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II

El número dos; se trata de aquel número natural siguiente al uno y que precede al tres.

¿Y qué mejor que ejemplificar el número dos en las parejas?

Mingyu y Wonwoo eran pareja, por ejemplo.

Ellos dos. Y ya está, no había nadie más y jamás lo habría, porque si lo hubiera, la armonía implícita de su día a día quedaría comprometida.

Eran aquella típica pareja que todos envidiaban. Mingyu, el jefe de pediatría y Wonwoo, urgenciólogo a punto de convertirse en el jefe de la especialidad. Tan perfectos juntos que incluso dolía creer que no podría haber jamás una pareja que se complementara tan bien como ellos dos.

Eso hasta que llegó el interno Boo Seungkwan al hospital, un chiquillo hiperactivo, que hablaba hasta por los codos y buscaba atención incluso cuando todos siempre lo miraban.

Y comenzó siendo extraño, porque de pronto todos se preguntaban qué clase de persona sería Seungkwan, siendo algo así como la tercera rueda en la pareja perfecta del hospital.

¿Acaso él deseaba separar a Mingyu y Wonwoo para quedarse con alguno? Quizá era algo así como la discordia reencarnada.

Empezó con Wonwoo. De pronto todos lo veían rondar en la sala de urgencias aunque no estuviera en rotación de dicha especialidad, soltando risas coquetas al médico que le sonreía con dulzura cada que Seungkwan murmuraba a su oído.

Después fue con Mingyu. Todos siempre encontrando al interno en situaciones un tanto cuestionables dentro de la oficina del mayor, compartiendo cafés mañaneros y pláticas más extensas que una simple charla formal.

Y la cosa estaba así; Seungkwan no sabía que en realidad ellos dos eran una pareja. Al menos no lo sabía hasta encontrarlos dentro de los sanitarios metiéndose mano descaradamente en plena madrugada.

Ciertamente jamás espero ver a sus superiores en una situación tan comprometedora.

—¡Lo siento! ¡Juro que no los escuché antes! —se excusó el castaño cerrando la puerta del cubículo con fuerza.

Seungkwan caminó a paso rápido para poder salir, o al menos eso creyó, porque incluso antes de que sus dedos rozaran la perilla del baño se vio acorralado por los dos grandes hombres.

—¿Estás tratando de huir? —indagó Wonwoo con media sonrisa que logró hacer a sus lentes resbalar ligeramente en el puente de su nariz. Sus brazos reposaban en la puerta tras Seungkwan y le impedían siquiera mover la cabeza hacia los costados.

—¿Qué? —el menor cuestionó, confundido y con la voz temblorosa.

—Que si tratabas de escapar de nosotros —repitió Mingyu de manera juguetona. Su mano reposaba sobre la cadera de Wonwoo y asomaba su cabeza sobre el hombro del mismo.

Seungkwan tragó en seco, sintiendo su garganta arder. ¿Qué se supone que debía decir?

Si, bueno, le gustaban ambos. Pero ellos dos parecían ser una pareja y Seungkwan no tenía intenciones entrar en aquella ecuación. Lo único que le restaba era disculparse por haber estado tonteando con los dos médicos a la vez.

¿Pero como haría eso sin morir de la vergüenza? En todo caso, ¡sus mayores también fueron culpables! ¿Cómo se les había ocurrido dejar que el menor les coqueteara tan descaradamente estando saliendo entre ellos?

Para su suerte, ya fuera buena o mala, la misma puerta en la que recargaba su espalda sonó con un par de golpecitos de pronto y los tres se tuvieron que alejar un par de pasos para que la persona que deseaba entrar lo hiciera, cortando todo el ambiente tenso que se había formado a su paso.

—Ah, doctores; no pensé que fueran ustedes quienes estaban dentro —se excusó Seokmin, un bonito enfermero relativamente nuevo en el hospital, mirando a los superiores. En cambio cuando detalló la figura de Seungkwan, con sus bonitas mejillas sonrojadas y la mirada fija en el piso, sonrió para sí —. Y también tú, Kwannie —mencionó dando un paso al frente para tratar de pasar su brazo sobre los hombros de su amigo-o-algo-así, porque a pesar de que a Seokmin le gustara el interno, la realidad era que el menor nunca lo deseaba cerca.

Mingyu dio un paso frente a Seungkwan antes de que el hombre se acercara más y Wonwoo le sujetó la mano al interno, entrelazando sus dedos y sintiendo a Seungkwan temblar.

