
Lo que siempre anhelé
Cuando pienso en lo que es la felicidad... lo primero que se me viene a la mente eres tú. Simplemente no puedo imaginar una vida donde tú no estés, eres simplemente increíble.
Cuando veo el cielo, solo rezo porque todo esto sea para bien, que sea duradero y por sobre todo, que nos haga felices a ambos.
El amor que siento por ti es tan grande que las palabras no alcanzan para describirlo.
Fuutarou Uesugi... tú eres el hombre a quien quiero entregarle mi vida entera.
-Itsuki Nakano.
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Ambos chicos seguían abrazados, perdidos en su propio mundo romántico mientras miraban las bellas estrellas que brillaban esa noche.
Desde la distancia, dos chicas veían este suceso. Ambas estaban felices por eso, aunque una de ellas se lamentaba internamente, pues aunque resultó en lo que quería, había perdido la apuesta contra la menor de los Uesugi.
-¿Y bien?- dijo Raiha mientras miraba con una sonrisa malvada a la otra chica.
-Ugh... en definitiva eres igual a él.- dijo la pelinegra mientras rodaba los ojos. -Está bien, tú ganas.- dijo ella.
-¡Ja! Yo siempre gano.- dijo la chica mientras inflaba el pecho en señal de orgullo.
-Como digas pequeña manipuladora. ¿Nos vamos? Dejemos en paz a estos tortolitos.- dijo Takebayashi mientras comenzaba a alejarse.
-Está bien, pero hoy quiero quedarme contigo. ¿Puedo?- dijo mientras hacía cara de perrito regañado.
-¡Qué tierna!- pensó Takebayashi mientras miraba a la chica. -No abuses de tu suerte.- dijo, de una manera sutil eso era un sí, cosa que la peliazul celebró.
Luego de todo eso, ambas se retiraron, no sin antes enviarle un mensaje a Fuutarou.
El chico estaba aún abrazando a Itsuki hasta que sintió que su celular vibró, pues lo tenía en silencio.
Al desbloquearlo, notó que el mensaje era de su hermanita:
Onii-chan, me quedaré a dormir con Take-chan. No hagas nada indecente en nuestra casa, ¿sí? Si lo haces... te castro :)
El peliazul sintió terror al leer eso último y por supuesto, no pudo evitar sonrojarse.
Itsuki por su parte se sintió genuinamente curiosa por la reacción de su novio, no existía casi nada que pudiera afectarle, así que se inclinó para ver.
El chico seguía absorto en sus pensamientos, por lo que no escuchó a Itsuki acercándose. Ella por supuesto cuando leyó el mensaje se sorprendió y se hizo para atrás rápidamente.
-¡A-A-Aún no-no estoy li-lista Taro-kun!- gritó mientras se tapaba el rostro con ambas manos.
-¿Eh?- dijo el chico, aunque entendió que ella había leído el mensaje porque estaba muy roja, era más roja que su cabello.
-Yo... tranquila, Raiha a veces dice cosas tontas y demás.- dijo mientras desviaba la mirada.
Ella solo asintió silenciosamente, por más que intentaba su sonrojo no desaparecía de su rostro.
Luego de ese extraño y divertido suceso, ambos decidieron volver, pues ya se había hecho demasiado tarde.
Aunque iban tomados de la mano, ambos estaban muy nerviosos, pues era una experiencia completamente distinta, ahora eran novios, ninguno sabía bien qué decir y/o hacer.
De esa manera, llegaron al apartamento Uesugi, ella entró primero y se colocó pijama y luego salió para poder dejar que el chico se cambiara.
Tras unos minutos, ambos ya estaban completamente listos para poder ir a dormir, aunque como dije antes, estaban muy nerviosos porque ya eran pareja.
El chico se acostó primero y luego ella. Ambos quedaron de frente, si hubiera una luz que les apuntara directamente, serían más rojos que personas.
-Itsuki... te... te...- intentaba decir, pero no le salían las palabras.
