Capítulo cuatro.
Rachel.
Mi cabeza daba vueltas. Abrí mis ojos desorientada y un rayo de luz me cegó durante unos segundos. Luego un conjunto de voces se escucharon.
—¡Rachel dios! ¿Cómo te encuentras?— Emily se acercó a la camilla seguido de Ángela y otro chico que desconocía.
— Debiste comer algo, por suerte Thomas te encontró en el pasillo y te trajo hasta aquí— Ángela se refería al chico desconocido.
Inmediatamente mi mente vagó en mis recuerdos recordando lo sucedido. El psicópata... Jasper...Jared, él...lo mató. Observé al chico desconocido confundida y añadí.
— ¿Tú... tú me trajiste hasta acá? eso...eso no puede ser posible yo...
—¿Tú...? cuando fui en busca de mis cuadernos a mi casillero te encontré sola desvaneciendo te como una delicada pluma—susurró avergonzado.
Repase mentalmente lo sucedido y no lograba comprender como era posible que haya imaginado todo. Es...totalmente imposible. Llevé una mano a mi cuello y lo toqué. El dolor rápidamente se expandió al rededor de él, me levanté de forma dificultosa hasta un espejo apoyado en la descolorida habitación ignorando las miradas extrañas que me dedicaban mis amigas y mi rostro palideció. No parecía tener hematomas o mejor dicho, no los tenía.
Di media vuelta completamente confundida y me despedí de la enfermera rápidamente. Hice un ademán a las chicas para que me siguieran hasta la puerta cuando noto que el chico desconocido seguía de pie junto a nosotras.
—Disculpa, no te di las gracias por...rescatarme—sus ojos verdes me traspasaban calidez.
Me dedicó una media sonrisa—No fue nada, en realidad me espanté mucho cuando te vi caer al suelo— tomó lugar frente a mí estrechando su mano— me presento, mi nombre es Thomas voy en segundo año de fotografía junto con Ángela.
Ambos sonrieron.
—Bueno, muchas gracias por todo. Mi nombre es Rachel y acabo de comenzar con medicina este año— musité avergonzada, detesto que toda la atención requiera en mí, aunque solo sea por pocos segundos.
Por fortuna Ángela llevó a colación nuevamente el baile que celebra la universidad y todos añadieron comentarios sobre parejas, vestimenta y otro tipo de cosas sin sentido, o al menos así lucía para mí, mi mente solo divagaba en Jared y en lo demente que me estaba volviendo con su cercanía. La campana resonó por los pasillos dando anuncio a la siguiente clase. Me despedí rápidamente y caminé apresurada a mi casillero en busca de mis libros. Necesito ver a Jared, necesito comprobar que lo que sucedió no fue una alucinación, más bien algo real.
Una vez que tenía mis libros apilados sobre mis brazos caminé al salón de biología electivo. Al ingresar noté como todos se encontraban sentados en sus pupitres, todos menos Jared. Resoplé por la bajo y caminé hacia el último banco, tomando asiento. El profesor ingresó y comenzó dar su clase, ahogué un bostezo en la palma de mi mano y me recosté sobre la mesa pensando en todo lo sucedido.
¿Será posible que haya imaginado todo aquello?
No tengo respuesta a esa incógnita, solo sé que desde que Jared apareció en mi vida todo se ha vuelto extraño.
(...)
Las horas habían pasado y no había rastro de Jared. Ni en la asignatura de biología, ni en cálculo, ni en anatomía humana. Desapareció como si la tierra lo hubiese absorbido. Cerré mi casillero abrumada y caminé hacia la salida cuando mi móvil vibra dando aviso a un mensaje de texto.
Emily.
No podré irme contigo, mi tío de Rusia está de visita y debo irme de prisa. Besos, nos vemos Ray, cuídate.
Guardé mi móvil en el bolsillo de mis vaqueros y caminé a la salida. Extrañaré las interminables conversaciones de Emily camino a casa. Llegué hasta mi coche y me subí en él, una vez que estaba dentro las llaves se cayeron cerca del acelerador, me agaché torpemente y las tomé pero al levantarme me llevé un gran espanto al divisar a Thomas frente a mi coche.
Se aproximó a mi ventanilla e inmediatamente la bajé.
—Disculpa si te espanté no era mi intención— se excusó— verás, hoy iremos con Ángela a el gran taco y ella comentó que sería buena idea que vinieras con nosotros....
