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cap 3

Su última frase me dejaba aún más confundida de lo que ya estaba, yo quería saber todo lo que sucedía entorno a lo demás, sin embargo eso podría envolverme en un peligro inminente, un peligro al cual llevaba esquivando por algunos días.

— Hazme caso, necesitas estar lejos de mi — esa parte sonó mucho más dulce, más tierna y con fe de súplica.

— ¿Estar lejos? — bufé — Tú eres el que llega a mi casa sin ningún reparo, él que se aparece para solo dejarme más y más dudas.

Se acercó tal y como me gustaba, de esa forma desafiante y firme.  Ezra se colocó delante mío, dejándome solo a pocos centímetros de él, quería retroceder más no podía, estaba ya recostada contra la pared.

— ¿No me tienes miedo?— sus labios rozaban los míos y ciertamente no, no le tenia miedo. Negué con la cabeza, ya que ni un solo hilo de palabra salía de mi boca — Eres peligro, Eva — depósito un rápido beso, me sujetó aún mucho más fuerte y terminó aquella frase —  Y el peligro me gusta, me gusta mucho.

Mentiría si digo que ansiaba soltarme, me gustaba así, era insistentemente frágil antes sus brazos, ante su simple roce.

Me soltó de la nada, con un mundo de sensaciones  dentro.

— ¿A dónde vas?

Rió

— Necesito distraerme un poco.

Todo se me hacía costumbre, estaba resignada a cuidar de un extraño que venía por las noches a hacerme perder el control e irse sin remedio alguno.

Ese día me resigne a que Ezra volviera por la puerta, llegue tarde al trabajo y me gané un gran regaño por parte de cada uno de los del restaurante. Definitivamente tenia la mente en otro lugar, en aquel beso rápido que me hubiera gustado que fuera eterno, en aquel desconocido que se había vuelto una caja de grandes sorpresas.
Aquella noche salí igual de rápido por si llegaba a aparecer en alguna esquina.
Se encontraba en la esquina de mi edificio, con una de sus típicas sudaderas, y era de imaginar que estaba con los tipos de siempre, con aquellos que hacían aún más peligroso el vecindario.

Me quedé parada cerca de ellos durante varios minutos, lo miré  y él también lo hacía, pero actuaba como si viera a una extraña más, los tipos me observaban de pies a cabeza, se burlaban y gritaban cosas sin sentido o quizás cosas que Ezra si entendía. Me cansé de mirarlo, me cansé de suplicarle con la mirada que se acercara.

Tomé el poco orgullo que me quedaba, subí al departamento sin mirar atrás y abrí la puerta de un empujón. Estaba llena de rabia, quería saber que es lo que sentía ¿Por qué me dolía en el fondo todo esto? ¿ Por qué me frustraba  que me ignorara?

¡Solo lo conoces de días!
Trataba de repetirme eso por la cabeza, era absolutamente imposible que me importara tanto, que quisiera saber más de él.

Esa noche por más que fingí no esperarlo, lo hice. Más no apareció.

Desperté temprano para ir trabajar, le dejé un poco de comida a Gato y aunque moría de sueño por no poder pegar el ojo en toda la noche, salí lo antes que pude.

Sabia muy bien que en el fondo Zara seguía molesta conmigo, ella seguía pensando que lo correcto era delatar a Ezra, que lo mejor era alejarme e irme a vivir con ella y Sasha.

Después de muchos días decidí cerrar sola la cafetería y aunque se me hizo un poco difícil logré hacerlo aunque me llevara un par de horas en ello.

Esa noche parecía más oscura que las anteriores, se notaba y se sentía mucho más fría.

South Bronx estaba más silencioso, no había ni un alma por sus calles, solo yo y mi pensamiento que llevaba varios días en otro lado. Una vez alguien me dijo que mirara al piso cuando caminara sola por la noche, así podría distinguir si mi sombra venia acompañada, así podría notar si alguien me perseguía.

Aquella noche sombría en South Bronx era claro que alguien venía tras de mí.

