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V

Cayendo en tentación

Ya habían pasado más de seis meses, y me gustaba el tiempo que pasaba con ella, era una chica muy parlanchina, pero lo más curioso era que no le importaba que yo pensara diferente o que estuviera de acuerdo con ella, era muy claridosa y sus conclusiones muy bien argumentadas. Me hacia sentir estúpido sin la necesidad de decirme grosería alguna; además, era muy divertida.

Hoy, después de días de ir al parque, la misma cafetería de siempre, el centro comercial y muchos otros lugares "divertidos", fuimos nuevamente al cine.

Esta vez, yo escogí una película de cine independiente, la cual era muy entretenida, pero aún así no dejaba de mirarla a ella. Hoy Marinette estaba sumamente callada, se limitaba a negar o afirmar con la cabeza y me sonreía sin mucha expresividad.

Después de media película me decidí por preguntar.

— Hey ¿Te sucede algo?— susurré y pasé mi brazo por detrás de ella, abrazandola por los hombros. Marinette respingo en respuesta y eso me dio a entender que su cuerpo estaba presente, pero en su mente ella estaba divagando.

— N-nada.— Tartamudeo y eso me hizo enarcar una ceja.

— Mari, si te pasa algo, puedes decirmelo.

Con la luz de la pantalla pude ver sus expresiones, analizando mis palabras para seguido de esto, sonreir.

— Bueno, supongo que ya llevamos tiempo de conocernos si contamos los días en los que no dejabas de hostigarme en mi mesa.— se giró a verme, sonriente.

Contagiado por la felicidad del recuerdo, asentí.— Buen punto, m'lady. Pero enserio, dime, nunca te callas y si lo haces es porque no dejas de pensar.

— Es que...— volvió su mirada vacía a la pantalla.— No, olvídalo.

— Vamos.— la apegue a mi y ella se estremeció.— Te prometo que no diré nada si es lo que te preocupa.

Pasó un pequeño lapso de tiempo en silencio, solo con el sonido de la película.— Es que es justamente eso lo que me preocupa. Tu silencio.

Fruncí el entrecejo sin entender mucho.— No comprendo.

Nuevamente giró su rostro a mi y me miró con lo que pude percibir con ojos acuosos.

— Me gustas Adrien.

Sentenció y ante sus palabras lo único que pude hacer fue alzar las cejas en sorpresa.

— Me gustas y mucho.— Seguian esos hermosos ojos azules mirandome sin vacilar.— Yo nunca me había sentido tan bien en compañía de alguien. Mis amigos del Colegio se mudaron de ciudad hace tiempo, y en la universidad todos piensan que soy rara. Además, eres el único chico que no intentó tocarme en la primera cita.

Vi sus manos temblar y una lágrima recorrer toda su mejilla hasta su menton. Y ahí fue cuando la pude comprender. Una chica cualquiera, pero a la vez fuera del molde, que esconde sus traumas e inseguridades detrás de su intelecto y siempre estando a la defensiva porque son las únicas herramientas con las que cuenta para protegerse de la maldad de las personas.

Con mi mano libre, tomé su rostro y limpie esa lágrima. La guié para mirarme y acerque nuestros rostros hasta el punto en que su nariz rozaba la mía.

— Tú también me gustas Marinette.— Vi con mis ojos entrecerrados como los de ella se abrían sorprendidos. Coloqué mis labios sobre los suyos, uniendonos en un beso tranquilo, tierno y suave. Debía ser delicado con ella en estos momentos o caería en pedazos.

Comencé a hacer movimientos y ella, torpe y lentamente se sincronizo conmigo. Me separé ligeramente para recuperar un poco de aire, para después inclinar mi cabeza al lado contrario en una posición más cómoda para ambos. Volví a besarla y pude sentir su sonrisa, y como había separado ligeramente sus labios pude incrementar la intensidad de nuestro beso.

Ya no supimos sobre el resto del filme, solo nos concentramos en nosotros y nuestros besos, unos más apasionados que otros, pero todos provocando una sonrisa en ella.

Ahora no sé como sentirme al respecto, puesto que no estoy del todo seguro en si ella me gusta, o al menos no de la manera en la que ella gusta de mí. Cuando saqué mi conclusión de que ella pudiese estar herida por personas en su vida anteriores a mi, me dio pesar el rechazarla o decirle que en un principio solo estaba tras ella por cosas más sexuales. Incluyendo el hecho de que si era sincero, ella no volvería a hablarme y verla llorar me había causado una punzada en el corazón.

— Buenas noches.— besé el dorso de su mano una vez llegamos a la entrada de su departamento.

— Buenas noches.— la vi sonrojarse y sonreí falsamente.

—  Sabes, ahora que ya somos novios puedes entrar si quieres.— tomó la puerta entre sus manos y me sonrió mordiendo su labio sin rastro alguno de perversidad.

— ¿No-novios?

Ella asintió.—  Pero no hoy, mañana tengo clases. Te veré luego.— se acercó hasta mi y me dio un casto beso en los labios, para después cerrar su puerta al entrar.

— Mierda...— dije sobando mi frente totalmente frustrado.

Me dirigí hasta el elevador y presioné el botón para ir a la planta baja. En eso sonó mi celular.

Era una chica llamada Lila, su padre es dueño de todos los casinos de Montecarlo así que no me es raro que vaya de vez en cuando a La Zona. Al principio era entretenido estar con ella, pero luego comenzó a volverse fastidiosa.

— ¿Qué?

Hola Adrien, querido. Solo te llamaba para decirte que Chloe Bourgeois hará una fiesta esté fin de semana, así que pensé en que podriamos vernos ahí.— No respondí nada.— Será en el hotel de su padre y sabes que siempre deja habitaciones abiertas.Esto último lo dijo en un tono más sensual.

—  Lo pensaré.— respondí antes de colgar.

~•~

— ¿Está todo bien, joven Adrien?— me preguntó Magde en la cena.— No ha tocado para nada lo que hay en el plato.

— Créame que no es lo que preparó. Usted cocina delicioso.—  le dije sonriendo ligeramente.

— ¿Entonces?— me preguntó mientras acariciaba a Plagg que se encontraba sobre la mesa, comiendo y ronroneando ante los mimos.

— ¿Usted qué haría si una de sus opciones es hacer algo que no quiere solo por el bienestar mental de alguien más? — tarde en preguntar.

— Esa es una pregunta difícil. Solo puedo decirle que es un acto de amor sincero.

— No, no lo confundas. No quiero que ella salga lastimada pero...

— ¿Ella? ¿Así que su problema trata de una chica?— Magde parecía muy animada con el tema.

— Algo así. No quiero herirla, pero no la amo. Es fantástica y ella me quiere de una manera que no puedo aceptar. Y tampoco quiero romperle su ilusión.

La rubia mujer se quedó muy pensativa en un principio.— Supongo que tus intenciones con ella al inicio eran pasajeras ¿O no?

Solo me encogí de hombros mientras comía un bocado de mi cena.

— Bueno, solo puedo decirle que si no quiere estar "atado" lo mejor es que sea sincero con ella de una vez y romper esa ilusión ahora, para que en el futuro no se rompa algo más delicado.

Me limité a asentir con la cabeza aún masticando.

—  Sabe, yo no entiendo mucho a los hombres. Quieren algo pasajero en la mujer que busca algo permanente.

— Quisiera tener la respuesta.

Por alguna razón me sentí avergonzado hablando de ésto con mi empleada. Supongo que es porque ella es más moralista que yo.

— Bien, yo me retiro, joven Adrien. — tomó su plato y lo llevó al fregadero para lavarlo.

— Descansa.

— Igualmente.

Me dejó sólo ahí en la barra de la cocina, con mis pensamientos más confusos que nada.

~•~

Marinette y yo seguimos saliendo el resto de la semana, era bueno disimulando, así que no fue difícil engañarla sobre mi incomodidad junto a ella.

Para el jueves, en el que estuvimos solos en su casa besándonos, me decidí por terminar con eso de una vez por todas. Magde tenía razón, si yo no estaba cómodo y ella estaba enamorandose de mí, lo más seguro es que las cosas empeoren entre nosotros si dejo que pase más tiempo.

Pero, primero lo primero; debía lograr poseerla ¿Y qué mejor momento y lugar que una fiesta?

Entré velozmente al edificio saludando a Gustav, quien me conocía ya bastante bien.
Subí en el elevador cargando una caja blanca y una sonrisa sobre mi rostro.

Toqué la puerta y en cuanto ella abrió yo entré disparado hacia su sala.

— Eh, Claro entra, ya sabes.— me dijo ella con sarcasmo.

— Vamos a una fiesta hoy.— dije mirándola.

— ¿Disculpa? ¿Una fiesta?

