Capitulo diez. [sin editar]
▫️R a c h e l▫️
—Rachel, cuando esa puerta se abra, quiero que cierres los ojos. ¿De acuerdo?
Asiento con temor no comprendiendo nada. El corazón me late con rapidez, producto del alcohol en mi cuerpo mezclado por la adrenalina del momento. Jared se mueve ágilmente a través de la cocina y se queda tras la puerta. Pasan unos segundos y luego esta se abre rápidamente mostrando a un joven desconocido. No, no un joven desconocido «era el acompañante de Ángela»
Cierro los ojos al instante y luego oigo un crujido. Me tapo los oídos cuando escucho la voz de alguien gemir, para luego detenerse.
—¡Jared! ¿Eres tú? Por favor, dime que eres tú— susurro intentando contener las ganas de llorar.
Unas manos heladas toman mis brazos y es ahí cuando me atrevo a abrir los ojos.
El rostro de Jared se relaja, intentando transmitirme tranquilidad:— Soy yo, tranquila, estarás bien, Rachel. Solo no mires el suelo y acompáñame, debemos irnos.
¿Irnos?
Por un instante mis pensamientos se encuentran divididos, porque Jared me asusta, me aterra la idea de entregarle mi confianza aún no conociendo nada de él, no comprendiendo el por qué actúa tan extraño, y también por qué siempre esta siguiéndome o está en los lugares que representan peligro.
Mi parte racional me dice que me quede, que no me fíe de alguien como el, pero otra me pide a gritos seguirle y descubrir hasta sus más profundos secretos.
Jared me extiende su mano:— Debemos salir de aquí, Rachel. Antes de que alguien lo descubra.
«¿lo descubra?»
Y es cuando lo comprendo. El cuerpo de el acompañante de Angela estaba en el suelo. Ahogo un grito y Jared me mira con lastima.
—Estará bien, no está muerto, solo inconsciente, debemos irnos. No es seguro aquí.
Pienso en Sebastián, el se quedó en mi casa, no puedo dejarlo solo. Menos con alguien así de peligroso en este lugar.
Jared se abre paso en la multitud y me saca de la casa. Toma mi mano y el contacto de sus dedos contra los míos me estremece y también a él, porque su mano arde, quema, estaba muy cálida. Demasiado.
Cuando llegamos a su motocicleta, las piernas me pesan, porque el alcohol me golpea demasiado fuerte. Me siento con dificultad en el asiento y texteo a duras penas a Sebastián, para que me espere en casa, excusándome en que me he sentido mal.
Jared me observa con curiosidad, no sabría descifrar la expresión de sus ojos. Pone el casco con delicadeza en mi cabeza y luego se sienta en el frío asiento de cuero.
Estrecha mis manos alrededor de él y acelera, para luego perdemos rápidamente en la carretera.
Durante el camino todo me daba vueltas y las luces de los automóviles se veían viscosas y borrosas, a ratos analizaba todo lo que ha sucedido en este extraño y corto periodo universitario. No es lo que a cualquier chica joven le venden como cuento americano. Resulta que he tenido alucinaciones de personas que intentan atacarme, y un chico peligrosamente atractivo es mi compañero de clase. Lo peor de todo es que estoy segura de que la primera es falsa, porque no son alucinaciones, estoy segura que cada una de esas cosas sucedieron en la realidad.
Han intentado matarme, y Jared ha estado en medio siempre. Sé que debe existir una conexión, aunque siempre intente inventar una buena excusa para negar la realidad.
Jared estaciona su motocicleta en una gasolinera y le agradezco, porque mi estómago estaba revuelto y en cualquier momento expulsaría los tragos que bebí.
—Creo que no me siento del todo bien—confesé.
Jared se baja de la motocicleta mostrando preocupación.
— Compraré algo para que puedas comer, no puedes llegar en ese estado a casa, Rachel. Estás ebria.
Iba a negarlo pero no pude, porque mi cuerpo quería expulsar todo lo que bebí. Me bajo rápidamente de la motocicleta y corro a una esquina para vomitar. Lo hago dos veces y luego expulso un quejido.
Noto que me manché la punta de mis panties y un poco de mi zapatilla. Evito continuar mirándolo, o de otra forma las náuseas no pararían.
—Sabía que beber por primera vez era mala idea.
Creo que tendré que cambiar de pantalón.
—¿Es tu primera experiencia con las bebidas?—pregunta Jared llegando a mi lugar.
—Pues sí, tontito.
Jared sonríe cuando le llamo «tontito».
—¿Cómo puedes lucir condenadamente adorable aún estando ebria?
Ignoro su pregunta por la vergüenza. Me dirige hacia el minimarket junto a la gasolinera. Y me pide que me quede en la motocicleta donde mis ojos lo vean. Donde sus ojos, digo.