Camine muy rápido sujetando mi bolsa, tuve varias caídas en el intento, miraba de vez en cuando hacia atrás y cada vez los sentía más cerca.
Fue en vano cada intento, cada caída, cuando pude recuperar el aliento tuve a 5 tipos a mi alrededor, todos tenían la misma mirada, la misma misión.

— ¿Por qué tan solita? — preguntó uno de ellos acercándose aún más, tiré mi bolsa al suelo e intenté alejarme sin respuesta alguna - No queremos dinero, nena.

Me estremecí del miedo, no había nadie quien me pudiese salvar, y así lo hubiese nadie con cerebro en todo South Bronx lo hubiera hecho, al menos si se quería mantener con vida.

Los tipos murmuraban sin si quiera darme oportunidad de correr, seguía temblando, y con la piel erizada.
Cuando creí todo perdido, un tipo desaliñado caminaba a lo lejos, era Ezra, lo hubiera reconocido a kilómetros. Por primera vez agradeci que estuviera cerca y sin nada encima; sin embargo tenía la duda de salir viva con él  o que ambos corrieramos la misma suerte.

— Suéltala — ordenó

Uno de los tipos se mostró desafiante, y sin reparo alguno sacó una navaja de su bolsillo, en el fondo sentía que ambos estábamos perdidos.

— ¡El gran Ezra! — sonrió — ¿Pensé que habíamos llegado a un acuerdo?

— No hablo dos veces, Jason  —  Ezra lo tomó por la sudadera y lo lanzó sin reparo, aquellos ojos se fijaron en mi y aunque deseaba correr, no quería dejarlo solo.

— Tranquilo hermano, solo quería divertirme un rato — clavo la mirada en mi, él pudo notar mi miedo, lo sentía.

De un arranque pude soltarme y corrí a colocarme tras Ezra, noté que todos estaban dispuestos a pelear contra él, pero por alguna razón muy fuerte ninguno se atrevía.

— ¡No vuelvas a acercártele!

— ¿Es un amenaza? — bromeó

— Es una orden — me tomó del brazo y a saltos me llevó al edificio.
Me advirtió claramente en no voltear y seguir como si no hubiera mañana.
Cuando por fin estuvimos seguros me abrazó, tarde unos segundos en devolverle el abrazo y me refugie bajo su aroma exquisito, bajo su protección.

— Te dije que cambiaras de ruta — Se alejó, su pibolaridad comenzaba a salir dejando de lado a aquel tierno abrazo de hace unos minutos.

— Yo...

— ¡Tu no piensas, Eva!¡ No puedo estar salvandote toda la maldita vida! — agregó sin dejar que hablara.

— Yo no te pedí que me salvarás, puedo cuidarme sola, lo he hecho hasta ahora y no necesito de ningún idiota como tú.

— ¿Así? Pues si este idiota no hubiera estado allí, te hubiera cogido como les diera la puta  gana — me obligó a mantenerme cerca, volví a sentir su respiración y su aliento como el día anterior, sus ojos estaban llenos de furia y fuego al mismo tiempo, y la respiración estaba igual o aún más agitada que la mía.

Su frente chocó contra la mía, nos quedamos mirando largo tiempo, con un silencio sepulcral, un silencio que me encantaba. Quise interrumpir ese momento, pero hizo el gesto de que queria que estuviéramos en silencio, inmediatamente obedecí.

— Déjame cuidarte  — susurro contra mis labios, estuve pensativa durante algunos segundos, estaba confundida en creer si en verdad había escuchando claramente o solo era mi mente tratando de imaginar lo que queria escuchar.

— Y tú... - suspiré- Dejame curarte

En ese momento todo se desvaneció, aquel beso era el paraíso total, sentir a Ezra cerca sin temor a que se fuera, a que me dejara lo significaba todo. Ese beso era tierno y protector a la vez, tan necesitado y desesperado que me hacían creer que  Bronx, no era Bronx, como si Ezra no tuviera un pasado del cual yo no sabia nada o como si yo por fin fuera alguien.

— Estas completamente loca al aceptar esto — rió, yo hice lo mismo y sin querer me solté de su agarré.

— Lo sé, pero nada pierdo con intentarlo.








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