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Capítulo 2


I thought heaven can't help me now...



Seis días

Seis días, diez horas y dieciséis minutos.

Seis días desde que Alec había sido nombrado Director del Instituto, algo con lo que había soñado desde siempre. Seis días desde que Magnus Bane, el Gran Brujo de Brooklyn le había aventado a la pared y follado hasta hacerle ver las estrellas. Seis días desde que Alec había caminado con sus músculos ardiéndole en formas que no creía posible que pudieran doler, desde que su miembro se endurecía en solo pensar en Magnus. A pesar de saber completamente lo mucho que odiaba a ese hombre.

Bueno, quizá lo odiaba un 96%. Definitivamente al menos un 80%. Bueno no menos que un 70%

Seis días, diez horas y diecisiete minutos.

Maldito brujo, que no salía de su cabeza ni un minuto del día.

– Entonces... ¿quieres formar un Consejo con Subterráneos? – Jace repitió, cuando salían de una de sus muchas juntas. – ¿Realmente crees que funcionará? –

– Honestamente, no tengo idea, – Alec suspiró. – Será difícil convencer a los líderes. –

– Yo puedo hablar con Luke, – Clary se ofreció. – Se que dirá que si. –

– Si, eso suena bien, – Alec intentó no gruñir. Lo último que quería era la ayuda de esa pequeña niña, pero no podía negar que esa era su mejor opción para tener a Luke de su lado. – Izzy, ¿puedes hablar con Meliorn? Tienes una buena relación con él, se que te escuchará. –

– También puedo hablar con Raphael, – ella se ofreció

– No creo que sea una buena...– Alec negaba.

– Hermano, estaré bien. A el no le agradas mucho, así que yo soy mejor opción, – ella insistió.

– Tiene razón, – Jace añadió.

– No me agrada. – Alec dijo, obstinado.

– No tiene que agradarte. Solo callarte y aceptarlo, – Izzy dijo. – Además, tu tienes un problema mayor. –

– ¿Qué puede ser peor que mi hermana yendo a hablar con el vampiro que disfrutaba de morderte y tomar tu sangre? – Alec demandó, enojado

– Magnus Bane, –

Mierda. Su estómago saltó como siempre que pensaba en él.

– ¿Qué tiene? – Alec preguntó, intentando controlar sus hormonas.

– Odia a los cazadores de sombras. ¿Cómo lo vas a convencer? –

– No... no tengo idea, – Alec tenía algunas ideas. – ¿Alguien quiere hablar con él? – Todos se quedaron en silencio, viendo a cualquier lado menos a Alec. – Gracias por el apoyo. Supongo que yo hablaré con Bane. Quizá lo convenza. –

– Lo dudo, – Jace murmuró, mientras todos comenzaban a tomar sus caminos.

*

Alec se quedó parado frente a la puerta de Magnus, con su corazón latiendo frenético en su pecho. ¿Qué estaba haciendo? El era un cazador de sombras y Magnus un Subterráneo. Nunca debió dejar que pasara eso y ahora... ahora estaba ahí, esperando que se repitiera.

Asuntos oficiales, estoy aquí por asuntos oficiales. Nada más, se repitió, para finalmente, tocar la puerta.

La puerta se abrió al instante. Alec vio a Magnus parado en la gran sala, con una copa de whisky en la mano. Después de su encuentro, había dibujado un iratze para curar las mordidas y marcas que Magnus había dejado en su cuello, pero había dejado las de sus caderas, y podía jurar como estas comenzaban a arder al ver a Magnus. Suspiró profundamente y entró a la habitación. Magnus solo le miró acercarse, mientras tomaba de su copa.

– Lightwood, – dijo finalmente, cuando Alec estaba a unos pasos de él.

– Bane, – Alec intentaba ocultar la ansiedad en su voz.

– ¿Qué puedo hacer por ti? – Magnus le preguntó, moviendo su mano hacía Alec, quien no pudo evitar recordar como esa mano le había apretado la garganta mientras le penetraba...

– Um...– Alec tragó fuerte, – Um. Estoy aquí para invitarte a unirte al Consejo de Subterráneos como el representante de los brujos. –

– Representante en un Consejo de Subterráneos, – Magnus murmuró, tomando otro trago de su copa, y girándose para darle la espalda. Alec aprovechó eso para intentar relajarse, hasta que Magnus se volvió a girar, lamiéndose el labio. – Entonces, ¿ibas en serio? –

– Um, ¿qué? –

– Ibas enserio sobre querer mejorar la relación entre la Clave y los Subterráneos, – Magnus repitió.

