Capítulo I
Las mañanas eran frías en aquel departamento que había alquilado en Seúl. Solía distraer sus pensamientos cuando tomaba un cigarrillo y lo prendía para consumirlo. El olor a tabaco entrando en sus fosas nasales no era de sus cosas favoritas para ser honesto, pero la sensación que le producía en su interior le relajaba irónicamente.
Solo ahí en la terraza del balcón podía entrar en ese estado de trance y concentrarse en el cigarrillo. Ahí ignoraba todo lo que ocurría seis pisos abajo de él, la única distancia que lo alejaba de su realidad.
Yoongi salía todas las mañanas a su balcón a observar el paisaje que la ciudad le ofrecía, nunca se dirigía a algún punto fijo e interesante. Solo lo hacía para despejar su mente.
Un día su rutina había tenido un ligero cambio.
Él no era la clase de persona al que le importara los vecinos, por lo que nunca se preguntó qué clase de personas habitaban el mismo piso de aquel edificio.
Los gritos salieron del departamento a su derecha y el silencio en su balcón pronto se fue mezclando con el ruido ajeno de los vecinos. Una pelea marital se imaginaba.
Seguía darle sin importancia hasta que comenzó a oír escándalo de golpes y objetos destruyéndose.
Fue entonces cuando la vida tranquila de Yoongi se vio interrumpida súbitamente, después de que un joven saliera corriendo al balcón del departamento, cerrando las puertas con fuerza evitando que los gritos traspasaran.
El chico lucía desesperado y asustado por lo que pasaba. Yoongi no le calculaba más de dieciséis años al sujeto, se veía demasiado joven, casi un adolescente. Tenía el cabello castaño oscuro y lacio, piel ligeramente morena y utilizaba unos lentes de armazón negro. Una apariencia nada interesante, totalmente desapercibida. Incluso podría llegar a pensar que el chico era una clase de nerd en donde fuera que estudiara. Sus mejillas ligeramente regordetas le dieron a entender que incluso no hacía ejercicio.
Yoongi salió de sus pensamientos cuando los ojos oscuros del chico le observaron fijamente, temeroso por la reacción de la situación que acababa de presenciar.
En ese momento tampoco se había dado cuenta que lo miraba desde hace un rato, cosa que pudo haberle causado la incomodidad. Yoongi entonces volteó de nuevo al panorama de la ciudad, dándole una calada a su cigarrillo y colocando su mano a un costado dejando que el humo siga saliendo.
Ninguno sabía qué decir.
El mayor sabía bien que no tenía nada que criticar, él mismo no era alguien que llamara mucho la atención, su cabello negro y estatura promedio no le daban aires de atractivo o grandeza. Además de su piel pálida y su usual vestimenta oscura que lo hacía pasar desapercibido para todos. Tampoco es que estuviera tan en buena forma, era delgado pero flacucho al punto de no mostrar ni un músculo marcado. Algunas de las chicas con las que estuvo decían que tenía lo suyo con esa actitud despreocupada y sarcástica, algo que lo caracterizaba como el clásico chico malo.
Yoongi no quería sentirse como tal, pero tampoco había algo que pudiera hacer para negarlo.
El azabache salió de sus pensamientos al escuchar al otro chico carraspear, intentando llamar su atención. Sin ánimos de contestar o hacerle caso simplemente volteó el rostro dándole a entender que lo había escuchado.
Su vecino se encontraba cohibido, abrazándose a sí mismo pareciendo que se refugiara en su lugar. Ya no lo miraba, ahora su vista estaba dirigida al suelo, con toda la pena que podía cargar. Yoongi solo pensó que el niño estaba necesitado de atención pero pronto aquel pensamiento se esfumó tan pronto lo escuchó sollozar.
¿Qué es lo que estaba pretendiendo ese chiquillo?
—Lo siento, no quise molestarte.—Y eso fue todo lo que el azabache escuchó de la aguda voz del chico ese día. Ni siquiera respondió hablando, solo asintió como si el más joven lo hubiera visto antes de volver a entrar al departamento una vez que los gritos cesaron.