Su tono avergonzado solo podía hacerme sentir más miserable.
— Oh, bueno mi mamá es un poco como decirlo...paranoica, y detesta que vea la luz del sol— ironicé cabizbaja.
Me dedicó una sonrisa y luego frunció sus cejas— Vaya, cualquiera que lo escuchara diría que es una bruja— reí junto a él— descuida si no puedes no te preocupes, supongo que...bueno, nos veremos otro día. Adiós Rachel.
Caminó sin ánimos por la acera y sin pensarlo algo dentro de mí exigió gritar su nombre. Se giró sorprendido e inmediatamente me ruboricé.
— Creo que...iré. Supongo que no es tan mala idea.
Asintió con demasiado entusiasmo y me dio la dirección y la hora en que nos veríamos. Por lo poco que conozco la ciudad deduje que quedaba a unos treinta minutos desde mi casa. Me despedí de Thomas fijando la hora acordada.
Mientras iba camino a casa pensé en las hazañas que debería realizar para poder asistir a ese bendito bar.
(...)
—Por supuesto que no. ¿A un bar y de noche? ¡a penas conocemos este lugar! —mamá tocaba sus sienes mientras Peter la observaba afligido.
Lo sabía. Sabía que mamá se negaría rotundamente al que yo asistiera a ese lugar.
— ¡Tengo diecinueve años mamá!— lágrimas brotaron desde mis ojos pero las contuve al instante.—¿Sabes? ¡no iré! ¿feliz?
y corrí a mi habitación. Esta vez ni siquiera Peter detuvo los delirios de mi madre, al contrario demostró estar de acuerdo con ella. ¡¿Pero qué les sucede?! mientras permanecía sobre mi cama abrazada a mis rodillas repasé mentalmente toda mi vida.
A los doce años Stacey mi compañera ofreció una fiesta de pijamas en su casa (todas las chicas del salón, incluido Fred su osito de felpa asistieron.) todas menos yo, porque mamá decía que era peligroso si no asistía junto a ella. Y así mi vida se reduce a aquello. Cada oportunidad en el que la vida parecía sonreírme mi madre la pisoteaba y la arrojaba a un bote inexistente de basura.
Pero hoy no será así, por primera vez desobedeceré a sus obsesivas reglas e intentaré no pensar en lo mal que se pondrá cuando se entere.
Me levanté decidida, tomé mi bolso y uno gorro gris de lana para amortiguar la helada que acababa de caer esta mañana. Caminé hasta mi ventana y me subí al tejado que queda bajo ella. Una vez que me encontraba ahí me aferré al helado tuvo de las cañerías que caía por una pared de la casa mientras me impulsaba para alcanzar las ramas de un árbol ubicado a unos metros de mi ventana.
—Vamos Rachel, solo un poco más.
Estiré hasta el último músculo de mi cuerpo para poder alcanzarlas. Luego de varios intentos lo logré, posicioné uno de mis pies sobre una gruesa rama mientras me impulsaba con el otro para abrazar el árbol por completo. Con una obra magnífica logré estabilizar ambos pies sobre las ramas, comencé a bajar con cautela y cuando me encontraba a un metro de distancia sobre el suelo una rama crujió para luego quebrarse e enviarme de rodillas al suelo.
El dolor se expandió desde las rodillas hasta mis manos raspadas. Me levanté con dificultad e ignoré el escozor que me produjo la caída. Ajusté mi gorro de lana y me dirigí a la primera parada de autobús cercana, ni muerta manejo el coche de Peter, eso sería levantar demasiadas sospechas.
Una vez que busqué en google los autobuses que me servían para llegar a aquel bar me alegré de saber que sí pasaban por mi parada. Esperé al menos unos cinco minutos cuando diviso el número 708 con letras desgastadas en un viejo autobús. Lo detuve y me subí vislumbrando a un señor regordete de pelo canoso y sonrisa perturbadora, le pagué mi boleto y por suerte al caminar a mi asiento noté que dos señoras de tercera edad y una pareja joven con su familia me acompañaban en mi adrenalínico viaje.
Conecté mis audífonos al móvil y reproduje say when de the fray, la triste melodía invadía mis oídos y sin darme cuenta cuando había finalizado la canción mis ojos leyeron un deslumbrante letrero negro con letras azules neón que citaba el gran taco dando aviso a que mi viaje había llegado a su destino. Me levanté de un salto tocando el timbre del autobús para bajarme pero por desgracia se detuvo varios metros más allá.