– Si... claro que si. Ambos somos parte de los Acuerdos y tenemos que vivir en el mundo de las sombras. No veo porque no podemos convivir pacifica y justamente. –

– Eres adorablemente ingenuo, cazador. Tienes una idea irreal del mundo. – Magnus agregó.

– Entonces, ¿no quieres que haya paz entre nosotros? – Alec rechinó los dientes.

– Claro que lo quiero. Pero los que no nos tratan con igualdad son los de la Clave. Llevan siglos matando y aprisionando subterráneos porque si. Lo he visto de primera mano. Así que no puedes culparme por no poder ver tu mundo ideal como una posibilidad. No lo van a permitir, no eres el primero en intentarlo. –

– Yo lo voy a lograr, – Alec insistió, sintiéndose enfadar. – Pueden cambiar si insistimos lo suficiente. Pero para ello, necesitamos trabajar todos juntos. Probar que podemos trabajar juntos. –

– ¿Y que se supone que debo hacer como representante de los brujos? – Magnus preguntó, sarcásticamente. – ¿Sentarme en una mesa redonda para darte ánimos mientras "intentas" cambiar el mundo? –

– Mira, no vine a que te burlaras de mi, – Alec soltó, enojado, – Vine porque quiero intentar lograr un cambio, un cambio real. Y tu dijiste que ibas a ayudar, – sin darse cuenta, cada vez se acercaba más a Magnus. – Dijiste que si iba enserio ayudarías. ¿Mentías? ¿Esto es una broma para ti? –

Magnus le miró fijamente. Con un chasquido hizo desaparecer su copa. Miró de arriba hacía abajo hacía Alec y dio un paso más, para quedar casi pegado a él, y susurrar sobre sus labios.

– ¿Realmente quieres que forme parte de tu Consejo de Subterráneos? –

– Si, – Alec jadeó. – Te necesito... te necesitamos. –


Magnus se lamió los labios, casi tocando los de Alec con su lengua. Alec se moría de ganas porque el brujo le besara. En su lugar, dio un paso hacía atrás.

– Entonces, suplica. –

– ¿Qué? – Alec no sabía que sentía. Deseo, o miedo. Indignación o vergüenza.

– Ya me has escuchado, Lightwood. Ruégame. – Magnus cruzó sus brazos. – Quiero que el Director del Instituto de Nueva York le ruegue a un Subterráneo, para que se una a su banda de vengadores. –

Alec le miraba sin poder creerlo. Y aun peor, sin poder creer que su cuerpo se moría de ganas por obedecer. A la mierda.

Alec se dejó caer de rodillas frente al brujo. Con manos temblorosas tomó la bragueta de Magnus, y antes de bajarla, subió la mirada para mirarle.

– Por favor, – susurró, no muy seguro de porque rogaba, si por su Consejo, o por algo más.

– Iniciaste bien, – Magnus murmuró, acariciándole el cabello.

– Te necesitamos. Te necesito, – Alec continuó, bajando la bragueta de Magnus. – No puedo lograrlo sin ti. –

– Continua, – Magnus suspiró, acariciando la mejilla de Alec.

– Los Subterráneos te escuchan, te admiran. Ayúdame, – añadió, finalmente bajando los pantalones del brujo, y sacando la dura y grande polla. Una pequeña vocecita le gritaba sobre su falta de profesionalismo, pero Alec no podía ni quería escucharla. – No puedo hacerlo sin ti. –

– Creo que necesito una mejor demostración del porque, – Magnus jadeó, jalando el cabello de Alec.

En respuesta, Alec chupó la polla, metiéndosela completamente, sin dejar de ver a Magnus. Recordaba el sabor, salado, y delicioso. Le hacía querer abrir las piernas para que Magnus se enterrara de nuevo en él. Sacó el miembro de su boca, dejando un rastro de saliva en él

– Excelente explicación, – Magnus le dijo, tomando su polla entre sus manos y dirigiéndola a los labios de Alec. – Saca la lengua y abre la boca. – Magnus comenzó a golpear su polla en su cara y boca. – No esperaba ver a un cazador de sombras arrodillado frente a un brujo. Esta es la segunda vez que me sorprendes. Te ves tan bien así. –

– No puedes esperar esto de cualquier cazador, – Alec replicó.

