
11. Romántico
Dejé el celular sobre el mesón y me acaricié los costados de la cabeza. Había leído y escrito sin parar durante los últimos días, así que tenía apenas energía en la cafetería. Podría haber escrito luego del trabajo, pero ese día estaba emocionada porque debía enviarle mis comentarios a Valentín y también un avance del capítulo que me correspondía escribir a mí. Así que me pasé toda la noche inmersa en la novela; y en la cafetería releí los capítulos para que estuviesen perfectos.
—¿Y? —Me sobresalté. Ari apareció desde no sé donde y se quedó al lado mío con una sonrisa que por poco daba vuelta su cara—, ¿está bueno? ¿pasa algo entre Phoebe y Daniel?
Me quedé mirándola con la vista cansada. Desde que Ari había leído los primeros capítulos de la novela, lo único que quería era saber más. Y eso que ella era de esas personas que ni los libros de la escuela se leyó. La de los resúmenes y de lo que le contaba yo minutos antes de una prueba. Así que cuando se mostró interesada en leer lo que había publicado, se los mostré de inmediato. Sentí que fui parte de un milagro: Ari emocionada por leer un libro.
Guardé el celular apresuradamente en mi bolsillo.
—Tendrás que esperar a que se publique, pero sí... Valentín es asombroso, tengo algunos comentarios eso sí. —Miré la hora, eran las cinco de la tarde. Me quedaban dos horas más en la cafetería aunque ya tenía ganas de ir a escribir a mi computadora.
Y de hablar con Valentín.
No, eso no.
Habían pasado tres días desde la conversación por video llamada, y no eran pocas las veces en que le di vueltas a cómo se había dado y de lo mucho que me divertí. Luego de eso nos habíamos mantenido hablando mediante correos electrónicos ya que él seguía sin celular.
Ari me zamarreó.
—¡Cuentameeeeee! Dime algo.
—No. —Solté una risita—. Ya sabrás todo. Tienes que aprender a ser paciente. Además no sé si esta versión del capítulo es la final final, quizás Valentín cambió algo.
Ari resopló.
—¿Yo, paciente? Dios mío, Maddy, ¿tú sabes con quien estás hablando? Hoy invité a salir a Javier porque él no lo hacía. Y sé que hoy lo besaré yo ya que él no da el primer paso. Así de paciente soy. —Frunció el ceño y se puso las manos en las caderas—. Dijo que hoy me llamaría a las tres y son las cuatro, ¡las cuatro! Todos los cafés me han quedado como la mierda porque me la paso mirando el celular.
—Eso es porque estás loca. Oye...¿tanto te gusta Javier? —Arrugué la frente esperando su respuesta. Siempre pensé que esa salida de ellos era más por diversión. No imaginé que algo entre los dos podía ser algo más, sobre todo porque se habían ignorado mucho tiempo...y porque era hermano de Santiago. Además, un punto interesante a recalcar, era que físicamente eran muy parecidos. Se quedó mirándome como si no supiera la respuesta—. Te podría haber gustado desde antes cuando estaba con Santiago, así habríamos salido los cuatro.
—No...no me gusta, pero lo pasamos bien. A propósito... —comenzó a decir como para cambiar de tema—. ¿Santiago no te ha dicho nada más?
—Que me extraña, me quiere ver... —gruñí—. Lo estoy evitando pero siento que me despego un trozo de corazón cada vez que no le respondo. La miré haciendo una mueca de lástima—. Es que se ve arrepentido.
Ari rodó los ojos.
—Arrepentido mi abuela. Yo sé que lo que yo te diga no lo harás... pero, al menos, Madison Foster, hazlo sufrir. Un poquito. Tú estuviste meses sin que él te tomara en cuenta. —Expulsó el aire enfadada—. Ha pasado... ¿qué? Una semana desde que rompieron. No —dijo meneando la cabeza—. Me niego. Te lo prohíbo a que lo perdones... sobre todo así de rápido.
Solté una risita y cogí mi celular.
—Hablando del rey de Roma.
—Rey de los idiotas...
—Ese nombre le queda mejor.
Santilove: Preciosa, te quiero ver. ¿Salgamos hoy?
Le cambié el nombre de Santilove a demonio.
Maddy: No puedo, tengo cosas que hacer.
Le mostré el celular a Ari.