-¿Te...?- preguntó ella con nervios, pues no sabia de qué hablaba.
-Yo... te amo.- dijo mientras la miraba fijamente.
La chica se sorprendió por eso, pero hizo lo primero que le llegó a la mente, besar a su amado.
Tras un largo y dulce beso, ambos se separaron y se vieron fijamente.
-Y yo a ti, mi querido Taro-kun.- dijo mientras se empezaba a dar la vuelta.
-Sabes...- dijo ella, captando la atención del peliazul nuevamente.
-¿Hmm?-
-La primera vez... no desearía que fuera otro hombre que no seas tú.- dijo mientras seguía dandole la espalda.
Por su parte, el chico se puso súper nervioso, pues entendió de lo que hablaba su querida novia.
-¡¿Eh?!- dijo el chico algo alterado.
Ante eso, la chica comenzó a reírse levemente, aunque estaba igual de sonrojada que el chico.
-Te amo Fuutarou Uesugi...- dijo mientras comenzaba a cerrar los ojos.
En ese momento sintió que algo rodeaba su vientre, y esta era la mano del chico, que la estaba abrazando con amor.
-Y yo a ti, Itsuki Nakano...-
Podían no ser la pareja perfecta, pero sin dudas estaban dispuestos a pasar por el mismísimo infierno para poder salir adelante,
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-¿Estás segura de que quieres ir? No es necesario cielo.- dijo el peliazul mientras miraba a su novia.
-Es algo... que necesito hacer... por favor.- dijo ella mientras miraba al chico.
-Bueno... está bien, vamos entonces.-
Ambos salieron del lugar y comenzaron a caminar. Tras caminar por un buen rato, unos 15-20 minutos aproximadamente, se detuvieron pues habían llegado a su destino, un cementerio.
Ella tomó la mano del chico y dio un gran suspiro, esto para animarse a sí misma.
Ellos caminaron hasta que llegaron a una lápida que tenía la inscripción:
Uesugi
Ni la muerte fue capaz de separarlos.
El peliazul soltó la mano de la chica y se arrodilló frente a la lápida, hacía años que no había ido, sin embargo sentía que no había pasado mucho desde la última vez.
-Mamá... papá, soy yo, Fuutarou Uesugi, su hijo.- dijo mientras sonreía levemente. -Hoy estoy aquí para recordarlos y tener la charla que siempre tenemos en esta fecha.- dijo mientras sonreía.
Él se sentó frente a esta y comenzó a hablar:
-Hoy... es el día... ¿no? Hace años que pasaron a un mejor lugar... y a pesar de la lejanía, siempre siento que están a mi lado.- dijo mientras sonreía.
-Han pasado muchísimas cosas desde la última vez que vine... pude salvar a Raiha mamá... claro que no fue sin ayuda... pero aún así, es algo que me sorprende...- dijo mientras miraba fijamente a la lápida.
-Ella... merece la felicidad y mucho más, así que no se preocupen, yo me encargaré de que a mi hermanita no le falte nada.- dijo mientras sonreía.
Itsuki miraba todo esto con una ligera sonrisa, admiraba mucho la fuerza de voluntad que tenía él para no llorar.
El chico se levantó y caminó hasta tomar la mano de Itsuki.
-Padre, madre... les presento a Itsuki Nakano, mi hermosa novia.- dijo mientras sonreía, causando un leve sonrojo en el rostro de la chica.
Ella se acercó e hizo una reverencia, todo esto sin soltar a su novio.
-Sr y Sra Uesugi... para mí es un placer estar aquí en este lugar. Me hubiera encantado conocerlos... pero a pesar de que eso no fue posible... les prometo de corazón que cuidaré a su hijo con mi propia vida si es necesario.- dijo.
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Dos figuras miraban atentamente la escena, una de estas era la de un hombre rubio que no aparentaba más de 30 y tantos años y la otra era la figura de una mujer peliazul, el aura que emanaba era de completa seriedad.
