Advertencia: escena violenta (les haré conocer el verdadero dolor... XD. Bueno, no jaja, más o menos.) Tengan preparados los pañuelos.
Capitulo 37
El pago por la libertad
Naruto miró furioso a su padrino.
—¡Iré! Muévete de mí camino viejo— gruñó Naruto.
Jiraiya no se movió.
—No. No puedes, este es un procedimiento peligroso. No puedes simplemente ir allí Naruto. Estos son hombres peligrosos, habrá armas. Ninguno de tus padres me perdonaría si te pasará algo.
Naruto apretó los dientes y los puños. Entendía a Jiraiya, su parte racional. Pero su corazón gritaba para que fuera a buscar a Hinata. Él mismo quería ver que estuviera bien, sana y en sus brazos para no soltarla nunca más.
—Si no te apartas, te lastimaré Jiraiya. ¡Muévete!
— Naruto, basta. Déjalos hacer su trabajo—, se quejó Neji.
Naruto lo observó, sus ojos filosos y peligrosos. El muchacho con características siempre perfectas, tenía ojeras, estaba pálido y demacrado. ¿Cómo en menos de un día todo podía cambiar? Naruto le mostró los dientes al apretarlos para no gritar de rabia.
— Iré, Neji. No me molestes.
—Tranquilos, tranquilos—, Kakashi se metió entre ellos, apoyando las manos en los torsos de ambos jóvenes.
Dos grupos especiales se estaban moviendo en el patio delantero de la casa de los Hyūga. Cuatro camionetas todo terreno negras estaban siendo ocupadas cuando los hombres terminaban de prepararse. Kakashi le hizo señas a uno de sus muchachos y este se acercó con un chaleco.
—Lo cuidaré, Jiraiya—, prometió Kakashi mientras le entregaba el chaleco a Naruto.
Naruto asintió agradecido con el hombre y comenzó a sacarse la chamarra para ponerse el chaleco.
—Kakashi, lo quiero lejos de estos hombres— gruñó Jiraiya no muy convencido, pero sabiendo que no podría detener a Naruto.
Kakashi le dió un asentimiento con la cabeza, enganchó su mano en la nuca del rubio para llevarlo casi arrastras a la camioneta. Una vez adentro, Kakashi se sentó a su lado y le tendió un revolver. Los ojos de Naruto se agrandaron cuando lo tomó.
—¿Alguna vez has disparado?— le preguntó mirando al frente cuando el conductor se sentó adentro del auto.
—No—, susurró Naruto sin saber muy bien que hacer con el arma.
Kakashi la tomó y le mostró una pequeña palanquita.
—Este es el seguro, lo levantas y apuntas y apretás el gatillo—, le dijo mientras mostraba la secuencia sin apretar realmente.
Sacó una funda de su cinturón, volvió a poner el seguro y la guardo. Se movió para ponerla en el chaleco y lo ayudo a cerrar su chamarra. Naruto sentía el corazón bombear con fuerza, estaba lleno de adrenalina y miedo.
— Mantente apartado de la línea de fuego y no te apartes de mí visión. Recuperaremos a tu novia— le aseguró para golpear su pecho cubierto por el chaleco antibalas.
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— Sé.. que no lo merezco— susurró Toneri, su mano fría manteniendo el rostro de Hinata cerca de su rostro para que lo escuchara—. Pe-ro... De verdad... De verdad lo s-siento.
Los ojos de Hinata se llenaron de lágrimas al escuchar sus palabras, por alguna razón parecía como si se estuviera despidiendo.
—Fuiste.. lo único bu-eno en mí vida. Yo.. —, Hinata sollozó suavemente mientras su ex se sinceraba con ella. Cada una de sus palabras, hacía que su pecho doliera—. Soy un i-idota. Jamás... jamás valore to-todo lo que tú hi-hiciste.
—Basta—, susurró ella intentando alejarse. La mano de Toneri se tensó en su nuca, su fuerza era mínima pero ella no pudo apartarse.
—Siempre.. serás la ú-nica mujer que amaré, Hinata.
Ella apartó el rostro, sin poder seguir escuchándolo. Hinata no podía verlo por las lágrimas que llenaban sus ojos, pero acarició su cabello mientras él parecía devolverle la mirada. Sus dedos delgados y húmedos recorrieron su mejilla con esa suavidad que ella había recordado de cuando eran jóvenes y su corazón se apretó más. Sus hombros temblaron con llanto desbordante.
—¿P-por qué?— susurró ella casi inentendible—. Esto no tenía que terminar así...— murmuró intentando limpiar las lágrimas que bajaban por sus mejillas.
Toneri pareció intentar mostrar una sonrisa, pero fue más una mueca.
—Todos terminamos... donde tenemos.. que estar—, susurró él lo suficientemente alto para que lo escuchará—. Fui.. un bastardo contigo ¿n-no?— el hizo una expresión de dolor.
—Deja de hablar—, le regañó suavemente—. Saldremos de esto y podrás volver a tu vida.
Toneri miró hacia otro lado, murmurando algo.
—¿Qué?— preguntó Hinata bajando un poco su rostro.
—¿De qué sirve?— preguntó Toneri. Hinata lo miró asombrada—. ¿Para volver a.. una casa vacía? ¿P-para dormir en una c-cama fría?— Toneri inspiró mientras llevaba su mano a su estómago, su expresión retorciéndose de dolor—. N-nunca me di cuenta... cómo a-alumbrabas mí vida, Hime.
Los ojos de Hinata se abrieron sorprendidos cuando escuchó el apodo que él le había dado cuando eran apenas novios. No tanto por el apodo, sino por el cariño con el que lo había dicho. Ella desvío la mirada a la puerta de la habitación cuando está se abrió de repente. Sus ojos se abrieron asustados cuando dos hombres enmascarados entraron, los dos con armas.
—Toma a la perra— dijo el que parecía el jefe.
Hinata no pudo siquiera luchar cuando el enorme hombre la tomó del brazo y la levantó sin esfuerzo. Gritó al sentir el dolor en su agarre.
—¡N-no! ¡Déjala Z...!— gritó Toneri intentando levantarse, pero sólo pudo sentarse antes de que el otro hombre le diera una patada en la cara.
—¡Basta!— gritó Hinata al ver que quería golpearlo de nuevo, aunque ya estuviera inconsciente.
El jefe se detuvo y miró a la puerta.
— Tráelo también—, le dijo al otro hombre que estaba allí.
Hinata fue sacada de la habitación y gritó cuando le pusieron lo que parecía una bolsa de tela en la cabeza. Su gritó se cortó cuando sintió que le apretaban la garganta con el cordón. Sus manos pelearon, pero las otras no tuvieron piedad, apretando sus brazos a su torso. Pronto sus piernas se unieron a la lucha cuando no pudo pasar aire por su garganta comprimida. Su boca estaba abierta, pero nada entraba o salía, podía sentir como un hormigueó subía desde su garganta a su cara y como el oxígeno se le escapaba. Lágrimas inútiles resbalaron por sus mejillas cuando se dió cuenta que la matarían allí mismo.
Cada momento importante de su vida se mostró delante de sus ojos, cada persona querida pasando como flashes por su visión borrosa.
Cuando su cuerpo comenzó a tener espasmos, sólo alguien cubría su visión. Pelo rubio, como los rayos del sol, ojos azules como el agua de un río tranquilo y sereno. Una sonrisa de dientes blancos.
—Hinata—, su voz era tan clara, llena de felicidad y cariño—. Nena, sonríe para mí...
Mientras sus ojos se cerraban, su boca hizo la curva que a él tanto le gustaba ver.
Continuará...
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