Capítulo 10
La vida nos da una idea, pero nosotros somos quienes la hacen realidad... Todos podemos, por más difícil que haya sido el camino, crear otro mejor o peor. Si no eres tú, ¿quién podría dar la vida por ti, ayudándote a ser feliz? Si no eres tú, ¿quién te dará esa paz y conformidad? Porque nadie te ama más de lo que te amas a ti mismo, pero nadie te odia en la misma medida en la que te odias a ti por ser como eres... Esperar que todas esas virtudes estén en una persona depositando las condiciones de nuestra felicidad en ella es inaudito, tal cual sucedió con Noah y Sara y estaba sucediendo con Lucas y Ambar.
El corazón de Ambar latió tan descontroladamente al ver a Lucas durmiendo a su lado que le resultó difícil no pensar que él podía escucharlo, y es que ella no estaba respirando adecuadamente. La resaca era suficiente pena como para que también Ambar no recordara con claridad lo sucedido la noche anterior.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Lucas sobresaltado a Ambar—. Entiendo, no hablarás... —Cuando él caminó rodeando la cama quedando frente a Ambar le fue fácil hablar.
—Bu-buen día.
—¿Resaca?
—Algo...
—Creo que tengo unas pastillas que te pueden ayudar con eso.
—No es...
Ambar llevó su mano izquierda a su cien intentando de alguna manera detener el dolor de su cabeza, pero todo lo que sintió al bajar su mano y ver el anillo de compromiso con el que Andrew la sorprendió le dolió aún más... No encontraba palabras, él había sido tan amable, dulce y atento; mientras que ella estaba en la recámara del primo de él. Ambar quiso desaparecer por unos minutos para aclarar su mente.
Cada uno marcó su distancia después que Lucas le ofreció las pastillas y un vaso de agua. Sin embargo, no fue como si estuvieran aparte; sino que entendían la situación del otro. Amigos desde preadolescentes que hoy eran, ¿amantes?
—Lucas...
—¿Sí?
—Anoche... Sé que dije muchas cosas que no debía, Noah, él no merecía...
—Eso deberías decírselo a él, no a mí. Pienso que hiciste lo correcto, en ocasiones uno mismo necesita que lo saquen de la propia realidad para caer en la verdadera.
—Yo...
—Estoy seguro de que él piensa lo mismo.
—Soy una tonta —añadió Ambar apoyando su cabeza en sus rodillas.
—No lo eres.
—Lo soy, no debí tomar tanto.
—Te veías linda... —Ambar lo miró asombrada, ¿cómo era posible? Él se acercó un poco más a ella—. No puedo negar que te veías muy graciosa, pero eso a mi vista no opacó lo bien que te queda ese vestido rojo.
La tez café claro de Ambar no disimuló lo sonrojada que estaba sus mejillas. Esos ojos avellana la mataban, simplemente él sabía que decir o qué hacer en el momento justo.
—De no ser por eso —continuó Lucas—, no estaríamos en la misma recámara.
—Nosotros... Nada volverá a ser como antes.
—Lo sé, pero quiero tomar el riesgo. No me importa lo que haya pasado antes, que tu prometido sea mi primo y tú mi amiga. Te quiero como mujer. Necesito que descubramos esto juntos.
—Éramos amigos... Buenos amigos.
—Perdiste a un amigo, y a cambio tendrás un amor por descubrir conmigo.
—No mereces ser amante, vales mucho, Lucas, demasiado como para eso.
—No me importa serlo si así puedo estar a tu lado.
La mirada de Lucas pasó de los ojos a los labios de Ambar. Todo lo que conocían y creían correcto se corrompió cuando cruzaron la línea entre la amistad y el amor. Él no pretendió detener ese beso, no podía detenerlo y Ambar solo lo dejó ser... Sus intenciones, que Dios los perdonara, porque ellos no se iban a detener, al menos no hasta saber realmente que eran. Al cabo de unos minutos el celular de Ambar sonó sacándolos de su efímera muestra de afecto.
