
III
Valparaíso.
01:00 a.m.
Un pequeño grupo de la ECP vigilaba un edificio al que ya habían llegado bastantes personas.
La mayoría del equipo estaba en un edificio cercano al que vigilaban. Desde el segundo piso, monitoreaban todo.
— Bueno, compañeros, que empiece la función —dijo el líder de la operación, observando el monitor.
[...]
Desde las vigas del techo, la figura de una mujer se movía con suma discreción.
Vio cómo las personas se ocultaban, usando capuchas negras.
La mujer presionó un pequeño dispositivo, que comenzó a encenderse y apagarse intermitentemente.
[...]
En uno de los monitores apareció el siguiente mensaje: | Y luego por qué el cliché de las películas |
— La niña tiene sentido del humor —comentó un agente.
[...]
Emilia siguió avanzando hasta llegar a lo que parecía ser el centro de ceremonias, a juzgar por la decoración.
— Esto parece una iglesia... pero no muy santa —pensó, mientras saltaba hacia otra viga.
Sus ojos grises escudriñaron toda la sala, esperando la orden para actuar.
Observó la entrada del maestro de ceremonias y cómo todos sus seguidores se inclinaban ante él.
Todos permanecían de rodillas, y creía ver a algunas personas realizando gestos de masturvación.
— Aún no me acostumbro a estas cosas —negó con la cabeza.
— ¡Queridos hermanos y hermanas! ¡La llegada de nuestro señor está cerca! —gritó el líder—. ¡Nuestro gran hermano ya está preparando todo para su llegada!
Todos aplaudieron y vitorearon, incluso comenzaron a recitar fervorosos rezos.
— ¡Anung un Rama! —gritaron todos al unísono, llenando la sala con sus voces.
Ese nombre causó que todos los miembros de la ECP se alarmaran. Emilia, sobresaltada, rompió una viga con sus manos.
[...]
Parque Quintil.
08:30 a.m.
El líder de la operación, César, observó a su agente paranormal, quien llevaba ya un buen rato mirando el cielo.
— Niña —llamó César, captando la atención de la agente—. El jefe ya te asignó una nueva misión —informó.
Ella solo asintió, bajó del tronco y caminó hacia el auto que la había venido a recoger.
— No te preocupes, nosotros nos encargaremos —aseguró, observando cómo Emilia asentía.
Cuando el auto se alejó, César suspiró y negó con la cabeza, recordando que la misión de la noche anterior había terminado muy mal.
La chica había perdido el control y masacrado a todos los miembros de la secta. Cuando finalmente volvió en sí, se disculpó, sintiendo que algo dentro de ella le advertía que ese nombre era peligroso.
La intentaron calmar y llamaron a los de la morgue para que se encargaran de los restos.
— Si incluso alguien mitad demonio se asustó tanto, debe haber sido algo verdaderamente horrible —pensó mientras contemplaba el cielo azul.
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