—Ya nos íbamos, de cualquier manera —aclaró el más alto.

Wonwoo se limitó a asentir en concordancia mientras seguía a su pareja fuera del lugar, jalando consigo a Seungkwan, quien aún se encontraba sin palabras.

—¿Por qué ese chico siempre trata de estar contigo? —indagó Wonwoo.

—Si, ¿están saliendo o algo así? —se quejó Mingyu. —Se supone que tú eres solamente de nosotros.

"De nosotros." ¿Qué se supone que debía significar eso?

Seungkwan no pudo ni avergonzarse más ni reprochar nada cuando se dio cuenta de que los mayores ya lo llevaban hacia las puertas de cristal, que dejaban ver la noche fría, y anunciaban la salida del hospital.

—No puedo irme —aseguró entonces con preocupación tratando de poner (inútilmente) alguna clase de resistencia —. Aún debo terminar mi guardia.

—No te preocupes por eso. Joshua nos debe un favor, así que se encargará de ello —le aseguró Mingyu volteando y regalándole un rápido guiño.

Seungkwan sintió a Wonwoo apretar ligeramente su mano mientras lo obligaba a seguir caminando. —No te lo pienses tanto —le dijo —. Sabemos que ha sido un día pesado para ti. ¿Cuánto tiempo llevabas en la guardia?, ¿unas 15 horas?

—Veinte, en realidad —aclaró mirando el camino que restaba por recorrer hacia donde sea que lo llevaran.

Woah, pobrecito. Nuestro Seungkwannie debe estar tan cansado —murmuró con un puchero antes de sacar un par de llaves de su bolsillo y abrir las puertas de su auto —. ¿Por qué no dejas que te llevemos a casa?

Wonwoo suspiró mientras acomodaba el armazón de sus lentes después de soltar la mano del interno. —Mingyu está tratando de ser amable con preguntarlo. Te llevaremos de cualquier modo. Hoy no traes auto, ¿cierto?

Seungkwan asintió y simplemente se dejó guiar hasta los asientos traseros.

Se mantuvo en silencio mientras Wonwoo se abrochaba el cinturón del asiento del copiloto y Mingyu encendía el motor del auto después de deshacerse de sus batas blancas.

El castaño decidió no indagar ni hacer ninguna clase de escándalo cuando el pediatra se desvió del camino que llevaba a su casa. Porque si, Mingyu sabía dónde vivía; incluso, aunque le costara aceptarlo, Wonwoo también lo sabía.

—¿Y qué especialidad tienes pensada? Urgencias siempre tendrá las puertas abiertas hacia ti —preguntó el mayor después de unos minutos más en silencio.

Uhmm. Pensaba en pediatría, al final del día me encanta tratar con niños.

—Ah, pediatría es definitivamente tu mejor opción. Sin decir que tendrás tiempo de sobra a mi lado. —Mingyu sonrío para el pequeño interno a través del espejo retrovisor.

—Tonterías —se opuso Wonwoo —. Urgencias es mejor. La adrenalina nunca baja estando en esa sala.

Seungkwan soltó una risilla y se mordió el labio ante la comodidad que había adquirido con ambos mayores.

Si, a Seungkwan le gustaban Mingyu y Wonwoo. Pero a ellos dos también les gustaba el menor.

—Esta no es mi casa —murmuró Seungkwan, como si no fuera ya muy obvio, cuando se encontraron frente a un edificio imponente e incuestionablemente caro.

Mingyu y Wonwoo compartieron miradas cómplices cuando los tres bajaron del auto.

—No lo es. Pensamos que estaría bien que te relajaras con una bebida —ofreció Mingyu mostrando en su sonrisa sus colmillos.

Seungkwan no vaciló ni un momento. Al menos, si no podría salir con ninguno de los dos, ya iba a hacerse un buen amigo de la pareja.

Después de entrar subieron por el elevador hasta el último piso y Seungkwan boqueó asombrado cuando Wonwoo abrió las puertas del departamento.

—Ponte cómodo —susurró el mayor en su oreja, haciendo a su piel escocer.

El menor se dejó guiar por Mingyu hasta adentrarse en el lugar, y terminar cayendo suavemente sobre el sofá que parecía más caro que toda su casa. Pronto sintió a Mingyu posicionarse detrás del respaldo del mismo y comenzar un suave masaje sobre sus hombros.

—Estás demasiado tenso, cariño.

Seungkwan pasó por alto aquel apodo ante la satisfacción que sentía de manera repentina, aunque ciertamente con él latente temor de que los mayores decidieran confrontarlo de forma repentina.

Pero, ¿por qué tomarse tantas molestias si harían algo así?

Cerró los ojos e imaginó que Wonwoo dejaba un par de copas sobre la mesa ratonera que tenía enfrente por el golpecito del cristal contra una superficie dura.

Cuando sintió la plaza a su lado hundirse se atrevió a abrir los ojos, encontrando el rostro de Jeon Wonwoo peligrosamente cerca del suyo.

—Nos preguntábamos si, de alguna manera, quisieras unirte a nosotros —explicó Wonwoo con la voz más gruesa de lo normal mientras su mano vagaba libremente sobre el brazo contrario.

—Suena a que son parte de una secta —murmuró Seungkwan para sí mismo, creyendo que quizá se trataba de alguna clase de ensoñación. Pero sus mejillas ardieron cuando Mingyu rio y se percató de que en realidad lo que surgía frente a él era alguna clase de propuesta indecente y no un enfrentamiento directo.

—Ugh, nos cortas la inspiración —trató de aligerar el ambiente Mingyu — Hablamos de salir, ya sabes.

—¿Salir? —se sorprendió el castaño, apartándose del
toque de Mingyu y la cercanía de Wonwoo. —Perdón, pero yo...

—Hablamos de algo más estable que un par de noches, si es lo que te estás imaginando —le aclaró Wonwoo —. En realidad buscamos algo más formal contigo.

—Y no tienes que sentirte culpable —interrumpió Mingyu una vez más —. Ambos —se señaló a sí mismo y al azabache con lentes —gustamos de ti; y es evidente que tú gustas de nosotros.

Seungkwan se pellizcó el dorso de la mano. Pero no. Definitivamente no estaba soñando.

Aún así...

—No lo sé —admitió con algo de vergüenza —. No quiero que algo entre ustedes termine mal por mi culpa. —Suspiró pesado y desvió la mirada cuando Mingyu rodeó el sillón para acuclillarse frente a él. —Tampoco querría que la gente se enterara de algo y comenzara a hablar mal de ustedes.

—¿Y de ti no te importaría que hablaran mal? —indagó Wonwoo medio molesto. —Aunque lo hicieran nos aseguraríamos de que nunca más abrieran sus bocas.

Seungkwan se limitó a alzarse de hombros con media sonrisa. —La gente ya habla de mi.

—Se le llama envidia, cariño. —Mingyu sonrió, tratando de desviar el tema, mientras su mano se deslizaba ligeramente sobre la cadera del menor. —Un interno bonito, el mejor de su clase y bueno en todas sus rotaciones, perseguido por los dos médicos más guapos del hospital...

—Pretencioso —se burló Seungkwan, tratando de esconder el ensordecedor latido de su corazón cuando el mayor de todos apresó su muslo con su mano.

Wonwoo se mordió el labio ante la mirada de Seungkwan después de su movimiento. —Modesto, precioso —corrigió —. Ellos solamente se mueren por ser tú.

—Wonwoo tiene razón. Mira, Kwannie; ¿qué te parece si te dejamos probar un poco, y así te lo piensas?

—Danos una noche —complementó el azabache, siguiendo con sus ojos el recorrido de su propia mano en el muslo del interno.

El menor vaciló una vez más cuando sintió la piel hirviente de las palmas de Mingyu apresar sus mejillas.

—Solamente tienes que decir que sí.

—Yo... Está bien.

Los números romanos, representados con letras del mismo alfabeto, cumplen con la función de ser sistemas tanto de numeración como contabilización.

Si embargo, el número II romano, a veces suele implicarse en un sentido completamente alejado a los señalados con anterioridad.

—Esto no es... ah. Esto no es lo que esperaba —aseguró Seungkwan apenas pudiendo hablar.

Su mejilla reposaba sobre la cama de los mayores y sus manos eran apresadas de manera brusca tras su espalda gracias al agarre de Mingyu sobre sus muñecas.

—Si puedes hablar no estoy haciendo mi trabajo bien, ¿o sí? —se burló Mingyu adentrándose en el chico una vez más.

Wonwoo por fin decidió moverse un poco, se levantó de la orilla del colchón y gateó hasta quedar frente a la sudada cara del menor. Apresó el cabello de Seungkwan y lo jalo hacia arriba para que levantara su rostro y abriera la boca. El mayor suspiró cuando Seungkwan balbuceó algo incomprensible después de que lo besara con fiereza.

—¿No te... no te unirás? —indagó Seungkwan con un par de hilillos de su propia saliva escapándosele por el placer.

—Cariño, no preocupes —le pidió Mingyu con una media sonrisa asomándose cuando la piel de la espalda de Seungkwan se erizó bajo él —. A Wonu le gusta observar.

—Igual podrías ayudarme un poco, si quieres —le aseguró el mayor guiñándole un ojo a Seungkwan y guiando su cabeza hasta su erección.

Mingyu liberó los brazos del menor y le permitió a Seungkwan apoyarse en ellos antes de que succionara la punta y terminara engullendo por completo a Wonwoo, llegando hasta el borde de su garganta.

Lamía al mismo tiempo que sentía las fuertes estocadas tras de sí, moviendo sus caderas hacia atrás para encajar mejor con la pelvis de Mingyu.

—¿Está bien si me corro en tu boca? —preguntó Wonwoo entonces, y Seungkwan asintió entusiasmado ante la idea.

El interno tragó todo el espeso líquido blanquecino que salió de Wonwoo y Mingyu sonrió cuando las paredes de Seungkwan lo apretaron con fuerza después de que Wonwoo comenzara un trabajo manual en su miembro.

—Déjame correrme dentro de ti —pidió entonces Mingyu, celoso.

Seungkwan gimió gustoso cuando sintió su interior cálido, a la par en que aquel espeso líquido blanquecino se derramaba entre sus muslos internos.

—Mingyu, espera —pidió entonces Wonwoo. Obligó a Mingyu a separarse de Seungkwan, quien se desplomó sobre el colchón de inmediato, con las piernas temblando y la respiración agitada, causando que una nueva erección se formara en el azabache —. Mi turno.

Wonwoo se acercó de nuevo a la orilla y besó a Mingyu en la boca con fuerza antes de sentarse y dejar sus piernas colgando del colchón.

—Yo también quiero —exigió Seungkwan con un puchero cuando pudo hablar sin flaquear, señalando torpemente sus labios abultados.

—Tú lo tendrás todo —jugueteó Mingyu acercándose a besarlo y probando a Wonwoo en la boca del menor.

Cuando se separaron, Seungkwan observó a Wonwoo esparciendo lubricante en su erección recién formada gracias a él.

El mayor no pudo evitar sonreír con malicia cuando atrapó la mirada del castaño sobre su miembro. Sujetó la muñeca de Seungkwan y lo obligó a pararse frente a él. —Móntame —ordenó, y Seungkwan se limitó a acatar la orden con deleite, subiendo a los muslos ajenos y dejando sus piernas a los costados. Comenzó frotando el miembro palpitante con su entrada, para terminar empalándose por completo en su mayor, aún caliente y húmedo, sintiendo el esperma restante de Mingyu profundizar en él.

Mingyu protestó, cansado de tener que estar siguiendo a Seungkwan a cada lugar que Wonwoo lo movía. Aun así besó la espina dorsal de su pareja y dejó un par de mordidas antes de levantarse también y posicionarse detrás del menor, que gemía fuertemente y saltaba sobre el regazo de Wonwoo.

Ah, ahí. Más, por favor... Wonwoo.

—Que envía. También quiero que gimas mi nombre —se quejó Mingyu, acariciando los hombros de Seungkwan y llevando sus manos hasta la apetecible piel de su cuello.

Wonwoo no pudo evitar reír y morderse el labio para contener una nueva ola de sus propios jadeos. —¿Conoces el dos romano, bonito? —preguntó después de dejar un camino rojo sobre las clavículas frente a él, sujetando las caderas de Seungkwan y marcando también sus dedos en la sensible piel.

—¿El número? ¿Qué... qué es eso? —balbuceó Seungkwan cuando Mingyu dejó de ejercer presión con las manos en su garganta, dejando su frente caer directo a la curvatura del cuello de Wonwoo.

—Oh, te encantará —manifestó el más alto, después de esparcir el resto de su esperma en su falo. Besó la cabeza de Seungkwan para después expandir la entrada del castaño adentrándose también en él junto a Wonwoo.

Ah, ¿pero que...? ¡Mingyu! —chilló Seungkwan, alzando su cabeza y observando por sobre su hombro al moreno sonreír. —¡Ah!

Shh, tranquilo —lo calmó Wonwoo, acariciando una de sus mejillas sonrojadas.

—Me... ah... me duele —admitió avergonzado el menor, con un par de gotitas escapando de sus lagrimales.

—Seungkwannie, ah... estás muy apretado —murmuró Mingyu comenzando un lento vaivén, sintiendo a la vez la calidad de Seungkwan y el miembro de Wonwoo palpitando a la par —. Pronto te sentirás mejor —garantizó, recorriendo con sus dedos la espina dorsal que sobresalía de la pálida piel.

—No lo molestes. —Wonwoo se acercó a los labios del menor. —Bastante tiene con tener que soportarnos a los dos —declaró antes de pasar su lengua sobre el labio inferior del chico y besarle la boca, ahogando así los gemidos necesitados que comenzaba a soltar Seungkwan.

—No lo estoy molestando —debatió el moreno con una sonrisa —. A mi cariño le gusta que le hable así, si no le gustara no nos apretaría tan bien —se mofó mientras besaba la nuca de Seungkwan.

—Nuestro —corrigió Wonwoo, deshaciendo el beso y gimiendo al observar a detalle el rostro rojo y los ojos cerrados del chico que apenas y podía seguir el ritmo de las estocadas.

—Y yo que pensaba que se enojarían conmigo —logró articular Seungkwan en un tono travieso —. No sabía que ambos eran pareja.

—Eso está bien. Te habríamos detenido de inmediato de habernos molestado, ¿no es así? —la mirada de Wonwoo viajó hasta la piel canela de su novio, quien continuaba gimiendo con placer.

—Es verdad —confirmó entonces Mingyu cuando salió del interior de Seungkwan. Sostuvo su erección y la masajeó rápidamente para terminar derramándose sobre la espalda del castaño una segunda vez.

El menor alcanzó a enterrarse un par de veces más hasta la base de Wonwoo antes de que el azabache lo llenara por completo. Seungkwan terminó soltando su esencia entre su abdomen y el del azabache y gimió fuerte cuando Wonwoo penetró última vez su sensible entrada.

Se dejó caer a un costado, mirando el techo y sintiendo su corazón latir de manera errática.

—Entonces, ¿qué dices? —insinuó Mingyu, dejándose caer a su costado, recargando su cabeza en una de sus palmas y acariciando de manera delicada alrededor del ombligo expuesto de Seungkwan.

—¿Aceptas salir con nosotros, también? —complementó el mayor, imitando la posición de Mingyu al lado contrario del menor y pasando su mano libre entre las hebras castañas y húmedas de Seungkwan.

—Las parejas son de dos —dijo Seungkwan —. Y yo realmente no quiero ser un intruso.

Mingyu rodó los ojos e infló las mejillas. —Tonterías. No necesitamos ser una pareja para poder salir, ¿nunca llevaste matemáticas? ¡Podemos ser simplemente una relación!

Wonwoo se palmeó la frente y de paso le dio un golpecito a Mingyu en la cabeza. —El que no llevó matemáticas pareces ser tú —regañó —. Dejémoslo en que saldremos los tres. Ya está. ¿Te parece?

—El tres siempre ha sido mejor que el dos, de cualquier manera —complemento Mingyu entusiasmado.

Seungkwan rodó sobre la cama hasta quedar boca abajo para esconder su sonrisa. —Está bien. Me alegro de no haber hecho que terminan por mi o algo así.

Mingyu chasqueó la lengua, disfrutando la vista, y Wonwoo lo miró con advertencia, indispuesto a obligar al menor a una ronda más.

—Nosotros nos alegramos de que hayas aceptado.

Seungkwan se mordió el labio, escondiendo aún su rostro sonrojado, y simplemente se dejó consentir cuando los mayores lo comenzaron a mimar.

—Aunque tendremos que hablar seriamente de ese tal Seokmin —se quejó de pronto el moreno —. No me gusta que te esté coqueteando cada que te ve.

Wonwoo se terminó por reír para darle la razón al más alto.

Seungkwan ya tendría tiempo para deshacerse de aquel enfermero, y si no, sus dos grandes ¿novios? ya lo podrían alejar de él.

Suspiró encantado una vez más; había descubierto un nuevo significado para un mismo número.

Realmente no se quejaba, ¿cómo podría hacerlo?

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