—Halo.
—Amor, ¿cómo te sientes?
—Andrew...
—Resaca.
—Sí.
—¿Dónde estás? Iré por ti.
—No...
—¿No?
—Estoy bien, me duele un poco la cabeza, pero estoy bien.
—¿Segura? Te escucho muy agitada.
—Sí, luego de ir al malecón, Sebastián me trajo a casa, no quise molestarte.
—No eres molestia, podías venir aquí. Esta es nuestra casa.
—Gracias.
—Iré allá entonces. ¿Te llevo algo de ropa?
—Aquí tengo todo lo que necesito.
—Bien.
—¿Estás seguro que sabes cómo llegar en el auto?
—Sí, según lo que recuerdo. En diez minutos estaré allá, nos veremos, amor. —Andrew colgó la llamada dejándole ida en sí misma.
—Ambar... ¿Todo bien?
—Debo irme, Andrew irá a mi casa.
—Te llevaré.
***
No había que usar un sin número de palabras, para describir lo incómoda que estaba la atmósfera en el salón de profesores del Instituto Santo Domingo. Margaret no volvió a cruzar palabras con Noah luego de la reunión del centro educativo donde Estefany estuvo presente. No obstante, en un momento en que estaban ellos tres en el salón, no era difícil de imaginar cómo estaba el ambiente, todavía más tomando en cuenta que no se dirigían la palabra o miraban siquiera.
—Noah...
—¿Qué quieres? —cuestionó él sin mirar a Estefany. Margaret los observaba desde lejos.
—Me podrías decir, por favor, dónde está el salón 301.
—Deberías saberlo.
—Por favor...
—¿Cómo puedes ser tan despistada?
—Es que...
Estefany no tuvo oportunidad de concluir la oración cuando se escuchó un portazo, Margaret salió del salón de profesores y no de la mejor manera.
—¿Qué le pasa?
—No tiene importancia, ya se le pasara.
—Hablas como si supieras lo que le sucede. —Noah siguió evadiendo la mirada de su nueva colega—. Tengo razón, ¿verdad?
—Si quieres que te muestre dónde está el salón, sígueme.
—Cómo evades todo, ¿siempre eres así o qué?
—No tengo tiempo para estúpidas preguntas.
—Tampoco para sus estúpidas respuestas, ¿o me equivoco, Noah?
Touche.
Él sujetó a Estefany de su brazo derecho bruscamente y salió con ella colgando del salón de profesores. No hubo reclamos por parte de ella, no hablo en todo el trayecto hasta el salón 301, por su parte Noah no la miró
La actitud de él le dejó dos cosas en claro a Estefany: La primera, Noah no quería preguntas porque se negaba a las respuestas, pero, ¿por qué? Y esa específicamente era su segunda duda. Estefany le dio gracias a Dios por lo bajo que las horas de docencia hicieron que solo fueran ellos caminando por el instituto, y así nadie pudo ver el drama que proporcionaron.
—Noah... —No obtuvo respuesta, era la quinta vez que decía el nombre de él—. Detente... Me estás lastimando, Noah... ¡Para de una vez!
—¿Qué?
—Suéltame.
—Lo siento.
—¿Cómo?
—No te estaba escuchando.
—Eres un estúpido.
—¿Quién te crees para hablarme así?
Sinceramente Estefany no lo entendía, él le pedía disculpas y ahora la insultaba.
—En ningún momento te dije que me trajeras. No soy de trapo, llegas minutos conmigo del brazo.
—Lo que digas. —Noah le dio la espalda caminando devuelta al salón de profesores.
—¿Qué pretendes?
—¿Disculpa?
—¿Por qué actúas así?
—No actué...
—Como un imbécil.
—Déjame en paz, no tengo que darle explicaciones a nadie.
—Es por Sara... —Él detuvo su paso al escucharla—. Por eso eres tan cerrado.
