Capítulo 2: Bienvenida a Hogwarts.
-¡BIENVENIDOS, ESTUDIANTES, A UN NUEVO AÑO EN HOGWARTS! -saludó Dippet, el director. Todos vitorearon, aplaudieron y festejaron. La mayoría de los profesores estaban felices y con una gran sonrisa en el rostro. Otros no tanto- Quiero informarles de la presencia de algunos Dementores en las afueras de Hogwarts. -algunos jadearon con sorpresa y comenzaron a murmurar- No será nada del otro mundo. No los notarán. Están aquí para protegerlos. -Nélida, una de mis compañeras Hufflepuff se puso a murmurar. Estaba terriblemente asustada. Al parecer, su abuelo había sido besado por un dementor y ella había adquirido una gran fobia hacia ellos- Hay un criminal que no lograron atrapar y pedí seguridad para mis estudiantes. -sonrió-No se lo ha visto cerca de aquí, tranquilos.
-¿Quién crees que sea? -preguntó Dean Prescot, un Hufflepuff de último año con el que había hablado mucho últimamente-
-No lo sé. -contesté- Creo que Dippet exagera con lo de los dementores. Si no se lo ha visto cerca, ¿para qué traerlos? -me encogí de hombros-
-¿Y si es mentira? -dijo con paranoia- ¿Y si lo vieron cerca?
-Dippet no mentiría. Él prefiere que estemos al tanto de estas cosas para poder protegernos. Si se lo ve cerca, nos avisa. Ya sabes que él siempre exagera todo. -vi que el director seguía hablando y hablando- No es la primera vez que hay dementores aquí.
-¿Qué crees que pase este año? -preguntó, cambiando de tema-
-¿A qué te refieres? -pregunté-
-Siempre pasa algo interesante. -dijo con una sonrisa- ¿Qué crees que pase este año?
-No lo sé... -dudé- A lo mejor Slughorn adelgaza. -bromeé y nos reímos. Dean era uno de los más apuestos de Hufflepuff y de todo Hogwarts. Eran unos veinte los que, en la lista de nombres que tenemos con Daisy y Melissa, entraban en "los más comestibles". La mayoría era de Slytherin o Gryffindor. El resto estaba en Ravenclaw y Hufflepuff-
-¿Qué hiciste en las vacaciones? -preguntó-
-Fui de viaje con mi madre. -sonreí- A una ciudad llamada Venecia.
-Genial. Me gustaría conocerla. -sonrió-
-¿Qué hiciste tú? -pregunté-
-Jugué al Quidditch todo el tiempo. Mis primos no me dejaban descansar. -vimos que ya estaban seleccionando la casa de cada alumno nuevo- ¿Sigues sin novio?
-¿A qué viene esa pregunta? -me reí y vi que se estaba poniendo rojo-
-¡Hufflepuff! -gritó el sombrero seleccionador. Toda la mesa estalló en gritos y aplausos. Una niña se sacó el sombrero y caminó hasta nuestra mesa-
Así estuvimos por un rato, hasta que terminaron de seleccionar la casa de cada niño y luego comimos. Moría de hambre, no estaba despierta cuando pasaron vendiendo golosinas en el tren, así que no había comido nada desde la mañana. Luego de la cena, desaparecieron los platos y los prefectos nos guiaron hacia nuestra sala común, en el sótano. Finn Haker, el prefecto, golpeó correctamente el barril, explicando que, si se golpeaba equívocamente, el mago o bruja sería bañado en vinagre. Entramos, distribuyeron las habitaciones, felicidad aquí, felicidad allá...
-Oye, Dean. -le hablé al castaño- Cúbreme. Voy a salir. -él frunció el ceño y se acercó a mí. Varias compañeras se quedaron embobadas, mirándolo-
-No puedes, te castigarán si te descubren. -susurró. Sus azules ojos se veían preocupados-
-Si es que lo hacen. -me puse la capucha de la túnica- Voy a ver a Melissa, tiene a Clifford. No puedo dormir sin mi gato. -hice pucherito. Él se mordió el labio y miró hacia donde estaba Finn-
-¡Oye, Finn! -dijo acercándose a él- ¿Has bajado de peso? -le preguntó, poniéndolo de espaldas a la redonda puerta-
Le sonreí desde atrás y salí. Estaba todo oscuro, había un elfo en la cocina lavando platos. Pasé en puntitas de pie para no hacer ruido y corrí. Me fui hasta las escaleras, asegurándome de que no se moviera y cayera hacia una muerte segura... ¿De qué estoy hablando? Si Hufflepuff está en lo más hondo de Hogwarts, es imposible caer.
Subí por las escaleras. Esto era cansador, sin dudas. Corrí intentando no ser vista por los retratos. Estaba cerca del pasadizo secreto hacia Slytherin y sus mugrosas mazmorras...
