principio
Cuando regreso al departamento Joshua no está. Tiene sentido, porque ya es tarde e incluso ya cubrí mi turno en el supermercado.
Decido hacerme un plato de ramen y me sirvo una soda para acompañar. Mientras busco algo que ver en la televisión me llega un mensaje a mi celular. Lo tomo rápido pensando que es Joshua, pero resulta ser un recordatorio.
Porque mañana es...
Mi hermano llega y se me sale el corazón, estoy tan concentrado pensando que no lo escucho abrir la puerta.
—¿Por qué te espantas?
—¿Por qué entras como un ratero? —contraataco yo.
Se ríe y se afloja la corbata que lleva.
—Espero que hoy termines la historia. Vine directo del trabajo nada más para saber el final.
—Seguro que sí, porque eres un chismoso —le digo—. Pero bueno, solamente lo dejo pasar porque eres mi hermano.
El día siguiente Seungkwan no fue a la clase de metodología, y la verdad es que me preocupé un poquito. Porque Seungkwan jamás faltaba a clases.
En contra de mi voluntad me la pasé buscando a Mingyu por el edificio de medicina toda la mañana.
Cuando lo encontré llevaba una bata blanca que lo hacía ver incluso más alto de lo que era.
—¡Hola! —me saludo primero él a mí que yo a él.
—Hola —dije—. ¿Has visto a Seungkwan?
Mingyu se lo pensó un momento, pero terminó por negar.
—No en realidad. ¿Por qué lo sabría?
Me alcé de hombros y desvié un poquito la vista.
—Porque es tu amigo. O tu novio. ¿Amigovio? No sé.
Mingyu sonrió cuando me miró apenado, entonces pensé que era un tonto.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó.
—¿Qué cosa?
—Que Seungkwan es mi novio.
Lo miré tan confundido como veía a mis exámenes de cálculo.
—Porque ayer se besaron. Frente a mi —le recordé.
Por primera vez pareció tímido. Y en lugar de parecerme gracioso me resultó tierno.
—¿Por qué lo estás buscando?
Me avergonzaba admitir que el chico me tenía un poco preocupado, así que decidí decir una pequeña mentira piadosa.
—El profesor lo reprobó.
Joshua comienza a carcajearse tan fuerte que también me hace reír a mi.
—No sé que es más gracioso —dice—; que tú seas tan ingenuo o que alguien sea tan tonto como para creer lo que dices.
Le golpeo el hombro para que me deje seguir hablando.
De hecho, Mingyu se comenzó a reír tan fuerte como tú cuando dije eso. Era obvio que Seungkwan no iba a reprobar por una sola falta.
—Ya, dime. ¿Pasó algo? ¿Por qué lo quieres ver? —preguntó.
—No dije que lo quería ver —le dije yo.
Mingyu asintió sin estar convencido.
—¿Entonces me querías ver a mi? Seungkwan tiene muchos más amigos a los que les puedes preguntar dónde está.
Rodé mis ojos. Yo no conocía a ningún amigo de Seungkwan, tampoco conocía a Seungkwan.
—Eres un tonto —dije a la defensiva—. ¿Por qué querría verte? Ni siquiera te conozco.
Me miró molesto.
—No tienes que conocer a alguien para quererlo ver. Tampoco conoces a Seungkwan, y aún así lo quieres ver.
—¡No dije eso! ¡No lo quiero ver!
El pasillo se quedó en silencio después de eso. Y, ah, en verdad me sentí un idiota. Seungkwan y Mingyu me comenzaban a caer bien y yo ya estaba arruinándolo todo.
—Lo siento si te molesté.
¿Ves cómo todo se pone peor?
Seungkwan me miraba desde las escaleras, como si hubiera llegado a nosotros en el peor momento. Cuando traté de hablar de nuevo mi garganta se cerró.
Mingyu pasó a mi lado entonces, empujándome en el camino, y siguió corriendo a Seungkwan cuando este se fue.
Me quedé ahí parado. No sabía que hacer. No quería seguirlos, pero tampoco quería no hacerlo. Quería conocerlos mejor, pero a la vez no quería hacerlo. No sabía ni lo que quería.
Me di cuenta de que, de cualquier modo, tenía que disculparme.
Ni siquiera conocía a los amigos de Seungkwan ni de Mingyu, y aún así fui como un tonto a preguntarle a todos si los habían visto.
Al final si los encontré. En la azotea del edificio de ciencias, y aunque llovía no parecían tener intenciones de irse. Mingyu llevaba un paraguas que los cubría a ambos.
Ni siquiera me miraron, y eso me hizo sentir peor.
—Lo siento —les dije.
Seungkwan fue el primero en mirarme. Sus ojos estaban aguados y de pronto también tenía ganas de llorar yo.
—No, perdón —dijo—. Ya sé que ni siquiera nos conocemos bien, pero solo quería agradarte. No pensé que te molestara así.
Mingyu no me miró, pero peinó el cabello de Seungkwan con ayuda del agua de lluvia. Le pasó un mechón detrás de la oreja y después acarició su mano.
—¡No! No me molestas —aseguré—. En realidad... en realidad si quería verte. Creo que quería verlos a ambos. No debí ponerme así, de verdad no era mi intención —dije para Mingyu.
Él continuaba viendo cualquier otra cosa que no fuera yo, pero me contestó.
—Solamente queríamos conocerte.
Y eso me hizo sentir peor.
—¿Por qué? —les pregunté entonces—. Ni siquiera tengo amigos porque no le hablo a nadie. ¿Por qué ustedes sí...? —no acabé la oración antes de que mi voz se cortara—. ¿Por qué?
—¡Ya deja de hablar y métete debajo del paraguas! —gritó Mingyu y yo solamente lo obedecí. Me miró y respiró con fuerza antes de sobarse la sien con su mano libre—. Ah, realmente...
—¿Realmente qué? —pregunté.
—Quiero que nos conozcas —dijo Seungkwan entonces. Sus mejillas estaban algo rojas y pude ver cómo le daba un apretón a Mingyu en la mano —. Quiero que nos conozcas y que nosotros te conozcamos. Que vayamos a desayunar todos los días y que veamos películas de terror mientras bebemos por las noches.
No pude evitar sonreír un poco. No quería enojarme con ellos, no podía hacerlo.
—¿Eso significa que podemos ser amigos?
Creo que después de eso Mingyu se cansó, porque dejó caer el paraguas y los tres quedamos bajo la lluvia.
—Podemos ser más que amigos —dijo tan rápido que de lo único que me enteré fue de que me besó.
Frente a su novio. ¿Oíste? Me besó frente a su novio.
Pero luego Seungkwan se rió, se rió con esa risa que también me hace sonreír como tonto. Y también me besó.
Los dos me besaron.
Joshua tiene la boca abierta para cuando me callo. Sus ojos me miran sorprendidos y soy yo quien tiene que empujarle la mandíbula hacia arriba para que cierre la boca.
—Te dije que por las noches hay mosquitos, no te vayas a tragar uno —le advierto.
—Hansol Vernon Chwe —me llama, y me asusto, porque la única que me llama por el nombre completo es mamá cuando me va a regañar—. ¡¿Conseguiste dos novios?!
—¡No! —le aseguro—. O sea, apenas vamos a tener un cita. Mañana, de hecho —digo como un bobo.
—Ah, voy a matarte. ¿No podías empezar por el final? ¡Era la mejor parte!
Me rió antes de darle un codazo.
—Tenía que empezar desde el principio —digo.
꒰◍ॢ•ᴗ•◍ॢ꒱
gracias por leer
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