—No eres quién para hablar de ella ni de mí, ¿me escuchaste? No vuelvas a mencionar su nombre. —Sus ojos negros no tenían brillo alguno, Noah le habló haciendo notar su molestia.
—No eres...
—Cállate. Cómo vivo, lo que haga o no, no es de tu incumbencia.
—No fue tu culpa —susurró ella.
Estefany habló de más ignorando por completo que tocaba un tema muy delicado en la vida de Noah. Ignorando que las dudas nos vuelven más humanos, pero no siempre estamos listos para escuchar las verdaderas respuestas.
***
Nunca está de más decir esas palabras verdaderas, sinceras, que son una realidad no solo para nosotros sino también para los demás. Hay ocasiones en las cuales se busca algo más allá de eso que se cree correcto, como si de alguna manera estemos pensando en lo correcto y no en lo que sientan o puedan sentir los demás con nuestros actos, como si enserio tuviéramos los pies en la tierra cuando pensamos en "nosotros mismos".
Victoria quedó perpleja después de saber lo que sucedía entre su hija y Lucas. Sus ojos se posaron sobre ambos que estaban sentados uno al lado del otro frente a ella esperando su, ¿bendición?
—Nunca pensé que...
—Lo sé, mamá.
—Victoria, créame que nosotros tampoco lo pensamos, pero pasó.
—¿Están seguros de lo que van a hacer?
Lucas se puso de pie dejando atrás a Ambar, quien segundos antes sostenía fuertemente su mano derecha, para sentarse en un sofá en frente de ellos a un lado de Victoria. Él tomó delicadamente las manos de ella. La quería y apreciaba como una madre, y no era para menos, así como Ambar era como parte de su familia, Victoria igual lo era.
—Mis intenciones con Ambar son sinceras, espero y pueda verlo. Su hija es muy importante para mí, al igual que usted y sus palabras para nosotros. No lo planeamos, tampoco han estado presentes malas intenciones por parte del otro.
—Mamá, queremos hacer las cosas bien aunque deba ser un secreto por ahora.
—¿Cómo pudo pasarles ahora?
—No tengo respuesta, no la tenemos.
—No debió ser así.
—Nosotros también lo pensamos.
—¿Quieres eso, Lucas, ser el amante? —Victoria estaba siendo muy directa, pero como madre y amiga debía serlo.
El silencio de Lucas lo explicaba todo, incluso lo que Ambar no quería escuchar. Todo el mundo merece una oportunidad, pero en ocasiones esa oportunidad no es para la otra persona sino para nosotros mismos.
—Si para estar al lado de ella debo serlo no me importa lo demás. No creo que estemos haciendo algo malo, no tenemos de qué avergonzarnos; al menos eso siento. —Lucas siempre sabía qué decir y que hacer, era su don y la debilidad de Ambar.
—Espero que sean felices.
—Mamá...
—Los amo, quiero lo mejor para ustedes y si esto lo será lo aceptó. Cuídala mucho, Lucas, es lo más preciado que tengo.
—Lo sé, igual para mí lo es...
Ambar lo veía con dulzura mientras escuchaba detenidamente sus palabras, pero el sonido del timbre anunciando la llegada de Andrew.
—Lucas.
—¿Quieres que me oculte?
—Yo...
—Ve a la habitación de Ambar, ya sabes dónde está.
Él hizo caso al consejo de Victoria y fue directo a la recámara mientras Ambar se dirigió a la puerta. Sus pasos se sentían limitados, no tenía cara para mirar a su prometido de frente, debía sacar fuerzas y no darle malas ideas. Ella intentó poner su mejor cara y sonreírle al verlo pese a que no encontraba forma de hacerlo.
—Buen dí...
—Me tenías preocupado.
—Lo siento, bebí de más. —Era obvia la preocupación de Andrew a pesar de que no dejó de sonreírle al verla.
—Ni lo digas. Hace tiempo que no te veía así.
—No es algo de lo que me sienta orgullosa.
