
37
Cayó la noche y aun así, Cooper y Alai no dejaban de verse.
Cualquiera que fueran los motivos, parecían no soportarse.
Movía mis ojos con disimulo y advertí que la mirada arrogante y caprichosa de Cooper se posaba en Alai, en los instantes que él estaba distraído.
No se hablaban ni discutían, solo se miraban.
Sus ojos salvajes lo examinaban como una inquietante profundidad que hasta llegué a considerar romper la tensión formulando preguntas y chistes tontos o ideas vagas. Lo que sea que tuviera a disposición, serviría.
—Howie y su madre ya se tardaron —murmuré, viendo la hora en mi celular.
—¿Su madre? —repitió Tori, ladeando la cabeza—. Creí que vendría solo.
—Eso creí también —respondí con sinceridad—. Me avisó que no podía dejarla sola, por su edad avanzada. Así que le pedí que lo acompañara y aceptó.
Tori se puso de pie en un salto y sus ojos brillaron de emoción.
—Vaya, ¡eso suena maravilloso! ¿Por qué no me lo habías dicho antes?
—Tenía miedo —contesté, rascándome la nuca con nerviosismo—. Bueno, de hecho era más confusión que miedo —me corregí.
Tori se sentó a mi lado y me tomó de las manos, preguntando:
—¿Por qué?
—Cualquiera estaría así, al momento de conocer a la suegra —intervino Cooper, su mirada estaba llena de veneno.
—Es curioso que lo menciones —contestó Tori, viéndolo con atención—. Recuerdo que casi te cagabas en los pantalones cuando conociste a nuestra mamá —declaró ella, enarcando una ceja en modo de triunfo.
Cooper enrojeció de golpe, pero no le reclamó.
Alai soltó una risita, el cual sofocó luego de notar la mirada ardida de Cooper.
—No te pases de lista, querida —le advirtió Cooper.
Tori ignoró su comentario, apartando la mirada de él.
—¿Cómo te sientes? —preguntó, apretando ligeramente mis manos.
—Lleno de nervios.
Ella apretó los labios.
—¿Te había pasado antes?
—No, ni una vez.
—¿Y eso qué te hace sentir?
—Dolores de cabeza y nauseas —contesté.
—Todavía no se han acostado, ¿verdad? —susurró Tori.
Abrí la boca con indignación.
—¿Qué te crees que soy? ¿Un urgido? —rebatí, rodando los ojos.
—Ya, lo siento —repuso ella, riéndose en silencio—. Solo estaba bromeando.
Pasaron varios minutos y seguimos hablando acerca de cómo Howie llegó a cambiar mi vida en cuestión de instantes. Despertó muchas cosas, las cuales creí que jamás podría llegar a vivir o sentir.
Estaba lejos de recuperar mi esencia.
Pero ahí estaba, esperando ansioso la llegada de un hombre.
Cooper y Alai, por otro lado, de pronto estaban conversando y eso me sorprendió bastante.
Lograba mirar la sonrisa que se asomaba en el rostro de mi amigo, la manera en que su cuerpo reaccionaba y los movimientos sutiles que hacía mientras hablaba con Alai. Supuse que estaba también confundido y entonces lo comprendí.
Así se sentía estar conectado con alguien.
Alguien que podía causarte dolor o felicidad.
—Nunca imaginé desarrollar este tipo de sentimientos por alguien —le confesé a Tori, bajando la vista.
Ella de igual forma notó que Cooper y Alai estaban inmersos en una conversación que parecía algo entretenida.
—Eso para nada es miedo o confusión.
—¿Incluso si se tratara de dos hombres? —le pregunté, arrugando la frente.
Tori me miró con amabilidad y lleno de ternura en su expresión.
—El amor puede llegar a tener distintas formas o sensaciones y es importante que sepas reconocerlas —respondió—. He sabido de muchos que han tenido inclinación por personas de su mismo sexo y eso no debería de mantenerse oculto.
Ella tenía razón.
—Mi hermano es el claro ejemplo —añadió Tori—. A mis padres les costó demasiado aceptarlo y asimilarlo. Fueron años muy duros para él, porque se sintió solo, sin apoyo y asustado.
—No quiero que me pase eso —le dije.
Tori se acercó más a mí y me abrazó.
—Estamos contigo, Klehr —respondió ella—. Somos tu familia. Sabes que cuentas con nosotros y jamás te abandonaremos.
Le devolví el abrazo y con mucha energía.
Sentir la calidez, la sensación de tranquilidad y comprensión, eso fue lo que me motivó a aceptar que finalmente me había encontrado conmigo mismo y ahora no quería otra cosa que estar bien y seguro.
Era normal en mi antiguo trabajo ver a dos hombres o mujeres, tener una relación ya sea directamente sexual o solo afectiva, y eso a nadie parecía importarle. Al contrario, les generaba morbo y eso aumentaba la productividad.
Me aterraba la idea de ser rechazado.
Supuse que se debía porque había tenido pocas experiencias y casi no me gustaba aprender nuevas cosas con respecto a eso.
Sin embargo, Howie provocó algo en mí y eso hizo que elevara mi interés por él.
No conocía a otros que compartieran mis gustos.
Una oportunidad como esa no se presentaba con frecuencia y ese hombre había llamado mi atención. Sus ojos, su mirada tranquila y corazón pedían algo y lo supe en el momento en que me topé por casualidad con él.
Su comportamiento: fuerte y determinado que se mostró al tratar de conocerme y pedirme ser su amigo, hizo que sintiera simpatía, la misma que jamás llegué a sentir por alguien que no fuera él.
En mi vida quería una relación con alguien donde todo fuese recíproco y nada fuese forzado.
Alguien que tuviera las mismas características que Howie, desde luego. Carismático, decidido y valiente, un hombre que tenía reunía muchas cualidades y valoraba la compañía de otras personas.
Deseaba que todo eso concediera conmigo, por muy pocas que fueran.
Encajar, era lo que yo quería.
Cualquier otra satisfacción existente no se comparaba con esa.
Excepto amar sin restricciones.
—¡Al fin podré hablar con él —dijo Tori.
—Y yo podré hablar con ella —repuse—. ¿Crees que le agrade?
—¡Desde luego! Eres alguien muy divertido, cariñoso y amable, estoy segura que quedará fascinada con tus encantos.
—¿En serio eso crees?
—Klehr, ¿es que no te conoces a ti mismo?
—La verdad no —respondí—. Creí que mi vida giraría en torno a las mujeres y cómo las podría conquistar —me encogí de hombros, sin darle mucha importancia—. Pero heme aquí, a punto de enfrentarme a mis peores temores.
—Ay, ¡eso suena muy bonito!
Asentí con la cabeza.
Nunca imaginé decir tales palabras.
Klehr Budowski se había enamorado de una mujer, una mujer hermosa, insaciable y orgullosa, pero también era la misma que hizo trizas su corazón incontables veces y jugó con sus sentimientos.
¿Cómo es que nunca llegué a evitarlo?
¿Estaba yo realmente cegado de amor?
No, eso no era amor.
Era un vacío que se llenaba con más miedo, pena, resentimiento y frustración.
La angustia y el desconsuelo fueron dos golpes separados.
¿Qué dirían mis padres si supieran que estaba enamorado de un hombre?
Estaba seguro que el odio y rencor de mi padre sería latente a kilómetros de distancia, me gritaría mil cosas y luego me daría una golpiza el cual recordaría por el resto de mi miserable vida.
Mi padre, sin embargo, no diría nada.
Se mantendría callada y me miraría con desprecio, algo muy habitual en ella.
Para mis hermanos sería la burla, se reirían y harían comentarios desagradables y no me volverían a hablar.
Pero afortunadamente nada de eso me importaba, porque ellos no estaban y no me harían más daño.
Transcurrieron minutos que me parecieron abrumadores, mi corazón no dejaba de sentirse inquieto, me sudaban las manos y la cabeza me daba vueltas,
Eran tanas reacciones que lo único que quería era salir corriendo, no hasta que al fin volvieron a tocar la puerta.
El momento había llegado.
Cooper se levantó y se acercó a abrir, no sin antes decir:
—Espero que no sean más sorpresas.
Howie dio unos pasos al frente, acompañado de la que sería su madre.
—Buenas noches a todos —saludó, con aquella sonrisa en su rostro—. Veo rostros nuevos en esta ocasión —murmuró, paseando la mirada en toda la sala.
—Un gusto al fin poder conocerte —anunció Tori.
—El gusto es mío. Soy Howie Atkinson —anunció y volvió a sonreír, sin dejar de ver en mi dirección—. Y ella es mi madre, Karlee Atkinson.
Pronto todos nos envolvimos en saludos y abrazos de bienvenida, risas y palabras de afecto.
Abracé a Howie más de lo que pretendía, no lo pude evitar.
Con tan solo pensar en su nombre creaba una emoción dentro de mí.
¿Seguiría así por el resto de mi vida?
Esperaba que así fuera, deseaba que esa sensación incrementara y se fortaleciera con el pasar del tiempo, porque estaba consciente de que comenzaba a quererlo como no quería a otras personas.
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