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Capítulo único: Mientras duermo

Clasificación: Mayores de 18 años
Advertencias: Lemon vulgar y en exceso. Fic PWP.

Autor: Haruka Eastwood

~ * o0O0o ♦ o0O0o * ~

Ciel Phantomhive Pov

Desde hace un año, por las noches todo era silencio y después de las doce, escuchaba una voz. Una voz siniestra, pero tan dulce como el caramelo derretido sobre mi piel caliente; suave y tan aterciopelada, que acariciaba mis sentidos con el más fino tacto.

Era una caricia de pieles, diamantes y sexo, seduciendo cada fibra de mi ser con un eco oscuro y mundano, lleno de promesas eróticas y placeres decadentes. Al mismo tiempo, me introducía a ella de forma lánguida, envolviéndome en un manto de placer infinito y prohibido.

Susurraba promesas tan diabólicas, y peticiones tan ardientes, que pensé que me había derretido de dentro hacia afuera en un mar de fuego líquido que me reducía en segundos. Me consumía en éxtasis, retorciéndome en deseo, anhelando más de algo prohibido y obsceno, casi infernal. Incluso juraba que era capaz de sentir su cálido aliento chocar contra mi cuello hasta estremecerme.

Todo él era tan vivido, tan real y excitante que deseaba permanecer en ese mundo pecaminoso por siempre. Un mundo donde solo éramos él y yo, recreando la danza más antigua y sensual que el hombre haya sido capaz de crear.

Noche tras noche, me tomaba con ímpetu, me sujetaba a la cama con manos heladas, rompía mi ropa, me separaba las piernas y lamía mi sexo de forma obscena, y solo entonces, me embestía con toda la fuerza y el impulso de su miembro erecto, llegando hasta el fondo con un gruñido tan excitante que me corría incluso antes de empezar. Porque eso solo era el principio de mis largas noches.

Disfrutaba el momento cada día. Al principio, durante semanas él se dedicó a seducirme, me cortejó, y solo entonces me poseyó a su antojo, me llevó al éxtasis hasta rozar la demencia, mostrándome un infierno camuflado de paraíso al cual me entregaba con los brazos abiertos.

Incluso ahora, su voz mantenía aquel tono áspero del deseo. El de un hombre famélico, delicioso y más que listo para complacerme una y otra, y otra vez, dejándome húmedo y anhelante de un varón ardiente y tan pecaminoso que solo podía existir en mi jodido subconsciente.

Deseaba con locura a alguien que solo aparecía por las noches, adentrándose en mi habitación y en mi cama como un vulgar ladrón, con el único fin de susurrarme fantasías prohibidas.

Fantasías que me hacían jadear como una zorra cualquiera, al imaginar sus grandes y frías manos sobre mi piel sensible, su húmeda lengua sobre mi necesitado sexo y su enorme polla embistiéndome con vehemencia, hasta saciarme, sintiéndome saturado, llenándome por completo; rosando mis limites mientras me sujetaba fuertemente de la cadera hasta marcar sus dedos en mi blanca piel, demostrando que yo soy solo suyo.

Suyo para usarme a su antojo como la puta en la que me convertía entre sus manos. Y él lo sabía, por eso arremetía con salvajismo en mi necesitado interior, logrando que me retuerza entre alaridos inentendibles, gemidos necesitados y palabras obscenas, mientras nuestros cuerpos reproducían un sonido morboso y líquido que incrementaba mi lívido a mil. Rodeándome de un placer tan rico que cada músculo de mi cuerpo se contraía de manera deliciosa contra él.

Aquella voz sabía lo que estaba haciendo, no había caricias vacilantes, ninguna solicitud de permiso, él tan solo se limitó a tomarme, a degustar hasta la saciedad cada parte de mi piel que vibraba con su toque seductor, y ahora yo soy quien toma cada ventaja.

Disfruto al máximo estar con alguien tan seguro de sí mismo en la cama, compartiendo un silencio misteriosamente sensual, cuando él deslizó la lengua desde el centro de mi pecho hasta la oquedad de mi vientre en donde se detuvo, y fue solo para torturarme de forma perversa y erótica. Entonces arqueé la espalda en una muda invitación que no dudó en aceptar, inclinándose hasta que sus labios espectrales tocaron mi oreja... y su lengua depositó una larga caricia.

Sus manos, su cuerpo, todo él. Era demasiado aporte sensorial, demasiado placer envuelto en éxtasis, apresado por una intimidad cegadora y llena de lujuria que se extendió a cada parte de mi cuerpo como una llamarada interminable que estaba a nada de consumirme de dentro hacía afuera hasta reducirme a cenizas.

Entonces un grito se formó en lo profundo de mi garganta cuando un dedo acarició superficialmente mi húmeda y dilatada entrada. Estaba tan mojado por él, por sus caricias libidinosas y besos ardientes, depravados y toscos, llenos de posesividad mundana.

-Tan preparado -ronroneó con burla y su voz aterciopelada erizo cada bello de mi cuerpo hasta ahogarme en un mar de lujuria-, tan mío... mi bochan...

-Más... ¡Ahh~! -el calor entre mis piernas se volvió líquido ante su voz llena de morbo y éxtasis.

Entonces abrí los ojos con la respiración agitada, y como siempre, la habitación estaba en penumbras, aun así lo sentía, su cuerpo grande y frío presionándome deliciosamente contra el colchón mientras sus dedos ansiosos se abren paso entre mi carne caliente, robándome el aliento y la cordura al dejarme contemplar su mirada morbosa, cuyo brillo fluorescente me atrapo entre fantasías tan retorcidas y ardientes como él, mientras permitía que me separara las piernas a su antojo, tocándome con descaro y como me gusta.

Jugaba conmigo con erotismo y con malicia, moviendo su pulgar en aquel punto ultrasensible cuajado de terminaciones nerviosas que me hacían temblar y moverme contra él, excitándolo con mi cuerpo libidinoso, caliente y necesitado de su polla.

Mis manos ansiosas recorrieron su pecho hasta llegar a sus caderas, enterrando levemente mis uñas conforme su dedo se abría paso en mi interior, provocando un corto circuito en mi sistema, tensándome por lo que fue una deliciosa eternidad.

Con trabajo me concentré en su rostro, su sonrisa tentadora y tan malditamente sensual me robo él aire, contemplando con ansias sus labios pecaminosos trazar un sendero de besos húmedos que inició en el centro de mi pecho, deslizando sus filosos dientes sobre mi piel ultra sensible hasta detenerse sobre mi vientre. Y con malicia, su larga lengua se deslizó sobre el contorno de mi ombligo, yendo cada vez más abajo.

Finalmente enterró el rostro entre mis muslos, tomando mi necesitado miembro entre sus labios, matándome despacio con cada lamida, recorriendo toda mi extensión hasta la base, solo para volver a subir hasta la punta y engullirlo iniciando un mete y saca constante que deja mi mente en blanco, ahogándome en placer, mientras bloquea mis sentidos con sus caricias sucias y depravadas que me saben a gloria.

Incapaz de pensar, solamente puedo aferrarme a su cabello, retorciéndome conforme aumenta el ritmo, solo para detenerse segundos antes de que llegue al clímax, tomando mi pierna derecha y elevándola un poco más, abriéndome para él, tal y como le gusta, dejándome totalmente expuesto mientras lame mis testículos con gula, bajando hasta el paraíso prohibido y tan suyo.

Follándome con su lengua y a placer, haciéndome ver estrellas, planetas y malditas galaxias en una explosión de sensaciones indescriptibles, y maravillosas, soltándome solo cuando ha quedado satisfecho de probarme, sonriéndome descarado, relamiéndose los labios y tragándose de forma obscena todos mis fluidos viscosos, obligándome a no perder detalle de su espectáculo.

Sus ojos me miran con malicia mientras se incorpora con erotismo, tomando mis manos para deslizarlas sobre su pecho esculpido y tentador, ayudándome a recorrer su piel cremosa hasta detenerme en su erección gruesa y palpitante que tanto anhelo.

No lo pienso, tan solo me incorporo y deslizo la lengua por su falo caliente y delicioso, metiendo la punta en mi boca succionando con morbo mientras sonidos líquidos y vulgares escapan de mis labios con cada succión que lo estremece. Sonriendo complacido cuando jadea mi nombre, tomándome del cabello para apartarme con brusquedad, arrojándome una vez más contra la cama.

-Preséntate ante mí, Ciel~ -gruñe impaciente.

Mi cuerpo parecía moverse con voluntad propia ante aquel ser descaradamente posesivo y ardiente. En segundos, estaba con el rostro pegado al colchón, elevando mis caderas promiscuas hacia él, mientras mis manos sujetaban mis nalgas, abriéndome tentador, dándole una imagen sucia y descarada.

Repentinamente siento como su gruesa erección se deslizaba entre mis nalgas, y me estremezco de anticipación justo antes de que se entierre con fuerza en mi necesitado y ardiente interior, haciéndome jadear debido a la sensación cruda y más que deliciosa, apretando las sábanas con fuerza mientras curvo la espalda, echando la cabeza hacía atrás, gritando al sentir como me llena, porque sé que le mata saber que me duele y me destroza, al mismo tiempo que lo disfruto como nunca.

Entonces sale casi por completo, volviéndose a enterrar en mi con un gemido ronco que me excita, me hace abrir la boca y cerrar los ojos con fuerza, sintiendo sus finos y largos dedos juguetear con mi lengua y su delicioso cuerpo presionando el mío, besando y mordiendo mi espalda sin dejar de embestirme una y otra y otra vez.

Él logra que mis piernas tiemblen y tenga que sujetarme a las sábanas para no caer. Entonces arremete con brusquedad, follándome por largos y exquisitos minutos mientras pronuncia mi nombre de forma obscena, arañándome la espalda y dándome un par de nalgadas que calientan mi piel.

-Si... así... más... -gimo descarado, importándome muy poco que la piel me arda debido a sus toscas caricias.

Lo siento tan rico. Estoy al borde del éxtasis y él lo sabe, por eso me toma entre sus fuertes brazos, logrando que me incorpore con él y quede sentado sobre su palpitante erección mientras me voltea el rostro con brusquedad y caza mis labios en un beso hambriento y tan demandante como él mientras me obliga a cabalgar frenético, montando su gruesa polla, sujetándome de los muslos con fuerza bruta y apremiante, haciendo que suba y baje más rápido y más intenso.

Liberando mi boca solo para clavarme los dientes en el cuello de forma animal, haciéndome gritar de dolor y un inmenso placer, empujándome a un orgasmo tan violento que me sacudió de pies a cabeza, quedando mi mente en blanco y mi cuerpo laxo entre sus brazos, mientras salía de mí, poniéndome bocarriba, y enterrándose una vez más en mi húmedo interior, hasta generar un sonido líquido y morboso cada que se hundía más profundo, llevándome hasta un nuevo punto febril mientras se corre dentro con un gemido ronco y excitante.

Solo entonces, se inclinó sobre mí, poniendo ambos brazos a los lados de mi cabeza como una prisión sensual de la cual no deseaba escapar, frotando mimoso su nariz contra la mía y repartiendo dulces besos sobre mi rostro, hasta llegar a mi cuello, en donde lamio con cuidado la herida que sus dientes me hicieron momentos antes, saliendo de mi con excesivo cuidado, entre caricias devotas y suspiros de placer que me hacían enamorarme cada vez más de una maldita ilusión. De un demonio depravado que solo aparecía en las noches para follarme.

-Mi Ciel... mi amo... es hora de dormir -ronroneó con pesar.

Y antes de que pudiera hablar, su mano me cubrió los ojos y sus labios atraparon los míos en un suave roce que sabía a nostalgia y tristeza. Era un beso inocente que provenía de una criatura espectral, el cual me condujo a la inconciencia, sintiendo como finas lágrimas empapaban mis mejillas hasta perderse en la almohada, lágrimas que no eran mías, pero dolían como si lo fueran.

Ya no podía soportarlo, cada mañana era presa de una tristeza abrumadora que borraba el placer de cada noche. Hoy no fue diferente, entonces me pregunto si estoy volviéndome loco, aunque por primera vez desde que él me posee, siento mi cuerpo adolorido. Intento pararme y las piernas me fallan cayendo al suelo entre gemidos de molestia y dolor.

Sinceramente ni yo sé cómo rayos logre llegar al baño, pero tras una ducha rápida, envuelvo mi cuerpo en una toalla blanca, caminando aun tambaleante hasta el espejo de cuerpo completo y lo que veo me deja con la boca abierta, asustado y sorprendido dejo caer la toalla para verme mejor.

En la coyuntura de mi cuello y hombro tenía la marca de una maldita mordida que estaba a nada de tomar un tono purpureo y que al intentar tocar me punzó no solo esa zona sino todo el cuerpo. En el pecho tenía incontables marcas de succiones y arañazos y en las caderas se me marcaban perfectamente diez largos dedos al igual que en mis muslos.

Extrañamente pensé que no era la primera vez, entonces sujete mi cabeza con fuerza y di varios pasos atrás, como si intentara huir de algo desconocido, siendo invadido por una avalancha de imágenes que saturaban mi mente una tras otra, obligándome a cerrar los ojos por lo que creí y fue una eternidad, cuando los abrí, me encontraba en la azotea de mi edificio completamente vestido.

Me puse en pie ignorando todo y camine hasta la baranda, subiéndome de un salto, importándome muy poco que sean más de veinte pisos. El viento golpeaba con violencia mi rostro y el frío aire me asfixia, aun así mi cuerpo fue inundado de un calor familiar.

-Salta a mis brazos -murmuró.

Y le obedecí ciegamente, no observe hacia abajo en ningún momento y entonces lo entendí todo. No era una ilusión o un espectro quien me tomaba cada noche, y tampoco era la muerte quien me abría los brazos en este momento, era un demonio, mi demonio...

-¡¡Sebastián!!

~ * o0O0o ♦ o0O0o * ~
Fin


Hola!! No me pude resistir a escribir esto, solo espero que os haya gustado y que mi pequeño escrito no traumara a alguien xD

Si llegaste hasta aquí no te olvides de comentar y votar 😉😉 siempre me hace feliz saber que piensan.

Por el momento me despido y os deseo un lindo día :3






Haruka Eastwood 😘



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