Capítulo 16
3:30 de la madrugada.
Dormir fue una noción que únicamente traspasó la mente de Andrew porque conciliar el sueño le fue imposible, no podía pensar claramente, sus preguntas continuaban sin respuesta... Ambar dormía a su derecha en la cama que compartían desde hace casi un mes sin saber que Andrew era consumido por la pena de saber la verdad entre Lucas y ella... Él, con su vista fija en el techo, se desahogó pensando que el supuesto engaño de Ambar era un error, algo que desapareció por los recuerdos de la repentina muerte de su madrina. Su mundo se estaba derrumbando: su primo, a quien consideraba como un hermano, tenía sentimientos por su prometida y su madrina, que apreciaba como a una madre, no era más que un cuerpo sin vida.
Andrew no encontró explicación sobre en qué momento las cosas cambiaron tanto, y quería saber que hizo para merecer todo lo sucedido justo cuando lo tenía todo. Él no se consideraba a sí mismo como una mala persona, jamás en su vida sintió serlo, pero todo lo que amaba se estaba derramando.
Desde muy pequeño quienes estaban a su alrededor lo halagaban continuamente diciéndole que era un ángel, pero ahora sufría como el más miserable ser humano del planeta. El inglés sollozó con un sigilo que al cabo de media hora despertó a Ambar.
—Amor... —La mano de ella sobre la mejilla derecha de Andrew hizo que él volteara a verla—. No llores, por favor. Yo sé que es difícil, pero...
—Te amo. —Ambar no comprendió el porqué de ese comentario tan repentino, pero en consecuencia lo miro con dulzura.
—Esta habitación está tan llena contigo... —prosiguió Andrew—, Lamento con mi vida no estar para ti por tantos años de pena.
—No me conocías, ni yo a ti.
—Pasaste mucho.
—Eso es pasado, te lo pido, no pienses en nada de ello ahora.
—Cambié mucho después de conocerte, pensé en tener sueños y quería volver los tuyos realidad... Te quiero a mi lado siempre.
—Te lo prometo.
Ambar y Andrew se acercaron más en un abrazo. Aquella promesa era todo lo que él necesitaba para descansar aunque fuera por unas horas. Andrew solo quería que Ambar corriera hacia él aliviando su inquieto corazón, que lo eligiera a él...
Nada es para siempre, quizás un amor con el mundo de ambos cayéndose a pedazos no podía subsistir y formar parte de ese nada.
Ambar y Andrew durmieron abrazados como hace días no lo hacían, necesitaban ese espacio para ellos como pareja dentro de tanto caos y dudas... Se necesitaban el uno al otro, su amor era lo único real que sentía Andrew y lo único a lo que Ambar se podía aferrar para seguir. Se amaban, no era el sentimiento más puro del mundo o el más sólido, pero era real, ambos lo sentían y eso valía más que cualquiera otra emoción.
A la mañana siguiente los rayos del sol traspasaron las cortinas de la recámara despertando a Ambar, ella se sobresaltó al encontrarse sola en la cama. Ella se colocó su bata celeste y sus pantuflas en el mismo tono antes de salir de la habitación. Ver a su prometido sentado en el suelo le partió el alma en un millón de pedazos.
Ambar se quedó detrás de Andrew y apoyó su mano izquierda en el hombro derecho de él tratando de llamar su atención. Los ojos del inglés estaban hinchados y con un tono rojizo muy leve. Ambar flexionó sus rodillas quedando a la altura de él para luego abrazarlo. Él se aferró a ella como si hacía años no se veían. Antes de que pudiera decir algo Ambar cayó en el regazo de él cuando este se acercó más a ella con su cabeza en el hombro de ella.
—Aquí estoy, no estés triste, Andrew, por fav...
—¿Me amas? Respóndeme, por favor. Necesito saberlo.
—Yo pensaba que ya estaba...
—Por favor.
—Sí.
