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Capítulo 2


"No soy un niño, pensé que te lo había demostrado... Quiero que me veas como hombre no como un amigo más joven". Años atrás tal vez Samuel no pensó bien en las palabras que dijo, pero allí estaba, esperándola.

La poca tranquilidad que le quedaba se había  desvanecido... Samuel estaba bajando sus cartas, ya nunca las quería devuelta. La espera lo estrangulaba, estaba igual de nervioso que cuando se enteró de que su madre tenía cáncer terminal, pero ahora no estaba en ese estado por él mismo, sino por la mujer del otro lado de la puerta buscando respuestas que nadie quiere escuchar.

Samuel se mantuvo mirando al techo por tanto tiempo que se juraba a sí mismo que cobró vida hasta que un ruido eliminó su "concentración". Carla se dirigió a él, por la expresión de su rostro Samuel notó que las cosas no estaban bien y en consecuencia de ello la abrazó desesperadamente.

—Estoy contigo, todo estará bien.

Las esperanzas de Samuel cayeron con las lágrimas de Carla que mojaron su camisa. Sus dudas se aclararon de inmediato, aunque no siempre la verdad es lo más reconfortante en la vida. Ella estaba dando los inicios a su lucha contra el cáncer de mamá, esta era su guerra a pesar de que Samuel no la dejaría jamás.

Su relación no mejoró después de las palabras de Samuel, para ella él siempre sería el hermano mayor del mejor amigo de su hijo, un chico que vio crecer y convertirse en hombre, que fue su apoyo cuando la violencia doméstica envolvió su vida. Él no la veía como amiga, sino como mujer, y eso quedó claro desde aquella noche en su departamento hace siete años. Si en ese entonces 28 y 38 no fueron tan diferentes, ¿por qué 35 y 45 deberían serlo ahora?

—Lo siento...

—No tienes por qué disculparte, esto no es tu culpa.

—Gracias por venir —añadió la mujer de ojos grises secaba sus lágrimas con las palmas de sus manos.

—No hay otro lugar donde debería estar.

—Iré a casa.

—Te acompaño.

—No tienes que...

—Lo haré igual. —Él sostuvo firmemente la mano derecha de Carla como si temiera que ella fuera a escapar—. No estás sola.

El camino del hospital a la casa de Carla se podía definir como un simple y doloroso silencio. Su relación se estaba desmoronando, pero en ninguno pudieron germinar ganas de mentir para impedir que se fueran abajo; y es que para Samuel ella robó su corazón y no lo quiero de vuelta.

Él estacionó su camioneta minutos después frente a la casa de Carla. Ella no le permitió decir una sola palabra cuando ya estaba del otro lado de la puerta. Lo estaba evitando, y de eso Samuel no tenía duda, pero no iba a permitir que siguiera sucediendo por más tiempo. Él tocó a la puerta, cinco veces para ser específicos, hasta que Carla le permitió entrar aunque no lo miraba. Cómo eran común en ella desde tiempo atrás, seguía esquivando la verdad.

—Lo siento, pero esto ha llegado muy lejos.

—Ahora lo dices...

—Lo dije desde un principio, que no me quisieras escuchar es otro caso.

—Carla.

—Solo déjame, ¿sí? No tienes ningún deber conmigo, no necesitas esto.

—Te necesito.

—No me necesitas, menos ahora... Lo nuestro solo fue... —Ella lo observó fijamente antes de seguir—. Comprensión.

—Tú dijiste que no significó nada.

—Porque así fue.

—Mantuve silencio, supongo que estaba muy sujeto a mi propio orgullo para dejarte saber que todas esas palabras no significaron nada para mí.

—Nosotras jam... —Ella se comió la expresión de inmediato—. Solo tuvimos sexo... No podría llamarlo "amor".

—Yo sí —recalcó Samuel con firmeza, él intentó acercarse y en cambio Carla daba cortos pasos hacia atrás—, no sé si sea empatía, ¿recuerdas por qué dijiste que esa sería la última vez?

—Lo dije porque así es.

—¿Qué pasa si no quiero eso? —Encontrándose a centímetros del otro era difícil no sentir la marcada tensión en el ambiente al instante en que él entrelazó sus manos con las de Carla.

—Samuel...

—Quiero estar contigo, no lo digo por el momento. Nunca lo dije por el momento.

—Empatía.

—Tenemos más que eso y lo sabes. —Carla liberó sus manos caminando en dirección la cocina alejándose lo más posible, sin percatarse de que Samuel le seguía el paso.

—¿Cómo puedes seguir? Yo solo... ¡Por Dios! ¿Acaso no me ves? Estas arrugas, esta enfermedad, mi edad; es lo único que soy.

—Eso no me im...

—Debería importarte.

—Tenemos mucho tiempo junto...

—No te acerques.

—No nos hagas esto.

—Déjame en paz. —¿Qué significaba retener las lágrimas para Carla en ese momento? Nada porque no pudo hacerlo—. Tengo una enfermedad terminal, ¿no lo entiendes?

—Lo que siento por ti jamás cambiará.

—Deja que pase esto. Lo superaré, lo sé, pero necesito tiempo.

—No quiero dejarte sola.

—No tienes que est... So-solo, déjame morir para dejarte vivir.

—No... —Samuel llevó sus manos hasta el rostro de ella—. Mírame, te lo ruego, Carla, por favor.

—Déjam...

—Mírame... Para mí siempre serás la misma. No me importa el cáncer, ni que seas mayor, tampoco que pase después de esto. Me es indiferente lo que suceda si no es contigo.