Yoongi no se había percatado del silencio hasta entonces.
~*~
Era otra mañana fría cuando Yoongi decidió salir a su balcón. Después del primer altercado de los vecinos, los días siguieron continuando su curso con el mismo escándalo. En esos momentos el chico nunca salió de su departamento, aguantando incluso las ganas de poder consumir un cigarrillo para quitarse el estrés. Ese día estaba silencioso, algo que le pareció terriblemente sospechoso. El salir y toparse con la brisa mañanera, le causó un sonoro estornudo que no pudo evitar.
—Salud.—Una voz aguda le contestó, haciendo que dirija su mirada hacia el chico que era su vecino. Tenía días que no lo había visto, incluso se veía con más peso del que pudo calcularle la primera vez. Estaba sentado en el piso de su balcón, abrazándose a sí mismo -nuevamente-, ocultando su rostro entre sus piernas.
Contrario a un "gracias" el mayor solo pudo espetarle su sorpresa.—¿Qué estás haciendo acá?—Como si fuera culpa del chico que se encontrara en ese preciso instante para arruinar su quietud.
El castaño levantó su rostro y achicó los ojos al no tener sus lentes puestos, tratando de adivinar quien se había dirigido a él. —Ah, eres tú.—Comentó con simpleza y sin ánimos en su voz, casi como un susurro. Yoongi pudo notar el recorrido de lágrimas secas en sus mejillas y cómo ligeramente abultaba sus labios tratando de reponer su postura. Cuando se puso de pie se dirigió al azabache que aún lo miraba a la mitad de su balcón, se posicionó luego en el barandal que dividía los departamentos, mirando fijamente al mayor.
—Mi padre está con otra mujer en mi habitación, no quiere despertar a mamá.— Respondió con una voz neutra, causándole escalofríos a Yoongi su respuesta. La mirada del chico se veía tan vacía que el mayor pudo verse a sí mismo reflejado en los ojos del castaño.
Por primera vez Yoongi sintió pena por alguien que no era él.
—¿Desde hace cuánto estás aquí?—Inquirió no queriendo sonar preocupado. Pero no podía evitarlo. Al fin y al cabo el otro solo era un adolescente.
—Vi el amanecer...— Musitó apenado. Eso fue todo lo que Yoongi necesitó para querer invitarlo a pasar a su departamento.
—Te resfriarás, es mejor que entres.—El menor estaba apunto de darse la vuelta, aún dudoso de regresar a su casa. El azabache se percató, hablando para que se detenga.—No ahí. Ven aquí.
La voz casi autoritaria de Yoongi hizo temblar al chico, quien solo asintió como respuesta para después saltar el barandal que los dividían. Había suerte de que el sitio sea estrecho. El mayor lo ayudó a llegar a su balcón tomando las manos ajenas para que pudiera llegar con más firmeza. Yoongi entonces se percató que las manos del chico eran más pequeñas y delicadas que las suyas.
—Gracias, hyung.—Respondió el menor aún siendo sostenido por el azabache cuando llegó al piso de su balcón.
—No es nada, anda, entra.—El mayor lo dirigió al interior de su casa y le ofreció un café para que entrara en calor. Aunque el chico no se vio muy convencido, aceptó su propuesta. Tomó asiento en una de las sillas del comedor discreto que tenía el azabache. El menor sacó de su bolsillo sus lentes que había guardado durante su momento de llanto y se los colocó logrando ver todo lo que sucedía a su alrededor. Yoongi se acercó con la bebida y el chico le agradeció con una leve sonrisa, asintiendo como cortesía.
—Soy Jimin, por cierto. Park Jimin.—Comentó su vecino después de darle un pequeño sorbo a la bebida caliente. El azabache con su taza en mano abrió la boca para contestar pero segundos después la cerró, sopesando su respuesta.
—Yoongi.—Musitó casi inseguro de su nombre. Observó como Jimin empezó a tomar color y energía gracias a la bebida, cosa que lo relajó un poco.