– ¿Pero de ti? – Magnus dijo, acariciando los labios de Alec con su polla.

– Si, – Alec susurró, sacando la lengua para lamerle.

– Bueno, eres el único cazador que quiero de rodillas, así que, abre la boca, – Magnus sonrió, metiendo su polla en la boca de Alec. – Respira por tu nariz, – le indicó. –

Magnus le tomó del cabello, manteniéndole en su lugar, para comenzar a meter y sacar su polla de forma agresiva, marcando un ritmo, follando duro la boca de Alec, quien solo intentaba respirar más y abarcar todo el miembro dentro de él. Sentía la saliva gotear de su boca, pero no quería ni limpiarla.

– Maldita sea, te ves tan hermoso así, – Magnus jadeó, sacando su miembro de la boca de Alec y salpicando sus mejillas con gotas de semen que comenzaban a salir. – Naciste para chupar mi polla. Ahora, voy a follar tu boca de nuevo, y me voy a correr en tu garganta. Y quiero que tragues cada gota, ¿entendido? – Magnus le dijo, suavemente, acariciándole la mejilla.

– Si, por favor, – Alec rogó, lleno de deseo. Sentía que se iba a correr en sus pantalones de lo duro que estaba. Y ni siquiera se había tocado.

– Eres tan hermoso cuando ruegas, Alexander, – el brujo le dijo, metiendo nuevamente su polla en la boca de Alec.

Magnus arremetió su polla contra él, llenándole la boca una y otra vez. Alec luchaba por respirar, y por llevar al brujo a su máximo placer. Finalmente, el brujo metió su polla hasta el fondo de su garganta, y le lleno de semen la boca. Alec desesperado lo tragaba, intentando no desperdiciar ni una gota.

– Eres increíble, ángel, – le susurró, sacando su miembro de la boca de Alec y limpiando las gotas que quedaron en el rostro del chico. – Eres tan buen estudiante. –

Mierda, Alec podría escuchar hablar a Magnus por siempre. Siempre y cuando continuara hablándole como ahora, de forma casi dulce, diciéndole lo bueno que era.

– Has presentado un argumento bastante convincente, Alexander, – Magnus dijo, casi ronroneando, mientras se dejaba caer sobre sus rodillas, para después empujar a Alec contra la alfombra. – Ahora tendré que demostrarte que acepto tu propuesta. –

Dejó a Alec sobre la alfombra y se acomodó entre sus piernas. Alec gimió al sentir como Magnus le acariciaba el miembro sobre su pantalón, desesperado por un orgasmo que estaba a punto de llegar. Intentaba contenerse, no quería correrse demasiado rápido, sería embarazoso. Magnus chasqueó los dedos y toda la ropa de Alec desapareció.

– Quiero que me digas como te sentiste después de nuestra última reunión, – Magnus le dijo, acostándose sobre él, y mordiéndole el cuello, acariciándole el miembro con una mano. Alec tembló al sentir la polla de Magnus sobre su piel desnuda. – Usa tus palabras, Alexander. –

– Adolorido, – Alec gimió, cuando Magnus envolvió su mano en su polla.

– No te curaste, – Magnus notó las marcas en la cadera de Alec.

– No, me gustan, – Magnus gimió en aprobación. – Aun podía... podía sentirte dentro de mi. Cuando me sentaba, recordaba la sensación de tenerte dentro, – Alec balbuceaba, mientras Magnus bombeaba el miembro de Alec.

– ¿Pensaste en mi? – Magnus le preguntó, como si nada.

– ¡Si! ¡Si! ¡Todo el tiempo! Por favor... –

– Dime lo que pensaste. –

– En ti. En como te sentías dentro de mi. En tu voz, tu sabor, tu olor, tu maldita mano.., – el cerebro de Alec no tenía filtro. El brujo le tenía hipnotizado.

– ¿Te gustó mi mano en tu cuello? –

– Si, – Alec jadeo.