-¿Dónde quedaban las otras escaleras? -susurré/pregunté para mí misma y miré para los costados. Vi una silueta caminando, así que me agaché y me hice bolita, esperando no ser reconocida en la oscuridad. Aunque, pensándolo bien, por culpa de la oscuridad no llegaba a recordar el camino hacia las escaleras. SIETE PLANTAS. Sólo eso es lo que debía subir- Demonios. -mi túnica se enganchó en un clavo, sin dejarme mover-
-¿Quién anda ahí? -dijo una anciana y masculina voz. Dumbledore. Quise chillar, pero más importante era liberarme para poder escapar. Estiré hasta romper la túnica y salí corriendo. Logré desaparecer de la vista del profesor Dumbledore. No es como si me castigara, pero sí me regañaría y me enviaría de vuelta a mi sala común- Lumos. -encendí una "linterna" y seguí corriendo. Miré hacia atrás para asegurarme de que no había nadie. Cuando volví mi vista al frente, me asusté, grité y choqué contra alguien. Adiós varita, adiós seno izquierdo, adiós brazo derecho- Mierda. -me había golpeado tan fuerte que apenas podía respirar-
-¿Qué estás haciendo aquí? -abrí los ojos con terror y sorpresa cuando me vi de frente (y horizontal) con Tom Riddle. Estaba enojado, no cabían dudan. Es que, claro que estaba enojado. ¡Caí sobre él!-
-Lo siento, lo siento, lo siento. -me levanté y noté que mi pierna estaba molestándome. Debí haberme golpeado en la caída. Revisión mental: Brazo derecho, seno izquierdo y pierna izquierda. Genial- Fue un golpe muy fuerte. -él se levantó y yo agarré mi varita- Adiós. -me despedí y seguí caminando-
-¿A dónde crees que vas...? -se quedó callado. Me di vuelta para mirarlo-
-Adeline York. -dije y me agarré el pecho- Cómo duele ésta porquería. -miré para abajo- Cielos... -agarré el pedazo de tela rota-
-¿Podrías responder alguna de las preguntas que te hice? -dijo molesto. Apuntó su varita a mi túnica- Reparo. -la tela volvió a la normalidad y yo sonreí-
-Sí puedo. -sonreí y volví a darme vuelta. Él agarró mi brazo, aplicando más fuerza de la necesaria- Oye, oye, espacio personal, querido. -agarré su mano y liberé mi brazo-
-Dijiste que ibas a responder mis preguntas. -se cruzó de brazos-
-No dije eso. -me encogí de hombros- Dije que sí podía responderlas. -sonreí- De ahí a que quiera hacerlo es otra cuestión.
-Puedo hacer que te castiguen. ¿Lo sabes? -sentí una presión en mi pierna y vi que la serpiente de Tom estaba subiendo-
-¡Quítala! ¡Quítala! -Tom miró para los costados y me tapó la boca-
-¿No puedes dejar de ser tan ruidosa? -negué con la cabeza y luego me soltó para agarrar a Nagini- ¿Qué haces aquí?
-Doy un paseo. -dije con sarcasmo-
-¿A dónde vas? -preguntó ignorando lo anterior. Rodé los ojos y me apoyé en la pared-
-Me perdí. Quería llegar a Gryffindor. -murmuré-
-¿Siete años aquí y te pierdes por los pasillos? -preguntó incrédulo-
-¿Qué haces tú aquí? -cuestioné-
-Eso no te importa. -se puso a caminar- Ahora vete antes de que un prefecto de Slytherin te vea y te lance un hechizo que te haga vomitar babosas. -hice una mueca de asco- Las escaleras están en aquella dirección. -señaló un pasillo y siguió caminando-
-Oye, ¿tú no eras prefecto? -le pregunté-
-Lo era. -confirmó- Pero ya no más. Ahora vete.
-Estúpido Riddle. -murmuré y fui caminando rumbo al lugar que señaló-
¿Quién se cree para andar amenazándome y curioseando en mis asuntos? Maldito Tom. Lo que tiene de lindo lo tiene de antisocial. ¿Acaso no sabe hablar con una mujer? Él podría tenerlo todo. Amigos, chicas... A las calificaciones altas ya las tiene, pero podría aspirar a algo más.
Llegué al retrato de la Dama Gorda, que dormía placenteramente. Fui un poquito más adelante y vi el retrato de la sirena que me ayudaba a hacer contacto con las chicas.
-Lydia. -hablé. Ella dejó de peinar su cabello y aleteó con felicidad al verme-
-¡Adeline! -saludó- ¿Cómo estás? -sonrió-
-Muy bien, ¿y tú?
