
16
Un año ha transcurrido, mismo que considero como el más glorioso en los veintiséis años que llevo de existencia.
Mi vida como sirviente principal ha sido dichosa. Estar a cargo de las actividades que Lady Raven lleva a cabo y atender a sus necesidades se ha vuelto el más deleitable de los placeres.
Durante este año, Lady Raven y yo hemos fortalecido nuestro vínculo. Nos hemos vuelto los dos mejores amigos que puedan existir. No creo que exista otro sirviente más unido a su amo que nosotros dos.
Es una pena que, debido a la elección de Lady Raven de tenerme como su sirviente principal, la mayoría de los sirvientes se rehúsa a trabajar para ella. Solo la señorita Sol Toscano es quien nos brinda su apoyo incondicional, pues el resto no suele durar mucho tiempo a causa de que mi presencia les resulta incómoda.
La decisión de Lady Raven ha traído algunas consecuencias en lo que respecta al trato que recibe de parte de otros miembros de la clase gobernante. Ya no se le suele tomar tanto en cuenta en las decisiones, los otros jóvenes no desean acercarse a ella o tan solo no le hablan. Aplican una severa ley de hielo contra la joven doncella, una desdeñable acción de su parte.
He mantenido conversaciones con ella respecto a lo que sucede con sus demás similares del grupo gobernante y he exteriorizado cuán desagradable y triste me parece la actitud que los demás demuestran hacia ella, e incluso hacia mi persona. En más de una ocasión le he preguntado si vale la pena vivir con tanto repudio de parte de los demás, pero ella dice que no le importa. En sus palabras, ella asegura que existe cierta pureza en mi persona, misma que no encuentra en los demás, que mi presencia y mi compañía es mucho más deleitable que la de ellos y que estar a mi lado y apoyar mi causa es mucho más importante que el aprecio de sus semejantes. La admiración que siento por su convicción es inmensa, y el honor que me otorga con sus palabras no tiene comparación, pero a decir verdad ella me preocupa demasiado. No sé cuanto vaya a durar esta situación; solo espero que esto no le cueste la oportunidad de encontrar el amor de otro miembro del grupo gobernante y tener una familia a quien heredar su puesto y sus posesiones.
Estos días son especiales para todo Croma. Es el aniversario de la fundación, y se lleva a cabo una fiesta que dura toda la semana.
En el palacio, todo se arregla lo mejor posible para llevar a cabo una gala a la que estarán invitados los miembros de la alta sociedad. Los reyes, los príncipes, futuros prospectos al trono, altos funcionarios, oficiales del ejército, la guardia, profesores, empresarios y personas acaudaladas de todos los colores serán invitados a este evento.
Por supuesto, Lady Raven tiene una invitación directa al tratarse de una de las princesas de color Negro, razón por la que me he dedicado todo el día a prepararse para la fiesta de esta noche, en la que comienzan los siete días de celebración en Croma.
Llegada la hora cero de la noche, la hora a la que comenzarán los festejos, Lady Raven y yo hacemos acto de presencia en el salón principal, donde se encuentra el resto de los invitados además de muchos de los sirvientes principales y aquellos que trabajarán para atender a todos los presentes. Por mi parte, debo mantenerme al tanto de las necesidades de Lady Raven durante el evento.
El señor Alabaster reúne a todos los actuales reyes Blanco y Negro en un templete que ha sido colocado para este propósito desde la mañana, y con unas palabras que son transmitidas a toda la ciudad a través de altoparlantes colocados en las plazas y sitios de reunión más importantes en todo Croma, da inicio a los festejos.
La pista no tarda en llenarse de personas que comienzan a bailar. Reyes y reinas, príncipes y princesas, todos ellos disfrutan de un hermoso momento. Sin embargo, Lady Raven todavía se encuentra en su sitio, sentada. Lleva puesto ese hermoso vestido de encajes sin tirantes y su tiara con joyas sobre su cabeza arreglada con un peinado alto, además de un par de guantes largos y zapatillas que hacen juego con su vestimenta.
Yo, que en ese momento me encuentro en la zona de bebidas mientras tomo un poco de vino, la veo allí, con ese aire sereno. Presiento que está algo triste y un poco desanimada aunque su rostro no lo refleje, por lo que dejo mi copa y me dirijo hacia ella.
—¿Está todo bien, Lady Raven? —indago.
—No tienes de qué preocuparte, Flint; todo está en orden —responde con esa serenidad que tanto le caracteriza.
—Pensé que, tal vez, se sentiría mal por no estar en la pista acompañada de alguno de los príncipes.