—Lo importante es que estás bien. Pudiste volver a casa sin importar la hora, me quede esperándote. Te llame, pero no respondiste —dijo él acercándose más a su prometida—, te extrañe, ese departamento son solo cuatro paredes sin ti.
—Lo-lo siento. No estaba pensando claramente.
—No vuelvas a pensar que me molestas, ¿de acuerdo? Eres la razón de mi felicidad, amor, jamás serías una molestia para mí.
—Perdón.
—Te amo... —añadió Andrew luego de besarla rápidamente—, y sabes a alcohol.
—Lo siento.
—No tienes que disculparte. —No entendía como los hoyuelos de él siempre estaban presentes, sin importar su estado de ánimo Andrew siempre sonreía al verla, siempre estaba al cien por uno con ella—. Asegúrate de estar allá conmigo o donde sea que nos lleve el destino, ¿sí?
—¿Nos vamos?
—¿Victoria está?
—Sí.
—Me gustaría hablar con ella.
Mismas palabras, diferentes personas.
Ambar miró a Andrew como si quisiera detener el tiempo ahí, en el instante en que su silencio hizo que la sonrisa de él desapareciera. "No tienes idea de cuánto lo sient..."
—¿Pasa algo?
—Mejor vamos al departamento estoy cansada. Luego pueden hablar.
—Pero ya estamos aquí, sería descortés no saludar a mi suegra si estoy en su casa, aunque mi prometida no me ha invitado a pasar...
—Excúsame, no fue...
—Descuida, me imagino que enserio estás muy cansada. Solo serán unos minutos, es importante.
Andrew siempre entendía todo, pero no siempre sabía el porqué de ese todo.
—Buen día, Victoria.
—Buenas. —Ella correspondió al abrazo de la misma cálida manera que Andrew.
—¿Cómo le fue con Ambar anoche?
—Bueno... —Unas leves carcajadas de parte de Victoria hicieron presencia—. Ella no toma así, al menos llegó viva.
—Agradezco que Lucas y Sebastián la trajeran sana y salva y más como estaba, fue una completo show para que entrara al vehículo.
—Me imagino que sí.
—Hay algo que quiero contarle respecto a la boda... —confesó Andrew agarrando la mano izquierda de Ambar. Los ojos de ella se ensancharon al escucharlo—. Hemos conversado sobre que sea en Inglaterra, queremos que esté presente, usted, al igual que los padres de Sara. Mi familia costeará los boletos de avión.
—Andrew, no era necesario....
—No me dijiste eso, no conversamos al respecto.
—Quería que fuera una sorpresa. Es un detalle de mi familia para usted, quiero que esté presente.
—Dios mediante lo estaré igual sin ese detalle, gracias, pero...
—Sé lo importante que es su presencia para Ambar porque para mí también lo es. Cuando... Le prometo que podrá ver a sus nietos crecer aunque estemos allá. —Los ojos de Victoria sobre su hija le dieron todas las ideas posibles.
—Mamá... Yo, no, no estoy embarazada.
—Aún no, pero lo estarás en algún momento.
—¿Han pensado en tener hijos tan pronto?
—Nosotros...
—Aún lo seguimos pensando. Me encantaría que fuese lo más pronto posible, pero su hija es algo obstinada, aunque con el tiempo cambiaré eso.
—Me disculpan un momento... —Ambar se puso de pie rápidamente, le faltaba el aire—. Iré a buscar mi...
—¿Te sientes mal? —Ella se veía pálida—. ¿Hija?
—Vuelvo en un momento.
Ambar fue lo más rápido que pudo a su habitación ignorando por completo a su madre y a Andrew. Estando allí se apoyó en la puerta intentando regular su respiración. Lucas, que se encontraba sentado en el borde de su cama, se acercó cuando la vio entrar en ese estado.
—¿Qué pas...? —Ella se abalanzó desesperadamente el pecho de él.
—Lucas, yo no...
—Todo va estar bien, saldremos de esto; te lo prometo. No me importa nada, tú eres la mujer que quiero en mi vida.
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