-¿Crees que es la adecuada?- dijo el hombre.
-Por supuesto que sí, estoy segura que ella será capaz de hacer feliz a mi bebé.-
-Desde el momento en el que supe que Fuutarou había cambiado para mejor por su encuentro con una chica, supe que esa chica sería muy especial para su vida.- mencionó mientras miraba a ambos chicos.
-Me alegra mucho que se hayan reencontrado, me alegra que ella sea quien haya cautivado el corazón de mi pequeño.-
-Yo estoy bien con esto, lo acepto completamente, ¿y tú?-
-Yo... también estoy de acuerdo, verlos me da unos aires de nostalgia...-
-Me recuerda un poco a nuestros días de preparatoria, cuando caíste rendida por mí.- dijo el rubio mientras reía e inflaba el pecho de manera orgullosa.
-Cállate mejor. Fuutarou ha crecido mucho, ¿no es así?-
-Muchas cosas por las que ha pasado lo han hecho madurar, pero creo que todo fue para un bien mayor, él no hubiera podido ayudar ni a Raiha, ni a Itsuki.-
-Sí... tienes razón. Sé que él no nos escucha, pero me encantaría hacerle saber que siempre vamos a velar por él y por Raiha.-
-No te preocupes cielo... creo que él sabe bien eso. Los amamos hijos... sé que ambos lo saben, aunque no nos escuchen...-
Sean felices Fuutarou, Itsuki... se lo merecen.
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Mientras Fuutarou miraba a su novia hablando hacia la "nada" él comenzó a sentir una extraña sensación de calidez, como si alguien lo estuviera abrazando.
Él no pudo evitar sonreír ligeramente.
-A pesar de todo... siguen cuidandome... gracias...-
Tras ese momento, Itsuki y Fuutarou terminaron de dar sus respetos a los padres del peliazul y se retiraron a una distinta parte del cementerio, esta vez hasta llegar a donde yacía la madre de Itsuki.
Rena Nakano.
Amada esposa y madre.
Itsuki fue la primera en acercarse, ella se arrodilló frente a donde yacía Rena.
-Madre... yo... lamento haberme tardado tanto para volver, realmente si soy sincera... no había querido regresar, tenía mucho miedo de hacerlo...-
Ella sintió que Fuutarou se arrodillaba junto a ella y le tomaba la mano, cosa que le dio seguridad para seguir hablando.
-Yo... sé que probablemente te fallé, cometí muchísimos errores a lo largo de mi vida. No pude mantener mi promesa de cuidar y mantener unidas a mis hermanas...- dijo ella.
Fuutarou no dijo nada, pues sabía bien que ella necesitaba desahogarse.
-Yo nunca fui la hija ideal, nunca fui una chica con cualidades especiales, realmente nunca fui importante... y a pesar de todo eso, tú me amaste con todo tu corazón, por eso me asusta haber fallado... -
De pronto, Itsuki se vio a sí misma sola frente a la lápida, volteó a ver hacia varios lados y notó que no había nadie, ni siquiera Fuutarou.
-¿Donde...?-
-Itsuki Nakano...- dijo una voz detrás de ella, una voz que ella reconoció inmediatamente.
-¿Mamá...?-
-Ha pasado mucho tiempo, ¿no es así?- dijo la mujer mientras esbozaba una sonrisa.
-Mamá... yo...- intentó decir, pero antes de terminar fue abrazada por Rena.
-Itsuki... hay tantas cosas de las que me gustaría hablar contigo, pero no tengo mucho tiempo. Necesito que me escuches.- dijo mientras se separaba de la pelirroja.
-Quiero que sepas... primero que estoy demasiado orgullosa de ti, de todo lo que has alcanzado, no importa si fue con tu propio esfuerzo o tuviste el apoyo de tu novio... estoy orgullosa de la hermosa mujer en la que te convertiste.- dijo ella mientras miraba a la pelirroja.