Al pisar la acera nevada un frío invadió mi cuerpo el autobús me había dejado a las afueras de un departamento abandonado que al parecer era utilizado como estacionamiento porque motocicletas y estropeados coches se encontraban fuera de él.
Apresuré el paso hasta llegar al connotado bar. Una vez que ingresé noté la poca luz que existía, un chico que se encontraba en la entrada preguntó mi nombre y luego chequeó una lista que se encontraba en sus manos. Realizó un extraño asentimiento con la cabeza indicándome que podía ingresar, lo observé nerviosa e ingresé por el largo pasillo que llevaba a la entrada del lugar.
Al cruzar el umbral con una peculiar cortina de piedras de distintos colores divisé mesas de billar. Demasiadas a decir verdad. Tantas, que los gritos y la cantidad de personas que se encontraban a sus alrededores me mareaban quitando el poco oxígeno que entraba a mis pulmones. Recordé las palabras de Thomas cuando llegues allí debes ir a la sección dos, es privada, solo para los amigos de la casa, te encantará.
Mi cabeza daba vueltas...¿sección dos? ¿privada? cuando las palabras salieron de su boca imaginé que era un bar costoso y que seguramente los meceros serían los encargados de indicarme donde se encontraba la sección dos, pero al ver esto...la cantidad de hombres tatuados gritando o bebiendo whisky eufóricos, solo lograba aumentar mis ganas de huir o desear haber permanecido llorando en mi suave cama.
Me armé de valentía e ingresé entre tantos espectadores, debía encontrar la sección número dos pero...¿cómo? caminé al rededor de una mesa de billar y toqué el hombro de un hombre regordete de aproximadamente cuarenta años, de seguro invierte el dinero en juegos en vez de llevarlo a casa para alimentar a su familia. Me observó con ojos furiosos e inmediatamente me atemoricé y continué mi camino.
Definitivamente a él no debía preguntarle donde se encontraba la sección dos. Caminé hacia otra mesa en la que se encontraba un grupo no menor de personas. Por desgracia todos eran demasiado altos para mi limitada estatura, me paré en puntas para hablarle a un sujeto con una extraña ancla tatuada en su brazo izquierdo, cuando... un grito sofoca de sus cuerdas vocales celebrando un juego ganado. Las personas al rededor de la mesa se removieron eufóricas y aquello provocó que mi espalda impactara con la de alguien atrás de mí.
Una maldición resonó por todo el lugar, parecía rebotar en cada pared y aumentar cada vez más la fuerza con las que las pronunciaba. Me giré espantada al sentir una nueva maldición.
—¿Quién fue el jodido imbécil que arruinó mi bola 8?
Una electricidad recorrió todo mi cuerpo al conectarme con esos ojos grisáceos, aquellos que contenían oscuridad absoluta y que tanto anhelaba encontrar.
— Yo...yo...lo siento, mi intención no fue...
me interrumpió.
— ¿Qué haces aquí, Rachel?
¿Rachel? ¿Conoce mi nombre? Dios, claro que lo conoce compartimos las mismas clases y... no lo sé, la forma en que pronuncia mi nombre produce que mi lengua se trabe y que mis pensamientos sean completamente absurdos. Lo observé incrédula durante un par de segundos, no distingo su tono de voz, no sé si es dominante o sereno, no distingo entre blanco o negro si se trata de Jared.
— Yo...he quedado con alguien. ¿Sabes dónde se encuentra la sección dos?
Sus ojos se relajaron por un segundo pero solo fue para humillarme.
—Claro que lo sé pero ¿qué te hace pensar que te lo diría? me acabas de hacer perder una gran cantidad de dinero y a mí no me agrada desperdiciar el dinero Rachel.
Rachel, Rachel. Saliendo de su boca suena como la palabra más hermosa de este mundo. Un momento, debo dejar de pensar de esta forma.
— Yo...yo...lo siento.
Arqueó una ceja y dio un paso hacia mí. No lo había notado antes pero su sudadera blanca dejaba completamente traslúcidos sus tatuajes. ¿Jared tiene tatuajes?
