23-Katie
Bueno, aquí os dejo esto. Espero que os guste.
Por favor, las piedras, si me las tiráis, que no sean a lama nos ni a la cabeza, o no podré escribiros la continuación, vosotras veréis jajaaj.
Bueno, vemos que pasó con Katie
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EN ALGUNA PARTE DE NATIONAL CITY
Dos hombres, uno de ellos con un bebé en brazos, caminaban por el parque. Se dirigieron a un banco donde una mujer, con un carrito de bebé, leía tranquilamente.
-Desconocido 1: Aquí la tiene, tal y como le prometimos. Tendrá que darle de comer, se nos acabaron los biberones...
-Mujer: Bien, dejadla en el carrito y marchaos. La otra mitad del pago estará en veinte minutos en vuestra cuenta.
-Desconocido 1: Perfecto - dijo, haciendo lo que le ordenaba la mujer y marchándose con su compañero.
La mujer guardó su libro y se incorporó, mirando a la niña.
-Mujer: ¿Tenías que ser tan rubia? Te pareces demasiado a "esa"
Cogió el carrito y lo fue empujando por el parque. Entró en un centro comercial y compró un biberón, un chupete, leche para que comiera y un paquete de pañales. Después, se fue a casa con la niña.
Katie miraba a la mujer con sus ojos azules, bien abiertos, sonriéndola.
-Mujer: Deja de hacer eso, no soy tu madre....- La miró con algo de asco – Me recuerdas demasiado a ella... Me pones enferma.
Cuando la mujer llegó a su casa, cogió a Katie del carro y fue con ella a un cuarto pequeño en el que sólo había una cuna, un pequeño armario y una lámpara. Dejó a la niña en la cuna y salió del cuarto, volviendo poco después, con lo que había comprado.
KARA
Habían pasado dos meses. Dos meses en los que seguía sin saber nada de Katie. Dos meses sin mi hija.
Las dos primeras semanas las pasé como un fantasma. De la cama al salón, del salón al cuarto de Katie... Allí me quedaba horas. Mirando sus cosas, tocándolas.... Cerraba los ojos con fuerza, con la esperanza de que, cuando volviera a abrirlos, Katie estuviera en su cuna. Deseando que todo fuese una pesadilla. Una muy larga, de la que me estaba costando despertar. Pero no era así. Cuando los abría de nuevo, el cuarto de Katie seguía vacío. Ella no estaba allí. Entonces gritaba de rabia, golpeando las paredes o lo que tuviese delante con fuerza, llorando. En ese momento, Lena solía aparecer y abrazarme con fuerza, aguantando mis golpes contra su pecho, intentando calmarme... Dejando que me sentara en el suelo y sentándose conmigo, sin soltarme, susurrándome cosas al oído, besándome, acariciando mi rostro... Lo intentaba todo, pero nada funcionaba. Nada conseguía arrancarme ese dolor del corazón, ni de la mente.
Cuando no estaba Lena, eran Alex, mi madre, Nia, Winn o Sam quienes pasaban por esos momentos conmigo. Sin mejores resultados. Con ellos era incluso peor. Al menos, con Lena, era todo más soportable.
Dejé de comer, apenas podía dormir, daba vueltas sin parar por la casa. Creía que iba a volverme loca. A veces, incluso buscaba a Katie debajo del sofá, o de los cojines... Incluso en la nevera o la lavadora.
Las pocas noches que podía dormir, terminaba despertándome con horribles gritos producidos por las pesadillas. Lena me abrazaba, como siempre, me acariciaba el pelo y susurraba que todo iba a estar bien, que la encontraríamos.... Empezaba a hartarme de escucharla...
Un mes después de la desaparición de Katie, iba a hacer un año que Lena entró por primera vez en el bar donde yo trabajaba. Iba a hacer un año en el que mi vida cambió por completo. Sabía que tendría algo especial preparado, pero yo no tenía ganas de celebraciones. Llegó a casa con un enorme ramo de flores, que agradecí, pero al que apenas presté atención. Me preocupaba más ver si Katie estaba entre las hojas de algún libro. ¿He dicho que pensaba que me estaba volviendo loca? Eso sólo fue el inicio.
