Capítulo 19
Cuando se aceptan migajas de afecto es porque no hay espacio para complejos... Es una decisión de cada quien aceptar o no, pero se supone que en un principio se está feliz con lo que se recibe. Estefany vivió de esa manera por muchos años, sin embargo hoy no era feliz.
Las palabras de Estefany y Felipe solo rasgaron el alma del otro circulando a su alrededor sin sentido, y luego el cuerpo de Felipe la tenía aprisionada entre el vehículo de ella y él besándola con todas sus fuerzas. En un principio Estefany se negó hasta que los labios de él dejaron leves caricias en los de ella. Se estaban disfrutando tomando lo que podían del otro. Era increíble como su cuerpo cedía ante él, por más que se resistiera, Felipe la tenía como nunca llegó a tener a alguien... Lo único que sabían era que lo que había entre ellos no era solo atracción o un común gusto, era un sentimiento fuerte que creció con ellos desde un principio.
—Eres un sueño, Estefany.
—¿Eh?
—Y eres mía. —añadió Felipe sonriendo.
—Bien. —Esa actitud de celos le causó mucha gracia, pero intentó no reír. Estefany le correspondió, y eso fue más que suficiente para Felipe.
—Lamento si te hice sentir mal respecto a Noah, quiero que tengas claro que jamás he dudado de ti... Sé que si te enamorarás de alguien más me lo dirías de frente, pero no quiero competencia, y tampoco quiero que pienses que la tienes.
—Es innecesaria tu aclar...
—Conocerte fue lo más maravilloso que me ha pasado. Necesito que entiendas que lo que sentía por Ambar antes de estar contigo no se compara en nada con lo que siento por ti.
—Si la vieras hoy, ¿irías tras ella? Uno nunca olvida al primer amor.
—Las personas cambian. ¿Qué puedo hacer para que lo entiendas?
—Dejarme... Terminemos y olvidemos esto, que nos conocimos, que fuimos amigos.
—No lo haré, ni te permitiré hacerlo.
—No me amenaces, Felipe.
—No te amenace, te lo advertí. ¿Cómo puedes decir que terminemos después de todo lo que hemos pasado juntos?
—Cómo lo dije... Me voy.
—Tenemos que hablar con Juan e Iván.
—¿Qué quieres ahora? ¿Para qué?
—Porque quiero su bendición.
Mierda, Felipe, ¿qué mierda dices?
—¿De qué hablas?
—Les pedí tu mano, solo faltaba que tú lo supieras y que nos den juntos su bendición.
—No...
—Sí. Tendremos muchos hijos, quiero cinco: tres niñas y dos niños... —Felipe fue acercando más a Estefany con cada vocablo—. Prometida.
—Aléjate de mí.
—Me fascinas.
—Felipe, no me mires de esa manera. Yo no me ca...
—Lo haremos juntos...
—¿Qué tonterías dices?
—Me muero por ver qué hay debajo de ese vestido. Hace tiempo que debí hacerlo y quizás ahora estarías embarazada. Sé que un hijo no te ataría a mí, pero me permitiría verte más seguido.
—¿Qué te asegura eso? Yo no seré...
—Lo serás. Deja de hacerte la indiferente, por Dios, Estefany. No te sale fingir que no te gusto, que no me quieres a tu lado; yo muy bien sé que es mentira.
—¿Crees qué Ambar piense lo mismo?
—¿Crees qué ella está tan buena como tú? Tus celos, son lo más adorable que he visto.
—No estoy celosa, solo acepto la realidad.
—Entonces acepta lo que siento y quiero contigo.
—Esta no es forma de pedir...
—Lo sé, créeme que lo sé.
—¿Desde cuándo? ¿Hace cuánto pediste mi mano a papá e Iván?
—Casi un año... Reconozco que tarde mucho, no sabes cuánto me arrepiento, pero no quería acatarme a un no como respuesta. Estabas tan ocupada en el banco, tu carrera estaba ascendiendo muy rápido y yo no podía limitarte con un matrimonio.
—Felipe...
—Luego te fuiste, renuncaste y no aceptabas mi ayuda... Cómo hombre quiero protegerte, le prometí a Juan que te cuidaría y que te tendría con bien. Ellos enserio te necesitan... ¿Estefany?
Las características mejillas sonrojadas de ella se tornaron a un tono pálido, casi amarillento. Los ojos de Estefany se cerraron por un momento y volvieron a un ciclo entre abiertos y cerrados. Ella se desplomó sobre su vehículo a los pocos segundos.
La angustia invadió a Felipe de inmediato. Él se apresuró y sacó las llaves del vehículo de la cartera roja que Estefany llevaba consigo colgando de su hombre izquierdo. Con el paso libre dentro del auto llegaron a la clínica en fracciones de segundos.