— Me temo que eso ya lo has dicho, Rachel.—relamió sus labios, producto de ello mis piernas se adormecieron y mi labio inferior comenzó a temblar.
Odio que en situaciones que requieran seriedad mis nervios me traicionen y mis labios comiencen a temblar. Es una costumbre que tengo desde pequeña. Jared se acercó aún más a mi cuerpo y llevó una mano hacia mi boca, atrapando mi labio inferior.
—Tu labio tiembla. ¿Me temes, Rachel?— enarcó una de sus cejas.
En un acto casi mágico logré articular una palabra o al menos así lucía antes que saliera de mi boca— N...no.
Se detuvo alejándose de mi cuerpo y me observó desde su exuberante estatura.
—Pues deberías Rachel, deberías.
Y luego de eso dio media vuelta dejándome con mis piernas adormecidas y mi labio temblando. ¿Qué se supone que signifique eso? ¿será una afirmación de que lo que sucedió con el falso profesor Jasper es cierto? Me di media vuelta convencida de que nuestra conversación había terminado cuando, siento esa áspera voz.
— al final de las mesas de billar se encuentra una escalera. Subiéndola encontrarás la sección dos.
Me giré para darle las gracias pero lo divisé caminando hacia las afueras. Su cuerpo contoneándose de un lado a otro como si su caminar fuese una técnica de seducción solo corroboraban una cosa, se va. Está huyendo. ¿Será que de mí? caminé en su busca pero otro grupo celebraba su victoria obstaculizando mi camino. Me vi rendida así que retome mi camino a las escaleras, subí en ellas hasta que llegué al segundo nivel.
Éste estaba repleto de mesas de billar y dos mesas de cartas. A su alrededor sillones dobles de cuerino rojizo y mesas que los acompañaban. Busqué con la mirada a Ángela cuando la diviso en la penúltima mesa, acompañada de Thomas y otros dos chicos desconocidos. Llegué hasta ellos e inmediatamente la cabellera rubia de Ángela y su gigantesca sonrisa me dieron la bienvenida.
— ¡Ray! ¡Has llegado, toma asiento!
Tomo asiento frente a Ángela junto a una chica de cabello oscuro, aún más que el mío.
El resto de la hora continúa en; presentaciones, chistes privados y una ronda de patatas fritas. Picoteo una patata y la llevo a mi boca pero antes de llegar a ella cae y rueda por mi pierna para finalmente llegar al suelo. La chica de cabello oscuro que al parecer se llamaba Cath me sonríe y yo le imito.
Prosigo a recoger la patata pero cuando llego a ella solo soy capaz de observar una gigantesca bota negra. Alzo la mirada lentamente; vaqueros negros raspados, sudadera blanca traslúcida, ojos inexpresivos, sonrisa burlona.
No puede ser.
Mis mejillas se encienden y rápidamente me vuelvo a mi asiento. Thomas me observa con curiosidad mientras yo le dedico una sonrisa nerviosa. Jared camina por mi lado impregnando su seductor olor en mis fosas nasales y se ubica en el asiento consiguiente junto a dos chicos más. Por desgracia escoge el asiento junto a la pared, quedando justo frente a mí.
Aprovecho la risotada de mis acompañantes como distracción y lo repaso con la mirada; nuestros ojos se encuentran y un escalofrío recorre mi columna vertebral. Su cabello oscuro como el carbón se encuentra ligeramente despeinado y sus labios lucen rojizos e hinchados.
—¿Rachel irás?
Salgo de mi trance y observo a Thomas que enarca una ceja acompañando su pregunta.
—¿Cómo?
— Que si irás a casa de Ángela, mudaremos la fiesta hacia allá.
¿fiesta?
— ¿fiesta? ¿un miércoles por la noche? mañana hay clases y yo...debo llegar temprano, lo siento.
Todos comienzan a abuchear pero finalmente se resignan. Observo mi reloj de mano y me alarmo al notar que casi son las doce.
—Chicos se me hace tarde, perderé el autobús. Nos vemos mañana ¿si?
Ángela se pone de pié y me estrecha en un fuerte abrazo, prosigo a despedirme de los amigos de Thomas y luego él se levanta.
— Yo te llevo en mi coche—se ofrece pero me horroriza tener que admitir frente a todos que no puedo ser descubierta llegando a mi casa en un coche.
— No te preocupes Thomas, puedo ir sola.