—Un gusto Yoongi hyung.—El mayor no sabía bien cómo es que el chico había entendido que era mayor, pero tampoco es como si le interesara preguntar.—Tienes un buen gusto en decoración, me gusta tu departamento. ¿Vives solo?
Yoongi tampoco pareció importarle cuando Jimin se puso tan parlanchín de repente.
—Sí, desde hace un año.
—Siempre tuve curiosidad en conocerte. Pareces alguien muy maduro.—Jimin se sinceró y bebió otro sorbo, haciendo que la curiosidad de Yoongi le ganara.
—¿Cuántos años tienes?—La duda le carcomía desde el primer día que lo conoció. Jimin sonrió un poco.
—Tengo 18.—Vaya, eso sí que no se lo esperaba. La sorpresa se detonó en su rostro porque Jimin rió al ver la reacción.
—Creí que eras menor.—Confesó.—Yo tengo 20.
El chico asintió, como si lo supiera desde el inicio.
—Gracias por dejarme quedar Hyung, ¿qué sueles hacer para entretenerte?
Yoongi lo pensó realmente. No salía mucho por este rumbo y la mayor parte del tiempo cuando no trabajaba estaba encerrado en casa tratando de ver alguna película o serie. Una idea se cruzó por su mente.
—¿Sabes jugar básquet?
~*~
No, Jimin no tenía una pizca de idea de como jugar básquet.
—El truco está en la muñeca.—Yoongi le dijo mientras hacía rebotar el esférico en la cancha de un parque cercano a los edificios.—Solo tienes que calcular bien...—Lanzó la pelota haciendo que caiga en la cesta directamente. Jimin le miró impresionado.—...Y la magia sucede.
—Hyung, realmente eres bueno en esto.—El menor sonrió haciendo que sus ojos se perdieran con la sonrisa. El detalle no debía importarle al mayor pero aún así la imagen permaneció en su mente.
—Solía practicar básquet hace años. Es bastante entretenido.
Jimin asintió ante la respuesta. Se acomodó sus lentes e intentó hacer lo mismo que su hyung pero no tuvo éxito. La frustración se notó en su rostro segundos después, Yoongi no pudo reprimir su sonrisa cuando vio al menor abultar ligeramente los labios. Se acercó a donde estaba el chico, y tomó su muñeca para enseñarle el movimiento exacto.
—Es así como debes hacerlo.—Jimin algo aturdido intentó de nuevo, sintiendo la fría mano del mayor aún rodear su muñeca. Cuando la pelota finalmente encestó empezó a dar pequeños saltitos de felicidad.
—¡Lo hice, hyung!—exclamó eufórico sonriendo ampliamente. El mayor decidió entonces que podría soltarse un poco más con él.
—No te acostumbres, solamente ha sido un tiro.—Comentó con cierta burla, el chico le respondió haciendo un puchero.
—¡Yah, hyung! Apuesto a que si jugamos fútbol le ganaría, estuve en el equipo en la secundaria.—Respondió con orgullo. El mayor realmente no podía imaginarse al chico siendo atlético.
—Bueno, lo sabremos para la próxima.—Soltó sin pensar. Jimin dejó de dar brincos en su lugar para mirarle con los ojos bien abiertos. Yoongi sabía que se había comprometido a algo grande, para su sorpresa no se encontraba arrepentido, mucho menos con la gran sonrisa que el menor le había dedicado.
~*~
Así fue como la rutina solitaria de Yoongi cambió a sus días siendo acompañados por Jimin.
El mayor le enseñaría a jugar básquet y el menor estaría contento con cada lección. Un mes después Jimin podía encestar y ganarle a Yoongi en un partido de uno contra uno. Honestamente al azabache le importaba poco perder siempre y cuando el chico sonriera.
—Hey Jimin. Te veo mucho mejor ahora.—Un día comentó mientras estaban sentados en la acera del parque. El menor jugaba con el esférico en sus manos y Yoongi lo observaba pacíficamente. Ese era su nuevo pasatiempo para relajarse.