—No volveré con él... si es lo que te preocupa. Además me quiero concentrar en escribir. Si estoy con Santiago... voy a estar todo el tiempo estresada y con mi mente ocupada en que en algún momento volveremos a la misma situación por la que terminamos.
Ari comenzó a hacer el café de un cliente y yo me quedé en la caja esperando al próximo. Estábamos en ese momento del día en que casi nadie entraba a la cafetería, así que volví a mi celular y releí lo que me envió Valentín.
Daniel contrató a Phoebe sabiendo que era su ex mejor amiga, sin embargo, se preocupó de que ella no se enterara de que era él quien estaba detrás de la idea de llevarla a Nueva York. La había extrañado, naturalmente después de compartir tantos años juntos, pero más que nada quería saber por qué. ¿Por qué ella se fue así como así? Cuando le comentó a Sara —su novia— acerca de las clases de Phoebe en su empresa, ella le dijo un frase que lo dejó en un estado de consternación durante días: Phoebe siempre estuvo enamorada de ti, ¿cómo es que no sabías?
Sin darme cuenta, comencé a leer en voz bajita:
—Daniel se quedó mirándola y se preguntó qué habría sucedido si le hubiese dicho cuando comenzaron su amistad que él estaba completamente loco por ella. —Menee la cabeza—. Y con mi dedo taché una parte y escribí otra:
Daniel se quedó mirándola y se preguntó por qué no fue más valiente cuando se conocieron. En ese momento, estaba loco por ella. Sin embargo, ya era muy tarde. Él, por no perder a su amiga, se entregó a otros brazos que le dieron todo el cariño que quería y se permitió enamorarse completamente de alguien más.
—Ay, ¿quién diría que eres tan romántico, Valentín? —murmuré con el corazón acelerado de solo pensar en que ese chico tan guapo escribiese así.
¿Cómo será que me diga cosas así al oído?
Oh Maddie, no te vayas por allí.
Es tu mente buscando contacto físico.
—Así que soy romántico. —Me quedé muy quieta con la vista pegada al celular, preguntándome seriamente si alguien me había hablado o era mi mente. Pero para mi mala suerte, no era mi imaginación haciendo de las suyas. Alguien carraspeó y por poco lancé mi celular lejos—. ¿Sin palabras, Mads?
Levanté la vista levemente y vi unos codos apoyados frente a mí.
¿Por qué no quepo adentro de la caja registradora?
Cogí aire, asumiendo mi destino y mala suerte. Valentín me observaba con expresión de burla mientras se pasaba la lengua por el borde de su labio inferior. No podía creer la vergüenza. Alzó la cejas coquetamente esperando a que yo dijera algo.
—Llegaste a Chile —dije apenas. Puse mis manos frías en mis mejillas ardiendo y le di un sorbo profundo al café helado que tenía.
—Deberías estar más concentrada en los clientes, Mads. ¿Estás revisando mi capítulo?
En un movimiento rápido me quitó el celular de la mano y comenzó a leer como si estuviese muy concentrado.
—¡Devuélvemelo! ¡Aún no termino! —Estiré la mano para alcanzarlo y cuando tenía medio cuerpo sobre el mesón y Valentín sostenía sonriente el celular en alto, sentí a alguien a mi lado: Martina, mi jefa, me observaba con las manos sobre las caderas. Valentín me estregó el celular rápidamente. Tragué saliva y me dirigí a él—. ¿Entonces, qué café quieres? —pregunté con una sonrisa fingida.
—Dame lo mejor de ti, Mads. —Martina se giró confundida al escucharlo, y yo me aclaré la garganta.
¿Juegas conmigo, Valentín?
—Ok, perfecto te haré un café premiun, que cuesta el triple que los otros.
—Oye pero...
—Ya lo estoy haciendo —dije echando café en la máquina. Me encogí de hombro y pestañee rápidamente. Valentín me quedó observando unos segundos sin decir nada, y me puse nerviosa al sentir sus ojos siguiendo mis movimientos. Caminó hasta ponerse frente a las máquinas de café.
—Mads, ¿a qué hora sales? ¿te parece si revisamos hoy lo que te envié? —Era alto así que me veía por sobre las máquinas.
Tragué saliva.
¿Juntarme con él?
¿Los dos solos?
Mi corazón está demasiado sensible para quedar con Valentín.
