Capítulo 24
En ocasiones la vida te pone pruebas, hay quienes las superan y quienes se quedan en el camino... Andrew pudo jurar, durante los minutos del recorrido en salida del cementerio hasta el auto de Ambar, que lo situación entre él y ella era una prueba. Debían superarla, precisaba ese hecho con todas sus fuerzas, mas era incierto como su propio destino.
Existía algo en ella, una pizca de bondad y pureza que se convirtió en todo para Andrew.
No pienses en regresar, no vuelvas a tropezar.
Puede que su sentido común estuviera fallando tal cual que no. La singular forma de ponerle un fin a su relación estaba a decisión de Ambar, pero nada que te haga sentir tan feliz como infeliz tiene sentido. Ella admitió que le hablaban sus instintos. Son embargo no anhelaba mirar atrás, no cabían excusas en su sonrisa para escaparse tan lejos que sus pesadillas se acordaran de ella... Escapar era lo que necesitaba, pero seguía comprometida a reconocer su error.
Había algo en él, una migaja de amor tan perfecta que se convirtió en todo para Ambar.
Amarlo te hace pensar que es perfecto.
El corazón de Andrew encajaba en el dolor que Ambar sentía, y por eso ella corrió hacía él.
¿Quién murió en vida primero?
El que se enamoró primero, pero, ¿cómo saberlo?
El contacto que mantenían sus labios, la sobre exaltación de Andrew al verla, ese brillo en sus ojos era capaz de traspasar el alma de cualquier ser humano... En medio del amor que sentían por el otro, ¿qué era el miedo? ¿A quién le importaba si querían seguir así un poco más o para siempre?
—Incluso si ya lo sabes, ¿por q...?
—Viniste... Te juro que sentí que mi corazón saldría de mi pecho, aún no logro regularlo.
—Nunca quise lastimarte.
—Lo sé.
—Enserio nunca quis...
La manera en la que Andrew la besaba fue la razón de todo su sentir. Ambar no era capaz de diferenciar si estaba feliz, sin emociones o triste, no obstante había algo que sí sabía, y era que extraño demasiado estar cerca de Andrew.
—Aunque sea una ilusión inútil, quiero que nos quedémonos de esta manera un poco más... —rogó Andrew entrelazando sus manos con las de Ambar sin apartar su mirada de los luceros cafés de ella, creía ciegamente en que ellos iluminaban su existencia—, y aunque al final no funcionemos, incluso así, sigo teniendo la esperanza.
—No quiero que sientas que yo no...
Le faltaba el aire tanto como sus ideas. No encontraba sitio con él tan cerca mirándola de esa manera sin que moviera las manos de sus mejillas.
Su voz, su respiración, su mirada; hicieron sentir a Ambar como si estuviera flotando al igual que un globo aerostático.
—Si seguimos de esta manera, mientras el tiempo pase tengo miedo de arruinarlo. No quiero lastimarte —continuó ella.
—Confía en mí. Sé que crees en nosotros. Déjame amarte, aunque sea difícil yo te juro que daré todo de mí para...
Ambar lo besó con vehemencia. No quería llorar, pero fue inevitable que sus lágrimas no se le escaparan. Deseó irse tal cual Andrew quería, y como no era tan fácil deseó que lo fuera porque cuanto más se acercaban más complicado era parar y más ilusiones revivían...
—Si no puedo convencerte aceptaré que no tenemos futuro... Mientras tanto podemos enamorarnos más del otro, por eso me aferrare a ti, solo espero que lo quieras también.
Sus palabras como juramentos en medio de sus besos significaron mucho más de lo que Ambar esperaba. Quería todo de él y por más que doliera, no pensó en volver atrás.
—Acepto, me iré contigo a Inglaterra.
La sonrisa entre lágrimas de Andrew fue lo que ella necesitaba para volver a sentirse completa obteniendo una sensación tan amarga como dulce, tan real como dolorosa y a la vez plena.
***
—Pensé que dormías, ¿cómo te sientes? Compre unos postres en tanto te acomodabas en la habitación... ¿Cuál te gustaría?
—Ninguno.
—Pero...
—Ya deberías irte, Felipe.
—Te dije que cuidaría de ti, no pienso irme.
—Tu actitud me molesta, ¿comprendes? No está bien que te quedes aquí.
Él se aproximó quedando frente a Estefany, por impulso ella retrocedió haciendo que su espalda tocara el espaldar de su cama.
—¿Qué hay de malo en que quiera cuidar de mi hermosa contrayente?
—No necesito que cuiden de mí.
Felipe se acercó más y pudo ver en la expresión facial de Estefany que ella temía de lo que fuera capaz, su continuo parpadeo la delató.
—Me quedaré —añadió Felipe luego de besarla—, dale gracias a Dios que no vengo con mis maletas ahora porque sería muy triste que la novia no saliera por un buen rato de su recámara. Ninguno saldría de aquí.
—¿Qué quieres?
—¿De qué hablas? —Los ojos de ella se llenaron de lágrimas, Felipe la observó completamente confundido—. Cuidare de ti, te lo dije en la cli...
—No quiero estar contigo.
—¿Qué dices?
—Vete de mi departamento, ¡ahora! —vociferó ella con una lágrima resbalando por su mejilla.
—Estefany...
—No vamos a ningún lado. Yo... yo no quiero...
