Capítulo 12: Durmstrang y Beauxbatons
Alguien que me explique por qué demonios Tom Riddle estaba besándome y por qué yo le devolvía el beso con la misma intensidad con la que él me lo daba. ¡Estábamos en el piso, por favor! ¿Qué clase de anormal se besa en el suelo con alguien con quién estabas enfadado y a punto de golpear a puño cerrado? Esa es otra pauta de lo raros que somos todos en Hogwarts. ¿Qué sigue? ¿Dippet bailando en traje de baño? ¿Clifford comiendo verduras? Luego de esto nada me sorprendería.
Lo más extraño de todo es que yo no quería alejarlo. ¡Lo acercaba más a mí! ¡¿Qué demonios te sucede, Adeline?! ¡Te recibió en su habitación ahorcándote y a punto de prenderte fuego! ¡Reacciona! ¡No lo agarres del cuello! ¡No lo atraigas hacia ti!
¿A quién engaño? ¿Qué chica no querría estar besando a Tom Riddle? Un momento... ¿Él estaba prendiéndome fuego de verdad o qué? ¿Por qué me quemaba su tacto?
Por mucho que quisiera seguir, necesitaba aire. Si seguía así iba a desmayarme, así que puse mis manos en su pecho y lo alejé un poco de mí. Lo suficiente para poder respirar. Al parecer él también había estado necesitando aire, ya que respiraba igual de agitado que yo...
-¿Qué demonios...? -no logré terminar la pregunta porque no sabía qué rayos preguntar. ¿Qué puedo preguntar cuando acaba de pasar algo sumamente extraño?-
-Yo... -él también estaba sorprendido. ¡¿De qué te sorprendes, idiota?! ¡Si tú me besaste!- Esto...
-Deja de balbucear y explícame qué demonios acaba de suceder. -dije con la voz un poco temblorosa- Y por qué sigues sobre mí. -él se levantó inmediatamente y retrocedió, alejándose de mí. ¿Primero me besa y luego hace como si yo fuera la peste?-
-Debes irte a tu habitación. -dijo con frialdad. ¿Por qué siempre se esconde en ese maldito tono seco? ¡Actúa como una persona normal, Riddle!-
-¿Disculpa? -me levanté y agarré mi varita-
-Vete de aquí. -maldito, maldito, maldito-
-Como quieras. -caminé hasta la puerta y lo oí bufar. ¿Qué pasa con él?- Idiota. -murmuré para mí misma y abrí la puerta- Por cierto, quiero mi escoba para mañana. -dije, recordando lo que me trajo hasta aquí-
No había notado que su habitación tenía una ventana que mostraba el interior del lago, ahí había una sirena (fea, por cierto) mirándome fijamente. Dejé de mirarla porque, sinceramente, me perturbaba y salí de la habitación. Me puse la capucha y caminé con sigilo. Mis movimientos estaban extrañamente más torpes que cuando entré. Supongo que es la confusión luego de ese suceso tan raro que acabo de vivir. Pasé por la sala principal y la chica seguía dormida en el sofá de cuero negro. Tuve intención de despertarla como hacía cuando una compañera se quedaba dormida leyendo en la sala. Luego recordé que sería como decirle "Oye, necesito un nuevo corte de cabello. ¿Me lanzas un calvario por estar en Slytherin a las una de la madrugada?" y se me pasaron las ganas de despertarla.
Salí de ahí y me fui rumbo a mi sala común. Golpeé el barril y la redonda entrada se abrió.
Seguía sin saber qué había pasado.
***
Había pasado como un mes y medio desde el beso con Riddle. Él no respondía cuando le preguntaba, sólo me ignoraba. Sólo me hablaba para enseñarme Pociones y nada más. Era indignante y ofensivo. Yo no era una de esas tontitas que perdían la dignidad yendo por detrás de un chico. Decidí aplicar la ley del hielo con él y hacer lo mismo. Yo sólo lo hablaba sobre las pociones que debía aprender. No me reía, no bromeaba, ni siquiera soltaba un atisbo de sonrisa. Era incómodo, tenso, estresante y tedioso estar sola con él a las doce de la noche en un aula vacía. Pero él se la buscó. No me devolvió la escoba porque ni siquiera había tocado el tema. A la mierda la amistad, a la mierda con "serpiente preferida", a la mierda con verlo reír. Que lo viole un centauro.
Actualizando la información, hoy llegarían el Instituto Durmstrang y la Academia Beauxbatons para participar de el Torneo de los Tres Magos. Era un torneo en donde se elegía a un estudiante de cada colegio que debía participar de una competencia. Los retos eran peligrosos y, a mi parecer, estúpidos. El Torneo de los Tres Magos se celebraba cada cinco años y se turnaba el colegio anfitrión. Este año le tocaba a Hogwarts albergar a las otras escuelas.
A mí nunca se me había pasado por la cabeza entrar porque no competiría contra otros estudiantes para demostrar mis habilidades. ¡Era estúpido! Ya habían muerto algunos alumnos en torneos anteriores y todavía seguían arriesgando a más. ¡A los simios les encantaban estas cosas! Era hasta gracioso ver cómo se peleaban por dejar un mísero papel con su nombre en una copa que elegía a los participantes y los guiaba a una posible muerte. Se creían "bien machos" para entrar y, cuando debían demostrar qué tan buenos eran, no se les ocurría ni un sólo hechizo. ¡Hasta yo podría haberles ganado! Pero no, no necesito demostrar nada.