Jimin sonrió un poco nostálgico. Sus regordetas mejillas habían empezado a desaparecer y a los ojos del azabache le parecía que también había bajado de peso.
—Es todo gracias a ti, hyung.—Lo miró a los ojos sincerándose.—Tenía mucha ansiedad y me quedaba en casa solo a estudiar y comer a mi antojo. No tengo amigos con quienes salir... más que tú.
Yoongi sabía bien la situación en casa de Jimin. El asunto con sus padres no tenía solución y pronto se divorciarían, pero aún seguían viviendo juntos y eso le carcomía al menor. Todos los días vivía entre discusiones y golpes. Cuando estaba solo en casa solo se dedicaba a leer con sus audífonos, aislandose del mundo. Cuando lloraba y se estresaba solo podía comer cualquier chatarra que encontrara en su casa pues sus padres incluso lo habían descuidado. Ni siquiera se preocupaban por él cuando regresaba tarde al departamento por estar con el mayor.
Yoongi lo había apoyado en lo que podía. Le hacía comer algo decente y posteriormente salían a quemar esas calorías. Jimin se veía mucho más vivo en el último mes.
—Jimin, sabes que estaré aquí para ti, ¿cierto?—De nuevo el mayor hablaba de más, prometiendo cosas que ni sabía si eran posibles.
Y como siempre se había vuelto costumbre, el menor le respondía asintiendo con una mueca imitando a una sonrisa.
~*~
El mayor no creía que podía desarrollar sentimientos más profundos por alguien. Nunca se había permitido pasar tanto tiempo con alguien, sencillamente porque no le interesaba. Pero Jimin tenía ese algo que lo obligaba a permanecer junto a él.
Habían pasado dos meses, su rutina aún no había cambiado después de conocer al menor.
Como todos los días se encontraban jugando al básquet. Sin embargo parecía que el castaño no podía prestar atención a lo que ocurría a su alrededor.
La pelota había rebotado de más en la canasta, sin lograr encestar. Jimin saltó intentando alcanzarla pero Yoongi imitó el movimiento logrando que ambos chocaran en el momento y perdieran el equilibrio, cayendo ambos en el suelo del duro pavimento.
El rostro de ambos reflejó el dolor del impacto. Sin embargo el que menos lo sintió fue Yoongi por haber caído justo encima de Jimin. El menor soltó un quejido que hizo que el azabache se separara para darse cuenta de donde estaba. Los lentes del chico habían quedado lejos y rotos por el impacto. El mayor se sostuvo en sus brazos, aún permaneciendo la parte baja de su cuerpo sobre la cadera de Jimin.
—L-Lo siento Jimin, no me di cuenta que saltaste.—El mayor soltó apresurado. El castaño parecía distraído de su dolor y de las palabras de Yoongi, pues solo lo observaba fijamente dándose cuenta de la situación en la que ambos se encontraban.
De repente solo fue silencio, solo eran ellos en la cancha. Los ojos de Jimin brillaban, como si fuera una escena cliché de una película romántica, veía los labios de Yoongi moverse lentamente.
"Los labios de Yoongi."
"Yoongi."
La cabeza de Jimin no pensó más.
Acunando el rostro del mayor en sus manos, lo atrajo a un torpe beso. Prácticamente un roce de labios. Yoongi permaneció con los ojos abiertos en estado de shock.
Fueron solo unos segundos. Los más tortuosos en la mente de Yoongi, miles de emociones burbujearon en su estómago.
Confusión.
Deseo.
Jimin entonces se separó, dándose cuenta de lo que había hecho. Observó con los ojos abiertos a Yoongi que tenía la mirada perdida también.
Olvidándose de todo y lleno de nervios se levantó. El cuerpo del mayor parecía sin fuerza pero al percatarse de lo que el chico pretendía lo tomó de su muñeca antes de que se alejara de él.
No pedía explicaciones, no las quería. Con la acción tenía claro lo que sucedía con Jimin.
Solo quería saber lo que sucedía con él.