—¿Por qué haces esto?

—Porque te amo.

—No puedes amar a algui...

—¿Cómo tú? Se me es difícil no hacerlo.

¿Qué es mejor? Cuando el par de oportunidades que tenemos nos tienen en el cañón, frente a balas que no podemos detener. En consecuencia nos apartamos con nuestras indecisiones fuertes como el titanio esperando el momento en que ese miedo a sentir pare y el dolor cese, pero Carla no sabía olvidar. Tal vez sería un nuevo comienzo a prueba de balas para ambos si lo aceptaba.

—No sabes lo que es...

—No soy tan joven como para no reconocer que lo que siento por ti es amor, Carla, contigo aprendí lo que es amar a alguien.

—Conmigo no tie...

Sus palabras, ¿podrían parar por un beso? Él no lo pensó y sintió en cierto modo que la mirada de Carla lo pedía a gritos. Samuel entrelazó sus labios con un notorio miedo en cada contacto, miedo a todas las posibilidades que vivían en carne propia y las que la vida les puso en frente. Finalmente no era la edad, ni el trabajo, tampoco la vida que ella llevaba como abogada y madre, ni la de él como socio e hijo del dueño de Construct; ahora eran solamente sus vidas entrelazadas por el temor a una enfermedad terminal.

La confianza que crearon y que les ayudó dejando todas sus dudas y miedos atrás, desaparecía del mismo modo en que la realidad los alcanzaba.

—No estás sola —recalcó Samuel abrazándola—, me tienes a mí.

"Solo espero que eso sea suficiente", Carla estaba ahogándose en sus propios pensamientos, pero una llamada le liberó de ellos.

—Halo.

—Mamá, ¿cómo te fue en el hospit...? Ma-mamá. —La voz de Sebastián se entrecortó cuando la escuchó sollozar desde la otra línea.

—Te amo, mi pequeño, siempre lo haré.

—Y yo a ti.

Madre e hijo se unieron en llanto, la verdad los tomó por sorpresa. Es inexplicable como de una pequeña incomodidad resultaba el cáncer. Sin embargo, es una verdad innegable que todo a tiempo tiene solución, tal vez ese podía ser el tiempo preciso para Carla.

—Lo siento.

—No es tu culpa... Iré, espérame, por favor.

—La presentación de Crew...

—Eres más importante.

—Hijo, no tie...  —Sebastián colgó, no quería explicaciones. Él solo necesitaba verla, la presentación de Crew podía esperar, los nervios de él no.

—Vendrá, ¿verdad?

—Sí... Samue...

—¿Quieres que me vaya? Lo suponía.

—Lo siento.

—No, yo lo siento.

—¿Qué dic...?

—Me quedare.

—Pero él no pued...

—No es un niño, debe saberlo. Tiene que saber lo nuestro.

—No, por favor, ahora no.

—¿Cuándo le dirás que estamos juntos?

—Ahora no.

—Has dicho eso muchas veces durante mucho tiempo... ¿Tanto te avergüenzo?

—No es eso.

—¿Entonces qué es? Por Dios, Carla, ¡tiene 25 años!

—¡No quiero que piense que soy una cualquiera! —Samuel se quedó anonadado con esas palabras—. Esto es bajo, lo sabes.

—Es más bajo que no aceptes lo que sientes. Somos adultos, tenemos derecho a hacer nuestras vidas juntos si así lo queremos. —Carla miró hacia otro lado—. No me iré.

—Samuel, no hagas esto, sabes qu...

—Te amo. Te juro que no entiendo el porqué mis palabras y mis hechos no son suficientes para ti.

—Yo...

—Tienes siete años con un niño, ¿eso quieres decir? ¡Eh! Eres sínica, solo piensas en ti como si yo no existiera, ¿quién te crees que eres? ¡Bien que te acostabas conmi...!

Carla lo abofeteó, Samuel llevó su mano derecha a su mejilla que ahora estaba roja mientras suspiraba indignado.

—No te permitiré que me hables así.

—Te gusto como hombre, lo sabes.

—Eres un descarado.

—Yo no oculto lo que siento, en eso soy mayor que tú.

El sonido de unas manos contra la puerta interrumpió la discusión que Carla y Samuel proclamaban, ¿sin razón? Porque la única verdad era que se amaban y deseaban como nunca, el cáncer jamás borraría esos sentimientos.

—Vete...

—No puedes huir de lo que te persigue, Carla.

—Por favor.

—No hasta que me pidas que me quede.

—¿Qué piensas que él creerá cuando te vea?

—Debe aceptar que nos amamos.

—Por favor, te lo pido, no ahora.

—¿Cuándo será entonces?

—¡Mamá!  —Por primera vez escuchar la voz de su hijo hizo que el alma de Carla se estrujara en su pecho.

—Pasará, te lo prometo... Pero ahora, que no te vea.

—Me iré, pero no sin antes... —Samuel enredó sus brazos en la cintura de Carla. El deseo lo invadía con solo tenerla cerca, sus ojos grises lo volvían loco, era imposible no amarla, porque todo de ella le atraía tal cual imán. Un emotivo beso fue lo único que pudieron tener en tan fugaz momento.

—Te amo.

Carla le sonrío casi involuntariamente, después de escuchar esas dos palabras.

—Yo igual.

Samuel salió por la puerta trasera como un fantasma del pasado. Un pasado que Carla no estaba lista para dejar atrás.

Nada dura para siempre, pero, ¿el secreto que ambos tenían soportaría tanta pena, perjuicios y decepción? ¿En serio para el amor no existe edad? 

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