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Capítulo 1


Los sueños pueden ser recuerdos.

Pueden ser cosas por suceder (en el caso de los videntes ¿no?), algo que desees mucho, o pueden ser cosas sin ningun tipo de sentido. Yo creo que los sueños pueden llegar a ser inexplicables, aunque paresca que si la tiene.

Fíjate nada mas, si te la pasas hasta altas horas de la noche viendo la película de It, lo mas seguro es que termines soñando con que ese espantoso payaso acaba con tu vida. O por el contrario, si sueñas que estas de lo lindo con tu Crush, lo mas seguro es que nunca se te cumpla tal cosa, por mucho que lo desees. Y si llegas a soñar con que estas en un apocalipsis zombie, cariño por dios, estamos hablando del futuro, obvio que eso si pasara.

Pero yo sueño con mi mejor amiga. Esa que me abandono y se fue, pero no me quiero victimizar, a pesar de que duela siempre respetare su decisión, aunque nos haya afectado a muchas personas. No hay peor dolor que el de un corazón roto, es muy fuerte, capaz de destruirte, pero tu decides si dejar dañar o seguir adelante.

Me tomó dos años recuperarme luego de lo Morgan, pero aquí estoy gente. Renovada, fuerte y decidida, como la Mian de años atrás y con el objetivo de ayudar a las personas, esas personas que andan rotas por la vida y sin camino alguno. Tampoco me quiero alabar, solo soy una simple joven de diecisiete años queriendo ayudar a quien lo necestie, pero tengo mis defectos.

Por ejemplo, uno de ellos es que puedo ser muy impaciente. Como ahora, llevo mas de veinte minutos en esta silla y ninguna de las tres personas que se encuentran sentadas alrededor del tapete circular ha dicho al menos una palabra. Ninguna. El silencio es tan sepulcral e incomodo que ya empece a mover mi pie como un tic nervioso.

—¿Te pica el culo o qué? —espeta una voz masculina.

Todos volteamos a mirar al chico de cabellera dorada. Su expresión esta llena de irritación, tal parece que su mirada de molestia va dirigida a mi, lo que me hace entender que su pregunta tambien.

—¿Eh?
—No mueves el jodido pie. Es molesto. —ordena mordaz.

—Pero si ni siquiera se escucha.

—Me importa un reverendo pepino. —corta de raíz. y procede a sacar un cigarrillo de su bolsillo y encenderlo delante de todos.

No pasa ni un minuto hasta que chilla Nina.

—¡Hey! Eso te hace mucho daño, chico. ¿Quieres morir?

—Si, cállate ya. —La ignora mirando hacia la ventana.

—Ash. —Se queja, Nina. Al cruzarse de brazos dirige la mirada a mi con algo de frustración.

—Mian, por favor. Este es el segundo dia y mira nada mas, no quieren colaborar. —Susurra mirando al chico del cigarrillo y luego al castaño de rulos que no ha emitido palabra. —Bueno… ¿Qué tal si jugamos a las veinte preguntas? ¿vale?

—Patetico—Bramo irritado luego de soltar el humo acumulado de una calada

—Okey, empiezo yo—lo ignora Nina con nerviosismo. Su mirada iba de los pies del chico tajante hasta las paredes, sin un punto especifico. —Mmm… Mian, ¿eres de las personas que sonríen aun cuando no quieren hacerlo realmente?

No me esperaba ese tipo de pregunta. Sin embargo, me mantuve serena, no me molestaba responderla, además, si quería que este club  creciese tenia que empezar de cualquier forma.

—Si, lo hago. porque prefiero sonreírles a las personas para tratar de transmitir paz y calma, antes que cualquier sentimiento negativo que tenga dentro de mi.

—Basura…—susurro el rubio mirando el suelo.

—¿Cómo? —pregunte sin entender.

—Lo que dije —exclamo elevando la mirada, provocando que sus ojos grises se encontranse con los mios.