Camino hacia el pasillo pero su mano se aferra a mi brazo y me detiene.
— Insisto, no puedes coger el autobús a esta hora— observo su agarre y luego a él pero no soy capaz de responder porque alguien a mis espaldas lo hace por mí.
— Creo que escuché que ella dijo que no, a no ser que te falle la audición no encontraría otra explicación a tu insistencia.
Thomas suelta su agarre y yo doy media vuelta para observar a Jared a pocos centímetros de mi cuerpo y con una mirada completamente frívola e asesina.
—Créeme amigo, no me falla la audición solo intento ser amable, ¿se puede saber quién coño eres tú?— Thomas intentó contener su tono molesto pero no dio resultado.
Mientras yo, me encontraba en medio de ambos con cara de idiota sin poder articular a penas ni una palabra.
— Primero que todo, no soy tu amigo y segundo no es de tu incumbencia quién soy yo. ¿Rachel, vamos?— dice y solo ahí soy capaz de concentrar toda mi atención en él.
¿Vamos? ¿Dónde? Lo observo confundida y sus ojos me indican que obedezca.
—Lo siento Thomas, había olvidado por completo que Jared había quedado en llevarme a casa. Nos vemos mañana, ¿si?
Asiente pero con desgano, observo a Ángela y sus ojos me dicen que me preguntará cada detalle de lo que esté sucediendo pero lo extraño es que ni yo sé que sucede en realidad. El gigantesco cuerpo de Jared se mueve con elegancia a través de la habitación, no mira hacia atrás, solo en una ocasión cuando baja las escaleras y es para averiguar si sigo tras él. Algo me dice que no le hace falta girarse para notarme pero aún así no sé por qué razón lo hace.
Llegamos al primer piso y los jugadores continúan ajenos a todo lo que acababa de suceder. El hombre regordete de cuarenta años continúa en su mesa de billar pero con menos dinero que antes y con unos gorilas a sus lados que supuse son prestamistas esperando su dinero. Jared se dirige hacia la salida y yo lo sigo de cerca. Cuando pienso que se va a detener a explicarme qué sucede, lo contemplo caminando hacia el edificio abandonado.
— ¡Po...podrías detenerte por favor! — grito y su cuerpo se detiene en seco—gracias—termino por decir.
Llego a su lado y se gira observándome desde su generosa altura.
— Ahora, ¿podríamos ir por mi motocicleta? si no eres capaz de notar está nevando y créeme, en mi lista de muerte perfecta no existe la palabra hipotermia— dice y su voz me inquieta.
— ¿tu motocicleta? un momento...necesito respuestas, ¿por qué has dicho que viniera contigo? ¿por qué desapareciste hoy...después de que sucedieron todas esas cosas extrañas?
Coge mi brazo y me arrastra hacia el edificio abandonado. Ni los mil gritos que articulo son capaces de entrarlo en razón hasta que llegamos.
— No vuelvas a repetir algo como eso, ¿me entiendes? claro, si es que aprecias un poco tu vida. Hoy no sucedió absolutamente nada.
Mi vista comienza a nublarse y de pronto lágrimas comienzan a salir disparadas desde mis ojos, pero las palabras de Jared no son las causantes, más bien el agarre de su brazo en el mío. Me suelta enseguida y una maldición sale expulsada desde su boca.
— Te he dicho que te alejaras de mí Rachel, te lo he dicho ¡pero tú apareces en todas partes sin querer hacerlo!
Seco las lágrimas con mi suéter y de pronto no sé quién es este chico ni en qué se ha convertido mi vida.
— ¿Quién eres? ¿qué quieres de mí?
— ¿Cómo?— se acerca a mí confundido.
— Qué es lo que quieres Jared, ¿es dinero? ¿por eso eres cruel y agresivo? ¿necesitas dinero para jugar billar?— al parecer ninguna de mis preguntas son certeras porque una débil sonrisa cruza sus labios.
— ¿Es en serio Rachel, dinero?— lo observo confundida y el camina hasta dentro del edificio. Lo sigo— me temo que lo que deseo de ti, no me lo puedes dar— dice en un susurro casi inaudible pero que soy capaz de oír.
'Me temo que lo que deseo de ti, no me lo puedes dar' ¿qué quiso decir son eso? iba a preguntarlo cuando una gigantesca motocicleta aparece frente a mis ojos, sonrío al recordar que es la misma con la que casi pasé por encima mi coche, el primer día de clases.
