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❝chico ángel❞
Nueva York, agosto de 2004
Tras meditarlo un momento, soltó la flecha.
Mirko bajó el arco, tranquilo de ver que se incrustó en el centro. No tenía razones para practicar, pero estaba aburrido en un Instituto que había visitado hace mucho. Conoció y habló con Hodge Starkweather en la biblioteca acerca de la actividad demoníaca en la zona; recorrió cada rincón y habitación hasta llegar a la sala de entrenamiento, donde finalmente se quedó.
Tomó otra flecha y la colocó en la cuerda del arco dorado. Volviendo a levantarlo sin esperar a mirar soltó la cuerda. El arco estaba bajo un hechizo que ayuda a siempre dar en el blanco, más sus años de experiencia lo volvían experto en la arquería, o cualquier otra rama de lucha.
━ Eres increíble━ habló una voz a su costado. Justo después de que la flecha se clavara en el centro, rompiendo la flecha que ya estaba ahí.
El ángel miró al niño parado a un costado de la puerta. Ladeó la cabeza, tratando de identificarlo, pero le fue imposible. Él chico tenía cabello negro y unos brillantes ojos azules, que de algún modo le recordaron vagamente a William Herondale.
━ Gracias, pequeño cazador de sombras━ fue amable, casi cariñoso━. ¿Cómo te llamas?
━ Soy Alexander Lightwood. Es, em, un placer conocerte━ parecía tímido, cosa que confundió a Mirko.
━ Yo soy Mirko Scaleweather━ se acercó para poder ver mejor al chico.
Sabía que los Lightwood habían sido exiliados junto a su pequeño hijo, del cual había realizado el ritual de protección, y Hodge Starkweather a dirigir el Instituto de Nueva York. Había estado ahí ese día, a un lado del consejo ocupando el lugar de su hermano mayor Euclido. No recordaba con perfección al pequeño Alexander, pues apenas tenía un año.
Alexander sonrió cuando Mirko estuvo frente a él.
━ Básicamente tengo 15 años━ aclaró, sabiendo que tenía 14━. No pareces mucho mayor que yo. ¿Cuántos años tienes?
Mirko soltó una pequeña risa ante la curiosidad.
━ Soy mucho, mucho mayor que tú, señorito Alexander.
Era alto, mucho más alto que Alec, pero para él seguía teniendo la apariencia de un chico de 17 años, tal vez 19. Los cabellos rubios de Mirko caían por su frente y algunos pegándose a sus cienes por el sudor que volvía su piel brillante, y sus ojos, unos brillantes ojos azul pálido que parecían examinarlo con curiosidad.
━ No lo creo.
━ Tengo novecientos tres años━ sonrió, enternecido por el asombro que reflejó el gesto de Alexander.
━ Pero, pareces de 17 años. ¿Eres un vampiro? ¿o un brujo? No tienes Marcas━ señaló, escaneando el torso del rubio.
Mirko no tenía camisa, lo que le brindaba a Alec una vista del cuerpo trabajado del chico. Y tenía razón, Mirko no tenía ninguna runa visible en el abdomen o arriba del codo, ya que tenía muñequeras que cubrían casi todo su antebrazo. Todo el lienzo estaba en blanco, tampoco había cicatrices de combate que todo cazador de sombras poseía por las marcas trazadas sobre la piel.
━ En efecto, soy un ángel━ le guiño un ojo y se alejó de él.
━ Vaya━ Alec lo siguió.
━ Pero si tengo dos runas━ dejó su arco en la mesa y le enseñó el dorso de su mano derecha.
La runa de videncia estaba ahí, negra y reluciente en la piel casi dorada de Mirko. El rubio comenzó a quitarse la muñequera del brazo izquierdo. Ya examinándolas de cerca, Alec se dio cuenta de que realmente no eran de tela, eran de metal dorado con runas talladas, runas que no había visto nunca. Brillante y podría decir que pesado.