—¿Enserio crees que lo que sientes por mí es amor?
—Sí, Andrew. No entiendo por qué me preguntas esto después de qu...
—Eres lo único en lo que puedo creer ahora. —Le confesó Andrew intentando no llorar—. Eres mi todo.
Eres una persona hermosa por dentro y por fuera, ¿no es así?
Por favor, no me hagas esto.
Tú me conoces bastante bien, ¿no?
¿Por qué mi primo se enamoró de ti? ¿Por qué nunca me dijiste nada?
Andrew se atormentaba a sí mismo con esos pensamientos, sin embargo, estos aparecían repetidamente en su subconsciente.
—Todo estará bien, te lo prometo.
Esas palabras fueron una melodía, una a la que Andrew no tenía más opción que creer ciegamente pese a que desconocía la realidad del instrumento que la producía.
No estoy lista para soltar tu mano, creo que jamás lo estaré...
—No voy a ser el mismo, no tengo la suficiente confianza.
—Lo harás, y no quiero escuchar prórrogas. No voy a permitir que esos bellos hoyuelos desaparezcan... No estás solo.
—Eres...
—Tú también eres todo para mí.
Ambar llevó su mirada de los ojos de él hacia sus labios como si apreciara cada línea de piel de esos. Una parte de ella quería besarlo hasta que no pudieran diferenciar entre sus labios y los de él. En cambio la otra parte de su mente no quería lastimarlo, ni lastimarse a sí misma...
—No sueltes mi mano mientras la sostienes en la tuya —añadió Andrew correspondiendo a las miradas de su prometida.
—No lo haré...
Ella se acercó más a él quedando a centímetros de sus labios que ahora eran como un imán para su corazón y todo lo que sentía por Andrew. Los labios de ambos se encontraron como si estuvieran gritando lo mucho que necesitaban del otro. Luego de intentos fallidos de volver a estar juntos ahora se percibía como si pudiera ser. En ese momento dicho rose de sus labios era un escape, pero al final Andrew se detuvo con una marcada desilusión en su mirada.
—Por ti puedo fingir ser feliz cuando estoy triste.
—Déjame hacerte feliz, no quiero que finges, Andrew.
—Quiero ser un buen hombre para ti.
Quiero envenenarme con este falso amor...
—Siempre lo has sido.
Ambar intentó acercarse de nuevo y aunque eso era lo que Andrew más deseaba, volver a ser uno con la mujer que amaba, no estaba listo para esconder sus dudas con tal muestra de amor.
—Iré a ducharme, lo siento, ahora yo...
—Amor... —Le dolía ver que ella igual lo necesitaba y detenerlo.
—Quiero estar contigo, pero ahora lo único que puedo hacer es lastimarte.
—¿Cómo...?
—No estoy en el mejor estado del mundo, tampoco quiero desquitarme y eliminar mi pena contigo.
—Andrew, yo...
—De verdad lo lamento, pero no puedo, Ambar, ahora no... —concluyó Andrew antes de dejar a su prometida sola en el balcón.
—Quería estar contigo, Andrew...
Por primera vez desde que iniciaron su relación Ambar se sentía rechazada por Andrew. Quería ser más que la pareja de su prometido, quería acompañarlo en su dolor, pero no podía hacer nada si él no se lo permitía, situación que estaba haciéndola presentir más dudas y miedos que los que el inglés padecía.
***
¿Qué se puede hacer cuando el peso de una emoción humana agobia como nunca antes por el miedo?
Efectivamente esa era la pregunta de Carla cuando vio a Samuel herido en una camilla con doctores y enfermeras correteando a su alrededor la noche anterior. Lo normal como una pareja era que Carla estuviera con Samuel durante el tiempo de la estancia de él en la clínica, sin embargo, ellos abarcaban la definición de amantes...
Lo único que pudo hacer ella fue acercarse a Samuel y preguntarle cómo se sentía, lo usual y de rutina. Algo que hizo que se afligiera en una dolorosa indiferencia de la cual no resistía más opresión.