—No sé si puedo hoy —comencé a decir con mi cerebro trabajando a toda máquina para inventar una excusa. Era demasiado repentino, tenía que preparar a mi ser para juntarme con el escritor romántico y guapo.
—¿Es porque soy muy romántico?
Rodé los ojos.
—Justamente por eso —respondí irónicamente—. No sé qué haré contigo.
Soltó una carcajada.
—¿Lo dices en serio?
—¡Claro que no!
Valentín hizo algo que me estremeció: un puchero.
—Tenemos que sacarnos una foto —soltó, ladeando su cara y pestañeando rápidamente. Detuve todos mis movimientos.
—¿Qué foto?
—La foto que la editorial va a querer cuando digamos que trabajamos juntos. Quiero adelantarme así no... ponen más problemas. Además así les puedo enseñar una muestra de nuestra amistad...
—¿Qué...?
—Solo... se me ocurrió. Si no te parece está bien, pero creo que a Ally le gustará recibir fotos de nosotros cuando le cuente.
Cerré los ojos y los volví a abrir para enfrentarme a la cara bonita de Valentín.
Vida, ¿por qué no me pones a prueba con chicos menos atractivos?
Pero ya te metiste en esto.
—Salgo a las siete, quedan dos horas —dije entregándole el café—. Después nos podemos ir a mi departamento.
Valentín abrió los ojos.
—Mads —susurró de forma que parecía que me reprendía—. ¿Cómo me lanzas una propuesta indecente así de rápido? —Soltó una carcajada y me contuve para no golpearlo—. Ya te dije que soy un hombre ocupado. —Se burló.
—¿Qué? ¿Acaso te ves tentado? —pregunté, cortándole toda su expresión de burla. Apreté los labios para reprimir la risa—. ¿A ti no más te gusta ser así?
Bufó.
—No, para nada.
Que honesto.
—¿A las siete?
—Te esperaré, tengo que responder muchos correos de todas formas, ¿vives cerca?
—Sí, a unos minutos. ¿Nos vamos juntos?
—Sí. Asumo que no andas con mi celular...
Menee la cabeza. Cuando Valentín se fue a sentar, Ari se deslizó lentamente hasta que nuestros brazos quedaron chocando.
—La tienes difícil —murmuró.
—¿Qué?
—Que ya te gusta.
—No puede ser porque acabo de terminar con mi novio de años.
—Que te repitas eso en voz alta no cambia nada. A mí él me gusta.
—Tiene novia, está ocupado —murmuré, lanzándole una mirada rápida a Valentín. Ari se rió.
—Para ti loquita. Me gusta para ti. En todo caso, no te estoy diciendo que estás enamorada de él o que lo amas. Pero te gusta, te conozco todas las miradas. Además te coquetea más que lo que Santiago hacía.
Pero yo no necesitaba que Ari me lo dijera porque mi corazón ya lo sabía. Claramente enamorada de él no estaba, sin embargo, Valentín era demasiado atractivo e interesante como para no acelerar mi corazón.
¿Podía haber algo más atractivo para mí que un chico guapo escritor de romance?
No, amigas y amigos. Valentín en ese instante era en un solo ser, la gran mayoría de mis fantasías.
—¿Y a qué horas llegarás a la casa? No me dejes sola tanto tiempo con él...
—Ufff, ojalá tarde. Si no logro darle un beso a Javier en la primera hora, renuncio a él y me devuelvo al departamento.
Solté una carcajada.
Me concentré en el trabajo y las dos horas se pasaron volando. Cuando eran las siete, fui a quitarme el delantal y a recoger mis cosas.
—Nos vemos, Ari. Cualquier cosa me llamas. —Me acerqué a la mesa de Valentín, avergonzada porque olía a leche ya que me había dado vuelta una encima, y además en mi mente no se paraba de repetir que me había escuchado decir que él era romántico.
Valentín alzó la mirada y me sonrió. No sé por qué recordé que Santiago nunca me había esperado a que saliera del trabajo. Más bien yo tenía que esperarlo a pesar de que él salía antes.
—¿Lista, Mads?
—Sí, vamos.
—Prepárate para algunas horas con este chico romántico —dijo burlándose de mí. Buscó mi mirada mientras sonreía—. Y eso Mads, que lo que leíste no es nada a como puedo llegar a ser —agregó.
___
Llegoooooo Valentín OMG
Valentín y su esencia coqueta me confunde (y a Maddie también)
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro