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Capítulo 11

A medida que el tiempo se nos acaba deseamos mil tonterías, como por ejemplo más tiempo... A Noah muchas cosas le recordaban a Sara, por eso creía que su corazón nunca cambiaría, era frío como el viento que soplaba cuando pensaba que la extraña. Se había preguntado a sí mismo muchas veces si la podría olvidar durante ocho años y aún no podía...

Encontrándose solo en su departamento quiso pasar una tarde tranquila ya que no debía impartir docencia y tenía el día libre de deberes en Dream's Coffee. Noah buscó en una esquina de su departamento su bicicleta, en aquella recámara pintada de blanco hueso, que se suponía era de invitados, él tenía llena de recuerdos, algunos buenos y otros no tanto... Cuadros de fotos familiares del día de su graduación, sus libros de la universidad y de los cursos de gastronomía que realizó y los que acumuló durante sus años de más juventud y que leía en su tiempo libre. Un escritorio de caoba estaba al lado de la ventana principal sobre la cual su laptop y un pequeño cuadro de una foto de Lucas, Sebastián, Ambar, él y Sara descansaba. La nostalgia lo invadió como siempre que entraba allí.

Flashback

Siete años atrás...

Andar en bicicleta por la ciudad se le hizo costumbre a Noah durante los días que no tenía que ir a "Dream's Coffee", en ocasiones contaba con la compañía de Ambar o Sebastián, hoy no era la excepción. Paseaban por el parque y algunas áreas verdes de la ciudad.

Todos los días desde la operación de Sara no podía dormir en absoluto mientras recordaba a Gabriel con el collar. Intento cerrar sus ojos y cubrir sus oídos, pero todo estaba ahí, ¿dejaría su corazón de latir si detenía su respiración? Solo su anhelo de regresar. Estaba ahí esperando el momento oportuno, tan lejos de una oportunidad. No la había superado, solo había restos de arrepentimiento. No podía colocar del todo en su corazón su "maldita esperanza".

—¿Qué dicen de una competencia hasta el otro lado del parque?

—Claro, aún es temprano, ¿qué dices, Noah?

—De acuerdo, hagámoslo.

—¿Quién llegue 1ro paga los helados?

—Trato hecho, Sebastián.

—En sus marcas. —Se posicionaron uno al lado del otro con las bicis—. Listo... fuera.

Cada uno tomó el camino que creyeron más rápido para ganar, Ambar fue entre el área central del parque, Sebastián por el lado derecho del mismo mientras que Noah fue por el izquierdo, iba en una bicicleta de 21 velocidades, pensó hacer un cambio para ir más de prisa, pero se topó con una chica con moletas, tuvo que frenar de golpe casi encima de ella.

—¿Estás bien? —La chica estaba en el suelo, Noah inmediatamente bajo de su bici le ofreció su mano para ayudarla a levantarse—. Enserio lo lamento... —La mirada de Sara lo atravesó dejándolo inmóvil por unos segundos—. ¿Estás bien? —Se le acercó un poco más—. Enserio lo siento, no te vi.

—Me pude dar cuenta —añadió ella mientras intentaba tomar de vuelta sus muletas.

—Déjame ayudarte. —Noah tomó las muletas y las apoya en su bici luego cargo en brazos a Sara—. Te llevare al banco de allí, ¿de acuerdo? —Ella asintió.

Las personas a su alrededor los veían extrañados, y no era de menos, él la llevaba estilo recién casados. Sara escondió su rostro en el pecho de Noah a lo que él se sonrojo, pocos pasos más adelante la dejo delicadamente en el banco debajo de un gran árbol.

—Iré por la bici y las muletas, no tardo. —Segundos después volvió y se sentó a su lado—. ¿Segura de qué estás bien?

—Creo que sí. —Ver el collar colgando del cuello de ella le devolvió el aliento—. ¿Qué haces andando en bici? Pensé que lo odiabas.

—Últimamente hago muchas cosas que no me gustan.

—¿Por qué?

—Porque me ayuda a pensar mejor.

—Hacer las cosas contra tu voluntad te ayuda a pensar mejor, no sabía eso.

—Hay muchas cosas que no sabes, pero vas a florecer por completo después de todas las dificultades. —Sara lo miraba extrañada—. ¿Cómo has estado?

—He estado mejor, pero bien, en recuperación... ¿y tú? Hace unos días que no te veía.

—Igual he estado mejor, pero bien; en proceso.

—¿Proceso de qué?

—En proceso de olvidarte, pero se me hace imposible.

—Noah.

—¿Te gusta Gabriel?

—¿Qué?

—¿Te gusta? Es una simple pregunta.

—¿Por qué quieres saber eso?

—Quiero saber que hacia él con el collar que te di el día de la operación.

—Eso no te incumbe.

—Claro que me incumbe, somos novios.

—No lo somos.

—Prometimos serlo.

—No, un novio no tiene tu actitud.

—¿Cómo quieres que este si vi a ese idiota contigo de la mano?

—No es un idiota, ha estado conmigo en esto, tú solo huiste, Ambar me dijo lo que paso ese día, ¿cómo puedes siquiera reclamarme por eso? Él ha sido más novio que tú. —Sus palabras lo traspasaron, su silencio fue prueba de eso—. Perdón no...

—Tienes razón ha sido más novio que yo, nunca lo negaré... estoy viviendo porque no puedo morir, pero no tengo nada más que pueda hacer. Estoy con todo el dolor y soledad, como si hubieras muerto en el accidente... trato de soltar mi irá, pero me enojo conmigo mismo, entonces, ¿cuál es el punto de soltar mi irá si no hay nadie cerca? Llevas el collar, ¿por qué?

—Recuerdo... lo tengo como un bonito recuerdo de lo que vivimos juntos.

—¿Qué significa él para ti?

—Podemos dejar de hablar de Gabriel, él es un amigo.

Tal vez se mentía a si misma con eso, ¿enserio solo veía a Gabriel como un amigo? Una llamada los interrumpió.

—Halo... Gabriel... estoy en el parque del frente... lo siento no fue... estaba sola y quise salir a caminar un poco... estoy bien descuida... no tienes que... dame un minuto al menos para ir de vuelta... está bien. —Noah hacia muños sus manos mientras la escuchaba.

—¿Andas con él? —Ella colgó la llamada.

—Se ofreció a traerme a las terapias.

—¿Richard no podía? Pudiste haberme llamado y yo podía traerte en el auto de papá.

—No supe nada de ti en 1 mes, tampoco es que tuviera la confianza.

—Si me hubieras llamado yo lo estaría haciendo.

—Si te hubiera visto tal vez el tema hubiera surgido, ¿no?

—Sara —vociferó Ambar con Sebastián detrás, bajaron de las bicis y se acercaron a ellos—, ¿cómo estás? ¿Qué haces aquí? —Le dio un fuerte abrazo.

—Hoy inicie con las terapias.

—Hola, unos días sin vernos —El pelinegro le sonrió.

—Así es bailarín —añadió luego de abrazarlo—, ¿cómo va todo con "Crew"?

—Avanzando, firmaremos.

—¡Enserio! ¡Woa! Lo tienen bien merecido, me alegra saberlo.

—Gracias... veo que se toparon.

—Sí —añadió de forma cortante el castaño oscuro.

—Hace un rato, casi me atropella con la bici.

—¿Cómo sigues?

Todos quedaron sentados conversando, Noah no volvió a cruzar palabras con Sara, entre ellos solo daban respuestas cortantes e indiferentes. Las dudas que se habían aclaro porque ella traía consigo el collar se oscurecieron inmediato volvió Gabriel al tema de conversación. Esperaban que esa sensación incómoda desapareciera cuando se encuentran solos otra vez.

—Creo que deberíamos retomar.

—¿Eso crees?

—Claro, es verano, debemos ir a la playa, ¿puedes ir Sara?

—No lo sé. He ido mejorando, pero no sé si pueda ir a la playa.

—Vamos, sería hermoso retomar eso, duramos mucho tiempo planeándolo.

—Hablare con mi doctor, les avisaré lo que él me diga.