Creo que el alcohol está surgiendo demasiado efecto.
Veo que se pasea por los pasillos buscando cosas, luego paga. Cuando lo veo caminar donde mi es que me doy cuenta que no iremos a mi casa, sino a la de él. Por primera vez podría conocer algo de Jared que no sean sus engaños. Ajusta su gorra negra y camina con seguridad hasta mi lugar. Me remuevo nerviosa en el asiento, pero paso a llevar el pedal que sostiene la motocicleta. Inmediatamente pierdo el equilibrio cayendo al suelo. O al menos eso parecía.
Cierro los ojos con temor esperando la caída, pero no sucede. Jared había llegado hasta mí, evitando que yo cayera.
— Creo que alguien definitivamente bebió demasiado.
—Y yo creo que tus ojos son muy bonitos, ¿qué color son? —me acerco a sus ojos para verlos bien. Jamás había visto unos que se iluminarán tanto—¿son reales? Porque no lo parecen. Nada en ti lo parece.
—Espero que eso haya sido un cumplido y no una ofensa. Si estuviera en tu posición no insultaría al chico que te llevará a su casa.
—¿Eso fue una amenaza?
—Mm...—piensa unos segundos— sí. No deberías confiar demasiado en las personas, Rachel. ¿Qué sucedería si deseara asesinarte y te llevara a casa por ese motivo?
El vello de mis brazos se eriza—P-ero, tú no quieres hacer eso, ¿verdad?
Aparta la mirada:—Al menos, no hoy.
Me sonríe, como si lo que hubiese dicho fuese una broma de mal gusto. Prefiero imaginar que es así.
Me sienta delicadamente en su motocicleta y maneja por unos veinte minutos más. Llegamos a su casa, es la misma donde dejé a Emily el primer día que conocí la universidad.
—Vamos, necesitas beber algo de sopa, no puedes irte en ese estado, tus padres no saben que no estás en tu habitación.
—¿Como sabes eso?
Esta vez no sonríe.
—Los ivanovic sabemos cosas.
Comienzo a reír porque su frase sonó muy extraña.
— Ah, ¿sí? ¿Y qué cosas más sabes?
No responde de inmediato. Me lleva de la mano hacia la puerta, y me invita a pasar antes de entrar.
—Sé que te gusta dibujar, y eres excelente haciéndolo, sobretodo cuando se trata de rusos adolescentes.
Mis mejillas arden. Se que lo dice porque ha visto mis dibujos acerca de él.
—Eso tiene una explicación.
Ingresamos a su casa antes de que responda, es linda aunque demasiado minimalista para atraparme. Todo es blanco, gris o negro. No hay una pizca de colores cálidos.
—¿Sorprendida de que mi casa no sea la típica fraternidad de un adolescente? Prometo que no oculté posters de chicas desnudas antes de que llegaras.
—Creo que tienes razón. No es lo que imaginaba aunque si vives con Emily, imaginé que no tendrías cosas de ese tipo. ¿Tus padres no están hoy en casa?—pregunto para averiguar más allá.
Camina a su cocina, sus movimientos son determinados y podría jurar que se veía un tanto nervioso.
—Yo... no tengo mamá. Mi padre nos crió solo, pero él nunca suele estar, siempre se mantiene viajando, así que se podría decir que no vive acá, y Emily tiene su habitación en la extensión de atrás. Es más seguro.
—¿Seguro?
Asiente—Sí, mi padre tiene muchos negocios importantes y siempre solemos correr peligro por eso. Emily tiene su habitación en la extensión de atrás, y también un cuarto de lectura y sala de estudio, para que lleve bien sus materias, siempre suele ser un poco obsesiva con ello, pero no me importa demasiado, me tranquiliza saber que puedo mantenerla protegida allí, si alguien se atreve a entrar sin ser invitado.
Todo lo dice con absoluta seguridad. No estaba bromeando, lo decía enserio, ¿pero que clase de trabajo te mantenía tan alerta a posibles ataques? ¿Tráfico de drogas? Examino a Jared unos segundos; es alto, tonificado, con facciones muy varoniles, añadiendo su acento ruso, tiene toda la pinta de ser hijo de algún traficante de drogas, pero ¿Emily? Absolutamente no.
Jared camina hacia una encimera y saca una olla pequeña, luego se desliza hacia el refrigerador y coge vegetales, los deja en la mesa de centro que tiene la cocina quedando frente a mi.
Saca un cuchillo y me lo enseña. Inmediatamente me paralizo, el brillo del filo producía que el vello de mis brazos se erizara.
Jared levanta una ceja:— ¿Asustada, cielo?
«cielo» la forma en que le costaba pronunciar la palabra en español, y en que lo decía, parecía pertenecer a un chiste privado, como si ese «cielo» significara algo más que una simple palabra o apodo. No me decía cielo como un apodo romántico, me decía cielo porque tenía un significado.