Arrojó la colilla y la piso con su bota.

—¿De que?

Mis cejas se arrugan sin entender su pregunta. Su mirada retadora estaba clavada en mi, y en cierta forma me hizo sentir pequeña e insignificante. 

—No entiendo tu pregunta. ¿Podrías formularla mejor?

Sus ojos grises adquirieron un brillo peculiar, como si ya ubiese ganado algo. Se inclino en la silla colocando sus codos en sus rodillas y junto sus manos. Esa silla parecía diminuta para alguien como el, que a pesar de no poseer gran musculatura, fácilmente podía intimidar.

Y siendo sincera nunca me espere lo siguiente que dijo. Su voz ronca y segura fue lo único que se escucho en la pequeña habitacion.

—¿De que? —aludió de nuevo—¿De que sirve sonreir cuando lo único que quieres es llorar? ¿de que sirve ser amable con todos alrededor cuando deseas estar solo? ¿de que? La respuesta, se ve sencilla: nadie quiere que le pregunten, nadie desea que sientan lastima por ellos o simplemente sonríen porque es lo único que saben hacer cuando andan en momentos difíciles.

La habitacion permaneció en silencio.

La alegre y segura Nina estaba con la mirada gacha y el otro chico de tez morena y cabello castaño tan solo frotaba sus manos. Y yo, ¿Qué podía decir? Sin duda alguna no me esperaba esta respuesta.

Pero el no se detuvo ahí, el elegio seguir.

—La verdad es que pueden a ver muchas razones. Porque resulta que si sonreímos nadie te preguntara como estas, entonces no te dolerá dar una respuesta. Resulta que si sonries a todos ellos te sonríen a ti, aunque no tengan ni idea de la mierda por la que pases. Resulta que si le sonries a las personas estas pensaran que tu vida va de maravilla, y eso lo que querras que pienses, porque al menos los demas imaginan que estas bien. Resulta que si sonries… por al menos unos segundos… puede que te pasen dos cosas… o te olvidas del dolor por un momentos… o sientes como tu pecho se cierra, tus labios se fuerzan, tus ojos luchan por dar mas seguridad a tu sonrisa, sientes que nada esta bien y que esos segundos que sonreíste fueron los mas largos de tu vida, te preguntaras que hasta cuando tienes que seguir finguir. Hasta cuando tiene que doler, porque la realidad es esa, tiene que doler, porque sino, no sientes. Y si no sientes ese dolor, no desearas dejar de sentir, de sentir toda la mierda con la que cargas contigo.

Si antes no sabia que responder ahora menos. He quedado muda, pero no solo yo, Nina y el otro chico que ahora recuerdo se llama Andy Clapton están iguales que yo.

De todos en este lugar, creía que el seria el mas difícil de todos. Y creo que estoy en lo cierto, pero hay algo bueno de todo esto.

—Me alegro que te hayas abierto a nosotros, estas mostrando tu forma de pensar y todo eso es…

—No me vengas con tus mierdas.—me interrumpe en tono burlon pero amenazador. Su mirada delataba su molestia. —De todo esto, hay una palabra que debo resaltar: fingir. Todo fingimos, ¿Quién no lo hace? Fingimos que amamos nuestra vida, fingimos que nada esta mal, fingimos que no odiamos a nadie, que alguien no nos duele, que no nos molesta, que no sentimos nada por esa persona que se ha vuelto nuestro amor “prohibido” —hace comillas con sus dedos en la ultima palabra— Fingimos que no extrañamos, que no nos importa cuando si lo hace, fingimos todo el tiempo a toda hora. Y sinceramente, a mi parecer es lo mas egoísta que el ser humano puede hacer, porque asi como convences a los demas fingiendo, internamente quieres convencerte a ti mismo. Me parece egoísta, porque nos mentimos a nosotros mismos descaradamente, y al menos yo quiero ser sincero con alguien, y es conmigo.

No me sorprende que nadie aporte nada. Las palabras de ese chico que aparenta cerca de unos 19 años han sido duras, pero certeras y precisas. 
El silencio reina por unos largos minutos hasta que quien lo causo, termina por romperlo tambien.

—Las sonrisas me parecen lo mas falso de este mundo y aun asi tienen el poder de hacer creer a las personas que todo esta bien. No creo en las sonrisas, una gran numero de las sonrisas son maquinarias, ya preparadas, y muy pocas son aquellas las espontaneas, las divertidas y sobre todo autenticas. Por cada persona que sonríe de forma sincera, hay miles que desearían poder hacerlo sin que duela, sin sentirse la mayor mierda de este mundo.

El chico de rizos dorados se levanta de la silla luciendo su gran altura. Saca de sus jeans negros otro cigarrillo y lo enciende. Echa una mirada a toda la habitacion y luego a nosotros, que aun seguimos en nuestras sillas.

Sus ojos se detienen en Nina por un segundo, y luego dice:

—Bienaventurados aquellos que aun estando en malos momentos pueden regalar sonrisas verdaderas y calidas. Son pocas las personas asi, y es de las cosas que mas necesita este mundo.

Y se marcha. Eso que dijo me pareció extraño, muy cierto, pero iba dirigido a Nina, no solo porque se detuvo a mirarla, algo me decía que el sabia mas de Nina de lo que ella y yo podíamos pensar. Ambas nos miramos confundidas, no sabíamos muy bien como interpretar todo esto que paso.

El otro chico, Andy, se levanto del asiento suspirando en cansancio y tomo su mochila para luego salir por la puerta. Solo estábamos Nina y yo, ambas aun sentadas en el aula polvorienta y abandonada de nuestro Instituto. Pasaron unos minutos hasta que tomamos nuestras mochilas y abandonamos el lugar. El pasillo estaba desierto, ya todos se habían ido, nos apresuramos a salir antes de que nos cachara algún profesor.

Necesitábamos conseguir otro lugar para nuestro club.

Ya echando a andar por la acerca Nina aun no me dirigía la palabra. Su mirada estaba clavada en el suelo y pateaba una piedrita, parecía una niña. Su estatura mediana y su rostro afeminado favorecían esa apariencia.

Mi cabeza aun retumbaba con las palabras de aquel chico, desconozco su identidad y era la primera vez que lo veía. Su apariencia ruda y descuidada lo hacia parecer mayor y que no encajaba con los demas alumnos.

—Nina… ¿tu sabes su nombre, verdad? —no hacia falta decir mas. Ella me entendió.

—Si… —susurro desanimada y luego se detuvo para observarme con sus ojos oscuros— Me impresiona… todo lo que dijo… fue muy acertado…

—Si. —Asenti a su lado— Pero bueno ¿Cómo se llama? ¿Cuál es su nombre?

Nina suspiro, buscando un poco de animo y volvió a mirarme con una expresión de tristeza y cansancio. Su cabello recogido hacia que resaltasen sus sonrojadas mejillas regordetas.

—Mark, se llama Mark. —Respondio mirando al suelo por un segundo— ¿Te digo algo, Mian? A pesar de que se mostro borde siento que Mark Twain promete mucho para este grupo. Mucho.

Tenia razon. Pero algo me decía que acercarse a el no seria nada fácil.

—Tienes razon, Nina. —asentí— Mark Twain aportara mucho a nuestro club. Al club de los corazones rotos.

Solo esperaba que no causara tanta destrucción.

Pero me equivoque.

Porque no fue tanto Mark quien causo destrucción.

Fuimos todos.

Pero empezó con la llegada de otros individuos que pasaron a formar parte del grupo.

Aun asi. No pensábamos que todo esto pasaría.

Que los trozos ya destruidos, pasaran a ser mas fragmentos abatidos.

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