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Capítulo 25: ¿Una fiesta aquí?

El abrazo termina lo más rápido posible. Como si a ella también le fuese raro abrazarme.

El silencio incómodo se produce instantáneamente.

No tengo idea de qué se dice en situaciones como éstas. No me estudié el libreto.

—Bueno —Dice mi madre—, he preparado el almuerzo.

Sonríe. Aunque noto que es una sonrisa finjida.

De repente me acuerdo de algo. No sé el nombre de mi madre. Mi padrastro nunca me lo ha dicho y yo tampoco se lo había preguntado. No quería saber nada respecto a esa mujer. Pero, ahora que tengo que vivir con ella, supongo que estoy obligada, como mínimo, a saber su nombre.

Con un tono de nerviosismo y mis mejillas un poco rojas por la vergüenza, pregunto:

—Disculpa —Mi madre se detiene en su camino hacia la cocina, sorprendida de que haya hablado—, no sé tu nombre.

Un sentimiento que no logro reconocer atraviesa su mirada. Podría decir que es tristeza o desilusión, pero me parece algo poco factible.

—Oh... bueno, me llamo Sarah. —Y ahí está otra vez su falsa sonrisa—. Sarah Morgan.

Muy en el fondo quería que su nombre me trajera nostalgia de algún tipo, algún recuerdo de cuando era niña quizás... pero nada. Sarah Morgan no me provocaba absolutamente nada.

En parte me sentía un poco mal. Sentía que me estaba comportando un poco fría con ella. Bueno, después de todo mi madre me había dejado cuando se cansó de mí. En vez de enfrentar sus problemas, huyó en cuanto vio la posibilidad.

Sarah desapareció por un pasillo que yo supuse que llevaba a la cocina. Me preguntaba cuántos salones y cuántas cocinas tendría esta casa.

Me quedo sola con el señor que había abierto la puerta.

—Sientate. —Me indica con la mano un lugar en los sillones—. Aún no me he presentado. Soy Robert, el esposo de tu madre.

Genial, un nuevo padrastro.

Tenía ganas de preguntarle si él también traficaba drogas como el anterior, pero mi madre llega con una bandeja en la mano.

—Espero que tengas hambre.

Tenía, pero los nervios me han quitado todo tipo de deseo por la comida. Sin embargo, me obligo a probar un poco del sándwich.

Cualquier cosa iba a ser mejor que la comida comprada que estaba acostumbrada a comer en la casa de Luke.

El almuerzo pasa demasiado lento. Aparte de una que otra conversación entre mi madre y su esposo, Robert, nadie dice nada. Nadie me pregunta nada. Es como si temieran decirme algo y que mi respuesta inmediata sea: ¿por qué me abandonaste?

No voy a mentir, tenía curiosidad por saber qué es lo que pasaba por la cabeza de Sarah en el momento en el que decidió irse a Las Vegas. Sin embargo, no iba a preguntar. Confiaba ciegamente en que ella me lo contara con el tiempo.

—¿Ann, querida? ¿Estás escuchando? —La voz de mi madre me saca de mis ensoñaciones.

—¿Cómo? —Estaba totalmente distraída.

—Dije que esta noche, Robert y yo tenemos una importante reunión. —Veo que pone ojos tristes. A mí no me engaña, no está ni siquiera apenada por irse—. Realmente no me gusta dejarte sola en tu primera noche en casa, pero es algo que no podemos cancelar...

Si creía que estaría triste o asustada por quedarme sola, no me conocía en lo más mínimo.

—No hay problema. —Digo con una sonrisa.

Tendría toda la noche para investigar la casa, no sea cosa de que oculten cadáveres en el sótano o trafiquen armas. Solo para estar segura. Bueno, quizás si estaba un poco paranoica, pero después de mi última experiencia en la casa de Luke, tenía que asegurarme.

Un pensamiento repentino cruza mi mente. Le había dicho a Andrew que lo llamaría cuando llegara. Miro el número escrito en mi mano.

—Eh... —Intento llamar su atención. ¿Quedará muy desubicado si le pido el teléfono? Es decir soy su hija, pero también una desconocida—. Prometí a mi... amigo que lo llamaría...

Ambos me miran como si no entendieran la finalidad de mi comentario.

—¿No tienes más batería?

La miro confundida.

—No tengo celular. —Aclaro.

Los dos se sorprenden pero lo ocultan rápidamente.

—Bueno, supongo que tendré que comprarte uno... —Dice cómo si no le quedara más remedio.

Sonrío satisfecha.

—Mientras puedes usar el mío. —Lo tomo y espero a que se vayan. No voy a hablar frente a ellos—. Iremos a prepararnos para la reunión.

En cuanto desaparecen, marco el número de Andrew.

Contesta casi de inmediato.

—¿Ann?

—¿Contestas así a todas las llamadas?

—En algún momento ibas a ser tú. —Escucho su risa al otro lado del teléfono y yo sonrío también.

Le cuento acerca del lugar en el que estoy, de lo diferente que es el barrio, como mi nueva casa es el doble de grande que la anterior, del tipo de persona que creo que es Sarah, de mi nuevo padrastro y de lo irracionalmente asustada que estoy. Él escucha atentamente, sólo interrumpiéndome para agregar algún que otro comentario.

Después de unos minutos más hablando tonterías, Andrew dice de repente:

—¡Olvide decirte! —Prácticamente lo grita, haciéndome pegar un salto en mi lugar—. Noah y yo estamos organizando una fiesta de bienvenida para Charlie. Ya sabes, hace poco que volvió a la ciudad, y por supuesto que tú estás invitada.

Una fiesta. Nunca había estado en una.

—Genial. —Respondí con entusiasmo—. ¿Cuándo la harán?

Escucho que suspira.

—Hoy en la noche.

¿Hoy? No estaba preparada. Ni siquiera tenía ropa.

—¿Qué? ¿Dónde?

Tarda en responder varios segundos, dudando.

—Bueno... —Puedo jurar que en este momento tiene una sonrisita en su rostro. Desearía estar ahí con él—, dijiste que esta noche tienes la casa para ti sola... así que...

Oh, ya entiendo.

A mi no me importaba realmente. Es más, me parecía una idea genial.
El problema iba a ser que mi madre no se podía enterar. Nadie podía saber de esto. No podía hacer una fiesta cuando es mi primer día en este lugar. Ni siquiera es mi casa. No siento que viva aquí aún.

Aunque pensándolo bien, ¿me importaba darle una buena impresión a Sarah y a su marido? Yo era la hija que no quiso, por qué debería importarme ahora.

—Está bien. Te llamaré en cuanto se hayan ido.

Luego de un par de comentarios más, colgué.

Parece que esta noche hay fiesta en casa.

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