Trago saliva, porque no sé si se refería al cuchillo o algo más.
Jared corta un vegetal con agilidad— ¿Pensabas que lo preguntaba por el cuchillo? Qué graciosa eres cielo. Si deseara hacerte algo, créeme que no lo haría necesariamente con un cuchillo.
Mi corazón late con rapidez. Jared comienza a cortar vegetales y desliza su gorra hacia atrás, luciendo divertido, en el intento de perturbarme con sus comentarios.
—Tú...eh, ¿tienes baño?
Agua, necesito agua.
Sonríe— ¿Quieres escapar tan rápido de mi? —como no respondo, añade:—Toda casa tiene un baño, se que vengo de Rusia pero eso no significa que no utilicemos un baño. Lo encontrarás por el pasillo derecho a la izquierda.
Asiento. Camino hacia la dirección que me dice mientras mis piernas tambalean, aún sigo ebria pese a que haya vomitado hace unos minutos, y el estar por primera vez en casa de Jared a solas, mientras él mantenía un cuchillo en su mano, dificultaba todo aún más.
Camino por el pasillo que me indicó y veo dos puertas, una era al parecer el baño y otra parecía ser su habitación. Observo hacia a la cocina y oigo como Jared mueve ollas y platos, así que ingreso rápidamente a la habitación en busca de información. No podía dejar escapar una oportunidad así de averiguar más sobre él y lo que oculta. Porque sé que oculta cosas, no todo pueden ser simples coincidencias.
Cierro la puerta tras de mi cuando ya estoy dentro. La habitación es gris, nada nuevo, hay una guitarra vieja en una esquina, un velador junto a su cama y una alfombra negra y peluda, en medio. Una extraña familiaridad me invade. He estado aquí, estoy segura de que he estado aquí antes.
En una esquina hay un mueble con libros, varios son de medicina, otros de arquitectura, otros de filología, demasiados, como para entender su interés en todas esas áreas, como si Jared fuese mil personas a la vez.
Un libro llama mi atención, era el más grueso y grande, tenía líneas doradas y el libro era completamente negro. Parecía ser un diario muy antiguo. Lo cojo e intento hojear un par de páginas pero no podía, no se abría, como si todas sus hojas estuviesen bloqueadas o pegadas con una especie de pegamento indestructible. Forcejeo unos minutos más pero un golpe en la puerta pone alerta los sentidos.
El rostro de Jared aparece en la puerta. Lucía tranquilo, demasiado como para haberme descubierto en su habitación a escondidas.
—No conocía tu fascinación por la literatura. La sopa está lista, puedes recostarte en mi cama mientras traigo un poco, ya que estás cómoda en mi habitación.
Lo último lo suelta con burla.
— Yo eh-
No me deja terminar porque me deja a solas en su habitación. Genial, ahora pensará que soy una chismosa hurgando en la habitación de desconocidos. Dejo el libro en la repisa y me siento en la punta de su cama, a los pocos minutos aparece el rostro de Jared ingresar.
Viene con una bandeja y dos platos con sopa.
—Bébela, te hará sentir mejor.
La recibo avergonzada, doy un par de sorbos pero un olor proveniente del piso me impide seguir bebiéndola.
Jared sonríe, por centésima vez en esta noche. «Algo no usual en él» pienso:— Generalmente no le digo esto a las chicas pero... apestas Rachel. Creo que te has salpicado las panties de malla con vomito. Si quieres puedes quitártelas en el baño y te presto un par de mis calcetines.
Asiento avergonzada.
Jared me entrega unos calcetines cortos, camino al baño a cambiármelos y paso un trapo húmedo en mis zapatos. Cuando regreso a la habitación ya no está en el mismo lugar de antes, se encuentra recostado en su cama, su gorra ya no la tiene puesta, esta sobre la cama, sus brazos están apoyados en la parta trasera de su cabeza, dejando expuesto un poco de su abdomen y la finas líneas que se marcan en la parte baja de su estómago.
Me repasa con la mirada—Nada mal, cielo. Tienes unas lindas piernas.
Trago en seco.
—No me agrada que me llames cielo, suena como parte de una broma de mal gusto. No sé a qué te refieres cuando lo dices, ni tampoco sé qué pretendes ahora—No había notado que había aguantado la respiración hasta ese momento, así que suelto todo lo que me ha estado dando vueltas estos días—¿por qué fuiste a esa fiesta Jared? ¿Por qué te molestas en traerme a tu casa cuando me has dejado en claro que me odias? ¿Por qué razón recuerdo tu habitación y tengo alucinaciones vagas de ti diciéndome que me alejara porque no eras quién yo creía?