-Pero...-
-No cariño... no tienes la culpa de nada, no me fallaste. Aunque debo darte razón en algo, no eres nada especial. Tú vas mucho más allá de todo eso, las palabras no pueden describir todo lo bueno que pienso sobre ti. Pero sobre todo... me enorgullece el saber que tienes un corazón de oro.-
-Dices eso... pero no me viste cometer muchos errores, problemas que le causé a Taro-kun... problemas en casa...- respondió ella.
-Te equivocas, yo siempre seguí tus pasos, siempre estuve velando por ti, en cada momento. Estuve a punto de dejarte ir cuando Uesugi-kun te besó, pues creí que habías encontrado la felicidad que merecías. Pero a pesar de todo lo que pasó, nunca me separé de ti. Lamento mucho lo que tus hermanas provocaron en ti, soy un fracaso por no haber podido educar bien a todas...- dijo ella mientras soltaba un largo y pesado suspiro.
-¿Siempre estuviste conmigo?-
-No podía dejar a mi pequeña sola... aunque lamento el no haber podido hacer nada... pero justo ahora, ya no tengo de qué preocuparme.- dijo mientras sonreía.
-Gracias por todo mamá, no hubiera llegado tan lejos de no ser por ti.-
-Te equivocas, estás ahí por los mismos frutos de tus esfuerzos.-
De pronto, la pelirroja menor comenzó a notar que se hacía transparente.
-¿Qué me pasa?-
-Es hora de que vuelvas... mi futuro yerno te espera del otro lado, ve junto a él.- dijo ella mientras sonreía.
-¿Cómo es que confías tanto en él?-
-Tiene un corazón tan puro como el tuyo y aparte... digamos que ya habíamos hablado. Ahí fue donde comprendí que ustedes estaban hechos el uno para el otro.- dijo mientras sonreía.
-Mamá... gracias por siempre velar por mí. Ahora puedes descansar en paz.
-Aún hay algo antes de hacer eso... pero estaré bien, sé que tú también lo estarás.-
Rena se acercó y besó la frente de Itsuki. Ella llevaba años sin sentir esa sensación de calidez y seguridad maternal, pero justo ahora la volvía a sentir.
-Te amo madre...-
-Y yo a ti, Itsuki.-
La chica abrió los ojos y lo primero que vio fue el rostro de su preocupado novio.
-Dios, Itsuki... me diste un susto de muerte.- dijo el chico mientras la abrazaba con fuerza.
-¿Qué pasó?- dijo ella.
-Te desmayaste de repente. Me preocupaste bastante, ya estaba considerando llamar a una ambulancia porque no reaccionabas.- dijo mientras mantenía una mirada de preocupación.
-Gra-gracias por cuidarme...-
-¿Qué pasó contigo?-
-Solo digamos... que alguien quería hablar conmigo...-
Ambos chicos terminaron de dar sus respetos y luego se retiraron del lugar. Justo cuando estaban saliendo, Itsuki volteó a ver hacia la entrada del cementerio y desde ahí ella vio a Rena.
La mujer simplemente movía la mano de un lado a otro, en señal de despedida.
-Adiós... mamá.-
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Unas semanas habían pasado, y tanto Fuutarou como Itsuki, estaban muy nerviosos. La chica estaba frente a una computadora, ella se movía de un lado a otro como un león enjaulado, mientras que el chico estaba por estallar por el estrés de Itsuki.
-¡No se apuran Taro-kun!- dijo quejándose.
-¿Y por qué te quejas conmigo? No tengo nada que ver...- dijo mientras una gota de sudor recorría su rostro.
-¡Porque eres mi novio!- dijo ella alterada.
-¿Y eso qué tiene que ver?- preguntó él con nervios.
-Que tu deber es tranquilizarme.- dijo ella mientras hacía un puchero.
-Que linda.- pensó el chico mientras miraba el puchero de la pelirroja.
El chico se acercó a ella y puso su mano sobre su cabeza.