— Así es, una amiga me invitó a una fiesta y éstas siempre se hacen en grande. Te va a gustar.

— Una amiga ¿eh?— se cruzó de brazos notablemente celosa.

Rodé los ojos. — Si, una amiga, y quiero que tú estés conmigo.— dejé la caja sobre la mesa y me acerque hasta ella, tomando sus manos entre las mías, acariciando el dorso de cada una con cada pulgar. Me acerqué a su rostro y comencé un camino de besos pequeños de su oído hasta su boca.

— Vamos. Ven a divertirte conmigo.

La bese de manera suave y ella respondió gustosa.

— De acuerdo.— sonrió al terminar el beso.— pero no tengo nada para ponerme.

— Asunto resuelto.— tomé nuevamente la caja y la abrí, sacando un vestido rojo de ésta.

Ella soltó un grito abogado.— Oh Dios...— tomó el vestido entre sus manos.— ¡Adrien es bellísimo! Pero... ¿Por qué?— me miró.

—Tómalo como un regalo. Porque después de todo tú y yo somos... Pareja ¿No? —sonreí forzosamente.

Cómo odio decirle eso.

En cambio ella ensanchó su sonrisa y me abrazó.

— Anda, ya póntelo. Hay que irnos.

Caminé por su casa por un rato hasta que ví en su escritorio junto a una ventana, un bonsái y sobre éste una pequeña mariquita.

— Se llama Tikki.— escuché detrás de mí.— sé que es la misma Catarina por el patrón de sus motas. La mayoría de las catarinas tienen las dispersas pero ella las tiene de manera simétrica en cada lado.

— Eres muy observadora, princesa.— sonreí y me giré para verla.

Quedé embobado.
Mierda, ésta mujer es la tentación misma.

El vestido rojo era ajustado y justamente gasté veinticinco mil euros en esa tela para poder visualizar mejor la esbelta figura de Marinette y saber qué manjar estaba por probar.
Pero ahora, estoy a nada de explotar, quitárselo y devorarmela aquí mismo en su alfombra.

La prenda de tirantes un poco anchos, tenía un escote de V por lo que parte de sus senos se mostraban. Era una chica delgada, pero sus pechos eran más grandes de lo que imaginé. Pude ver que no llevaba sostén, pues sus deliciosos pezones me insitaban a lamerlos y morderlos, erectandose aún con el vestido.
Su cintura pequeña y esas caderas me estaban nublado la mente.

Se puso unos tacones negros que combinaban muy bien, se había maquillado pero aún tenía el cabello sujeto en una trenza.

— No lo sé, Adrien.— se sobo el brazo, apenada de que la viera así.— no me siento cómoda. Nunca visto así.

Me  acerqué nuevamente hasta ella y quitando la liga de su trenza.

Noté su sonrojo al ir deshaciendo el peinado y al terminar hice caricias en su cabeza que le hicieron soltar un suspiro.

— Te ves hermosa princesa.— la besé tiernamente.

No puedo esperar para tener que quitarselo.

— Pero... Adrien de verdad que no me siento cómoda.— volví a callarla con un beso.

— Te prometo estar a tú lado. Porque, además, no pienso dejarte sola entre los lobos, mi amor.— nuevamente se sonrojo y sonrió apenada.— Vámonos, se hace tarde.

Ella agachó la cabeza y asintió. Tomó su bolso y salimos del departamento.

— Oh, espera olvidé mi chaqueta.

— No te molestes, yo me encargo.—me quité el saco negro que llevaba, dejando visible mi camisa verde, y se lo puse sobre los hombros.

— ¿Y tú?

— No te preocupes, es mi deber consentirte. — pasé mi mano por su cintura y la acerqué a mi al caminar.

Llegamos al hotel Bourgeois tomados de la mano. Muchos se sorprendieron pero simplemente le dije a Marinette que los ignorara.

La encaminé al escenario donde estaba el mejor DJ y mi único amigo, Nino.

— ¡Viejo!— se quitó sus audífonos y me gritó para que pudiese escuchar sobre el ruido de la música y la gente.

Me abrazó animado.— Nino, te ves bien amigo.

— Ni hablar de tí Agreste.

— Te quiero presentar a alguien.— la acerqué a mi lado.— Nino, ella es Marinette, mi...

Tardé un poco en decidir cómo presentarla.

— Soy su novia.— Marinette extendió la mano.