Ahora me dirigía con mi casa a recibir a los colegios. Lo único que bueno que sacábamos de esto (con Daisy y Melissa) era que los alumnos de Drumatrang estaban sumamente buenos. Eran todos fuertes y varoniles. Las estudiantes se volvían locas por ellos, así como los chicos por las de Beauxbatons.
Había acordado en la mañana con mis amigas esperar adentro mientras los colegios llegaban porque era un mundo de gente y hormonas. Era insoportable estar entre compañeros y compañeras que saltaban y gritaban cuando veían a su amor imposible llegar. Estaba en las puertas del Gran Comedor esperando a Melissa y a Daisy, quienes debían deshacerse de los prefectos que querían que ellas estuvieran presentes para el recibimiento. No era obligatorio estar ahí, pero siempre insistían.
-Me tiene cansada ese maldito Septimus. -murmuró Melissa enojada-
-Es molesto. ¿Por qué tiene que ser prefecto? -dijo Daisy. Yo las saludé y ellas caminaron hasta mí-
-Sentimos la tardanza, Weasley no nos dejaba de insistir en que fueramos a recibir a los de Durmatrang y Beauxbatons. -Melissa suspiró y se arregló la túnica-
-Él es buena persona... -dije-
-Será buena persona pero es muy pesado. -dijo Daisy. Escuchamos aplausos y gritos- Ya deben estar llegando... -me apoyé en la pared al lado de la puerta del comedor y me crucé de brazos-
-¡Adeline! -dijo Slughorn cuando me vio- ¿Por qué no están con los demás, chicas? -preguntó-
-Porque preferimos esperar aquí. Yo sólo quiero comer y ver a los alumnos de Durmstrang. -contestó Daisy-
-¿Por qué no entras al torneo? -me preguntó a mí- Estoy seguro de que saldría tu nombre y ganarías todos los retos. -no sé qué tenía este hombre con halagarme tanto-
-No me gusta ese tipo de cosas, profesor. -contesté con educación-
-Lo mismo que respondiste cuando te invité a entrar al Club de las Eminencias. -frunció los labios- Eres una digna Hufflepuff que no le gusta presumir sus habilidades. -suspiró- Bueno, la propuesta sigue en pie por si quieres entrar. -sonrió y entró al Gran Comedor- ¡Nos vemos, chicas! -exclamó alejándose-
-¡Adiós! -gritaron mis amigas-
-Yo creo que tiene razón. -dijo Daisy- Tú podrías ganar.
-Tom Riddle también podría. -murmuró Melissa-
-Te dije que no lo nombres en mi presencia. -dije golpeándole la cabeza-
-¡Pero ya pasó más de un mes! -se sobó el área afectada-
-No me interesa. -volví a cruzarme de brazos. Escuchamos los murmullos y festejos más cerca que antes-
-Ya deben estar viniendo para acá. -dijo Daisy mirándose las uñas-
-Yo quiero que algún chico de Durmstrang me invite al baile de navidad... -dijo Mel con la voz soñadora-
-¿Ya estás con eso? -pregunté- Todavía faltan semanas, Mel. -vimos a las chicas de Beauxbatons caminar hacia el comedor. Cuando pasaron por nuestro lado nos saludaron entusiastamente con la mano y con grandes sonrisas en el rostro. Nosotras les devolvimos el saludo y ellas siguieron su camino hasta la mesa preparada para ellas. En realidad podían sentarse con la casa que quisieran, era su decisión- Me caen bien. -dije-
-Parecen buenas... -dijo Mel. Ella y Daisy se pusieron a mi lado mientras veíamos a los de Drumatrang caminar hacia aquí. Los alumnos de Hogwarts estaban por atrás, observando con adoración-
-Oh, cielo santo. -dijo Daisy observando a los varoniles... ¿Rusos? Ya ni recuerdo de dónde eran. ¿Noruegos? ¿Suecos? ¿Chinos?-
-En Durmstrang no admiten a los sangre sucia. -dijo una asquerosa voz cerca de nosotras- Ni pienses que vas a poder socializar con alguno, York. Una sangre sucia como tú está destinada al fracaso. -dijo en voz alta, con la intención de que todo Durmstrang se enterara de que soy hija de muggles-
-No sé si lo recuerdas, Malfoy, pero no todos pensamos así. -dijo una gruesa voz proveniente del grupo de machotes. Miré hacia él y juro que la temperatura subió. Era un chico con el cabello rubio algo oscuro, con ojos azules y un gran cuerpo cubierto por ropas dignas de un guerrero- Gusto en verte de nuevo, Abraxas. -le dijo. Me miró y me guiñó un ojo. Sonreí levemente y sentí el codo de Melissa a mi izquierda y el de Daisy a mi derecha, los dos clavándose en mis costillas-
-Por Merlín... -chilló Daisy viendo entrar a los de Durmatrang al comedor con aires de grandeza, eran tan guapos... Detrás de ellos iban los aburridos Hogwarts que todos conocemos- ¡Te guiñó el ojo! -me sacudió por el hombro. Yo me reí y vi a Tom observándome. Comenzó a caminar y entró al comedor detrás de todos. Malfoy estaba a punto de morir de un ataque. Me reí de él burlonamente y entré al Gran Comedor con las chicas-
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro