
11
A la mañana siguiente se despertó con el ruido de cosas moviéndose, sorprendido abrió los ojos notando que todavía no salía el sol, eran las cinco de la mañana. Ollie estaba ubicándose en espacio y tiempo, con la mente adormilada y la sensación cálida de haber dormido entre nubes, cuando vio a Kenneth salir del baño con la ropa húmeda puesta.
—Ey —lo saludó al notar que estaba despierto—. Me adelanto a casa, tengo que ir a recoger mi coche —dijo en tono casual, como si no fuera lo más extraño del mundo amanecer desnudo en una casa ajena. Como no sabía que decir, soltó un gruñido y se dejó caer en la cama, arropándose para volver a dormir. Mientras caía en la inconsciencia, pudo escucharlo marcharse del departamento.
Se despertó por segunda a la una de la tarde.
El lunes por la mañana fue como si los sucesos pasados hubiesen sido un sueño. Sin embargo, todavía se sentía un poco avergonzado de ver a Kenneth a la cara, al fin y al cabo, el viernes ocurrieron un montón de cosas. Cuando estuvo sentado en su lugar, esperó un par de minutos antes de que Ken apareciera e intentó actuar con normalidad.
Kenneth no hizo el mínimo esfuerzo por disimular su mirada, que se clavó en él con violencia, quemándole la piel de forma despiadada. Ollie soltó un suspiro, intentando evitar que la cara se le pusiera roja.
—Mañana tengo que hacer un viaje de urgencia —dijo de repente, rompiendo el silencio que se había instalado en el lugar. Ni siquiera se dieron los buenos días antes de soltar esa información.
—¿Se quedará alguien de encargado en su lugar? —preguntó, echando un vistazo hacia la lista de pendientes que tenía pegada en la pantalla de su ordenador roto.
—Por lo regular Lola se ocupa de todos los asuntos que sean de urgencia —dijo, sin desviar su atención de él. Ollie asintió, dándose cuenta de que había algo en la conversación de lo que se estaba perdiendo.
—Bien, me reportaré con ella entonces —inseguro, desvío su atención hacia los documentos que tenía pendientes en una pila junto a su escritorio.
—Quisiera que vinieras conmigo, voy a necesitar a alguien que me asista en las juntas y todo eso —las palabras salieron con un tono extraño, como si se estuviera inventado todo, pero al mismo estas tenían sentido, después de todo lo contrataron para ser una especie de secretario.
Aun así, la información lo tomó por sorpresa, casi saltó en su asiento al escuchar aquellas palabras. Ansioso sintió que miles de escenarios catastróficos y casi sin sentido pasaban por su mente. Tenía ganas de preguntar si podría saltarse el viaje, pero era un asunto de trabajo, por lo que podía ser extraño que lo hiciera.
—¿Dónde iremos? —las palabras le salieron forzadas, un sentimiento de nostalgia lo invadió, antes solían hacer muchos planes juntos. Deseaba poder ser más inexpresivo, pero seguramente toda la maraña de sentimientos que invadió su pecho se reflejaba en su rostro.
—A las montañas —Kenneth miró su escritorio un segundo, antes de continuar—. Es una especie de convención en la que se darán a conocer los nuevos modelos que saldrán al mercado, durará una semana entera —agregó—. Ellos se encargarán de todo, los boletos, hospedaje y comida.
Ollie frunció el ceño, parecía mucho para el personal de una pequeña concesionaria, pero después de todo se trataba de una marca de lujo, entonces quizás funcionaba distinto a otros lugares.
—Bueno —silencio—. Entonces, si puede informarme de los horarios...
El resto de la hora hablaron del tema, pero Ollie seguía sintiendo que había algo raro en todo eso, sin embargo, él no era nadie para cuestionase la forma en la que funcionaban las cosas, por lo que no protestó.
Esa semana la pasó como en un sueño, esperando a que llegara el domingo para poder salir al viaje, uno no sabía lo complicado que esto era hasta que se le daba la oportunidad. Ollie ni siquiera estaba seguro de tener la ropa adecuada y tampoco tenía una maleta, pues solía mover sus cosas en bolsas negras de plásticos, por lo que corrió a conseguir una de segunda mano. Cuando encontró la adecuada, le dieron ganas de llorar porque, aunque salió muy barato era un gasto que no tenía contemplado y al mismo tiempo se sintió muy bien comprar algo tan frívolo como una maleta sin sentirse culpable, porque después de todo era para el trabajo.
Ese día recorrió mil lugares y llegó a casa con las mejillas ardiendo por el sol y con una linda maleta de rueditas color morado, de esas firmes a las que no les entraba el agua. Estaba un poco descarapelada en la parte de abajo, pero era algo mínimo, ni siquiera lo notabas hasta que te ponías a examinarla.
El día del viaje, Kenneth apareció en su departamento para llevarlo al aeropuerto. El trayecto fue incómodo en su mayoría y con contadas excepciones, lo pasaron en silencio.
—Nos dieron asientos en primera clase —dijo sorprendido, mientras se colocaba la almohada para el cuello que venía de regalo. A Ollie le tocó la ventanilla y a su lado había un único asiento, el de Kenneth.