—Jimin.
—P-Perdón hyung, yo no quise, es decir... lo siento yo...
—Hazlo de nuevo.—El mayor pidió interrumpiendo las explicaciones del chico. Jimin le miró confuso.
—¿Q-Qué?—Pero antes de decir algo más, esta vez Yoongi lo atrajo hacia él para repetir la acción. Y lo besó. Juntó sus labios en un suave vaivén, liderando los movimientos. El menor cerró los ojos dejándose llevar, abriendo ligeramente los labios en el proceso, el azabache se aprovechó e introdujo ligeramente su lengua en la cavidad ajena profundizando el beso. Experimentando y tratando de entender esas sensaciones.
En medio de la cancha del parque, Yoongi comprendió todo.
La experiencia que estaba viviendo con Jimin. Las emociones que desbordaba por él.
Yoongi quería protegerlo.
Quería amarlo.
~*~
Jimin había llegado en la vida de Yoongi para poner su mundo de cabeza. En esos meses estando juntos el mayor jamás se había sentido tan pleno estando enamorado de alguien.
A sus rutinas le habían agregado las sesiones de besos posteriores al juego de básquet. Pasarían el rato en la casa de Yoongi acurrucados viendo alguna película o serie.
El mayor amaba jugar con el cabello castaño de Jimin, siempre le hacía mimos que lograba adormecer al menor. El chico no podía estar más feliz también, al estar con Yoongi en esos momentos solo podía sentir una calidez embriagando su pecho.
Todo iba viento en popa hasta que una llamada lo cambió todo.
Yoongi contestó y pronto su semblante cambió de manera negativa para el resto de los días.
Y la rutina pronto había cambiado otra vez. Solo veía a Jimin de vez en cuando en las mañanas. El resto del día desaparecía.
El mundo del que estuvo huyendo lo había encontrado.
Y no había modo de escaparse esta vez.
~*~
Había pasado un año desde que Yoongi y Jimin empezaron a salir. A pesar de que no se veían como antes, siempre procuraban pasar tiempo juntos y eso el castaño se lo agradecía infinitamente.
—Gracias por estar hoy conmigo en mi cumpleaños hyung.—Jimin habló mientras estaba recostado en el pecho del mayor que lo acariciaba como siempre.
—No tienes que agradecer nada.—Yoongi besó su coronilla, causando unas risitas en el menor.
Los últimos meses las cosas se habían calmado en casa de Jimin. Sus padres se habían divorciado y el departamento se le había quedado a su madre, por lo que ahora solo vivía con ella. Sin embargo el hecho de que sea solo ella trajo consigo que trabajara de más. El castaño entonces pasaba la mayor parte del tiempo solo en casa, cuando no estaba junto con Yoongi.
Sus padres no sabían de la relación que tenía con su vecino. El azabache jamás preguntó por ello. Así que él nunca insistió.
Jimin tenía cierto presentimiento, que de todas maneras no importaba si lo decía o no. Amaba a Yoongi pero no podía evitar sentir un vacío con sus palabras y promesas. No tenía duda de lo que el mayor sentía por él.
Pero temía por el futuro de ambos.
El castaño no sabía cuál era el trabajo de su novio, Yoongi jamás se lo mencionó y las veces que preguntaba solo decía que era un trabajo de la familia.
Familia que ni siquiera conocía y al paso que iban seguramente ni lo haría.
Yoongi sabía todo de Jimin pero él no sabía nada del mayor.
Aún así el chico lo aceptó porque pensaba que lo que importaba era el presente. No le importaba de donde viniera Yoongi, siempre y cuando fuera el mismo con él. Y eso era lo que le agradaba de su novio. A pesar de los secretos que guardaba, podía sentir su sinceridad en sentimientos.
Jimin realmente agradecía que el mayor lo haya aceptado con todo lo que era. Su sentimiento fue recíproco.
—¿Estás por iniciar la universidad, cierto?—El dueño de sus pensamientos habló, sacándolo de su silencio.—¿Ya sabes qué estudiarás?