━ ¿Me ayudas? ━ extendió su brazo.
Alec intercaló su mirada entre la muñequera y la mirada azulada de Mirko. Nervioso y con las manos temblando lo ayudo. Era frío al tacto, y de un tirón se lo quito, afirmando que eran realmente pesados. Mirko se lo quitó y lo dejo sobre la mesa.
━ Tengo la runa de videncia y la de poder angelical━ enseñó su antebrazo.
A comparación de la marca de su dorso, la runa angelical era dorada y brillante sobre la piel. Parecía latir como un segundo corazón, dándole la curiosidad de tocarla.
━ ¡Alec!
Dio un brincó ante el llamado. Mirko miró sobre la cabeza de Alec, viendo ingresar a un rubio a la sala. Estaba vistiendo el traje de combate, como si apenas acabara de regresar de una misión. Cuando Alec se giró para verlo, el rubio ya tenía la mirada acusadora sobre Mirko.
━ ¿Quién eres tú? ¿qué hace un mundano en el Instituto? ━ acusó, cosa que hizo a Mirko sonreír.
━ Soy-
━ Él es Mirko Scaleweather. El entrenador que nuestros padres dijeron que vendría━ lo presentó Alec, con cierta emoción.
━ Tú debes ser Jonathan Wayland.
━ Dime Jace━ aclaró.
Alec intercaló miradas entre ambos. Los dos rubios, con facciones angelicales y podría decirse que similares a un león. Mirko sonrió y miró a la entrada, donde venían llegando los demás Lightwood. Ese verano, la Inquisidora Herondale había enviado a Mirko al Instituto de Nueva York para entrenar y preparar a los tres hijos de Robert Lightwood.
━ Señor Scaleweather━ habló Robert━. Veo que ya conoció a Jace y Alec.
━ Así es, ella debe ser Isabelle━ miró a la pelinegra.
Parecía tener la misma edad que Jace, tal vez más joven. Para Isabelle, Mirko tenía los mismos aires de grandeza que Jace, cosa que le agradó un poco. En clases, Hodge les había hablado de los tres ángeles que tenía la Clave. Seres con parte mundana, inmortales y que estaban existiendo desde que el ángel Raziel le dio los Instrumentos Mortales a Jonathan Cazador de Sombras. Cada uno tenía su rol, y el de Mirko era el entrenar a los Nephilim más jóvenes, preparar a los parabatai, asistir y ayudar en cada ritual realizado en la Ciudad Silenciosa. Isabelle desconocía el rol de los otros dos, al igual que jamás los había visto.
━ ¿Te quedarás como nuestro entrenador oficial? ━ interrogó Isabelle.
Todas las miradas se posaron sobre Mirko, quien seguía tranquilo quitándose la muñequera del brazo derecho. Negó con la cabeza, y Maryse pensó en que le hacía falta un corte de cabello igual que Jace y Alec. Claramente parecía un león con sonrisa y mirada tranquila que, si se enojaba, tal vez era capaz de masacrar.
━ No━ dio un suspiro y dejó la muñequera en la mesa━. Cuando estén bien preparados para pelear, me iré.
━ Tal vez nunca mejoremos━ habló Alec, casi de inmediato.
━ No hables por todos━ respondió Jace, cruzando sus brazos.
━ No suelo quedarme más de dos años en un Instituto, me necesitan en más lados, señorito Alexander. Y suelo hacer de lo mejor, la excelencia.
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Mayo de 2005
El látigo se movió con velocidad y precisión, rebanando la cabeza del muñeco de madera como si de una cuchilla se tratase. Isabelle sonrió satisfecha y miró a Mirko, pero él estaba atento al entrenamiento de Alexander, murmurando de vez en cuanto palabras en español.
━ Creí haber escuchado a tu madre decir que eras bueno en el arco━ habló tras ver la flecha clavarse en la diana.