-Perfecto. -respondió- Necesitas que llame a las chicas, ¿cierto? -preguntó. Yo asentí y ella me guiñó el ojo para luego lanzarse al agua. En la habitación de mis amigas hay un cuadro de una playa. Siempre que yo le digo a Lydia que las llame, ella va hasta ese retrato y les avisa. Nadie sabe de esto, sólo nosotras. Llegamos a tenes muy buena relación con ella-
-¿Addy? -preguntó Daisy- ¿Qué pasó?
-Vengo a buscar a Clifford. -dije y vi a Melissa salir por el retrato de la Dama Gorda-
-¿A Clifford? -preguntó con un bostezo- Ya lo traigo. -estaba a punto de entrar, pero vi el enorme trasero negro de mi gato contonearse- Oh, ahí está. -señaló. Yo alcé al gordo Clifford y besé su cabeza-
-Nos vemos mañana, chicas. -sonreí-
-Adiós, Addy. -dijeron ellas y volvieron a entrar-
-Más te vale bajar de peso, gato. -amenacé mientras caminaba- Es tedioso andar cargándote. Eres pesado. -bajé por las escaleras, pero éstas se movieron y cambiaron de lugar- Malditas escaleras. -bajé hasta el lugar en donde me había dejado y caminé sin rumbo- Siete años y jamás había caminado por aquí. -hablé con Clifford. Escuché unos ruidos, así que me agaché y caminé en cuclillas. Llegué hasta la puerta de un baño y me paré. No había nadie- Qué extraño...
-¿Otra vez tú aquí? -dijo con su tenebrosa voz. Me sobresalté-
-¡Maldito! -protesté- ¿Qué quieres? ¿Matarme de un infarto? -se acercó a uno de los lavabos y se lavó las manos- Sabes que éste es un baño de mujeres, ¿cierto?
-Lo sé. -cerró el grifo y se secó-
-Como sea. Me voy.
-¿York? -preguntó alguien detrás de mí- ¿Riddle? -me di vuelta y vi a Albus Dumbledore- ¿Qué hacen a ésta hora aquí? ¿Dónde están sus prefectos?
-Eh... Ah... Yo... -apretujé a Clifford- Yo sólo fui a buscar a mi gato y la escalera me dejó aquí. -miré con cara de cordero- Perdón.
-Está bien, pero vuelva inmediatamente a su sala común, jovencita. -asentí y comencé a caminar- ¿Y tú, Riddle?
-Me sentí sofocado y salí a tomar algo de aire. Sepa disculparme, profesor. -dijo con cordialidad. Maldito engreído. Estaba en la puerta cuando me di cuenta de que no sabía cómo volver-
-Ehm... ¿Profesor? -lo hablé. Él se dio vuelta-
-¿Sí, Adeline? -contestó-
-Estoy perdida. ¿Podría ayudarme a volver? No conozco el camino desde aquí.
-Ni desde ningún lado... -murmuró Riddle. Yo lo miré, ofendida, y me di cuenta de que el profesor no había llegado a escucharlo-
-Claro, por aquí. -se puso a caminar- A tu habitación, Tom. -le dijo y Riddle se fue de ahí- Qué chico extraño...
-¿Extraño? -cuestioné-
-Sí, extraño. -afirmó- Olvídalo...
-Okey... -caminamos en silencio hasta llegar al barril. El profesor tocó el barril al ritmo correcto y se abrió. Finn se levantó del sillón y fue hasta donde yo estaba-
-¡Adeline! ¿Por qué saliste? -preguntó enojado. Todavía me molestaba que un alumno de quinto me regañara. Mocoso irrespetuoso-
-Yo necesitaba hablar con ella, Haker. No hace falta ningún castigo. -dijo Albus. Le sonreí de oreja a oreja- Hasta mañana, alumnos. -se despidió y salió por la redonda puerta-
-¿Para qué te necesitaba? -curioseó Finn-
-Cosas secretas. -dije con aires misteriosos y me fui hacia la parte en donde estaban las habitaciones de las chicas. En la puerta de la habitación en donde duermo, estaba Dean- Hola...
-¿Por qué demoraste tanto? -preguntó-
-Hubieron algunos inconvenientes.
-¿Estás bien? -preguntó y luego acarició la cabeza de mi gato, que le dio un zarpazo con sus garras- Auch.
-Clifford no te quiere... -me reí y bajé a mi mascota- Estoy bien, sólo me caí.
-¿Estás herida? -vi a Clifford entrar a la habitación tan conocida por él-
-No, estoy bien. -le sonreí- Nos vemos mañana, Prescot. -le di un beso en la mejilla-
-Adiós, York. -entré a mi habitación y cerré la puerta-
-Santa cama... -me tiré en la cama en donde estaban mis maletas y Clifford saltó a mi espalda- ¿Estás cómodo, maldito gato? -recibí un maullido en respuesta y un bostezo-
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