— ¿Sabes? el primer día de clases una chica bastante demente intentó arrollarme con su coche en esta motocicleta—dice y yo evito reír.
Sus ojos se encuentran con los míos y me sonríen pero luego aparta la mirada y endurece su mandíbula.
— Sube. Debemos irnos— dice más en tono de demanda que de súplica.
Obedezco con demasiado temor. Jamás he subido a una motocicleta y menos con un chico con severos problemas de cambios de humor. Me monto en ella y el helado asiento de cuero me hiela los huesos. Jared levanta su chaqueta para que me sujete de su cuerpo y yo dudo unos segundos.
— De prisa, no tenemos toda la noche. O te coges de mi cuerpo o mueres a penas aceleremos y aunque me cueste admitirlo me ahorraría el trabajo...
Mi corazón se detiene.
— ¿Cómo?
— De prisa Rachel, se acaba el tiempo.
Me aferro a su cuerpo antes de lograr procesar cualquiera de sus palabras y un magnetismo alarmante recorre el mío. Luego una leve vibración en mi pecho me informa que Jared se está riendo.
— Aún falta el casco Rachel.—se gira desde su lugar quedando a una cercanía peligrosa de mi rostro. Mis pulmones se quedan sin aire al momento en que deposita el casco sobre mi cabeza para luego ajustar el broche que pasa bajo mi mentón.— tienes unos labios muy llamativos, ¿sabes?
Mi hormonas hacen corto circuito y se desconectan.
— Basta, no es gracioso.—digo y evito observar sus tentadores labios.
Sonríe pero sus ojos continúan con esa oscuridad particular que lo caracteriza.
—Y apuesto mi alma a que en este preciso instante me deseas besar.
—Yo...no...sé de que hablas.
—Negación, y además te fallan los nervios. Otro signo evidente de que me deseas Rachel.
— Eso no es cierto.— ¿es que este chico sabe todo lo que pienso?
—Negación y temor... temes que sepa lo que piensas— dice entornando los ojos y me ruborizo.
— equivocado...— respondo y mi labio inferior tiembla. Mi cuerpo se resiste a la mentira que acaba de atravesar mis labios.
— Mientes Rachel... tu corazón te delata. ¿Eres muy predecible, sabías? se me hace extremadamente fácil lograr descifrar como actúas.— sus palabras son frías y ninguna de ellas va acompañada de una sonrisa lo que me indica que lo dice enserio.
Me remuevo incómoda en mi asiento y aparto la mirada.
—Basta ya de bromas, será mejor que vayamos a casa.
—Que lástima, y yo que comenzaba a disfrutar—gira en su asiento y luego solo soy capaz de oír su voz— sujétate Rachel, no queremos accidentarnos en el camino — dice con una leve sonrisa que no es capaz de llegar a sus ojos y que provoca que mi piel se erice.
Cuando salió del improvisado estacionamiento el impulso me llevó a cogerlo bruscamente de su camiseta y de todo su cuerpo. Probablemente lucía como un koala aferrado a su madre. Pero el problema estaba en que yo no era un koala y Jared no era mi madre. Simplemente, era él. Con su acento tosco, su extraño aire de peligro y sus respuestas perturbadoras.
Lo más probable que haría una chica de mi edad con alguien como él sería evitarlo y si fuera posible vivir al otro extremo del mundo para evitar sus intimidantes respuestas. ¿Pero qué hacía yo? atraerme hacia él, como si de un imán se tratase. Intentando descubrir quién es y qué desea. Soy como un mosquito atraído por la luz ultravioleta.
Observé por última vez la carretera; el viento golpeaba con brusquedad mi casco y Jared. Jared lucía como si disfrutara lo que acababa de suceder.
Recordé sus palabras:—«Me temo que lo que deseo de ti, no me lo puedes dar»
¿Qué desea de mí?
_____________________________#DT
Nota de autora:
Demasiaaaaaaaaado tiempo sin actualizar. ¡Espero que éste capítulo haya sido de su agrado! estoy muy emocionada por éste nuevo proyecto y también muy agradecida por el apoyo que me brindan cada día con Mveui.
¿Qué les está pareciendo Jared? ¿Cómo se lo imaginan?
¡Besos y prometo no desaparecer demasiado!
ღDomiღ
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