—¿Qué? Dilo.
—Lo último que quiero es volver a enamorarme de ti.
—No puedo dejarte así.
—No quiero tu ayuda.
—No compliques esta situación.
—No lo hago, quien se quedó fuiste tú.
—Para ayudarte tengo que estar contigo, ¿acaso no puedo? ¿Cuál es el problema?
—¡¿No ves que para mí es difícil?! Me gustas, Dios, me enamore de ti como una tonta desde que nos conocimos en el instituto...
Los ojos de Felipe se ensancharon, por primera vez en el tiempo que se conocían y el que tenían como pareja Estefany le confesaba sus sentimientos con tal descaro. Él trató de interrumpirla, pero ella no se lo permitió.
—Sabía que Ambar te gustaba, pero creí ilusamente que un nuevo centro de estudios y un cambio de ambiente te haría cambiar de parecer cuando fuiste a la academia de aviación... Yo fui una segunda opción para ti desde un principio y no lo quise ver hasta ahora.
—No es así.
—Soy una tonta por pensar que podrías quererme.
—Te equivocas.
Cuando Estefany reaccionó sobre el peso que tenían sus palabras Felipe estaba encima de ella devorándola a besos.
—¿Qué debo hacer para que entiendas que te amo? Dime algo porque me he quedado sin ideas.
—No es divertido...
—Para mí tampoco lo es. Ambos jugamos la misma carta, Estefany. Es solo que yo acepto lo que siento más seguido que tú.
—Terminemos.
—Nos casaremos así y tenga arrastrarte al altar o a la sala de ginecología para que tengamos un hijo... No lo hagamos más complicado.
—Es imposible hacerlo más complicado de lo que es.
—Me enseñarse a amar, Estefany. Me ayudaste a ver más allá de lo que quería creer. Cuando te conocí mi vida era miserable, mis padres estaban divorciados, me mudé con mi mamá e ingresé a una nueva preparatoria, en ese entonces perdí todo lo que tenía valor para mí, pero tú... Fuiste una bendición y aún lo eres, por eso me enamore de ti. Me enamoraste, me aceptaste y comprendiste.
—En su momento Ambar hizo lo mismo.
—Tienes razón, lo hizo, pero, ¿sabes algo? No fue a ella que le pedí matrimonio, no es ella quien lleva mi placa colgando de su cuello y sobre todas las cosas mi futuro, con mis sentimientos y todo lo que deseo, no lo veo con ella; sino contigo... ¿Tienes algo que agregar?
—No es justo.
—Por supuesto que no lo es. ¿Por qué no lo notas?
—¿Qué debería notar?
—En ese entonces no te conocía... ¿Recuerdas nuestra promesa aquella vez en el parque principal?
Los pensamientos de Estefany fueron al pasado. ¿Cómo puedo olvidar sus propias palabras?
Flashback
—Es hermosa esta ciudad.
—Es la capital, debe ser hermosa.
—No siempre lo principal de algo es lo más bello que posee.
—¿Entonces?
—Debe haber algo más bello que esta ciudad en el país.
—Me suena a reto eso.
—¿Cómo?
—Dices que hay algo más bello, descubrámoslo entonces. —Felipe detuvo su caminar haciendo que Estefany volteara a verlo—. Cada uno buscará un lugar en el país que sea más bello que esta ciudad, con la condición de que después que lo encuentre llevará al otro y así podremos compartir esa belleza juntos, ¿qué dices? ¿Trato?
—Trato. —Ambos estrecharon sus manos rápidamente—. También tengo mi condición.
—¿Cuál?
—Quién encuentre eso más bello que esta ciudad deberá enfrentar sus miedos, eso de lo que has huido toda tu vida... Prométeme que lo harás de ser tú quien ganes, yo cumpliré.
—De acuerdo. Te lo prometo. —Estefany sonrió y soltando la mano de Felipe se acercó para darle un abrazo.
—Será nuestra promesa.
—Lo prometo.
Fin del Flashback
—No lo olvidaste, aún casi nueve años después...
—No, la promesa de aquel día se termina hoy. —Estefany estaba confundida tratando de descifrar lo que decía, sin prestarle atención a la forma en la que estaban apoyados en su cama—. Lo que tenemos y todo lo que podemos alcanzar juntos es más bello que esta ciudad.
—Presiento que esto se convertirá en una pérdida de tiempo.
—¿No quieres intentarlo? Dime, ¿por qué no? Dame una buena razón... Eso supuse —continuó él luego de un prolongado silencio por parte de Estefany—, puedes perder tu tiempo en cualquier cosa, pero sería mejor que lo gastaras en mí, en nosotros.
Un beso, tras otro beso, tras otro; como un juego de sube y baja una y otra vez. El oxígeno y la necesidad de respirar les eran indiferentes. Las pequeñas sonrisas que él dejaba a la vista en cada rose con sus hoyuelos a los dados sacaron de sí a una Estefany que quería mantenerse firme e indiferente.
Es como si no pudiéramos parar simplemente porque no quiero parar.
—Yo enserio te amo... Solo a ti... No quiero a nadie más.
—Yo también te amo.
Felipe sonrió por última vez antes de besarla nuevamente acorralando el cuerpo de ella entre sus brazos.
—Tardaste mucho en decirlo, Estefany...
—Perdón.
—Pero me alegra escucharlo.
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