La pregunta de Yoongi lo dejó sopesando un rato, hizo una mueca frunciendo los labios.
—Leyes.—Respondió después de unos segundos.—Quisiera hacer justicia por muchas personas.—Yoongi lo miró con anhelo, deseando que tuviera la misma inocencia que el chico. Pero sabía principalmente que a Jimin le interesaba la carrera por causa de la situación de sus padres, buscando siempre el apoyo para su madre.
—Me parece muy bien.—Comentó.—Espero que puedas cumplir tus sueños, Jimin.
Y ahí estaba de nuevo. Yoongi solía hablarle los últimos meses como si no estuviera con él en un futuro. Jimin siempre se percataba pero no le hacía frente a su respuesta.
Hasta ese día.
—Hyung, estarás conmigo cuando eso pase, ¿cierto?—El mayor se tensó y el chico lo percibió al instante. Fueron unos minutos de silencio en donde ninguno dijo nada y Jimin solo esperaba a la respuesta del mayor.
—Lo siento.—Soltó el azabache con la voz quebrada.—Lo siento mucho, Jimin.—Dejó brotar unas lágrimas.
Jimin lo comprendió entonces y esbozó una sonrisa cálida mientras estrechaba en sus brazos al mayor. Sabía que no cumpliría con sus promesas.
—Yo también lo siento mucho, hyung.—Dijo aún abrazando al mayor, sintiendo como su camiseta empezaba a empaparse con las lágrimas de su novio. Yoongi podía escuchar como rebotaba la voz de Jimin en su pecho.
—¿Por qué te disculpas?—Inquirió con voz temblorosa. El menor se separó ligeramente para mirarlo a los ojos y sonriendo le respondió.
—Porque te amo tanto, que estoy seguro que te perseguiría hasta el fin del mundo con tal de encontrarte.
—Jimin... N-No entiendes. Yo realmente te amo, de verdad quiero estar contigo... Pero las cosas en mi familia no han estado bien. Y yo... tengo que tomar cartas en el asunto. No quiero involucrarte, no puedo protegerte ahí.
El menor no comprendía del todo la clase de negocios que Yoongi tendría en su familia, pero tampoco se sentía con el derecho de preguntar. Colocó su dedo índice en los labios del mayor, haciendo que callara.
—No tienes que darme explicaciones.
—Pero Jimin...
—Está bien Yoongi. A diferencia de ti, me aseguraré de cumplir mi promesa.—No dejó que el mayor siguiera hablando, el chico aún aturdido observó a Jimin lanzarse a sus labios desesperado, dejando que sus emociones fluyeran y el azabache comprendiera.
Fueron unos segundos en donde se fundieron en aquel roce lleno de sentimientos. El castaño se separó ligeramente agitado, juntando sus frentes y acunando el rostro del mayor, mirándolo con un brillo en sus ojos, comprensivo.
—Yoongi, quiero que me des un regalo por mi cumpleaños.—El mayor le miró confundido, expectante a sus palabras.—Quiero ser tuyo.
La petición del menor le sorprendió, sobretodo por la situación en la que se encontraban. Pero la mirada determinada de Jimin le dejó en claro que no bromeaba.
—¿Estás seguro?—El castaño asintió con una sonrisa, confiando en su chico. Entonces Yoongi imitó el gesto y lo volvió a besar de modo dulce.—Seré gentil.
—Sé que lo serás.—Respondió antes de besarlo nuevamente.
Esa noche se volvieron uno mismo, Jimin vivió emociones que jamás hubiera esperado en su primera vez. Yoongi entregó todo de él en el acto, fundiéndose con el castaño. Los sentimientos afloraron dejando que el mayor derramara unas lágrimas en el último beso que le entregó a Jimin en la oscuridad.
El último beso correspondido.
La mañana siguiente Jimin se despertó entre sábanas con los rayos del sol iluminando su rostro.
El espacio vacío en la cama del mayor le dio a entender todo.
Yoongi se había despedido la noche anterior.
Y no lo volvería a ver.
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