—Ojalá y diga que sí, ¿qué dices Noah? —Todos voltearon a verlo, estaban atentos a su respuesta, inclusive Sara, aunque no lo aceptara del todo esperaba que no la dejara ir.

—Por mi está bien.

—Debemos acordar el día.

—Llamare a Lucas para ver eso.

—¡Sara! —Ella volteo en dirección a la voz.

—Gabriel.

—¿Qué paso? Me tenías preocupado, veo que...

—Lo siento, me topé con ellos y nos quedamos conversando.

—Hola chicos, Ambar.

—Hola Gabriel.

—Pensé que algo te había pasado.

—Casi Noah la atropella con la bici —añadió el pelinegro a carcajadas.

—Pero no paso gracias a Dios.

—Al menos... lamento si los interrumpo.

—Para nada, ya estábamos terminando de conversar, acordamos de ir a la heladería, cierto chicos...

—Sí.

—¿Puedes venir con nosotros si gustas Gabriel? —Noah miró extrañado a Sebastián al escuchar sus palabras.

—No me gustaría intervenir. Vine a llevar a Sara a casa, te dejo con tus amigos y me llamas para recogerte, ¿te parece?

—Gracias, pero no te preocupes puedo tomar un taxi de vuelta a casa.

—Está bien, nos vemos entonces, me llamas cuando llegues a casa.

—Lo haré. —El pelirrojo les sonrió antes de marcharse.

—¿Nos vamos a la heladería ya?

—Alguien como que quiere helados. —Todos ríen.

—Descuida, Sebastián, ahora vamos.

Ambar ayudó a Sara a ponerse de píe mientras Noah le pasaba las muletas gesto al cual ella sonrió. Siguieron el paso de Sara hasta la heladería.

Despertar harto/a del hoy, cuando todos parecen falsos en algún lugar perdemos una parte de nosotros. Los verdaderos amigos te cubren, lo prometen cada día sin decir nada, pero debes permitirles ser honestos. El amor es un camino que se abre en ambas vías, puede nacer de la amistad o destruirla, pero cuando tus lágrimas se precipiten por tu almohada cual río, ellos estarán ahí para ti, pero tú debes estar ahí para esa persona también. El pasado originó un daño en todos, pero lo superan estando uno al lado del otro, a lo largo del mundo y de regreso otra vez, estarán siempre esperando hasta el final.

—Tomen asiento mientras pido los helados —dijo Sebastián.

—Gracias.

—Yo iré al baño mientras.

Ambar se marchó dejando solos a Noah y Sara, se miraban de reojo de vez en cuando, chocaban miradas y gestos. Era imposible ser indiferente a la presencia del otro.

—Él parece buen chico —dijo Noah sin minarla.

—Lo es, tiene un gran corazón.

—Tiene el tuyo, eso ya lo hace grande.

—Él no es...

—Como yo.

—No, estás ciego por los celos, ¿enserio crees qué me gusta?

—Eso parece. —Sara se quitó el collar para luego hacer muño su mano con el dentro.

—A pesar de todo sigo usando el collar como una idiota, sigo creyendo en ti y en lo que sea que tenemos mientras tú piensas que me gusta otro chico... Ten. —Le extendió su mano con el collar—. Si no me crees no veo sentido en esto.

—¿Enserio?

—Sí, esto no tiene caso. —Noah tomó el collar—. Eres de las peores personas que he conocido y si estoy aquí es por los demás, no por ti. No puedo creer que me enamore de alguien tan indiferente como tú, me arrepiento de esto en sobremanera. —Sus ojos se cristalizaron, él intento acercarse—. No te acerques... pude haber muerto.

—Intente ayudarte.

—Me mentiste, perdone a Ambar, pero no sé si pueda hacer lo mismo contigo, no corría de ella; corría de ti.

—Nunca quise...

—Tampoco quise que esto pasara, no somos una pareja, nunca lo fuimos —Sara tomó sus muletas para salir de allí, pero Noah la detuvo.

—No huyas... sé que he sido un imbécil, que me aleje cuando más debía estar, déjame intentar volver. —Las lágrimas comenzaron a brotar.

—No te puedo creer.

—Déjame ganarme tu confianza.