-Tranquila, estoy seguro de que todo irá bien. Después de todo, sé bien lo mucho que te esforzaste para eso, vas a entrar sin problemas a esa universidad.- dijo mientras sonreía, cosa que causó un sonrojo en la pelirroja.
-Yo...- dijo, pero el sonido de una notificación interrumpió lo que fuera que iba a decir. Esto hizo que ella rápidamente devolviera su vista a la computadora, notó que la notificación era por un correo electrónico, ella a toda velocidad se dirigió a abrirlo.
Al llegar al dichoso mensaje, notó que el remitente era la Universidad. Ella abrió el correo, se aclaró la garganta y comenzó a leerlo. Fuutarou estaba nervioso, pues sabía lo complicado que ese examen podía llegar a ser.
La carta decía lo siguiente:
Estimada señorita Nakano:
Con mucha satisfacción hemos recibido su solicitud para ingresar a la carrera de LICENCIATURA EN EDUCACIÓN, por lo que le notificamos que ha sido aceptada en la misma.
Nos permitimos felicitarle por su decisión y de la misma manera, adjuntamos los resultados de sus exámenes de admisión.
Estamos agradecidos por poder participar en su educación y formación profesional.
Itsuki leyó 1000 veces la carta en esos segundos, la leía y no creía lo que veía, pero cuando se cercioró sobre lo que había pasado, sintió que su felicidad era tan inmensa, que no le importaba lo que le dijeran, nada iba a impedir que se sintiera tan feliz.
-¿Y-y bien?- preguntó un asustado peliazul, pues solo miraba la espalda de su novia y no sabía si estaba feliz o triste.
-Taro-kun...- dijo, llamando la atención del peliazul.
En ese momento, ella se abalanzó con alegría para darle un abrazo a su novio.
-¡Lo pasé! Mi examen para poder entrar a la universidad... ¡lo pasé!- dijo mientras miraba al chico con una gran sonrisa.
El peliazul se sentía muy feliz también, pues había visto los esfuerzos de la chica durante varios días y noches, él fue quien la ayudó a estudiar y el que ella alcanzara esos resultados, solo significaban un sentido de satisfacción en él.
-Te dije que ibas a entrar.- dijo mientras colocaba sus dos manos en el rostro de Itsuki.
Ella con felicidad, cortó la distancia que había entre ambos y le dio un dulce beso.
-Gracias a ti... pude entrar.- dijo ella mientras se separaba del chico.
-No es cierto, fue gracias a tus propios esfuerzos y sacrificios. Yo mismo fui testigo de todo eso, date algo de crédito querida.- dijo el chico con el rostro bastante sonrojado.
-Está bien... entonces diré que pasé esto sin ni una pizca de tu ayuda.- dijo ella mientras reía.
-Tampoco te pases.- dijo el chico rodando los ojos.
Tras eso, ambos rieron, ese tipo de momentos únicamente terminaban de confirmar, que estaban hechos para estar juntos, desde el principio de su historia, su destino... era estar juntos.
Y bueno... el resto... es historia.
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Un joven peliazul se encontraba terminando de arreglarse, tenía una cita muy importante y deseaba estar listo lo antes posible.
Su tranquilidad se vio interrumpida por una joven peliazul, de un parecido enorme con el chico.
-Onii-chan, ¡ya busqué por todos lados, eres un irresponsable por haberlo perdido!- dijo la chica de manera molesta.
-Ya ya... creo que ya recuerdo donde lo dejé...- dijo el chico mientras comenzaba a buscar en una mochila.
-Como esté ahí...- dijo ella con un aura tenebrosa.
El chico sacó lo que buscaba y se lo mostró a la peliazul, la chica por supuesto, se enojó con él porque la había hecho regresar a casa y todo para que estuviera todo el tiempo en su mochila.
-Solo porque... agh, eres de lo peor.- dijo ella mientras hacía un puchero.
-Y así me quieres hermanita, no te quejes.- dijo mientras abría la puerta del cuarto donde estaba y comenzaba a salir.
El chico comenzó a caminar, no le prestó atención alguna a su entorno, él simplemente avanzó y avanzó, hasta que llegó a un edificio. El chico vio la gran estructura, soltó un suspiro y luego entró.
El lugar al que había entrado, estaba medianamente lleno, no era exagerada la cantidad de gente, pero si era un número algo considerable.
Él estaba por ir directo a donde iba, cuando fue jalado por una persona que él conocía bien.
-¿Take-chan?- dijo el chico sorprendido.
-Deja de decirme así, siempre he sido más grande que tú.- dijo mientras hacía un gran puchero.
-Lo siento, lo siento.- dijo mientras reía.
-Como sea. Quiero hablar contigo antes de que vayas allá, quiero que me escuches.- dijo ella mientras tomaba ambas manos del chico.
-Yo... estoy realmente orgullosa de ti, a pesar de todo lo que pasaste, nunca dejaste que eso te derrotara. Estoy muy feliz por ti, eres como el hermano que nunca tuve, quiero que sepas que siempre estaré para ti, aunque pase el tiempo, sabes que puedes contar conmigo.- dijo ella.
Luego de eso, ella le dio un gran abrazo al chico, mientras sonreía como tonta. El chico por su parte correspondió el abrazo.
-Te lo agradezco... porque siempre me apoyaste, te quiero Take-chan.- dijo mientras mantenía el abrazo.
Luego de eso, los chicos se separaron y ella le sonrió y levantó un pulgar en señal de aprobación.
Antes de que pudiera salir, se topó con una mujer que conocía muy bien, Yuzuriha.
-Uesugi-kun...- dijo ella mientras sonreía.
-¡Me alegra mucho que hayan podido venir.- dijo el chico.
-No nos lo perderíamos por nada del mundo.- respondió ella.
-Gracias... porque fue gracias a sus palabras que estamos aquí hoy. Si no me hubiera aconsejado aquel día... no sé cómo hubiera terminado todo esto.- dijo el chico mientras sonreía.
-Me alegra haber podido ser de ayuda.- dijo mientras se acercaba y abrazaba al chico. -Sabes que siempre estaremos para ti, tanto mi esposo como yo.-
El chico correspondió el abrazo con una sonrisa y respondió:
-Gracias...-
Luego de eso, regresó a su camino original y se dirigió hacia donde tenía que ir.
Abrió las puertas de un gran salón y al hacerlo pudo ver que muchos de sus amigos estaban ahí, Takeda incluído.
El chico solo levantó el pulgar mientras lo veía con su característica sonrisa, causando que el peliazul sonriera de vuelta.
Él comenzó a caminar por el amplio salón, pasando justo en medio de todos, todo esto para llegar a su destino...
El altar.
Inserte "Perfect" de Ed Sheeran y continúe leyendo.
La gente comenzó a aplaudir mientras el chico avanzaba, él sentía unos nervios extremos, sentía que se iba a desmayar en cualquier momento.
-Felicitaciones, a ambos.- dijo Takeda mientras sonreía levemente, aunque Fuutarou solo lo ignoró.
-¿No ha cambiado nada verdad?- dijo una chica que estaba al lado de Takeda.
-No... sigue siendo el mismo tonto de siempre.- respondió con una sonrisa el chico.
Fuutarou llegó al altar, al estar ahí vio que el padre ya estaba listo para empezar con la ceremonia, solo faltaba un detalle muy importante, la novia.
El peliazul sintió esos segundos como minutos, como horas, como una eternidad. El chico estaba realmente nervioso, tenía miedo.
Todos sus miedos desaparecieron cuando escuchó que la puerta se abrió, dejando ver a la novia, a Itsuki Nakano.
Ella comenzó a caminar hacia donde estaba Fuutarou, a un paso muy lento, su rostro estaba muy rojo, sentía que su corazón se iba a salir de su pecho, pero al mismo tiempo sentía una seguridad y una felicidad que nunca había experimentado.
