Capítulo 4: Dados De Peluche
Adiestrar a una bestia es tarea difícil, más no imposible. Mira sino tu reflejo cuando la mente te intenta doblegar y no se lo permites.
Alexandra Fatu, 《De sangre y azúcar》.
El sabor amargo me inunda la boca en cuanto me desperezo, estirando las extremidades por el largo de toda la cama. Suspiro pesadamente y el hueco en el estómago hace acto de presencia anunciando que tengo más hambre de la que pensaba.
-¡BUENOS DÍAS, SARA!
Me levanto de golpe en cuanto Tuska se lanza sobre mi rostro, mandándolo de vuelta sobre la sábana. Rueda sobre sí mismo para terminar precipitándose sobre el pico.
-¡Oye!
Me siento sobre la cama suspirando.
-¿Qué te he dicho sobre despertar así a la gente?
Tuska se incorpora sacudiéndose y reprimo una sonrisa cuando me percato de la pequeña cresta que se le ha formado sobre el lomo.
-Que no puedo hacerlo porque me van a hacer tragarme los dientes.
Asiento.
-Peeero -continúa -, yo ahora mismo no tengo dientes, así que veo un hueco legal en esa...
-¿Hueco legal? -pregunto asomando las piernas fuera de la cama. -. Debería preocuparme que veas tanto la televisión.
Apoyo los pies sobre la moqueta rancia del suelo y estiro los brazos una vez más.
-¿Por qué? -pregunta.
-Pues porque -me detengo -¡¿Qué haces?!
Sobre la cama, ocupándola en casi todas sus dimensiones hay un tipo enorme, y, ojo al pequeño dato no menos importante. Completamente des-nu-do.
-¡No me chilles! -y el grito termina en algo similar a un graznido. -. Tengo los hígados sensibles.
Parpadeo.
-¿Los hig...?¿Los qué?
Él frunce el ceño, de frondosas cejas claras al igual que el pelo muy corto que le está empezando a crecer. Se señala la oreja como si estuviera explicándole un problema de matemáticas a un niño.
-Los hígados... -repito con una carcajada. Él asiente. -. ¡Los tímpanos, inculto!
Tuska se sacude para después restarle importancia.
-¿Vas a leer el papel ese ya? -pregunta saliendo de la cama.
Intento con todas mis fuerzas no descender la mirada hacia todo lo que se encuentre por debajo de su cintura. Pero cuando empieza a estirarse sin la más mínima decencia noto como la sangre me sube a la cara.
-¿Sara? -inquiere.
-¿Eh?
Una sonrisa traviesa se dibuja en su rostro y aparto la mirada hacia la ventana.
-El papel.
-Sí, sí. Ya te he oído.
-¿Y por qué no me contestas? -pregunta inclinándose sobre mí, para recoger el papel del cajón. -¿Sara?
-¡¿Te quieres poner unos pantalones?!
Él frunce el ceño.
-Por querer... -su mirada vieja por el papel para después volver a mí. -. No. La verdad es que no quiero.
-¡Tuska!
-¿Sara?
Está jugando con mi paciencia, algo que hace semanas me he dado cuenta de que le divierte. Muchas veces me planteo si realmente entiende lo que digo pero se hace el loco.
-Tuska -suspiro -. ¿Puedes por favor ponerte algo de ropa?
Él clava la mirada en mi rostro, como si buscase algún método para librarse de la tortura de llevar ropa encima, pero finalmente se encoge de hombros y en silencio se pone los pantalones que descansan sobre el respaldo de una silla junto a la puerta del baño.
-Gracias.
Me ignora aún con el papel en una mano.
-El tío Rupert parece que no estaba muy bien de la cabeza. -dice con desiterés devolviéndome el papel. Pegándomelo con demasiada fuerza al pecho al pasar a mi lado.
-Creo que vamos a tener que darle una visita a su casa.
Tuska emite un grito sobresaltándome. Cuando me doy la vuelta lo veo subido a la mesa.
-Hay-hay hay-hay ha-hay -tartamudea señalando un punto fijo en el suelo.
Ahí mismo hay una cucaracha intentando llevarse una uva rancia.
-Por amor de... -la piso sin miramientos.
Tuska hace un puchero con los labios, aún subido a la mesa, y me atrae por la cabeza hacia él. Me besa la frente repetidas veces.
-¡Para!
-¡Te quiero, Sara!¡Te quiero!
-¡Su-suéltame! -forcejeo para apartarme. Cuando consigo poner algo de distancia lo señalo acusadora -. Me caes mejor cuando eres un pato.
Él gira el rostro claramente ofendido.
-¿Ah, si? Pues tu me caes mejor desnuda.
Abro la boca para decir algo, pero no soy capaz por la vergüenza.
-Con esas preciosas -se señala los pectorales con ambas manos -. Y ese culito respingon... Y cuando te veo sudadita... Me dan ganas de hacerte como el señor del butano a la ama de casa en esa película...
-¡Basta! -gruño abalanzándome sobre él. -¡Pervertido!¡Viejo verde!¡Asqueroso!
Atrapa mis muñecas con una sola mano.
-No te hagas la digna. He visto como me miras el...
Me aparto de nuevo tapándome los oídos.
-¡Cállate!¡Cállate!
Tras un intenso debate y una persecución, sin sentido, he de decir. Me quedo jadeando sobre la cama y Tuska sentado sobre mi espalda.
-Volviendo a lo del tío Rupert -dice sin molestarse en dejarme respirar. -. ¿Podemos pasar antes a la cantina esa para comer algo?
Intento hablar pero me estoy quedando sin aire, así que simplemente levanto el pulgar en señal de aprobación.
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La cafetería o bar, no sé exactamente cómo llamar al tugurio, no huele mucho mejor de lo que lo hacía ayer. Pero Tuska parece disfrutar de las tortitas con nata y variedad de frutos del bosque. Yo por mi lado me he limitado a pedir un café con leche condensada y una magdalena de chocolate.
Nos hemos sentado en la misma esquina oscura, aunque esta vez hay algo más de luz por los rayos de sol que se filtran, dejando pelusas danzarinas sobre los hilos gruesos de luz. Las paredes son de madera y hay panfletos, fotos y camisetas enmarcados en cuadros que dan un ambiente acogedor. Las mesas y las sillas son cómodas a pesar de que parezcan todo lo contrario.
-¿Algo más, chicos?
Ambos miramos al camarero, un hombre de treinta y pocos vestido con un jersey de punto y un trapo atado a la cintura -demasiado sucio- que le sirve de delantal.
-Uv... -empieza Tuska, pero se detiene cuando le lanzo una mirada advirtiéndole. -. Nada.
El tipo me mira a mí.
-¿Y para ti?
-Nada, gracias.
Asiente.
-¿Os traigo la cuenta o...?
Un golpe provoca que mire hacia atrás, y yo sigo la dirección con la mirada.
-¡No!¡Ya está! -es Desk, quien sale alterada de la cocina. -¡Estoy harta!
-Un momento, chicos. -se disculpa el camarero con la preocupación danzándole en los ojos -. Ahora os traigo la cuenta.
Tuska ha apoyado el codo en el respaldo de la silla y observa la escena.
-Ahora ¿qué? -pregunta con cansancio el camarero, como si llevara mucho tiempo presenciando escenas así. -. ¿Qué ha pasado, Edgar?
El tal es un tipo robusto y rollizo, lleva un delantal blanco manchado de sustancias que no quiero ni imaginarme, y su cara está roja cuando señala a la chica.
-¡Está loca!
Desk se da la vuelta hacia él con la uña del pulgar entre los dientes.
-¡Eres un puto pervertido! -le grita.
-¡¿Y qué vas a hacer?! -ríe el gordo sacudiendo las manos -¡¿Llamar a tu papaito para que te salve el culo?!
El camarero, quien se encuentra entre ambos, suspira.
-Esto es demasiado.
-¡Me ha vuelto a tocar el culo, Connor! -dice Desk con tono acusador, y parece que va a romper en llanto en cualquier momento. -. Sabes que no es la primera vez. Te advertí que si volvía a pasar...
-¡Cállate ya! -ataca Edgar -. Vas por ahí provocándome con esos trapos que llamas ropa, y luego te quejas. ¿Qué quieres?¿Dinero?
Desk se abalanza sobre él, pero es el camarero, Connor quien la detiene agarrándola por los hombros.
-¡Ya vale!
Desk solloza y el cocinero le dedica una mirada cargada de asco.
Connor carraspea.
-Vale. Estoy harto. -se gira hacia Edgar sin soltar los hombros de Desk. -. Despedido.
El cocinero bufa dándose la vuelta entre maldiciones, y golpea la barra antes de entrar otra vez por las puertas de la cocina.
Le dedico una mirada cómplice a Tuska, pero él sigue observando la escena.
-¿Estás bien, pequeña? -pregunta Connor llevando los dedos a las mejillas de Desk.
Ella asiente no muy convencida, y apoya la mejilla contra el pecho del hombre cuando éste la atrae de una manera casi paternal.
-¿Qué ha sido eso? -pregunta Tuska señalando con el pulgar detrás de él.
-Parece que babosos hay en todas partes. -me encojo de hombros aferrándome a mi codo.
-Bueno. ¿Vamos a casa de Rupert?
Lo escucho decir, pero estoy demasiado concentrada en Desk, quien se ha quedado sola junto a la barra, donde Edgar dio el golpe.
-Sí. Pero espera un momento aquí, ahora vengo.
Tuska chasquea la lengua impaciente pero no protesta.
Cuando llego junto a Desk le toco el hombro por instinto, y ella se sobresalta.
-Hola, tú -sonríe tristemente. -¿Tanto le han gustado las uvas a tu novio?
-No es mi novio -niego frunciendo los labios en una sonrisa de boca cerrada. -. ¿Qué ha pasado con ese tío?
-¿Edgar? -pregunta señalando hacia la cocina. -. Ese viejo está completamente loco desde que lo dejó su mujer. Llevo trabajando aquí dos años y... -suspira -. Es una pesadilla.
-Ah. Pero ¿estás bien?¿Te ha hecho algo?
Desk niega apartando la mirada.
-Estoy bien.
La sigo observando no muy convencida.
-De verdad -insiste. -. Es el pan de cada día. Mañana le suplicará a Connor para que lo deje volver, éste me preguntará si me parece bien y asegurará que no volverá a pasar... Y luego todo sigue su curso. Ya me sé esta historia.
-Esto no está bien.
Ella se encoge de hombros.
-¿Y qué le voy a hacer? Connor necesita cocinero y por mucho que me joda admitirlo, Edgar lleva años haciéndolo.
-Entiendo -digo regalándole una sonrisa comprensiva. -. Pero no deberías de tener que aguantar esto.
Y cualquiera diría que no es mi asunto, y puede que sea así. Pero situaciones así son las que consiguen quebrar mi botón de la paciencia desatando una empatía insana.
-Sara ¿verdad? -pregunta cambiando de tema.
-Sí. Sara Winchester.
-¿Qué te está pareciendo el pueblo?
Abro la boca para contestar cuando una gran mano se posa sobre mi hombro.
-Horrible -contesta Tuska con una mirada impasible. -. Huele a mierda y las uvas están rancias. ¿Nos vamos ya?
Desk le dedica una mirada divertida.
-Pero bueno. ¡Si llevas ropa!
Tuska asiente.
-¿Hay alguna razón para no llevarla?
Ella no parece tomarse a malas el comentario, y vuelve a dirigir su mirada a mí.
-Entonces ¿os vais a quedar en el pueblo?
-Tal vez un par de semanas -digo, y no es mentira -. Tres si la cosa se alarga.
Ella frunce el ceño.
-¿Puedo preguntar sobre esas cosas?
Tuska se adelanta.
-El asesinato del tío Rupert.
Desk abre la boca en exceso.
-¿Rupert el que escribía con la boca?
Asiento.
-Espera -sigue -¿Asesinato? Creía que había sido una muerte súbita. Eso dijeron en las noticias.
-Las noticias mienten.
Miro mal a Tuska acallándolo.
-Te está vacilando. Estamos para recoger un par de cosas que Rupert me ha dejado...
Desk frunce el ceño y no me recorre nada bueno.
-Bueno... Eso si encuentras algo. Desde que que llevaron el cuerpo la villa ha estado abandonada, y como nadie la ha reclamado los críos del pueblo la usan para dar fiestas y eso.
-¿Cómo lo sabes?
Tuska parece haber desconectado y mete monedas al azar a una máquina expendedora de bolas de juguete.
-Mi hermano es uno de esos críos. Es más, si quieres rescatar algo ve ya, porque está noche dudo que puedas rebuscar tranquila con tanto adolescente cachondo.
Asiento.
-¿Sabes dónde queda exactamente?
-Claro. En la vieja carretera de West Coulder. Si quieres te llevo.
-¡Toma! -grita mi amigo triunfal acercándose corriendo hacia nosotras. -¡Mira, Sara!¡Unos dados!
Abro los ojos en exceso y Desk emite una carcajada. En los dados de peluche del tamaño de un puño pequeño hay dos figuras animadas haciendo cosas... de mayores.
-¡Mira, Sara!¡Están follando!
Me giro hacia Desk con una sonrisa inocente.
-Si no te importa.
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