—Déjame ir. Esto no le hace bien a nadie. —Ella logró liberarse—. Lo que sea que tuvimos termino hoy, no vengas tras de mí. —concluyó para luego salir de la heladería. Noah quedo en shock con el corazón hecho pedazos.

—H-halo... ¿puedes venir por mí?

—¿Estás bien? —Minutos después.

—¿Qué paso? —Sara se abalanzo en sus brazos.

—Llévame a casa... por favor, Gabriel... quiero salir de aquí.

—Está bien. —El pelirrojo la ayuda a subir al auto y tomaron marcha hacia la casa de ella. Los sollozos gemidos de Sara hicieron difícil el trayecto, algo pasaba, de eso no había duda—. ¿Me dirás qué pasó? Tiene que ver con Noah, ¿verdad?

—¿C-cómo lo sabes?

—Por qué no llevas el collar, por eso...

—S-sí.

—¿Qué te hizo?

—Termine con él.

—Pensé que aún no eran novios.

—Terminamos lo que sea que tuvimos.

—Creí que...

—Podemos dejar de hablar de eso... quiero ir a casa.

—Estamos en proceso de eso, pero deja de llorar, las cosas serán peor así. Debes superarlo.

—¿Cómo?

Enamórate de mí.

Fin del Flashback

Noah no pudo sostenerse más tiempo y calló al suelo con lágrimas corriendo por sus mejillas. Su dolor nunca cesaba, se sentía igual que el día en que Sara murió. El reloj que regía a su corazón seguía congelado viendo fotos de ella y el dije del collar en forma de cámara que colgaba de su celular.

—Perdón... por favor, perdóname. No debí desconfiar... Te extraño como no tienes idea. Daría todo lo que tengo por tenerte a mi lado... Te amo, Sara. Fuiste, eres y seguirás siendo el amor más puro que jamás volveré a tener.

***


Los ojos de Carla estaban perdidos en el pequeño horizonte que le daba a la vista la ventana de copiloto del auto de Samuel. Con el pasar de los días los efectos de la quimioterapia comenzaron a ser visibles: su abundante cabellera negra estaba desvaneciéndose, su tez blanca hoy era pálida y su piel estaba reseca como si no tuviera todos los cuidados que ella le daba, la figura de reloj de arena que poseía solo era sus caderas, estaba delgada como nunca se había visto o la habían visto los demás.

Era horrible, para ella como mujer y ser humano que siente y padece. Inclusive el característico brillo de sus ojos grises desapareció. Solo era cuestión de semanas para la cirugía donde le amputarían su mama izquierdo. Era una tortura para sí misma siquiera pensar en ello. Por los cuidados que debía tener llevaba consigo un paño violeta que cubría su cabeza y una fundada al mismo tono.

—Carla... ¿Está...? Carla —Samuel apoyó su mano derecha en la pierna izquierda de ella intentando llamar su atención, pero fue atropellado por duras palabras.

—No me toques.

—¿Por qué...? —Carla lo dejó con las palabras en la boca bajando del vehículo.

Ella se marchó sin fijarse hacía donde, sin tomar en cuenta su estado y que unas inmensas nubes grises en el cielo anunciaban que estaba por llover. Su llanto brotó sin previo aviso nublando su visión. Los peatones la miraban extrañados por como chocaba con algunos de ellos, sin embargo nadie se acercó para detenerla. Lo perdida de su mirada daba escalofríos, podía estremecer a cualquiera que se fijara lo suficiente. Sin más calló al suelo mientras cruzaba la calle, las sirenas de los vehículos la aturdieron sintió que su cabeza estallaría. Samuel, que venía todo el camino tras ella, la ayudó a ponerse de pie y salir de la avenida.

—¡¿Acaso estás loca?! ¿Quién sale corriendo así de la nada? —A pesar del tono severo con que él la cuestionaba se sentía su preocupación—. ¿No piensas responderme? Carla... Siquiera mírame y respóndeme.

—Suéltame.

—Carla...

—¡Te digo que me sueltes! Solo, déjame sola.

—No lo haré.

—Déjame, Samuel...Te lo suplico, quiero estar en paz.

—Tu tranquilidad siempre es sin mí, ¿por qué? No veo a nadie más aquí.

—No te pedí que estuvieras aquí.

—¿Por qué haces esto?

—¿Por qué lo haces más complicado?

—No puedo dejarte, no quiero hacerlo.

—No somos nada. —Carla no reconoció la gravedad de sus palabras—. Solo tuvimos sexo.

—Sabes que no es...

—De esa manera fue. Me acosté con el hermano del mejor amigo de mi hijo. Es ridículo, lo fue y nunca dejara de serlo siempre.

—No lo digas cómo si hubiera  sido un error, tú y yo sabemos que no es así, y si lo es, nadie puede equivocarse tanto como lo hemos hecho nosotros. No somos solo relaciones de esa índole, tampoco un error. Tú y yo hicimos el...

—Con nosotros únicamente sucedió lo que tiene que pasar con un hombro y una mujer que se desean, eso fue todo; no debió pasar jamás.

—¿Te arrepientes?

Carla trató de parar el río de lágrimas que le amenazaba con salir a la luz. Ella jamás se arrepentiría de lo que sucedió entre ella y Samuel, él fue su ángel cuando la violencia doméstica arropó su vida, jamás podría odiarlo, no después de tanto, pero debía aceptar su realidad.

—Suéltame...

—Dime qué pasa como para que decidas eso así de la nada... —Samuel también colapsaría, sus ojos estaban al borde del llanto—. Por favor... Dijiste que me querías, que sentías lo mismo que yo, y yo te amo, ¿por qué actúas así?

—Detente...

—Nos hemos entregado el uno al otro por amor.

—Gracias por eso.

—No te despidas de mí, no nos hagas esto... ¿Qué haces? —Carla se deslizó entre los brazos de él alejándose con resignación.

—Adiós.

Samuel tomándola por la muñeca la acercó a él y la besó con ansiedad y desesperación. En realidad ella lo estaba matando con sus palabras. Cuando fue necesario respirar él se apartó observándola, quería que reaccionara, que entrara en razón y no se alejara.

—No lo hagas.

—Déjame...

Las respiraciones de ambos estaban entrecortadas. Sin más Samuel volvió a besarla exigentemente, estaba desesperado, no encontraba forma o fundamentos. No había suavidad ni comprensión, eran exagerados y rudos hasta llegar a doler...

Noah no estaba en condiciones para andar en bicicleta, y puede que por ello saliera para despejar su mente, aunque los recuerdos no dejaban de invadirlo a cada instante, trató de seguir como cada día. Él dejó de lado su recorrido por el parque principal de la ciudad para dirigirse a Dream's Coffee, no obstante la escena que presenció del otro lado de la avenida era, a su entender, imposible: Carla y Samuel besándose, aquello no cabía en su mente.

—Te amo. Sacas de mí emociones que ninguna otra mujer ha logrado.

—Déjame... Te lo ruego, déjame irme en paz.

—No irás a ningún lado, mucho menos sin mí. Tu vida no acabará, tienes muchos años por delante.

—¿Cómo sabes eso?

—Lo sé porque juntos podremos sobrellevar cualquier cosa. No me apartes, por favor.

—¿Por qué? ¿Por qué a mí?

—Porque tú eres la mujer con la quiero estar. No me interesa el cáncer, ni tu edad o tu trabajo; quiero estar contigo, me vale que o quien se interponga, ni siquiera tú... —Carla lo miró vacilante, Samuel entendió que ella le rogó con la mirada que la sacara de allí—. Sin importa cuántas veces tenga que hacerlo o decírtelo, te amo.

Tal vez Carla tenía miedo de despertar porque ese despertar podría ser violento, y a la vez necesario. Ella lo necesitaba, despertar de una vez por todas de la anestesia del cáncer y todo el dolor que sintió en el pasado. Era innegable que perdía más intentando luchar contra la enfermedad que aceptándola. Por eso cuando perdemos no tenemos que fijarnos en lo que hemos perdido, sino en lo que queda por ganar... Su vida era la guerra, y el cáncer, una batalla más.

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