—Eso no es tan importante, Flint —habla con una sonrisa cariñosa—. Es solo un baile, y es el primer día —añade—. ¿O acaso quieres bailar conmigo? —pregunta en son de broma.
—Es muy graciosa, Lady Raven, pero usted sabe que yo no conozco de danza —aclaro, y ella se ríe un poco—. Además, no sería correcto, ni muy bien visto, el que una princesa baile con su sirviente, sobre todo si se trata de alguien como yo.
—¿Y desde cuándo nos interesa tener la aprobación de los demás en lo que hacemos? Además, no debes preocuparte por estar a mi lado aunque tu color sea fruto de una mezcla. Tu presencia me es más grata y deleitable que la de ellos. Si por alguna razón me volví más cercana a ti es debido a que, contrario a lo que piensan los demás, yo sí creo que eres muy valioso —comenta, y de inmediato vuelvo la mirada hacia ella—. La señorita Daisy siempre lo mencionaba en nuestras conversaciones —explica. Esto me abre los ojos y llego a la conclusión de que ella conocía de nuestro plan—. Ella tenía gran fe en ti, y me comentó su idea de convertirte en un miembro importante para la sociedad de Croma, un color que trajera un cambio. Sé que tu meta está un poco alejada de cumplirse, pero puedo ayudarte a salir adelante si lo deseas, Flint. No temas a la adversidad, que estaré a tu lado tal como lo han hecho siempre el señor Admiral y la señorita Perla, y también como lo hizo tu padre cuando nadie más se preocupó por tu bienestar.
—¿Por qué todo mundo tiene altas expectativas puestas en mi persona? Primero la señorita Perla, luego el señor Admiral, y ahora usted —reclamo un poco alterado.
—Porque conocemos la historia, porque conocemos la injusticia a la que muchos como tú fueron sometidos, y queremos hacer algo a favor de ustedes.
—Quieren equilibrar las cosas en la balanza —argumento—. ¿No creen que es un poco tarde para ello? —ironizo.
—Es mejor hacerlo ahora que no haberlo hecho nunca; y no solo lo hacemos por ti, sino por los que, con toda posibilidad, vendrán después.
No puedo evitar el exhalar un poco exasperado. ¿Cómo es que toda esta gente tiene tanta fe en mí? ¿En verdad podré cumplir con esas expectativas tan altas? ¿Valdrá la pena tanto sacrificio que han hecho? Solo de recordar lo que han tenido que pasar tanto mi padre como la señorita Perla hacen que me sienta culpable por ellos, por los sacrificios que jamás pedí que hicieran. Es demasiado peso y carga de conciencia sobre mis hombros. Por ello, me limito a sonreír un poco a Lady Raven como una forma de decir que estoy de acuerdo con lo que ella opina, aunque, en realidad, no siento que ese sea mi propósito.
—Haré lo mejor que pueda para no fallarles —respondo.
—De acuerdo —dice ella—. Sin embargo, no has respondido a mi pregunta. ¿Quieres bailar conmigo? —añade para mi asombro—. Aunque sea solo una pieza.
—En realidad... No sé hacerlo —sonrío tímido y un poco avergonzado.
—No es tan difícil —asegura, y de inmediato se pone de pie—. Vamos —invita.
Ante esto, no me queda más que suspirar lleno de resignación, así que me pongo de pie y juntos avanzamos hacia la pista ante la mirada atónita de los presentes.
Lady Raven se coloca frente a mí, hace una pequeña reverencia a la que respondo con el mismo gesto, y luego, de manera sorpresiva, toma mi mano izquierda con su derecha y cruza sus dedos con los míos. Luego toma mi mano derecha y la coloca sobre su cintura.
—Sujétame, y acércame un poco a ti —solicita, y accedo un poco nervioso—. Ahora, te enseñaré lo básico —explica con voz suave—. Tu pie derecho, muévelo un paso hacia la derecha —pide, y lo hago aunque con un poco de rigidez—. Ahora, que tu pie izquierdo se acerque al derecho, y luego da un paso atrás rápido, y juntas los pies otra vez —indica.
—¿Así? —pregunto luego de hacer tal movimiento.
—Lo haces bien —comenta, y no aparto de mi rostro mi sonrisa nerviosa—. Ahora, repite lo mismo que hicimos pero con tu pierna izquierda, y en lugar de dar un paso atrás, lo das hacia adelante.
—¿Hacia adelante? —pregunto intranquilo y ella asiente, luego trato de hacer lo que ella me pide. Tengo la gracia de una montaña para moverme, pero a ella no parece importarle.
—Nada mal para ser principiante. Ahora, nos movemos a ritmo de la música. Empieza hacia tu derecha.
