros y yo me reí-
¡Éstas sí que son amigas!
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