━ Tal vez le gusta alardear━ lo miró.
Isabelle sabía que su hermano había comenzado a desarrollar un interés en Mirko, que lo hacía fallar en cada tiro con arco solo para que el rubio lo ayudara a mejorar. Pero parecía que Mirko no se daba cuenta de ello, y si lo hacía, le restaba importancia.
━ Necesitas levantar un poco más tu codo━ se acercó a él.
Mirko se posicionó atrás de Alec y lo acomodó. Le susurró al oído algo que Isabelle no alcanzó a escuchar, pero sonrió con diversión tras ver el sonrojo en las mejillas de su hermano. Jace, que había estado en las vigas del techo, saltó y cayó con la delicadeza y gracia de un gato; ágil y seguro de sí mismo.
━ Si Alec no llega a mejorar━ interrumpió Jace el momento, haciendo que Mirko lo mirara y se alejara de Alec━, ¿te quedarías otro año?
━ Si él no llega a mejorar y ustedes sí, Alexander deberá venir conmigo a Alacante para que lo supervise. El arco requiere de seguridad, confianza al soltar la flecha.
Algo que Jace no llegaba a comprender era el hecho de que Mirko siempre estaba tranquilo. Cuando cometían un error, era paciente. No lo había visto enojado en ningún momento y aunque usara sarcasmo para al menos fastidiarlo, Mirko le respondía con calma.
Tal vez eran los cientos de años que llevaba con vida enseñando a los Nephilim, o tal vez veía innecesario molestarse.
━ Puedo que me vaya a Idris━ comentó, y soltó la flecha tal cual le había indicado el rubio.
━ No lo veo necesario, señorito Alexander.
La flecha había dado en el blanco de forma limpia, algo que tal vez molestó al pelinegro que esperaba fallarla. Mirko se acercó a su casillero, sacando su espada enfundada en cuero. Al desvainarla, el mismo metal desprendió una luz cegadora que hizo a los tres jóvenes cerrar los ojos.
━ Muéstrame tus habilidades de combate, señorito Jonathan━ apuntó al rubio.
Jace sonrió con superioridad y se acercó a donde había dejado su espada serafín y murmuró algo, "Arathiel", y el cuchillo se iluminó. Habían practicado combate cuerpo a cuerpo múltiples veces, en las cuales Mirko ganó. Le daba consejos que Jace tomaba y entre prácticas, había logrado derribarlo, aunque pocas veces vencerlo.
━ Siento que tu espada te da ventaja━ comentó Isabelle━. Toma un cuchillo serafín, que sea justo.
━ Muy bien━ Mirko sonrió y de un movimiento de muñeca apuntó con el mango de la espada a Jace━. Toma mi espada.
Tanto Alec como Isabelle entreabrieron la boca, sorprendidos. Ellos habían intentado levantarla, pero esta era pesada que forzosamente necesitaban ambas manos para sujetarla.
━ ¿De verdad?
━ Si la espada es la vencedora, que lo demuestre entonces.
Algo emocionado tomo la espada, poniendo la mayor fuerza para evitar que el peso le ganara y terminara la espada en el suelo. Era hermosa, con una cuchilla filosa que brilla en todo momento, con la hoja de metal con runas talladas. El mango también tenía marcas talladas que no estaban en el libro gris.
Mirko tomó a Arathiel y caminó al centro de la sala seguido de Jace.
━ ¿Cuál es su nombre? ━ interrogó antes de posicionarse frente a él.
━ Venceslao, como yo━ hizo un movimiento de hombros━. Mirko Venceslao.
Jace asintió y lanzó el primer golpe. Por lo pesado del metal, le fue difícil controlar cada movimiento cuando Mirko se acercaba. Tal vez eso explicaba porque el chico ángel tenía los brazos algo musculosos. Tal vez algún día, Jace sería como él, un ángel vendedor capaz de levantar una espada tan gloriosa como Venceslao.
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