Ella alzó la mirada hacia un lado, pudo notar que ahí estaba Takebayashi con una sonrisa, pero derramando unas pocas lágrimas.
-Felicitaciones, sean felices.- dijo mientras sonreía, Itsuki no pudo escucharla, pero fue capaz de leer sus labios y comprender de lo que hablaba.
Ella llegó al altar y se puso de frente a Fuutarou.
-Gracias... por estar siempre a mi lado.- dijo el chico.
El padre comenzó a hablar, sin embargo, ellos estaban completamente perdidos, estaban en su propio mundo, se sentían increíblemente felices.
En la puerta, una figura alta y de pelo rubio observaba atentamente la escena, acompañada de una figura alta y de pelo rojo.
-Finalmente lo consiguieron, aquello por lo que tanto lucharon al fin se cumplió.- dijo el rubio.
-Tu hijo... sé que él será capaz de hacer feliz a mi pequeña estrella.- dijo ella.
-Me alegra haber podido presenciar esto... ahora por fin descansaré en paz.- dijo el hombre mientras comenzaba a darse la vuelta.
-Tienes razón...-
-Fuutarou... te amamos hijo, te deseamos la eterna felicidad.- dijo mientras comenzaba a alejarse del lugar.-
-Itsuki... me enorgullece ver en lo que te convertiste, ahora deseo que disfrutes la etapa que viene, porque es simplemente lo que te mereces, te amo con todo mi corazón hija mía, siempre te protegeré.- dijo mientras se daba la vuelta y seguía al rubio.
Fuutarou tomó la mano de la chica y colocó el anillo en el dedo anular de la chica.
-Prometo que estaré contigo siempre, en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad. Prometo cuidarte y amarte por toda mi vida.
Itsuki se sonrojó, sentía que humo salía de sus oídos.
-Y yo... también prometo estar contigo siempre, en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad. Prometo dar lo mejor de mí para que seas feliz, prometo amarte por toda mi vida.-
Desde la lejanía Raiha miraba todo con una sonrisa.
-Papá... mamá... ¿pueden ver esto? Espero que sí... gracias por cuidarlo siempre. Gracias por guiarlo aún cuando ya no estaban con nosotros... gracias.-
La voz del padre interrumpió los pensamientos de todos, pues al hablar toda la atención se dirigió hacia los comprometidos.
-Ahora... los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.-
Fuutarou se acercó a Itsuki y la besó.
En ese momento, todas las personas comenzaron a aplaudir y a felicitar a los recién casados.
-Fuu-kun, Itsu-chan... les tomaré una foto, para el recuerdo.- dijo Takebayashi luego de que los aplausos terminaran.
Ambos bastante sonrojados se colocaron juntos, pero a Fuutarou se le ocurrió la idea de cargar a la chica.
La cargó y esta se sorprendió, por lo que instintivamente colocó sus brazos alrededor del cuello del chico.
-Ahí está genial... 3, 2... 1...- dijo, para luego tomar la foto.
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When I saw you in that dress, looking so beautiful
I don't deserve this, darling, you look perfect tonight.
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Último capítulo: ¿Casualidad? No... fue el destino.
Jooooooder. Me siento extremadamente feliz por haber llegado hasta este punto, realmente no saben cuanto les agradezco a todos ustedes, el apoyo y la aceptación que esta historia tuvo es una que no me esperaba, pero que sin duda agradezco.
Un capítulo más... y esto se termina, es una sensación agridulce para mí.
En fin, ¿qué les pareció el capítulo?
Saben que siempre leo sus comentarios, me gusta ver las ocurrencias que tienen a veces xD.
Por ahora me despido, nos vemos en el último capítulo.
Fin de la transmisión.
-Writer_Bryan.
(Lo que el frutas de este fic se va a comer, y no, no hablo de la fresa ni del pastel xd).
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