La mano libre de Magnus comenzó a acariciar el pezón de Alec, hasta finalmente, llegar a su cuello. Alec estaba completamente desnudo en el piso del departamento del Gran Brujo, mientras que este estaba sobre el, vestido, solo con su polla fuera, con una mano bombeando su polla y con la otra apretando en cuello de Alec. Y a pesar de saber que eso estaba mal, Alec no podía sentirse más vivo que nunca, y desesperado por el toque de Magnus.

– Si tan solo pudieras ver lo hermoso que te ves ahora mismo, Alexander, – Magnus murmuró, mordiendo el pezón de Alec, dejando una marca roja. – Quiero que te corras para mi, cariño. Ahora. –

– ¡Mierda! –

Alec se corrió fuerte, su mente se puso en blanco y todo lo que podía ver y sentir era a Magnus, acariciando su miembro, dejándole mordidas en su cuerpo, marcas en su cuello y cadera.

– Bien hecho, Alexander, – Magnus le dijo, sonriéndole, y besándole suavemente los labios.

Alec le tomó de la camisa para mantenerle cerca de él, y profundizar el beso. Magnus le abrió la boca con su lengua, y Alec gimió ante la intrusión. Se besaron lento y profundamente, abrazados el uno al otro, Alec completamente desnudo, y sin querer detenerse.

Demasiado pronto, el brujo se separó, haciendo que la realidad bañara a Alec. Mierda. Acababa de tener sexo de nuevo con el brujo. Definitivamente así no era como debía ir su día. Alec no podía ver al brujo.

– Ah, claro, –Magnus dijo, sentándose en las caderas de Alec. – Aquí viene el arrepentimiento del ángel. –

– No me arrepiento de nada, – Alec contestó, alzándose sobre sus brazos.

– Lo dudo. –

– No lo hagas, – Alec insistió. – No era lo que había planeado, pero no quiere decir que me arrepienta. –

– Así que ¿no te arrepientes de hincarte ante mi, chupar mi polla, tragarte mi semen, y dejar que un sucio brujo te masturbara y marcara hasta que te corrieras? –

La polla de Alec se estaba excitando de nuevo. – No. Puede que seas un completo idiota y un dolor en el culo pero no, no me arrepiento de nada. – Alec contestó, mirando los labios de Magnus.

– Mi querido ángel, creo que quieres decir que soy un dolor en TU culo, – Magnus sonrió sugestivamente.

– Solo esa vez, – Alec era un completo tomate, lo sabía.

– ¿Solo esa vez? –

– Bueno, aunque estoy abierto a... futuras reuniones. – Alec se mordió el labio.

– Bueno, creo que trabajamos bastante bien juntos, – Magnus dijo, acariciando el rostro de Alec.

Sin poder resistirse, Alec cerró la distancia entre ellos y le beso. Le besó lentamente, como respuesta, dando a entender que diría que si a cualquier cosa que Magnus le pidiera. Finalmente se separaron. Alec sabía que ya se había tardado demasiado.

– Tengo que irme, – le susurró.

Magnus suspiró, pero se levantó de Alec, y le dio una mano para ayudarle a pararse. Magnus chasqueó sus dedos y el rostro de Alec quedó limpio.

– ¿Qué...? –

– No podía dejar que volvieras al Instituto con mi semen en tu cara, Alexander, – Magnus le dijo, chasqueando los dedos de nuevo, y vistiéndole.

– Yo... gracias, – Alec le miró, sin poder leer su expresión. – Entonces... ¿te unirás al Consejo? ¿Cómo el representante de los brujos? –

– Si, supongo que me uniré a tu banda de Vengadores del Submundo, ¿okey? – Magnus lanzó un largo suspiro. – Pero a la primera señal de desigualdad de la Clave hacía los Subterráneos, me voy. Y te aseguro que los otros representantes me seguirán. –

– No las habrá, te lo aseguro, – Alec le prometió. – Realmente quiero que esto funcione. –

– Te creo. Pero no le creo al resto de la Clave, – otro chasquido de dedos, y la puerta del loft se abrió. – Supongo que nos veremos en la reunión del consejo, cazador, – Magnus le dijo, girándose para caminar hacia el minibar.

Alec apretó los dientes, por la despedida tan seca, pero salió de la habitación. Esperaba que Clary e Isabelle hubieran tenido suerte convenciendo al resto de representantes... Y sobre todo, esperaba que su hermana no hubiera recurrido a los métodos empleados por Alec.



Y las cosas se van a calentar más....

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