Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

|18|


Anael abrió los ojos con lentitud, sentía el movimiento que no la dejaba terminar de espabilar, el coche se encontraba en movimiento de manera veloz y ella apenas podía entender lo que sucedía, llevó su mano al cuello tocando la zona donde había sido inyectada, su piel dolía y seguro tenía un pequeño moretón allí; suspiró, seguía mareada, ¿El efecto estaría pasando ya? ¿Cuánto más debería esperar? Sus ojos fueron hacia el espejo retrovisor encontrando la mirada de Thomas que manejaba con serenidad.

—Qué bueno que despiertas, creí que ese sedante te haría dormir más horas —comentó el sacerdote—. ¿Cómo te sientes?

—Extraño, no sé... —susurró frunciendo el ceño, había tenido un sueño increíble donde podía verse a sí misma como nunca imaginó, sonrió, se había sentido en casa—. Me siento algo mareada.

—Sí, es normal, los efectos del sedante durarán un poco más pero eso te va a mantener tranquila, vamos a ir a un lugar donde estés a salvo —comentó sin más—. Llegaremos pronto a una Catedral, allí podrás descansar, comer y te haré conocer a personas que pueden ayudarte.

—¿Ayudarme? ¿Con qué? —susurró algo confundida.

—Con tus dones, creo que puedes aprender mucho de ellos —sonrió—. Y me vas a dar mucha información, realmente quiero saber tanto de ese mundo que tienes el privilegio de ver, Anael, mi lindo ángel, usaremos tus dones para el bien, para quitar posesiones y demás. Ya verás, ya verás.

—No quiero eso —negó suspirando, dejando que sus ojos se cerraran una vez más.

—No importa, Anael, pronto olvidarás esta vida tonta que has llevado para poder servir a nuestra causa —dijo con un murmuro mientras observaba la carretera.

Lejos de la carretera que llevaba a caminos lejanos, lo que quedaba del internado estaba siendo aniquilado por la pelea entre los demonios y los ángeles. Imonae había acorralado a Rafael contra los cimientos de la construcción golpeando con fuerza con sus puños el rostro del arcángel, sus garras se extendieron aún más para enterrarse en el costado derecho del ángel que gritó de dolor, con una sonrisa en sus labios el rubio se carcajeó bajo viendo la sangre brotar de la herida, algunos de los demonios bestias que lo seguían se acercaban siendo atraídos por la escena, listos para devorar el cuerpo angelical cuando su amo diera la orden.

—¿Te duele? Dime cuánto te duele, bastardo con alas, ¿No es esto parte de lo que le hiciste a Anael? ¿No enterraste tus manos en su espalda para quitarle sus alas? Debería hacerte los mismo, ¿No crees? —se divertía en grande con lo que hacía, sus ojos rojos brillaban con intensidad—. Anda, pídeme piedad, infeliz malnacido.

—¡Atrás! —gritó Zorobabel, una de las serafines que había acudido a la pelea siguiendo a Caiel, de un golpe se enfrentó al rey demoníaco que retrocedió con rapidez observando con cautela—. ¡Ataquen!

—¡Tenemos que retirarnos! —gritó Jhosiel acercándose a Imonae—. Anael no está aquí, se la han llevado.

—¿Qué mierda? —el rubio lo observó furibundo.

—Es cierto, señor, no he podido seguirla porque tomaron los caminos de la capilla o templo que usan —Belce lo observaba apenado, herido.

—¿Qué te han hecho? —el diablo se acercó a su seguidor para compartir energía con él y así darle fuerzas para recuperarse.

Antes de que pudieran darse cuenta estaban siendo atacados por los rayos angelicales de sus oponentes más estos ni siquiera pudieron llegar a tocar un solo cabello el rey del Infierno debido a que Glhor se interpuso creando una barrera con sus habilidades, con una sonrisa el demonio se burlaba de aquellos guerreros, al ser de un rango mayor a Belce él se encargaba de protegerlo cuando la batalla era demasiado pesada para el de cabellos platinados.

