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CAPÍTULO 18

Dentro del castillo había mucha movilización, más que en muchos años. Se corría la voz por los pasillos del hogar de Alkor, que una humana estaba pisando terreno y que probablemente, era una compañera de alguno de los hijos del rey Gagoras. Muchos no lo creían, otros se apiadaban del destino de alguno de los príncipes de Draconian, pues sabían de antemano que Gagoras repudiaba a los mortales. Sin embargo, no había mucho que decir, pues a pesar de que ahora el chisme se esparcía como pólvora, respetaban demasiado a la familia real, por lo que ni siquiera se atrevían hablar mal de ello. Un hada de la sanidad llegó a los pocos minutos, seguido detrás del hermano del Dragón. Éste caminaba en dirección a la pareja con una sonrisa de oreja a oreja. Alkor por otro lado ya podía escuchar las sartas de idioteces que su hermano menor tenía preparado. En ocasiones, Grek podía ser un grano en el trasero. Pero a pesar de todo, su lealtad estaba totalmente puesta en manos de su hermano mayor.

Gagoras iba a un lado del Hada, cuchicheaban entre ellos, pero nada de qué preocupar a su primogénito por supersticiones o al menos eso se pensaba. Cuándo habían acudido con el Hada ella pensó que Grek ya había metido la pata con alguna Dragona, pero, todo lo contrario, era el futuro rey de Draconian de quién se trataba. Estaba mucho más que sorprendida, daba sus más grandes condolencias a la pobre alma que habían elegido los seres celestes como compañera del Dragón implacable.

Eve aferró su mano a la mano izquierda de Alkor y la joven le miraba de una manera tan dulce que solo estaba esperando a que toda ésta mierda acabara para poder poseer a su mujer toda la noche. Ahora que había probado la gloria entre sus piernas, dejarla dormir tranquila no sería una opción por un buen tiempo. Muy dentro de él temía que tan solo le hubiera preñado. Era imposible, no podría ser aquello.

—No pierdes el tiempo, picarón—Decía Grek mientras brincaba con cada paso que daba y repartía sonrisas a los cuatro individuos que se encontraban en la habitación —No la dejaste ni respirar, y ahora ya te la preñaste.

Eve apretó la mano de Alkor buscando protección o algo para defenderla de tremendos disparates de su ahora cuñado. Alkor comenzó a llenarse de mucho coraje y el humo salió de sus narices. ¿Cómo se atrevía a expresarse de esa manera de su mujer? Le cortaría la lengua o peor aún, lo descuartizaría vivo.

—¡Lagartija inmunda! ¿Es que tú quieres morirte, imbécil? —Alkor era amenazante, pero, aun así, Grek no podía evitar sonreír como chicuelo —Cuando termine todo este asunto, juro por la corte de Draconian que voy a partirte el hocico.

—Alkor, compórtate.

Eve lo jaló y lo hizo sentarse a su lado. El enojo comenzó a fluctuar y se controló. No quería darle más preocupaciones a Eve. Ella escondió su cabeza en el hueco del hombro de Alkor y respiró profundamente. Gagoras y el hada habían estado callados, hasta que ella decidió hablar.

—Hola Eve, soy Sarama —sonrió —voy a realizarte algunas pruebas ¿de acuerdo?

Aquella hada era de piel plateada y cabellos escarlatas. Sus ojos eran dos orbes grises ónix y facciones afiladas, con dos halas de color blanco y un vestido del mismo color. Tomó a la humana de su mano y la hizo levantarse del lado de Alkor para encerrarse en el baño que tenía la sala. Eve se iba alejando de Alkor, y sentía una angustia crecer con cada paso que daba. Al cruzar por la puerta, la humana volteó en dirección de Alkor, sintiéndose segura de qué al salir del baño, él estaría esperándola.

Gagoras, Grek y Alkor se quedaron en silencio mirándose los tres fijamente, sin perder detalle del uno del otro. Se sentía la tensión en el aire por parte de Alkor y Gagoras, mientras tanto Grek imaginaba a quién se parecería su futuro sobrino.

— ¿Y cómo lo llamaran? —Soltó Grek a lo que Alkor casi sintió que se le iba el alma.

Gagoras reprimió una carcajada mientras carraspeaba y miraba interesado al techo.

— ¿Llamar? —Alkor estaba a punto de perder los estribos con su hermano el metiche.

Grek lo miró como si fuese obvia la conversación. Alzó ambos brazos y pequeñas llamas salieron de sus dedos. Tomó asiento en el sofá y pasó sus manos hacia su nuca.

—Mi sobrino —Respondió obvio —Ojalá sea un varón, si así cuidas a tu mujer no quiero pensar que le harías a tu futuro yerno.

Y ahora el imbécil de Grek hablaba de sus hijos y sus futuros compañeros. Grek no se medía en ocasiones ni podía visualizar la situación tan tensa que estaba viviendo su hermano mayor, Alkor estuvo a punto de saltarle encima cuándo un golpe en el suelo los hizo callar. Gagoras había dado un golpe en el suelo con una de sus piernas, su aura era como las flamas azules.

Alkor se calló porque no quería violentar más las cosas, no porqué le tuviera miedo.

—Grek, no seas imprudente ¿Qué no ves que lo asustas? —Gagoras se tocaba la sien. Alkor cerró sus ojos mientras chasqueaba la lengua —Y tú Alkor, ves que tu hermano tiene alma de niño, tenle paciencia.


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Detrás de esa puerta Eve se metió en una bañera completamente desnuda. Su larga cabellera cubría sus pechos y se sonrojaba al tener que estar en esa situación tan bochornosa. El agua estaba caliente. Su cuerpo se estaba relajando y respiraba con tranquilidad.

No pasaría nada, todo estaba bien. Ella definitivamente no estaba embarazada.

Era lo que intentaba decirse a sí misma. Samara se acercó a la bañera y se acuclilló mientras sostenía una de las manos mojadas de Eve.

—Voy a echar en el agua ésta pócima, son flores de Huull, de una de las montañas privadas del rey Gagoras —Comenzó a explicar el Hada. — La esencia de éstas flores permiten reconocer si hay vida en un ser o no. Dentro de cinco minutos sabremos si estás o no embarazada.

Era todo muy difícil de asimilar. Eve asintió y Samara dejó caer el líquido azul marino en la enorme bañera. Samara se alejó un poco de Eve y fue a preparar otras cosas. La rubia veía el agua tornarse en un nuevo color, quizás habrían pasado dos minutos cuando pasó algo extraño.

La marca que Alkor le había hecho en su hombro y que tenía forma de Dragón comenzó a brillar. Samara al notarlo, se acercó a Eve extrañada. El hada le acarició aquella marca y ésta la hizo quemarse. Frunció su ceño al ver como Eve tenía los ojos cerrados y éstos se movían por debajo del parpado. ¿Qué estaba pasando? Invocó su libro de hechizos esperando que fuera un efecto secundario de aquella poción ya que es extremadamente extraño que se utilice y más con humanos, por lo que creía que esa sería la razón de que se estuviera comportando de esa manera.

"Eve se encontraba en un lugar completamente lleno de Oscuridad. Lo único que se escuchaba, era como si gotas de agua estuvieran cayendo desde un pozo. No se movió para nada y forzaba su vista para poder ver algo más. Un puntito de luz se asomó entre la densa oscuridad e inmediatamente Eve comenzó a caminar hacia ella.

Cada paso que daba una fuerte molestia crecía en su vientre. Debía de salir lo antes posible.

— ¿Qué es esto? —Preguntaba Eve mientras llevaba sus manos a su vientre.

Se quedó quieta a medio camino cuándo aquella luz comenzó hacerse más grande. Escuchó varias voces en el mismo lugar que ella. Eran demasiadas, y comenzaban atormentar a Eve. Cayó de rodillas soportando aquel dolor que comenzaba a sacarle lágrimas.

El aroma de la Vainilla la inundó y eso le bastó para levantar el rostro, pues las voces habían cesado de golpe.

Una chica de largos cabellos castaños y ojos marrones la observaban. Su vestido era de color lila y se veía antiguo. La chica era hermosa, pero algo en su mirada le hacía encogerse. Ésta la miraba con odio.

—Así que eres tú. —Su voz parecía como un suave roce del viento. Pero era tan letal como una daga al cortar.

—¿Quién eres tú? —preguntó Eve. Aquella castaña la intimidaba demasiado.

Ésta chica ladeo una sonrisa forzada.

—Aurora —respondió, y de pronto, Eve recordó que ese nombre ya lo había escuchado antes, era la persona que selló a Alkor —un hada purificadora que fue muy poderosa.

Eve comenzó a tener miedo de lo que sus palabras podían significar. ¿En dónde se encontraba Eve y porque Aurora estaba en el mismo lugar que ella? Pues a simple vista, parecía saber más que la misma Eve.

—¿Qué hago en este lugar y qué es lo que quieres?

Aun con el dolor en su vientre se levantó dándole frente a ésta mujer. En su hombro derecho llevaba colgado un arco y no fue hasta ese momento que notó que en ese mismo costado se le veían unas garras muy grandes enterradas. La aparición de Aurora fue tan sorprendente para Eve como para ella misma. Aurora cargaba con el pecado de su traición y revivía constantemente las condiciones en las que ella había muerto a causa del dragón negro. Eve le vio sangrar a Aurora, pero ésta parecía no prestarle demasiada atención a sus heridas, los ojos marrones de Aurora estaban puestos en Eve.

—No sé qué es lo que pase en tu mundo, pero estás aquí por una terrible casualidad. —Aurora se acercó dos pasos a ella y extendió su mano a los cabellos rubios de Eve, ésta última se quedó inmóvil — Yo lo único que quiero es salir de éste lugar y poder descansar en paz, pero hasta eso... ese maldito me quitó. Y tengo que estar atada.

A Eve no le interesaba lo que ocurriese con Aurora, quería volver con Alkor.

—No has contestado a lo que te he preguntado. —Dijo Eve totalmente dispuesta defenderse. —¿Qué es este lugar y que quieres?

Aurora dejó de acariciar el cabello de Eve y su mirada se oscureció.

—Ésta es mi prisión eterna. —contestó molesta —Es lo más escondido de tu alma y yo lo único que quiero es que me liberes. — ¿Qué la liberara? Estaba soñando. Cuando estuvo Eve por contestarle, ella gritó del puro dolor al sentir como algo se movía en su vientre. Aurora al ver lo que ocurría soltó un alarido —¡Mil veces maldito, maldito, maldito!

No entendía nada de lo que aquella mujer le estaba diciendo. Pero Eve veía la molestia de ella.

—No me interesa qué es lo que quieres ¡solo vete!

Aurora se dio la vuelta violentamente, sintiendo en ella un odio tan profundo. El corazón le ardía en coraje, se acarició su hombro y observó la sangre de ella misma. La castaña se fue alejando de Eve y soltó, por último:

—Pronto sabrás de mí y juro que sufrirás por ello".

Eve despertó abruptamente mientras soltaba un grito de dolor. El hada se había quedado sin palabras, era un hecho que no podía articular palabras. ¿Había funcionado?

Alkor entró como relámpago, destruyendo la puerta del baño y se quedó tieso en su lugar. No podía respirar y no daba crédito a lo que sus ojos veían. Su pulso se disparó.

—Eve ¿Pero qué diablos...?

Alkor había perdido el color de su piel. Eve solo miraba borroso. Escuchó otras voces, pero un fuerte dolor en el vientre le impedía la concentración.


© J. ZARAGOZA

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