Capítulo 2: Alma
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Las cinco de la tarde estaba a un par de minutos, el pelirrojo yacía en la silla doblado, donde mas parecía un muñeco de trapo a una persona de carne y hueso. El chico se había quedado dormido hace una hora, mientras intentaba leer un libro, que al parecer termino desencadenando en él un sueño profundo.
Uno donde sentía que podía volar, de alguna forma se sentía tan tranquilo en aquella silla, tanto que el pelinegro al salir de su turno no quiso despertarlo. Lo único que hizo fue recoger una manta y taparlo.
Sonrió, mientras sacaba un sobre con mucho cuidado, leyó de forma vaga mientras musitaba unas palabras como si fuera para alguien mas, siendo que había cerrado la tienda.
"Lo encontré".
El chico reviso todo lo que estaba a su alrededor, cerrando cajas y bajando nuevo equipamiento para nuevas ventas, a veces se asustaba un poco porque escuchaba murmullos, pero luego se dio cuenta que solo era el pelirrojo hablando entre sueños.
La luz de la luna se posaba en Chuuya, el chico no pudo evitar observarlo y pensar en con que propósito enviarían al chico colorino con él, porque no tenía dudas de que su maestro lo había elegido.
Repasaba sus palabras muchas veces, pensando en alguna conclusión coherente que no fuera los comentarios de su maestro sobre que el debería conseguir una pareja.
Al pensarlo, por alguna razón sintió calor en su pecho y sus mejillas calientes, sus ojos ojearon hacia atrás, como si se sintiera expuesto ante un crimen, pero nada. Chuuya seguía babeando en la misma silla.
Aun no sabe porqué tiene a su lado al pelirrojo, que hace pocos dias lo había visto pelear para ser despedido y pensó que nunca mas lo iba a ver. Nada mas lejos de la verdad.
Tenerlo durmiendo en su sillón tampoco ayudaba, el chico se había rehusado a ir a su apartamento después de aclamar que "estaba demasiado cansado para eso".
Eso no evitaba que ahora el no pudiera dormir debido a la presencia del otro, sentía que debía indagar mas entre las cosas que le dejo su maestro antes de que falleciera.
Se levanto de su cama para usar unas pantuflas negras con pequeños bordes en forma de copo de nieve, se dirigió hacia la caja que tenía debajo de sus ropas en el closet, la acomodo entre sus piernas teniendo una mejor vista del contenido.
Una libreta de cuero que tenía un nombre en la parte frontal destacaba por sobre los otros materiales "Oda Sakunosuke", busco entre las paginas, hasta llegar a la última, que enseñaba un lugar entre árboles, haciendo énfasis a una roca.
"Cuando encuentres al chico, acompañalo al lugar, y encontrarás lo que he dejado, el camino ha terminado para ti, Ryuunosuke."
Unas cuantas gotas de agua caían por sus ojos, sin saber el porqué, saco la imagen que estaba en esa última pagina, esperando tener alguna pista sobre a que lugar se refería; su pecho dolía, pero seguía en confusión.
La última despedida que tuvo con él fue antes de que se enterara la noticia, su maestro le había dicho que ya no podía seguir enseñandole, y como tal los cielos lloraron con tal frase, dejando a Ryuunosuke con las palabras en la boca y su mano extendida.
Al recibir la llamada hablando de la persona que le enseño a quererse a el mismo, salió corriendo a presenciar el funeral de este, reconociendo caras comunes que veía donde trabajaba Oda, todos le entregaron su pésame, como si fuera el mas afectado, las abuelitas le habían dado de comer, además de un estrecho abrazo sin pedirlo.
Se quito esas memorias de su cabeza sacudiendola a los lados, tenía que concentrarse, no podía dejarse llevar por sus pensamientos.
Un conejo se poso entre sus piernas que se restriegaba feliz y lo observaba.
—¿Qué haces aquí, Dai? —lo acariaba mientras posicionaba mejor al conejo, como si esperara que este le respondiera—, ¿Oda te mando? Dile que no debe preocuparse por mi si es que lo ves.
El conejito movió su nariz como si entendiera lo que le había dicho, más solo salto a la caja mordiendo un trozo de papel que Ryuunosuke no había visto.
Un papel viejo de color café, sin algún tipo de marca por fuera o firma, lo examino abriéndolo, pero había un mapa en él, aunque tenia construcciones viejas junto a los nombres antiguos de las calles que ahora tenían un re nombre.
Tenía que decirle al pelirrojo, sentía que algo ahí lo esperaba, pero no podría ir sin compañía, aunque aun no sabía la razón del porqué el otro chico estaba involucrado, quería creer que era algo mas significativo que darle una cita.
Sabía que su maestro se preocupaba por él, pero de esta manera lo hacía sentir como un niño pequeño que le presentan a alguien para que sea mas sociable.
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