—¡Glhor, retrocede! —gritó Imonae y el demonio se hizo a un lado dejando que su amo sonriera cual gato de Chesire mostrando sus colmillos filosos y pronunciados, sus runas y tatuajes se tintaron de rojo como sus ojos, sus alas se expandieron a todo lo ancho del lugar como si pudieran cubrirlo por completo oscureciéndolo todo y finalmente con sus manos creó una enorme esfera en llamas y bruma negra que lanzo contra los ángeles.

El poder del Infierno se apoderó de todo en su camino, consumiendo guerreros, deshaciendo lo poco que quedaba de la construcción, arrasó con la vida de todo su alrededor, césped, árboles, todo fue absorbido desapareciendo como si jamás hubiese existido y varios ángeles se vieron consumidos por el poder del rubio ángel caído que no dejaba de sonreír ya que le daba satisfacción todo aquello, no malentiendan, podrá estar condenadamente enamorado de su bello ángel pero no deja de ser el Rey Maligno que atormenta cuando le place.

—¡Reagrúpense y ataquen! —ordenó Castiel a sus guerreros mientras sobrevolaba la zona, varios ángeles se encargaban de escudar a los niños que aún se alejaban de allí a las corridas, algunos no habían podido salir ilesos del problema y eso era algo que lo mortificaba.

—¡Gabriel! —Jhosiel llegó hasta el ángel que luchaba contra uno de sus pares defendiendo a Belce que aún se recuperaba—. Tienes que irte de aquí, busca a Anael.

—No puedo marcharme, ni siquiera sé qué hacer con la chica —negó.

—No importa, algo se te ocurrirá pero no podemos dejar que Rafael se le acerque, Imonae se está encargando de él, más no nos garantiza que otro ángel no quiera seguir sus pasos —lo tomó por los hombros decidido a sacar al guardián de allí—. Solo confío en ti para proteger a Ann, sé que tú has sido su amigo cuando vivía entre nosotros, sé que tú puedes ayudar.

—Tengo algo más que hacer antes que protegerla aquí en la Tierra —comentó relamiendo sus labios, estaba asustado, pero era su amigo, fueron aprendices juntos, lucharon lado a lado y jamás olvidará las súplicas de su alma el día en que se vieron en la Sala del Silencio—. Cúbreme la espalda, antes de que sea demasiado tarde, yo voy a pedirle disculpas a mi manera.

—¿Qué vas a hacer? ¡Gabriel, no hagas una locura! —dijo el mayor viéndolo emprender el vuelo.

Caiel dejó a su oponente de lado al ver marchar a Gabriel, volando veloz hacia el joven ángel que intentaba atravesar el pasaje a su mundo para hacer su tarea pero no lo logró al ser jalado por el tobillo hacia atrás, Gabriel volteó asombrado para encontrarse con el pelinegro; ambos se enfrascaron en una pelea de fuerza física intentando retener al otro, Gabriel no podía perder tiempo puesto que si seguían como estaban en cualquier momento terminarían con la entrada al Cielo negada y no podrían regresar jamás.

—¡Gabriel, por favor, detente! —Caiel se interpuso en su camino—. ¿Qué estás haciendo? ¿Dónde crees que vas? ¿Por qué defiendes a Imonae? ¿Qué se supone que significa esto?

—¡Estoy haciendo lo correcto! —respondió agitado—. Rafael está haciendo las cosas mal, intenta asesinar a Anael siendo humana cuando debemos protegerlos a toda costa, ¡Él ha hecho que todo este caos se cueza desde hace tiempo!

—¿Qué? —susurró dudando, su par no iba a mentirle con cosas de ese tipo pero debía admitir que sonaba descabellado.

—Tengo que ir, por favor, hazte a un lado, no tengo mucho tiempo —negó pasando de él con rapidez.

—Te acompaño —Caiel lo siguió sin más—. Siempre he confiado en ti, no empezaré a dudar ahora.