—Bien —musito, y comienzo a moverme. Sí, todavía estoy demasiado duro para hacerlo, pero poco a poco comienzo a tomar el ritmo. No faltan las veces en las que me equivoco y piso su pie, pero ella acepta mis disculpas con una tímida sonrisa.
Claro está, no faltan las murmuraciones. Voces que hablan en contra nuestra, que se quejan y opinan sobre lo que Lady Raven hace y lo mal que esto les parece. Yo me preocupo al respecto, aunque a ella no parece importarle.
La pieza musical culmina y ambos nos quedamos de pie y aplaudimos llenos de gozo a los músicos por su interpretación.
—Si lo deseas, ve y toma asiento —me pide Lady Raven—, iré a conversar con algunas personas —agrega.
—De acuerdo, Lady Raven —expreso, y paso de nuevo a la zona de bebidas.
Al llegar allí me encuentro con dos sirvientes Amarillo. Sin embargo, hay algo sospechoso en ellos que no logro explicar. No se parecen a otro sirviente que haya visto en el palacio, aunque su indumentaria está acorde a lo que suelen usar. Son mucho más altos y, al parecer, con una constitución física más fuerte que un sirviente común y corriente, por lo que me dedico a observarlos con detenimiento.
Los sirvientes dialogan algo entre ellos, algo sobre las princesas de color Negro, pero no puedo escuchar muy bien a causa de las conversaciones de los demás, por lo que me acerco con disimulo hacia ellos. Por desgracia, mi plan tiene poco éxito, pues ellos no tardan demasiado en percatarse de mi presencia.
—¡Tú! —habla uno con rudeza, y me quedo estático—. ¿Tú eres al que llaman Flint? —interroga.
—Esto...
—¿Cómo es posible que no logres darte cuenta de que se trata de él? —contesta su compañero muy molesto, quien le da un codazo—. ¡Es de color gris! ¿Cuántos Gris que trabajen como sirvientes crees que existan en todo Croma?
—Solo quería cerciorarme —excusa el primero, y el otro exhala exasperado.
—Disculpa a mi compañero —indica el segundo de los Amarillo con los que hablo—, Flint hijo de Pitch —añade.
—Pero... ¿Cómo? —indago alterado.
—Hemos escuchado de ti. Se nos han dado órdenes de no involucrarte.
—¿Órdenes? ¿De qué es lo que hablan? ¿Quién les ha dado órdenes? ¿Cómo es que saben de mí!? Necesito una explicación —solicito, pero el sujeto de pronto deja ver entre sus prendas de vestir un cuchillo de cristal, similar a aquél con el que intenté quitarme la vida, y esto me hace retroceder un poco.
—Tranquilo, muchacho. A su debido momento tendrás tus respuestas. Por ahora, te recomiendo que te pongas a salvo, porque las cosas se pondrán peligrosas —explica.
Los dos sujetos se echan a reír y se marchan. Poco a poco, comienzan a avanzar entre la multitud con un par de bandejas llenas de bocadillos en sus manos.
Sin salir de mi asombro, busco a alguna persona a quien pueda contarle lo sucedido, de preferencia al señor Admiral, en quien más confianza tengo; sin embargo, por más que lo busco no lo veo por ninguna parte.
Luego de un momento de búsqueda, llego hasta un balcón en la parte alta del salón donde se lleva a cabo la fiesta, y por fin veo allí un rostro amistoso.
—¡Cyan! —grito de inmediato al encontrarlo.
—¡Flint! ¡Amigo! Es agradable el verte aquí —expresa efusivo y se apresura a saludarme.
—Cyan, disculpa mi descortesía, pero necesitamos hablar con un guardia ahora mismo.
—Pero, ¿qué sucede?
—Hay alguien en esta fiesta que luce sospechoso, y...
En el momento que digo esto, vuelvo mi mirada hacia el lugar donde se dirigían los sujetos Amarillo, y de inmediato se escucha el sonido de un cuerno de guerra, y un fuerte grito inunda la sala, lo que llena de asombro y temor a todos, quienes se vuelven hacia las personas de color Amarillo.
De inmediato, sucede algo que nuestros ojos jamás habían contemplado: Los sujetos Amarillo, los mismos que estaban vestidos como sirvientes, cambian su color.
La extraña transformación es seguida de un horrorizado grito por parte de todos los que atestiguaban el suceso, y de inmediato comienzan a correr en todas direcciones.
Estoy estupefacto. Mis ojos no dan crédito a lo que acabo de ver: los sirvientes Amarillo, los hombres con los que había conversado, son en realidad soldados Marrón.
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