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Capítulo 4


Ahora entendí que cuando mi vida pasada se acerca a la presente cosas malas ocurren. ¿También mi futuro estaba involucrado? De ser así fue aún peor. ¿Mi realidad alterna quizás?

El viento soplaba con tal intensidad que creía mi débil cuerpo sería arrastrado, hacía frío también, mucho. Mis dedos estaban amoratados y mis labios tiritaban por este, aún así aquello no era nada comparado con lo que sentía justo ahora.

Miraba como daban sepultura a la señora Bang. Ese día cuando iba camino a casa  decidí hacer una parada en el supermercado, compré frutas para ambas y algo de ramen cual prepararía con huevo, y ella ya se había ido.

Quizás si hubiera llegado a tiempo...

Si habría tardado menos eligiendo que comprar

O si habría ido directo a casa.

Si no me hubiese entretenido mirando aquella falda en el escaparate que imaginaba poder comprar, aquella boina que combinaba y que curiosamente costaba más de lo que ganaba en un mes aún sumándole ambos empleos.

Quizás habría llamado a emergencias, quizás solo hubiese sido un susto como tantos y ella no estuviese ahí. En ese poco costoso ataúd suministrado por el gobierno siendo sepultada en un terreno del mismo para que luego de pasados unos meses su cuerpo sea lanzado a una fosa común. Y olvidado entre el montón.

-Mandaré a limpiar la casa- su sobrino me hablaba, quien le había heredado -Lo harán mañana, así que debes irte.- dijo por último antes de perderse calle abajo.

Su rostro estaba contraído al las personas acercarse a mi para dar el pésame. Sabía que debía irme, solo no creí que debía ser tan rápido.

Las nubes parecían querer hacer de las suyas así que di una última mirada a su tumba e imité su acción. Debía encontrar donde quedarme, pero justo ahora mis ganas de huir eran inmensas, de huir del dolor.

¿Siempre corro?

Corrí del sufrimiento sobre aquel puente, de mi familia aquella noche, de Jungkook cuando lo ví, de mi realidad.

Las calles eran tranquilas y desoladas, eso llamó mi atención en aquel momento, cuando vine aquí buscando ser libre de mi mente, ahora... me siento agobiada.

Cuando me ví en la casa que tanta tranquilidad me dió lloré como niña, como solía hacer cuando mamá me golpeaba. Tomé una mochila y en ella mis cosas y caminé hasta la parada de autobús.

¿Por qué tanto sufrimiento para solo una persona? ¿No deberían todos sufrir de igual manera o no hacerlo nunca?

No soy egoísta, juro que no. Pero mi sentir es que...

¿No solo los malos deben pasarla mal?

¿Soy mala persona? ¿Es eso?

No sabía donde o por cuanto tiempo me iría pero mi teléfono había quedado en la casa antes de irme, no quería nada y no tenía nada más que lágrimas y sufrimiento.

Aquella tarjeta en el bolsillo de mi pantalón que se mantenía ahí como algún tipo de recordatorio de mi felicidad, una felicidad que no soy digna de vivir.

Un amor que no merezco.

No he hecho más que crear miseria a mi paso y arrastrarlo a esto sería egoísta. ¿Como podría anclarme a él sabiendo el desastre que soy?

Porque a pesar de que la tarjeta me conduciría a Jungkook y este a su vez a su amigo con cual me recuerdo envuelta en sus besos tan vívidamente como si fuera un verdadero recuerdo, no puedo.

No puedo solo verlo de lejos a sabiendas que aquello no era más que un sueño, un sueño que fue tan real para mí que me hizo desear más de esta realidad en la que me encuentro.

Aún así...

Verlo de lejos sería mejor que no verlo más.

Mis lágrimas bañaban mis mejillas, ¿se puede amar a alguien sin siquiera conocerlo? ¿Con solo soñarlo?

Porque lo amo

Lo amo con locura

Ver esa sonrisa amable, esos cabellos castaños y esos ojos maravillosos llenos de ternura me hace pensar que para eso nací. Para adorarlo.

El autobús se detuvo en una ciudad cercana, se veía desolada a pesar de la hora y no pararía, no lo haría. Pero al no ver a alguien bajar decidí hacerlo yo.

Con mi mochila en mano caminé sin rumbo fijo por las calles que no conocía, luego vi un anuncio sobre una parada de trenes.

Caminé hasta encontrarla y subí al tren próximo a salir, no miré o escuché rumbo, solo estuve ahí. Existiendo.

Las horas de trayecto me fueron rápidas, me mantuve imperturbable en mi asiento hasta que las personas bajaron y ahí lo escuché. No levantaba la cabeza para nada, ni siquiera cuando mi estómago crujió al oler un pan cual pasaron por mi lado.

Era la última parada y no sabía que haría con mi vida, como la viviría o si valía la pena vivirla, Bienvenidos a Seúl escuché como el conductor dijo antes de despedirse.

Y no se si por coincidencias de la vida o por la simple razón del magnetismo, pero ahí estaba, en la misma ciudad que quien creí era mi primer amor y que mi amor verdadero.

Sin poder hacer más que existir.



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