Entre ambos siempre hubo una especie de conexión más fuerte que entre los demás, solían pasar tiempo juntos, leyendo, aprendiendo, escuchando las historias del otro, eran verdaderos compañeros que se decían todo sin importar qué tan importante fuera por lo que Caiel no podía dudar de su mejor amigo. Ambos ángeles llegaron a los límites entre lo terrenal y celestial, la barrera se abrió ante ellos con un joven ángel agradeciendo que aún pudiera serle permitido el paso, voló con rapidez surcando el lugar, evadiendo a sus hermanos antes de que lo reconocieran, había dejado atrás a Caiel pero no le importaba, tenía un solo objetivo y lo cumpliría. Gabriel nunca había tenido una misión a cumplir en sus manos, siempre había hecho trabajos menores, encargándose de ser parte de las filas con orgullo y seguridad, ahora quería hacer algo por aquella que alguna vez fue su mejor amiga, con la que volaba por las tardes, escuchaban las historias de sus mayores y seguían al pie de la letra todo lo que les dictaban, tantos años de entrenamiento y consejos, risas y complicidades en sus inofensivas travesuras, ¿En qué momento todo desapareció? ¿Cuándo su amiga desapareció sin dejar rastro? ¿Cómo es que se permitió pensar durante tantos siglos que había muerto tras ser condenada cuando realmente sufría encarcelada en la Sala del Silencio? ¿Por qué nunca notó cosas como el amor unilateral de Rafael por Anael? ¿Cómo es que Ann jamás le dijo algo respecto a Imonae? ¿Por qué no fue capaz de imaginarse que la gran sonrisa y felicidad del ángel se debía a su enamorado corazón? Y ahora todas esas preguntas hacían que su mente se cuestionara tantas reglas y órdenes que debían respetar, ¿Hasta qué punto realmente estaba mal todo ello?

—¡Gabriel, Gabriel! ¡No puedes atravesar esa puerta! ¡Regresa! —gritaba Caiel intentando seguirlo, él era un ser muy bueno, no por nada rebosaba de pureza.

Gabriel no escuchó más o de lo contrario el miedo se apoderaría de él causando que se detuviera, no quería pensarlo demás, no podía en realidad, aumentó la velocidad y en el momento justo en que sus alas se plegaron a su alrededor como un capullo atravesó la gran puerta de material hasta aterrizar en el suelo de manera estrepitosa, mantuvo el equilibrio lo mejor que pudo y corrió a la crisálida que se hallaba al final de la Sala y la golpeó con sus puños con todas sus fuerzas, una y otra y otra vez hasta que esta se encendió con su brillo particular al ser agredida.

—¡Despierta, sal ya, sé que estás ahí! —gritó dando otro golpe, de pronto las garras del alma cautiva se estrellaron contra la esfera y de allí emergió el rostro frívolo y molesto, viéndolo directamente a los ojos—. ¡Lo siento! — soltó entre lágrimas totalmente arrepentido de su ignorancia durante tanto tiempo—. Siento no haberlo sabido antes, siento no haberte hecho las preguntas adecuadas y siento no haber sabido que estabas aquí hace tiempo, creí que estabas muerta... Anael, perdóname, por favor —sollozó apoyando la frente contra la crisálida, el alma colocó su mano en esa zona con semblante triste, moviendo su boca pero sin que nada pudiera salir de la misma ya que no poseía voz—. Cambiemos lugares, de todas formas me van a capturar por haber desobedecido y traicionado a todos, asique, déjame ocupar tu lugar.

—¡Gabriel, aléjate de ahí! —Caiel llegaba aterrado viendo todo con ojos abiertos a más no poder.

—No hay tiempo, Anael —negó colocando ambas manos sobre la crisálida—. Imonae te espera y tienes que regresar a tu cuerpo, recordar qué pasó exactamente y detener esto.

—¡Gabriel! —Caiel quiso acercarse pero fue aventado hacia atrás con fuerza por el ángel que volteaba a verlo batiendo sus alas con poder y fuerza.

—Te quiero, Caiel, pero tengo que hacer esto —sonrió al pelinegro, regresó la vista al capullo—. Yo, el ángel Gabriel, te entrego mi libertad y esencia para ocupar tu sitio, Anael, Serafín de la Justicia Divina.

Con un suave batir de alas el chico se elevó hasta la parte superior de la crisálida, colocó su mano sobre la misma y cerró los ojos dejando fluir su energía angelical hacia la misma, poco a poco el brillo del capullo se encendió cada vez más para que los dedos del alma comenzaran a traspasar la superficie hundiéndose en el interior, Gabriel pudo sentir como su mano era tomada con cuidado desde dentro y lo jalaban con fuerza; jadeó sorprendido y a la vez asustado, sus ojos fueron por última vez a Caiel que intentaba llegar a ellos pero no lo lograba, las energías alborotadas en la Sala del Silencio habían provocado que nadie más pudiera ingresar pues el sitio se defendía de posibles agresores. Poco a poco el cuerpo de Gabriel fue engullido por la esfera que lo consumía todo, cada parte de su ser se vio siendo encadenado a esa crisálida hasta que la misma se apagó sin más volviéndose completamente negra y lo último que pensó el ángel es que era un final digno, un sacrificio justo.

Segundos después la esfera dejó escapar una onda expansiva de luz que iluminó todo el lugar y se extendió hasta lo más lejos del Cielo e incluso llenó de luminiscencia el firmamento en la Tierra, con fuerza un cuerpo emergió del capullo siendo libre después de tantos eones de sufrimiento, sus alas se extendieron con fuerza, aquellos tres pares de alas rebosaban de juventud y fortaleza, brillando como nunca antes lo habían hecho al haber absorbido el poder de Gabriel para sanarse y reacomodarse en la espalda de su portadora; los orbes platinados del alma observaron a su alrededor brillando, con una exhalación demostró su asombro por verse fuera de su prisión, inhaló como nunca antes lo hizo disfrutando de esas acciones tan insignificantes para muchos, sus cabellos levemente blancuzcos se sacudieron debido a sus movimientos, era extraño ser libre de nuevo, se sentía mareada y un poco perdida más no dejó que eso la amedrentara, la luz que poseía su esencia la rodeaba con estelas doradas con algunas manchas oscuras y emprendió el vuelo saliendo de la Sala del Silencio, atravesando la barrera que el mismo lugar había impuesto para protegerse.

Perdida, así era como se encontraba, no sabía dónde estaba exactamente, qué debía hacer, por ello comenzó a estrellarse contra todo lo que encontrara en su paso y con cada ser que se cruzara en su camino, definitivamente las cosas se habían salido de control, los guardianes jóvenes que habían quedado en el Reino de Dios no sabían qué hacer con ella, cuál era la orden a ejecutar y desde una de las esquinas la sonrisa de quien les ha dado todo se dejaba apreciar, finalmente, era hora de ponerle un curso justo a todo y qué mejor que su amada creación, su Ángel de Justicia.

—¡Gabriel, responde! —Caiel logró acercarse al capullo una vez el ser celestial destruyó la barrera, podía ver a su compañero inconsciente en el interior de aquella prisión que se apagaba lentamente para desaparecer—. ¡No, Gabe, por favor, no! ¡Por favor, ayúdenme!

—No temas, él eligió lo que quería hacer con su vida —los pasos resonaron en la Sala.

—Padre, por favor, no permitas esto —negó con lágrimas en sus ojos.

—Yo les di la oportunidad del libre albedrío hace tiempo, cada uno decide qué hacer y qué camino tomar, no puedo interferir y debido a ello mira cómo ha acabado todo lo que he creado y deseado para ustedes —respondió con dolor en su mirada—. Quería que fueran justos, pero darles la opción de elegir traía consigo la consecuencia de poder ser corroídos por ustedes mismos, por sus deseos, ambiciones; dejarlos tomar el rumbo de sus vidas causó muchos problemas, ahora deben ser corregidos.

—Gabriel no merecía esto —Caiel susurró.

—Nadie merece lo malo, lo bueno es lo normal, lo malo es la elección que hacemos, pero lo que tú ves injusto ahora es el acto de amor más desinteresado que podrás encontrar —sonrió tocando suavemente la crisálida—. No sufre, está en paz y sueña bellos momentos de su juventud, ahora ven conmigo, Caiel, te van a necesitar.



Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro