Wong YuKhei» NCT; prt. I
Dedicado a _AnnBann_ , porque gracias a él esta historia existe.
Para Wong YuKhei, mejor conocido como Lucas por sus más cercanos, verse en la obligación de asistir a reuniones y fiestas de negocios junto a su padre, siempre se le había hecho algo sumamente tedioso y desagradable. No le gustaba. Le incomodaba e irritaba, de una manera que pocos llegarían a comprender, el tener que calzarse una máscara de falsa cordialidad para tratar con todas esas personas que jamás en su vida, se hubieran volteado a verlo o a dedicarle un simple saludo si no fuera por el poderoso y llamativo título de "heredero del imperio Wong" que cargaba sobre sus hombros desde que nació.
Todos ellos se inclinaban ante él cuando avanzaba, pero no porque de verdad lo reconocieran como individuo. Mas bien, lo hacían por respeto a lo que su apellido significaba y el futuro esplendoroso que le esperaba, el cual podría volverse beneficioso para ellos si sabían cómo jugar sus cartas.
Tensando los labios de la manera más disimulada que se le fue posible, e intentado que su cara no se arrugara tanto como para terminar delatándolo después de todo, ahogó dentro de su boca el poderoso bostezo que decidió hacer presencia en el momento menos adecuado. Parpadeó dos veces seguidas para aclarar su vista y suspiró con suavidad, sin dejar de observar cómo los resecos y grotescos labios de aquel hombre - que le parecía que rondaba entre los cincuenta y la muerte -, se movían sin cesar en un discurso que oía, pero que dejó de escuchar desde hace un buen rato, cuando se dio cuenta de que no era capaz de comprenderlo.
¿Cómo era aquello posible?
Ambos hablaban chino, su idioma nativo; el idioma que llevaba hablando desde que tenía memoria y en el que estaba seguro de que se desenvolvía muy bien, pero todavía y así, no era capaz de entender ninguna de las palabras que salían de su boca.
Sentía como si ese tipo le estuviera hablando en alemán o árabe, y eso lo estresaba enormemente.
Harto de la situación, se excusó con los presentes con la falsa necesidad de ir al tocador, ya que ellos, sumado a su incapacidad de concentrarse, habían conseguido que su frustración llegara a otro nivel. Ni siquiera podía comprender sus ocasionales chistes que eran un pobre intento por hacer la plática de negociosos más amena para todos, y se sentía cansado de no solo fingir risas cada tanto, sino que también de las exageradas carcajadas de los demás, los cuales le parecían unos jodidos chupa medias.
Atravesando el salón en dirección al baño con sus manos escondidas al interior de los bolsillos de sus pantalones de vestir color negro, se permitió suspirar con fuerza mientras se cuestionaba por, tal vez, treintainueveava vez, si la vida que estaba viviendo era la que realmente quería.
Estaría mintiendo si dijera que tener poder y dinero le disgustaba, porque ese no era exactamente el problema. El problema era lo que venía de la mano con ello.
Lo que le disgustaba y agotaba a Yukhei era la constante presión de las expectativas de los demás sobre él; era el que su vida se viera continuamente expuesta al público para poder ser juzgada por desconocidos desde que era solo un niño; era el tener que desconfiar de manera constante de las personas que se acercaban a él por temor a la posible traición o el interés por lo que significaba ser el único hijo de uno de los hombres más poderosos de todo Hong Kong; era que, ridículamente, no podía tener la vida normal de un adolescente de veintiún años que creía merecer luego de haber dedicado toda su vida, a ser el hijo perfecto y sin escándalos que su progenitores le pidieron que fuera desde que tenía uso de razón.
"La imagen lo es todo en este mundo" Era lo que su padre todo el tiempo le repetía y, a pesar de que estuviera de acuerdo con él, el mantener la imagen del chico perfecto caga bombones que le obligaron a adaptar desde que tuvo la capacidad de caminar por sí mismo, lo tenía enfermo.
Ese no era él. Todavía no era capaz de definirse a sí mismo y saber bien quién era o su propósito en esta vida, pero, definitivamente, no era aquel irreprochable muchacho que no rompe un plato al cual los medios de comunicación tanto les gustaba alabar todo el tiempo.
Quería experimentar cosas nuevas. Vivir como su abuelo materno tanto le decía que hiciera. Quería deshacerse de esa horrible soga que atenazaba su cuello y lo hacía sentir asfixiado la mayor parte del tiempo.
Deseaba, por una vez, romper las reglas para degustar el tan anhelado sabor de la libertad con el que había soñado más de una vez. Las ganas de alterar los humos, de hacer algo malo, rugían latentes dentro de él y solo necesitaba un ligero empujoncito para hacerlo. Y ese empujoncito terminó llegando en la llamativa forma de una figura femenina enfundada en un elegante vestido color azabache tan oscuro y brillante, como lo era tu larga cabellera.
Inconscientemente retrocedió dos pasos seguidos, creando distancia entre ti, una joven de rasgos occidentales que impactó contra su cuerpo cuando se disponía a adentrarse en el pasillo que daba hacia los baños, y él.
— Perdón. No estaba atento — se apresuró a disculparse, creyendo de inmediato que la culpa era suya por haberse permitido sumergirse de manera tan profunda en sus propios pensamientos.
Lo observarte con los ojos divertidamente más abiertos de lo normal, y con tus labios tintados de un suave color cereza entreabiertos. Tu nariz se arrugó de forma sutil, detalle que a Wong no se le pasó por alto, y tus ojos castaños se movieron hacia arriba mientras obligabas a tu cerebro a trabajar a toda su capacidad para recordar lo poco de chino que YangYang había podido enseñarte durante el viaje.
Entretanto obligabas a tus neuronas aún vivas a hacer sinapsis de una vez por todas, él te admiró en un fascinado silencio, sintiéndose ridículamente atraído por una desconocida extranjera que era incapaz de entenderle una simple disculpa.
— Hum... Yo... Mi culpa. Perdón. — Te inclinaste en una reverencia tras hablar en un pobre e inseguro chino que le sacó una gran sonrisa llena de ternura al más alto, quien no podía quitarte los ojos de encima. Era obvio que apenas y sí sabías un poco del idioma y verte ahí, intentado disculparte con él por algo que fácilmente pudo ser su culpa y no la tuya, le parecía de lo más adorable y jocoso a la vez.
Percibiste como el calor subía a tu cara por tu deplorable dominio de la lengua, sintiendo que era tan patético como las traducciones de traductor Google en sus inicios, pero de igual manera mantuviste la cabeza en alto, tragándote la vergüenza que sentías para corresponder a esos profundos y desoladores ojos que te observaban desde arriba y que, por poco, consiguen hacerte suspirar.
El chico entraba con honores a tu ranking de hombres guapos.
Las comisuras de los labios de Lucas tiraron en una seductora sonrisa y lo único que pasó por su mente, fue una pregunta que, obviamente, se guardó para sí mismo: chica, ¿acaso tú también puedes sentir esta atracción?
Se permitieron perderse en el contacto visual por unos escasos segundos, entendiéndose mejor a través de las miradas que las palabras. Lucas, dispuesto a decir algo en inglés — ya que a pesar de no ser un idioma en el que se manejara con mucha soltura imaginó que podía serle de utilidad ahora —, abrió la boca para preguntarte algo y mantenerte un poco más de tiempo junto a él si tenía buena suerte, pero la repentina presencia de un joven de llamativa cabellera naranja, lo interrumpió.
— ¡Aquí estás! — dijo el joven en lo que Yukhei dedujo que podría tratarse de español, aunque tampoco es como que estuviera muy seguro. — ¿Qué está pasando aquí?
— Yo... choqué con él — respondiste con sinceridad, dándole otra mirada al alto moreno con un campo magnético muy potente a tu parecer. — Y no estoy segura de sí llegó a comprender mi pésimo chino, YangYang.
— Okey, yo me ocupo — habló YangYang, tu amigo y ahora traductor, palmeando tu brazo y posando su atención en Lucas, quien miraba a ambos como si estuviera siguiendo una pelota imaginaria y con una clara expresión de no comprender ni una palabra de lo que decían.
Y eso lo hizo soltar una tonta risa entre dientes. Porque no tenía la más mínima idea de qué habías dicho. Podrías estar sacándole a su propia madre y él no lo sabría, pero le gustaba ver la forma en que tus labios se movían al pronunciar todas esas palabras que, a sus oídos, sonaban tan sexys sin una gran razón en particular más que el hecho, de que se sentía muy atraído hacia ti.
<< ¡Oh, Dios! ¡Hendery se reirá tan fuerte de mí cuando le cuente de esto! >> Pensó, cayendo en la cuenta de lo extraño y tonto que podía llegar a ser su actual situación.
Prestándole poca atención al delgado chico ante él que se encargaba de darle unas respetuosas disculpas en su idioma natal de tu parte, asintió sin despegar sus ojos de los tuyos y, cuando el joven al fin terminó de hablar, la única pregunta que salió de la boca de Lucas fue una que dejó al muchacho con una ligera expresión de sorpresa.
— ¿Puedo saber su nombre?
— ¿El mío? — preguntó YangYang, no comprendiendo a la primera a quién se refería realmente Yukhei.
— Si quieres decírmelo no tengo problema, pero me refería a la dama junto a ti — le aclaró, sin dejar ese tono carismático que siempre lo acompañaba.
Los colores se subieron al rostro de tu amigo, y eso te hizo desear el poder ser capaz de entender lo que ambos estaban hablando para, al menos, saber si el reírte de él era adecuado. ¿Qué le había dicho ese desconocido a tu traductor como para hacerlo sonrojar de esa manera? ¿Acaso le estaba coqueteando?
— ¿Qué está pasando, YangYang? ¿Qué te está diciendo? — te rendiste a cuestionarle, luego de que presionarlo de manera silenciosa con la mirada no funcionara para nada.
— Él... quiere saber tu nombre. ¿Se lo digo?
— ¡Oh!... — Tu mirada viajo de YangYang a Lucas y, sin evitar sonreír, asentiste. — Solo si él también me dice el suyo.
— Jamás creí que terminaría como traductor en medio de un coqueteo con un extraño cuando me trajiste para traducir un discurso....
— ¡Eh! ¡Que te estoy pagando! No es como que me estés dando servicios gratis.
— Sí, sí. — El de pelo anaranjado suspiró dramáticamente e hizo lo que le pediste, sin poner más quejas.
"Wong Yukhei, pero puedes llamarme Lucas".
<< Pues, eres muy guapo, Lucas >> Pensaste, sonriéndole mientras escuchabas como YangYang se disculpaba con él y te empujaba con delicadeza para que te dirigieras al escenario, ya que en tan solo unos minutos tendrías que subir a dar tu discurso de agradecimiento por el que hubieran decidido invitarte, en representación de tu compañía, a en un evento de negocios tan exclusivo e importante como lo era este. Eras la primera persona que ponía un pie ahí en representación de una empresa de origen latinoamericano, y ese era un logro que valía la pena recalcar.
El imperio que habías creado con tanto esfuerzo no era una broma, y ellos se habían dado cuenta de aquello cuando se fijaron en las increíbles ganancias que obtuviste el último año.
— Nos vemos, Lucas — Fue lo último que él pudo escuchar, antes de que te perdieras entre la multitud en compañía de tu amigo.
Inspirada en Love Talk de WayV (english ver.), porque es tremenda canción y me encanta ✊😔
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