Ese mismo día, me desmayé. Llevaba días sin comer nada, y estaba agotada.
Lena se enfadó y empezamos a discutir.
-Lena: ¡Kara, reacciona, no puedes seguir así! ¡Acabarás enfermando, ¿es lo que quieres?! ¡¿Acaso quieres morirte y dejar a Katie sola?! – gritó. Yo sólo me encogí de hombros, en silencio.- ¡¿Quieres hablarme al menos?! ¡Ya no sé... No, ya no sabemos qué hacer para ayudarte! ¡Estás mal, Kara, lo entiendo, pero...!
-Kara: ¡No, no lo entiendes! ¡No puedes entender el dolor y la rabia que siento, Lena! ¡No podrás entenderlo jamás, porque no es tu hija la que está desaparecida! ¡No es tu hija!
-Lena: ¿Debo recordarte que lleva mi apellido...? Tú se lo diste, Kara – dijo, dolida. Pude verlo en sus ojos, en su rostro – Yo no la llevé dentro nueve meses, no la parí... ¡Pero quiero a esa niña como si llevase mi sangre!
La miré durante varios segundos, que me parecieron siglos. Entonces caí de rodillas al suelo.
-Kara: Lo siento.... Yo... - esperé que se acercara, pero no lo hizo. Me miró, cruzada de brazos, con un par de lágrimas resbalando por sus mejillas. Seria, firme...
Pasó otra semana antes de que Lena volviese a abrazarme. Y eso fue porque sufrí tal ataque de ansiedad que Lena tuvo que llevarme al hospital. Cuando desperté, ella estaba allí, mirándome como siempre, con esos ojos verdes que me daban la vida.
-Lena: Kara, cariño... - dijo, acariciando mi rostro – Basta... No puedes seguir así. Mírate, te estás quedando en los huesos, no te reconozco, mi vida... No pareces la Kara de la que me enamoré. MI Kara....
Esas palabras me dolieron y mi mente volvió a imaginar cosas.
-Kara: ¿Ya no me quieres...? – sollocé, mirándome. La verdad es que estaba hecha una pena... - ¿Ya no te gusto...?
-Lena: Pues claro que te quiero.... Pero Kara, tienes que recuperar fuerzas para seguir luchando. Porque Alex está removiendo cielo y tierra para encontrar a Katie. Mis padres han contratado detectives. Tu madre lo está pasando muy mal de verte así... - cogió mi rostro entre sus manos y me besó – Tienes que ser fuerte. Yo he intentado serlo por las dos, pero empiezan a fallarme las fuerzas. Es demasiado para mí sola, necesito que luches conmigo. Y yo, seguiré luchando contigo. A tu lado... No vamos a rendirnos, ninguna...
Asentí y la abracé, llorando de nuevo.
Desde ese día, no es que fuese la alegría personalizada, pero empecé a comer más. Intentaba descansar. Los médicos me habían recetado unas pastillas que me dejaban medio ida. Las tomé tres días, al cuarto decidí que no quería seguir así.
El dueño de la galería llamó para preguntar sobre las fotos para la exposición. Cuando Lena le contó lo ocurrido, se mostró amable y dijo que no habría problema, que ya hablaríamos de eso cuando todo se arreglara, porque lo haría.
Así que, de nuevo, tomé una decisión. Una mañana, mientras Alex y mi madre estaban conmigo porque Lena había tenido que ir a una urgencia de la clínica, me vestí, cogí una bolsa de fotografía en la que metí varias cámaras, objetivos, y todo lo necesario para una sesión de fotos y les pedí ir a algún sitio. Necesitaba despejarme, aclararme. Y la fotografía solía ayudarme. Al principio se sorprendieron, pero finalmente aceptaron. Supongo, que al igual que yo, pensaron que me sentaría bien.