—En realidad no, pero quería que el viaje fuera cómodo para los dos, así que pagué la diferencia —explicó, como si fuera cualquier cosa.
—Ah —Ollie no supo que más decir. No sabía que significaba el gesto o si estaba tan obsesionado con Kenneth que estaba viendo sombras donde no había.
Esa noche, mientras dormía, le dio la sensación de que el meñique de Ken se enredaba con el suyo.
—¿No podrías haberme dicho que las montañas a las que veníamos eran montañas nevadas? —exclamó Oliver, furioso mientras se moría de frío en el auto alquilado que manejan Kenneth.
—No te preocupes, estamos en la ciudad, todavía podemos pasar a comprar algo, hay una tienda de ropa increíble por aquí —explicó el hombre entre risas, mientras observaba los semáforos y manejaba como un profesional en medio del tráfico.
—Honestamente ¿Crees que tengo dinero para gastar en un guardarropa nuevo? —Ollie se abrazaba a si mismo con gesto dolido. No podía creer que Ken siguiera metiéndolo en esos predicamentos.
Si le hubiera explicado al menos habría intentado conseguir un par de abrigos de segunda mano.
—Pagare por ello, no te estreses, se te va a arrugar la cara —dijo, en tono juguetón. Ollie detestaba que las cosas se hubieran relajado lo suficiente entre ellos como para que pudiera hablarle en ese tono.
O quizás no lo habían hecho y Kenneth simplemente se estaba tomando atribuciones que no le correspondían.
—No lo necesito, me iré así —dijo, haciendo un puchero.
—Te vas a morir de frío —respondió Kenneth. Una sonrisa aún más amplia apareció en su rostro—. Si quieres te puedes poner mi ropa.
El silencio se hizo en el auto. Ollie sintió la temperatura apoderarse de su cuerpo, al parecer era tan fácil de manipular que podían hacerlo cambiar de opinión con una sola frase.
—Bueno, vamos a comprar ropa nueva —dijo, sin poder evitar que la voz le sonara extraña.
Todo ese escenario era demasiado inverosímil, su mente todavía no terminaba de asimilarlo cuando se encontró en medio de una tienda de lujo, comprando ropa nueva. No iba a mentir, una parte de él estaba extremadamente feliz eligiendo cualquier cosa sin mirar la etiqueta. Hacía mucho tiempo que no iba a una tienda, una real, con ropa nueva, lo cual era una sensación de felicidad refrescante.
Por otro lado, no podía dejar de pensar que la calidad que encontraba ahí, también podía hallarla en la ropa de segunda, simplemente tenía que buscar un poco más y aunque seguramente acabaría apestando, lleno de basura, no gastaría las cantidades obscenas que se estaban sumando en la cuenta de Kenneth.
Por último, estaba incomodísimo al ser consciente de Ken le estaba pasando la ropa que él quería que se pusiera, como suéteres cortos que mostraban el vientre en colores pastel, calentadores, shorts, ropa poco adecuada para la montaña. Incluso los gorros que encontró tenían detalles como bordados de fresas y los abrigos para esquiar eran de la sección de ropa de mujer.
—¿Puedes dejar de escoger con tu pene y fijarte en la funcionalidad de las cosas? —le reclamó después del décimo suéter corto me mangas bombachas. Kenneth se rio, como si lo hubieran descubierto haciendo una travesura.
—Bueno, el que paga elige ¿No es cierto? —dijo, inclinándose hasta que sus narices se tocaron. Ollie se puso tan furioso que no tuvo que decir nada antes de que Ken diera un paso atrás—. Bueno, vamos por otra cosa —y cambió de estrategia, trayendo prendas menos llamativas y más de su estilo. Aunque cuando realizaron el pago notó que todavía metió algunas prendas de su gusto en las bolsas.
Cuando salieron del local insistió en no saber cuánto había gastado, porque iba a morir de un ataque de ira si lo hacía. En su lugar decidió fingir por un día que lo que estaba pasando era natural y que se lo merecía.
Al día siguiente seguramente vería las etiquetas y se volvería loco, pero ya estaría en la montaña, muy lejos como para insistir en bajar a devolver las prendas.
—Todo te queda estupendo —dijo Kenneth, echando las bolsas en la cajuela. El auto que rentaron tenía una, el de Kenneth no.
—Ya —frunció el ceño y no dijo nada más. No necesitaba los halagos de ese hombre sumados a la maraña de contradicciones que se estaba formando en su mente.
—De verdad, incluso el uniforme del trabajo te queda estupendo —insistió, envalentonado al encontrarse a kilómetros de casa, en un lugar en el que Ollie no podía darle una bofetada y esconderse en su madriguera.
—Basta —se exclamó. Aunque ahora entendía a Kenenth y porque había actuado como lo hizo, aún se sentía demasiado confuso.
Sobre todo, demasiado inclinado a perdonar.
Ken no dijo nada más y ambos subieron al auto para dirigirse a su viaje a la montaña.
Ya se están cociendo las cosas con estos dos. -w-
Este es el capítulo que me faltaba, recuerden que las actualizaciones son Domingo y lunes, así que estén atentas. Ahora cuéntenme ¿Ustedes ya habrían perdonado a Ken o todavía estarían emperrado/as igual que Ollie?
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