Samuel seguía en la clínica, según los doctores debía quedarse al menos dos días más para estar al pendiente de su estado porque tenía varios golpes en la cabeza. En conclusión para él aquello fueron simples habladurías ya que no pretendía mantenerse en la clínica durante el entierro de su madre. La consciencia de Samuel se encontraba lo suficientemente estable como para que pudiera recordar lo sucedido la noche anterior, y lo suficientemente objetiva como para alegrarse al ver a la mujer de ojos grises caminando en su dirección.
—¿Cómo te sientes?
—Igual que anoche.
—Lo siento por no acercarme anoche, yo no podía...
—¿No podías o no querías?
—No podía.
—Pude morir ayer... Dicen que por algo pasan las cosas, mi vida es ese tipo de cosas hoy.
—Samuel.
—Me imagino y debes sentirte tranquila de que mamá muriera sin saber la clandestina relación que su hijo mayor tenía con su amiga, ¿no es así? —Sus palabras desgarraron el alma de Carla. Samuel estaba siendo muy duro, y lo reconoció, pero no podía mantener por más tiempo en su sistema esa pregunta.
—Yo jamás est...
—Se supone que debes estarlo. Solo soy un secreto para ti. Hubiera muerto y sería igual para ti, soy nadie.
—¿Co-cómo puedes dec...?
—Es la verdad, tú misma me lo has recalcado...
Los ojos de Carla se llenaron de lágrimas y en fracciones de segundos se encontraba con un nudo en su garganta.
—Soy como un objeto para ti.
—Eso no es cierto.
—¿Cómo es entonces?
—Tú me importas, no eres un objeto.
—Somos amantes, no sé tú, pero yo me siento como un objeto.
—Yo jamás te he vist...
—Está más que claro lo que somos.
Esa imagen del maquillaje cayendo por la cara de ella Samuel jamás la olvidaría, así como sus sentimientos actuando como si nunca los necesitara, pero había algo que quería escuchar, y lo consiguió mucho más rápido de lo que pensaba.
—Yo enserio te amo...
Samuel se incorporó sobre la cama apartándose de Carla. Las lágrimas no dejaban de correr cual río sobre las mejillas de ella.
—Perdón, perdóname por ser tan ciega y no hablarte de frente sobre lo que siento y quiero contigo.
—Llorando no llegarás a nada.
—¿Qué...?
—Quiero que me lo demuestres.
—¿Qué di...?
—Dame una valía para creer que tenemos futuro.
El recuerdo del día del nacimiento de Lucas, cuando Samuel tenía diez años, quedó grabado en la mente de Samuel y hoy rondaba por allí como un golpe de nostalgia con sus labios aún unidos a los de Carla; obteniendo un sentimiento distante y doloroso.
"Tienes una parte de mi corazón, mi pequeño príncipe, y si en algún momento la vida nos separa nunca estarás solo... Tú y tu hermanito son mi vida, me hacen la mujer más feliz del mundo".
Dicen que es más fácil para un hijo ver muerta a su madre que para una mujer asimilar la partida de un hijo, pero eso no fue consuelo para Samuel... No sintió la más mínimo conformidad, él daba su vida por la mujer que le dio sentido a la suya desde el primer día. Jessica lo arrulló cuando se sentió solo y sin fuerzas, le enseñó a ser un buen hombre y defender lo que creía correcto con todas sus fuerzas. Ella que a pesar del cáncer, su falta de tiempo por el trabajo y su casi inexistente esposo tuvo una sonrisa en su rostro hasta el último día y fue madre en todo el sentido de la palabra.
Él sabía que una relación con una mujer diez años mayor no eliminaría el apoyo que Jessica le daba porque ella era la encarnación del verdadero amor maternal... Y la muerte jamás borraría eso como lo genuino que era su afecto hacia Carla.
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