El efímero momento en que le fue posible a Felipe acercarse a Estefany ocurrió cuando una de las enfermeras del área de emergencia le preguntó qué había pasado antes de que ella entrara en ese estado... Estefany era asmática, pero el vodka, whisky y brandy no empeoran el asma, en cambio la cerveza y el vino afectan a los asmáticos de una forma negativa y los resultados de los análisis dieron a conocer que Estefany ingirió vino en gran cantidad horas antes de ir al bar.
Los médicos y las enfermeras concordaron en que Estefany tuvo un ataque de asma. Para ella esa era una enfermedad silenciosa que explotaba de vez en cuando desde que era niña, y en consecuencia de que no fueran tan frecuente Estefany no le daba la importancia que ameritaba y había caído otra vez...
Al cabo de dos horas Estefany fue trasladada a una habitación con oxígeno y un nebulizador con su respectiva mascarilla. Según los médicos ella estaría en observación hasta el siguiente día. Durante la estadía de ella en la habitación de la clínica Felipe podía estar cerca y se mantuvo observándola hasta que los ojos de Estefany voltearon a verlo.
—¿Dónde...?
—Shhh... Regula tu respiración —le aconsejó Felipe acariciando la cabeza de ella—, debes estar muy incómoda ahora, pero no podemos detener la nebulización, lo necesitas, ¿entiendes?
Ella le asintió. Felipe le sonrió antes de salir de la habitación. A los pocos minutos él volvió con una enfermera. En el casi insignificante tiempo que estuvo sola Estefany recorrió la habitación con su mirada, muchos recuerdos la llenaron de nostalgia... De pequeña pasaba más tiempo en la habitación de una clínica que en su propia casa. Iván y Juan se quedaban con ella turnándose las noches y horas para dormir, en aquel entonces ella era muy joven como para entender la gravedad de su enfermedad. Las neumonías y bronconeumonías eran comunes...
—¿Cómo te sientes, Estefany? —cuestionó la joven enfermera acercándose a ella. Sus gestos bastaron para que la asistente de médico entendiera—. Dentro de quince minutos puede retirar el nebulizador —dijo la mujer mirando a Felipe—, cualquier cosa estamos a seis pasos o a una llamada.
—Gracias.
—Con su permiso.
Durante esos quince minutos Felipe no le dirigió la palabra a Estefany, al igual que ella conservó su vista en un punto fijo de la habitación y de vez en cuando lo miraba. Estefany contó los segundos y cuando fue momento de apagar el nebulizador lo intentó por sí misma fracasando, así que trató de quitarse la mascarilla, pero fue difícil con Felipe que ahora le estaba ayudando.
—Deja de mirarme así, quién debería estar molesto soy yo, no tú... ¿Desde cuándo no llevas tus medicamentos para el asma..? Sabes que no puedes estar sin ellos y para colmo tomas sin control.
—No importa.
—Es tu salud, Estefany; ¿cómo puede no serlo?
—Quiero irme a casa, estoy cansada. No quiero hablar o discutir contigo, te lo pido, déjame en paz.
—Ni pienses en irte de aquí, te tienen en observación. Tuviste un ataque de asma, ¿está...?
—Sé lo que me pasó. No es la primera vez, Felipe.
—¿Puedes dejar de apartarme? No me iré, tampoco te dejaré ni permitiré que termines conmigo.
—Que yo quiera terminar, ¿no cuenta? —Felipe tragó en seco.
—Por supuesto que no.
—¿Qué pretendes? ¿Mantenerme para siempre a tu lado en mi propia contra?
—No, lo único que quiero es que reconozcas por tu cuenta que me amas y que yo te amo.
—¿Con qué derecho?
—Con el que tengo. —Él se arrimó en una esquina de la cama en la que Estefany descansaba, y estaba sonriendo ampliamente.
—¿Qué quieres?
Ella no comprendió lo que Felipe deseaba hasta que él se despojó del collar de acero con su placa de piloto y lo dejó colgando en el cuello de ella.
—Te quiero a ti... Perdón por no estar contigo estos meses, yo; no supe qué hacer cuando me pediste un tiempo y aún no sé cuál sea la mejor manera de acercarme a ti otra vez, pero estoy intentando hacerlo de la mejor forma.
—Aléjate...
—Te prometo que compensaré el tiempo perdido... Disculpa que no tenga un anillo que ofrecerte, ni un discurso preparado, espero y esto, ¿crees es suficiente para que entiendas lo importante que eres para mí?
—Detente.
—¿Te parezco lo suficientemente cuerdo como para que seas mi esposa?
—¿A qué viene esto?
—A qué te rindas, así como lo hice yo con estos sentimientos.
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