Jared no me mira a los ojos, solo se dedica a juguetear con una hebra suelta en el bordillo de su pantalón.
— ¿No me dirás nada?
Sus ojos me encuentran y me pierdo en ellos. Se levanta y camina hacia mí, mi corazón late con rapidez y mi cuerpo comienza a sudar, observo la ventana y veo como una fina hebra de fuego comienza a consumir la cortina, grito en señal de desesperación no comprendiendo qué sucede.
—¡Debemos salir, nos vamos a incendiar!—le indico a Jared pero sus manos tocan mi rostro provocando que mi mirada se dirija a él.
—¿De qué hablas, Rachel? Nada se está incendiando.
Regreso mi vista hacia el ventanal y noto que se encuentra en perfectas condiciones.
—pero- yo vi que... no, no puede ser, ¡te juro que vi fuego en tu cortina!
Observo a Jared, esta vez se encontraba sin camiseta, por primera vez. Y sonriendo, como si disfrutara verme perturbada y confundida.
Sus vaqueros se ajustaban a sus caderas y líneas se formaban en forma oblicua en la parte baja de su abdomen. Su cuerpo tenía pequeñas gotas de sudor y su pecho subía y bajaba con velocidad.
—¿Sucede algo, Rachel?
Trago saliva con dificultad.
—¿Est-á-s semi desnu-do? ¿Tu camiseta, donde está tu camiseta?
Da un paso hacia mi, acortando la distancia. Una de sus manos toca mi rostro mientras con su dedo pulgar acaricia mi labio inferior. Esto no estaba bien, me perturbaba ver cosas que hace segundos no eran así. Jared me jala desde el bordillo del beatle blanco atrayéndome hacia el. Sus dedos rozaron mi ombligo con delicadeza.
Una explosión de sensaciones me invadieron.
—¿Qué ves, Rachel? Estás alucinando.... conmigo, pero no me desagrada la idea de que lo hagas.
—Esto no está bien... no es, no es real.
—Estas delirando—oigo su voz pero lo que dice no es racional a lo que mis ojos ven.— pero si deseas que te bese, solo debes pedirlo, eso está dentro de los límites permitidos de «muy bien»
No, no estaba bien. Nada de esto lo estaba.
Toma mi muñeca mientras me acorrala contra la pared, sus manos rozan el borde de mi pierna izquierda desnuda y yo expulso un leve gemido. Pero recuerdos me invaden.
Me observa a los ojos y acaricia mi rostro— repite conmigo Rachel, no recordarás nada de esto y te mantendrás alejada de Emily y de mí, o cual quiera de mi familia que intente acercarse a ti. No soy la persona que tú crees.
La luz de la habitación comienza a parpadear, a medida que los recuerdos se hacían más fuertes y persistentes. De pronto Jared ya no se encontraba semi desnudo, sino que tenía su ropa puesta.
—Tú... tú has jugado con mi mente, me hipnotizaste estoy segura de que lo hiciste.—respondo, como si lo que acabara de decir tuviese algún sentido.
Ejerzo presión contra su pecho pero el la devuelve.
—Me has borrado los recuerdos pero comienzo a recordar todo... me pediste que me alejara de Emily y de ti. Luego todo se volvió absoluta oscuridad. ¿Quien eres Jared, qué buscas?
Sus hipnotizantes ojos se encienden con preocupación y temor:— Eso no es posible, nadie jamás recuerda nada, nadie... excepto, tú. Eso solo podría significar una cosa.
La luz de la habitación comienza a parpadear aún más rápido que antes. Todo en la habitación se iluminaba y apagaba cada vez con mayor intensidad.
—¿De qué hablas? ¿Qué sucede?
Mis piernas tiemblan, mi cuerpo se comenzaba a sentir débil y así como la luz de la habitación parpadeaba para oscurecerse cada dos segundos, mi mente comenzaba a hacer lo mismo. Cada vez el rostro de Jared se veía más borroso. Hasta que finalmente, habla.
— Significa que mis sospechas acerca de ti, eran ciertas, cielo.
La lámpara de la habitación explota, y la oscuridad me invade, mis piernas me traicionan y me desvanezco en el suelo, pero Jared me coge en sus fuertes brazos y me deja sobre la cama.
—Eres tan pura como el cielo, pero eso solo lo empeora todo, porque yo soy absoluta oscuridad.— Le oigo susurrar a mi lado, luego, cierro los ojos, mientras la oscuridad me consume por completo.
_____________________________#DT
DOS PALABRAS:
En.shock
¿Impresiones? Yo ya comencé a sufrir... ¿cómo se imaginan a Jared? ¿Ya encontraron un nombre para shipearlos? ¿Rachel volverá a olvidar todo o será que lo recuerda? ¿Jared la entregará a su tío o guardará el secreto? Demasiadas preguntas.
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Besos muaccccck,
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