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16

Hice de nuevo el conteo y me fijé que Cooper llevaba, hasta la fecha, casi dos semanas de no hablarme.

Estaba por romper su propio record personal.

Se notaba la tensión entre nosotros cuando era inevitable compartir lugar ya sea en la cocina o en la habitación.

Nuestras miradas se topaban y ninguno se atrevía a soltar la primera palabra.

Su comportamiento presuntuoso era algo que ya había lidiado con anterioridad.

Cooper solía llevar al límite su orgullo.

Pero esta vez exageró, porque no llegaba a dormir a la casa, le marcaba para saber dónde podría estar y saber si se encontraba bien; él al contrario, fingía que nada de eso estaba pasando y me ignoraba.

—Ya se le pasará —afirmó Tori, aquel martes por la mañana cuando la visité—. Mi hermano tiene cierta culpa en todo esto, pues suele tomar decisiones muy absurdas.

Por un instante, el lugar pareció quedarse en completo silencio para poder presenciar la plática y luego opinar al respecto.

Calmé mi tensión y seguí escuchando lo que Tori estaba diciendo.

—Cooper insiste en seguirle la corriente a mi hermano. Además, ¿se te olvida que tambíen eres su amigo? Dudo que esto llegue a romper la amistad que tienen.

—A veces me cuestiono si eso sigue siendo del todo cierto —contesté, preocupado.

Tori me condujo en el pequeño vivero que tenían a la par del negocio y juntos empezamos a seleccionar las flores que ya estaban listas para ser llevadas al lugar donde correspondían.

Su cabello rubio teñido ondulaba en el aire mientras pasaba tranquilamente por el espacio entre los estantes repletos de macetas.

Tori se detuvo, tomó un recipiente lleno de agua y dejó caer un torrente sobre las flores.

Levantó la mirada y rostro estaba relajado; sus labios rojos dibujaban una pequeña sonrisa.

Sus ojos marrones conectaron con los míos.

Pero, no había poder ni atracción en ellos.

—Le das muchas vueltas al asunto, estoy segura que lo va a olvidar —repuso Tori, siendo más comprensible que yo—. Alai es todavía muy joven para entender que nada se soluciona haciendo berrinches.

No sabía si creer en ella… o confiar en mi intuición, que consistía en que Cooper tenía planeado irse a vivir a otro lugar.

Y posiblemente quería llevarse consigo a Alai.

—Las cosas se arreglarán, lo presiento —finalizó Tori, con su habitual tono optimista.

Yo, en cambio, sospechaba que eso  no era cierto.

Cooper y yo llevábamos años de ser amigos y era normal tener discusiones que eran, desde luego, completamente irrelevantes, sobre todo cuando se trataba de asuntos acerca de nuestras vidas hechas un desastre.

No sabía con exactitud en qué lío se había metido mi amigo, de todas formas, encontraríamos la solución.

Además, Cooper lo sabía todo de mí y yo sabía todo de él.

Quizá por esa misma razón resultaba dificultoso que ambos dejáramos a un lado nuestras diferencias.

Solo esperaba que él no usara toda mi información en mi contra.

No obstante, esos días me sirvieron para reflexionar sobre varias cosas.

Tenía espacio y tiempo libre, pero no me sentía satisfecho.

Me hacía falta un motivo, para luchar con mis pensamientos y los malestares que estaba sufriendo. Necesitaba algo, tal vez un propósito más claro que definiera mejor mi ruta en esta vida y que me sirviera para tener más enfoque en mi entorno y darle sentido al caos que llevaba dentro.

No me bastaba con ayudar a Tori y su familia, quienes se dedicaban hacía muchos años a vender flores y adornos de todo tipo, hechos con las mismas.

Me llevaba bien con su madre, su hermano y su padre, eran personas agradables y varias veces me invitaban a comer con ellos.

El negocio prosperaba, porque todos ellos amaban, se entendían y eran apasionados al trabajo.

En cierta parte me sentía comprendido y además, se comportaban como mi verdadera familia y los apreciaba demasiado.

Su casa era mi casa, su gente era mi gente.
Nuestra amistad con Tori se basaba en la confianza, la adecuada comunicación y sobre todo, la honestidad.

Según recuerdo, el sueño de Tori consistía en abrir una tienda de mascotas.

Y estaba seguro permitiría que me uniera a ella, porque luego de repasar una y otra vez mis planes, llegué a la conclusión de que las personas buscaban sus propias desgracias y los animales no.

Las personas podían ayudarse y sanarse entre ellas, pero los animales no podían hacerlo y yo quería rescatar a aquellos que eran abandonados y darles un mejor estilo de vida, pues no merecían ser tratados por la falta de humanidad que había en todas partes.

Tori y yo, después de todo, teníamos la intención de salvar a todos los que pudiéramos.

Lamentablemente no sabía cómo íbamos a lograrlo.

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