Así seguí hasta que pasaron esos dos meses. Dos meses sin Katie. Sólo había podido disfrutar de mi hija durante casi cuatro meses.
Ese día, Alex y yo habíamos ido al parque a hacer más fotografías. En esos momentos, sólo éramos la cámara y yo. Me sentía libre, y mi cabeza sólo se centraba en las fotografías que debía sacar. Bueno, no siempre. Estaba sacando un par de fotos de mi hermana cuando mi móvil sonó. Era Lena. Lo cogí.
-Kara: Hola amor...
-Lena: Kara, tienes que venir a la empresa de mi padre ahora mismo...
-Kara: ¿Ocurre algo, te encuentras bien?
-Lena: Sólo ven... Y date prisa, cariño.
DE CAMINO A LA EMPRESA LUTHOR....
-Mujer: ¿Has vestido a la niña?
-Hombre: Sí, está vestida y lista...
-Mujer: Mira que faltar la niñera precisamente hoy....
-Hombre: Es la primera vez que la niña saldrá de casa en dos meses. Le irá bien que le dé un poco el aire.
-Mujer: No me gusta tener que llevar a esa cría a un asunto de tanta importancia como este. Sólo espero que no le dé por llorar en mitad de la reunión. Esa niña es un incordio, igual que su madre.
-Hombre: Entonces, devuélvesela.
-Mujer: ¡Ni hablar! Juré que me vengaría de esa... poca cosa muerta de hambre. A estas alturas, ya debe haber perdido la cabeza y con suerte estará encerrada de por vida en un psiquiátrico.
-Hombre: ¿No te estás pasando?
-Mujer: Es lo mínimo que merece.... Ve llevándola al coche, bajaré enseguida.
Cuando llegaron al enorme edificio, la mujer bajó con la niña en brazos, seguida del hombre, que llevaba una bolsa con cosas de la pequeña.
-Mujer: Qué oportuna... Tengo que ir a cambiarla... Iré enseguida, discúlpate con el señor Luthor por mí..
-Hombre: Sí.
-Secretaria: El señor Luthor los atenderá enseguida, pueden ir pasando a la sala de reuniones.
LENA
Habían pasado dos meses desde que se llevaron a Katie. Dos meses que estaban resultando realmente duros.
Ver a Kara, completamente deshecha, rota... Como un alma en pena por la casa, me estaba matando.
Las dos primeras semanas, Kara apenas salía del cuarto de Katie. Se pasaba horas allí mirando sus cosas, abrazándolas, oliéndolas, acariciándolas... Sólo salía para ir al salón, o a la cama y quedarse allí, durante horas, mirando a la nada.
A veces empezaba a gritar de rabia, golpeando lo que tuviese delante. Una pared, una lámpara... No le importaba. Entonces yo corría a su lado, abrazándola, intentando calmarla mientras ella me golpeaba con los puños en el pecho. Unos golpes fuerte, llenos de ira... Pero a mí no me dolían los golpes, por muy fuerte que ella golpeara. Lo que a mí me hacía daño era verla sufrir, era ver el dolor y la angustia en sus ojos cada vez que la miraba. Era ver sus ojos, completamente rojos, hinchados, sin más lágrimas para derramar porque las había gastado ya todas. Eso no me dolía, me mataba...
Entonces me sentaba con ella en el suelo y la acariciaba, susurrando cosas en su oído, intentando calmarla, aunque sólo fuera por unos segundos. Me conformaba con poder darle unos segundos de paz.
Pero verla llorar y gritar no era lo peor. Lo peor era ver cómo se consumía. No comía... Se estaba quedando demasiado delgada. Si seguía así, acabaría enfermando. En algunas ocasiones, llegué a preocuparme de verdad por ella. La veía andando por la casa, revolviéndolo todo y cuando le preguntaba qué era lo que buscaba debajo de los cojines, ella respondía que a Katie.
Apenas dormía y, cuando lo hacía, se despertaba con horribles gritos y pesadillas. Y yo sólo podía abrazarla, acariciarla y decirle que todo iba a ir bien. Algo que incluso yo misma empezaba a dudar.
Cuando iba a hacer un año que conocí a Kara, aquella bendita noche que mi coche se estropeó delante del bar en el que ella trabajaba, la noche en que esos ojos azules se convirtieron en mi razón de vivir, la noche en la que me enamoré de su sonrisa, y de sus fotografías, la noche que la chica de ojos azules entró en mi vida para ponerla patas arriba.... Quise prepararle algo especial. Quería llevarla a cenar, quería que saliera de casa, que se distrajera....
Llegué a casa con un precioso ramo de flores para ella. Kara lo agradeció, aunque apenas lo miró. Y ese día, Kara se desmayó.
Como resultado a eso, tuvimos una fuerte pelea. Nuestra primera pelea. Kara estaba tan fuera de sí que no veía el daño que sus palabras me estaban haciendo. Escucharla decir que Katie no era mi hija y que no podía entender su dolor.... ¡Claro que lo entendía! ¡A mi hijo no lo secuestraron, mi hijo murió! ¡ y yo me quedé hecha pedazos y rota de dolor.... Pero no era momento para recordárselo.
La vi caer de rodillas, pidiéndome perdón. Pero mi orgullo pudo conmigo esta vez y no cedí. Tardé una semana en volver a hablarle. Kara tuvo un ataque de ansiedad tan fuerte, que tuve que volver al hospital con ella.
Cuando despertó, me faltó tiempo para hablarle.
-Lena: Kara, cariño... - dije, acariciando su rostro – Basta... No puedes seguir así. Mírate, te estás quedando en los huesos, no te reconozco, mi vida... No pareces la Kara de la que me enamoré. MI Kara....
-Kara: ¿Ya no me quieres...? – lloró - ¿Ya no te gusto...?
-Lena: Pues claro que te quiero.... Pero Kara, tienes que recuperar fuerzas para seguir luchando. Porque Alex está removiendo cielo y tierra para encontrar a Katie. Mis padres han contratado detectives. Tu madre lo está pasando muy mal de verte así... - cogí su rostro entre mis manos y la besé – Tienes que ser fuerte. Yo he intentado serlo por las dos, pero empiezan a fallarme las fuerzas. Es demasiado para mí sola, necesito que luches conmigo. Y yo, seguiré luchando contigo. A tu lado... No vamos a rendirnos, ninguna...
Yo empezaba a hundirme también. Pero Kara aceptó luchar y saqué fuerzas hasta de debajo de las piedras para seguir luchando con ella. No iba a abandonarla, no iba a dejarla sola. No iba a renunciar a que ella fuera feliz. Y haría lo que fuera por devolverle a Katie. A su hija. A nuestra hija.
Kara pareció reaccionar y empezó a comer. Le mandaron una medicación que acabó dejando cuatro días después por que la dejaba medio ida. Como médicos, Alex y yo estuvimos de acuerdo con esa decisión.
Hablé con el dueño de la galería y aceptó retrasar la exposición de Kara, comprendiendo la situación que estábamos pasando.
Una mañana Alex me llamó diciendo que Kara había cogido sus cámaras y les había pedido a Eliza y a ella que la acompañaran al parque para hacer algunas fotos. Eso me alegró. Kara estaba avanzando. Cuando podía, era yo quien la acompañaba a hacer esas fotografías. Y de vez en cuando me pedía que posara para ella, cosa que hacía encantada.
Por cierto, Diana fue descartada como culpable del secuestro de Katie. No había pruebas suficientes contra ella.
Volví a mirar el calendario. Dos meses...
Esa mañana, tenía que ir a la empresa de mi padre para una reunión. Al parecer era necesario que mi padre, Lex y yo estuviéramos presentes.
Había algo de tráfico y me retrasé un poco. Fui corriendo a la sala de reuniones y allí vi a un hombre saludando a mi padre.
-Lena: Perdón por el retraso, había mucho tráfico.
-Lionel: Lena, hija... Te presento a Larry Matthews.
-Larry: Encantado, señorita Luthor. Disculpen a mi mujer, vendrá enseguida. Hemos tenido que traer a nuestra nieta porque hoy la niñera no podía quedarse con ella, y ha tenido que ir a cambiarla un momento...
-Lex: No sabíamos que había tenido una nieta, ¿cómo se llama?
-Larry: Christie...
Me senté en una de las sillas y poco después, vi entrar a una mujer con una niña en brazos. La niña estaba de espaldas.
-Rhea: Perdón por el retraso, señor Luthor... Tuve que ir a cambiar a nuestra nieta.
-Lionel: No importa. Por favor, siéntense.
Cuando la mujer se sentó y puso a la niña mirando hacia mí, palidecí. Me agarré ala silla con tanta fuerza que mi hermano se asustó.
-Lex: Lena... ¿estás bien? – preguntó, cogiendo mi mano – Lena.... Estás muy pálida, ¿qué te pasa?
-Lena: La niña... - dije finalmente poco después – La niña....
-Lionel: ¿Qué pasa, hija?
-Lena: Es Katie... ¡Es la hija de Kara, es Katie!
-Rhea: ¿Perdón? Mi nieta se llama Christie...
-Lena: No... ¡Es Katie, papá!
-Rhea: Larry, vámonos.... – dijo saliendo con la niña de la sala de reuniones y dirigiéndose rápidamente a la salida.
Mi hermano reaccionó con rapidez y descolgó el teléfono.
-Lex: Seguridad, detengan a la pareja que está bajando con una niña. La han secuestrado...
Yo salí corriendo tras ellos cuando fui capaz de moverme. Cuando los alcancé, estaban intentando marcharse y el personal de seguridad los detenía.
-Lena: Esta niña no es suya... - dije, quitándole a Katie de los brazos.
-Rhea: ¡Dámela, o te juro que...! – dijo, intentando quitármela.
-Lionel: ¿Está amenazando a mi hija? – dijo, poniéndose delante de mí. – Ya tendrán bastante con los cargos de secuestro. ¿quieren añadir también los de injurias? Llamad a la policía.
-Lena: Sujétala, tengo que llamar a Kara.... – dije, sacando mi móvil y llamando.
-Kara: Hola amor...
-Lena: Kara, tienes que venir a la empresa de mi padre ahora mismo...
-Kara: ¿Ocurre algo, te encuentras bien?
-Lena: Sólo ven... Y date prisa, cariño.
KARA
Tardamos menos de diez minutos en llegar a la empresa de la familia Luthor. Una vez allí, varios hombres de seguridad intentaron impedirnos el paso.
-Lex: ¡Dejadlas pasar! – gritó, y me acerqué a él.
-Kara: ¿Lena está bien, qué le ha pasado?
-Lex: Lena está perfectamente, mira... - dijo señalándola.
Tuve que sujetarme fuertemente a Lex y a mi hermana. No podía creer lo que estaba viendo. Corrí hacia Lena y casi le arranqué a Katie de los brazos.
-Kara: ¡Katie! ¡Mi niña, mi pequeña!- dije, besándola y mirándola bien por todas partes, asegurándome de que estaba bien y no le faltaba nada. Dos ojos, dos orejas, diez dedos... Vale, parecía tenerlo todo en su sitio. La abracé, pegándola a mí.
-Lena: Kara, cariño... - dio abrazándome.
-Kara: Gracias... Muchas gracias, Lena... ¿cómo la has encontrado?
-Lena: La tenían ellos – dijo, señalando a alguien. Cuando vi quiénes eran, le devolví la niña a Lena y, furiosa, me dirigí hacia Rhea y Larry. Cuando llegué hasta ellos, los miré, deseando que ardiesen allí mismo. Pero no pasó nada. Le di un fuerte bofetón a Rhea y una buena patada en sus partes a Larry.
-Kara: ¡¿Cómo os habéis atrevido?!
-Lena: Kara, ¿los conoces?
-Kara: Son los padres de Mike...
-Lena: ¿De ese imbécil? Ahora lo entiendo todo... Esto, por hacer sufrir a la mujer que amo.... – dijo, dándole un puñetazo en la nariz a Larry, haciéndole sangrar.
-Lionel: La policía ya está de camino.
-Alex: No será necesario esperarles.. – dijo enseñando su placa y esposando a Rhea y luego a Larry. –Me los llevo Kara, luego os veo en vuestra casa.
-Kara: Sí...
Estuve con Lena y la niña durante al menos veinte minutos más sin dejar de llorar. Esta vez, de alegría.
-Lena: Vamos a casa...
-Kara: Buena idea.
Estábamos saliendo, acompañadas por Lex, cuando vi que Diana se acercaba a nosotras, con cara de pocos amigos. Metió la mano en su bolso y sacó una pistola, apuntándome.
-Diana: Si Lena no está conmigo, no estará con nadie. Tú no vas a quitármela, poca cosa. Ve despidiéndote de ella, porque aquí, sobras.
La vi apretar el gatillo y escuché la detonación. Me giré, intentando proteger a Katie. No iba a perderla por una loca, cuando la había recuperado de manos de otros dos. Esperé el impacto, pero nunca llegó. Escuché un ¡LEX! Y miré al suelo, viendo al hermano de Lena, llevándose la mano al hombro, sangrando.
-Kara: Dios, Lex...
-Lex: Estoy bien...
-Diana: ¡Poca cosa! ¡No vas a librarte! – dijo, disparando de nuevo. Pero esta vez, tampoco sentí la bala impactar contra mí. Noté un pequeño empujón y vi a Lena sujetándose a mí.
-Kara: ¿Lena...? – la vi caer al suelo y una enorme mancha de sangre empezaba a formarse en su pecho – No.... ¡Lionel! Lena, amor...
Un par de guardias de seguridad consiguieron reducir a Diana y quitarle el arma. Le tendí la niña a Lionel y traté de tapar la herida de Lena, llorando.
-Lena: Kara...
-Kara: Eh... Tranquila, amor, vas a ponerte bien, ¿me oyes...? Aguanta un poco....
La ambulancia apenas tardó unos minutos en llegar, pero a mí se me hicieron eternos. Por más que intentaba detener la sangre, no dejaba de salir.
Subí en la ambulancia con Lena, cogiendo a Katie de brazos de Lionel.
Una vez en el hospital, la espera se me hizo eterna. Tuvieron que operar a Lena para extraer la bala y tardaron dos horas en hacerlo. La tuvieron toda la noche en observación, sedada, y sólo pude entrar a verla durante diez minutos, igual que sus padres y su hermano, que tenía el brazo inmovilizado. Su herida no había sido tan grave.
A pesar de ser los dueños del hospital, no permitieron que nadie se quedase con Lena esa noche.
A la mañana siguiente, la subieron a una habitación. Me senté en un sillón a su lado, con Katie en brazos.
La alegría que sintieron todos al ver que habíamos recuperado a nuestra hija, se empañó por el estado de Lena. Fuera esperaban mi madre, Alex, los padres y el hermano de Lena, Lana, Sam, Winn y Nia.
-Lena: Cariño...
-Kara: Eh, amor...
-Lena: ¿Cómo estás...?
-Kara: ¿Qué cómo estoy...? Es a ti a quien le han disparado en el pecho... Pero estoy bien... Y Katie también..
-Lena: Me alegro... - dijo, con un gesto de dolor.
-Kara: ¿Estás bien, llamo al médico?
-Lena: No... - dijo sonriéndome – Quiero verte sonreír, Kara...
-Kara: ¿Sonreír...? No puedo, no contigo así...
-Lena: Por favor...
-Kara: Está bien... - dije sonriéndola.
-Lena: Gracias... - dijo cerrando los ojos. Las máquinas a las que estaba conectada empezaron a pitar y una línea completamente plana apareció en el monitor.
-Kara: ¿Lena...? – la moví - ¿Amor...? – ahora la sacudí -¡¡LENA!!
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