— ¿Su novia?— Nino quiso reírse pero enseguida lo fulmine con la mirada.— Oh.. eh... Un placer conocerla.— tomó su mano para dejarle un beso sobre esta.— Me alegra saber que domaste a la bestia.— Marí rió con el chiste y yo solo rodé los ojos.

— Bueno, te veremos luego.— tomé los hombros de Marinette para bajarnos del escenario, pero en eso Nino se acercó a mí para que ella no escuchará lo siguiente.

— Lila ha estado buscándote como desquiciada.

— Si te vuelve a preguntar por mí, dile que no vine.

Bajamos y por un par de horas, todo estuvo tranquilo.

Pero como si el universo conspirara en mi contra, mis ojos se encontraron con los de esa loca, quien miraba a Marinette con ojos de pistola.

— Mari, ven conmigo— la encaminé hasta la barra de bebidas y se sentó.— Eh, quedate aquí mientras ¿Si? No tardo.

— Espera, prometiste no dejarme.— me detuvo tomando mi brazo, y lo mejor que pude hacer fue acariciar su mejilla.

— Será rápido.

Ella soltó su agarre y me fuí directo a la pista para perderme entre la gente, me encontré a Lila y la jale de un brazo hasta que nos metimos en un armario.

— ¿Qué mierda quieres ahora?— dije molesto.

— Te invité para que te acostaras conmigo, no para que trajeras a tu subordinada. Sácala de aquí.

— Ay, por favor Lila. ¡Superame! Esos tres meses fueron los peores malgastados de mi vida.

— ¿Acaso no quieres revivir nuestras noches, Adrien querido?— una de sus manos acariciaba lo visible de mi pecho.

— Te revolcaste en mi cama con los empleados de tu padre.— tomé su muñeca de manera brusca.— Y eres una maldita loca. Adiós Lila.

La solté y me encaminé a la entrada del armario, pero ella me jaló de mi camisa y me estampó contra la pared, para después besarme desenfrenadamente.

Me besaba tan rudo que me daban ganas de cogerla. No pude evitarlo y le seguí el juego.

Apretuje violentamente sus glúteos y pechos, la besé y la mordí por lo que estaba fuera de la ropa, mientras que ella recibía complaciente mi lengua y me despeinaba con sus manos.

No sé cuánto tiempo pasó exactamente, pero en cuanto ella metió su mano en mi ropa para acariciar mi miembro, la detuve.

— Basta Lila.

— Bien sabes que te gusta, querido.

— ¡Dije basta!— la empujé ligeramente para que se apartará de mi.— Sigue con tu vida. Una desesperada es lo peor que un hombre se pueda encontrar.

Salí enseguida del armario, acomodando mi ropa y peinado, viéndome en el espejo del pasillo. Una vez terminé, fui de nuevo a la barra, pero para mí sorpresa, Marinette no estaba allí.

Enseguida me alarmé y la busqué desesperadamente por todos lados, le pregunté a Nino pero tampoco la vió. Creo que pasaron como veinte minutos buscándola hasta que...

Por fin la vi, estaba bailando con un muchacho moreno y de su misma altura. Frunci el entrecejo bastante molesto y sentí mi sangre hervir cuando el imbécil llevó sus manos a su trasero.

Maldito mal nacido ¡Y ella que no las apartaba! Mientras me encaminaba a ellos, bastante molesto, ví como Chloe se acercaba y empujaba al chico lejos, para después tomar un brazo de Marinette y llevarla hasta la barra.

— ¡Adriancito! ¡Por fin apareció el idiota que cumple sus promesas!— Perfecto.

Chloe le dió otra copa de vino, y ella no tardó en beberla toda.

— Marinette, dime qué no estás ebria.— le quité la copa de sus manos.

— Está muy ebria.— me dijo Bourgeois.

— ¿Y tú por qué no la cuidaste?

— ¿Perdón? Estoy dando una fiesta, no de niñera.— se cruzó de brazos.— Aunque si le di una que otra.— sonrió como niña pequeña que acaba de cometer una travesura.

— Hey, no molestes a mi chico.— Mari rodeó mi cuello y me acercó a ella.— No es su culpa ser un estúpido. Bueno si lo es...— soltó una carcajada.— pero déjalo.

— Gracias Chloe, me has arruinado la noche.

— Oh Adrien, yo te la voy a mejorar.— me sonrió.

— No voy a acostarme contigo.— Marinette me besaba la mejilla de manera molesta.

Bufo y me miró con cierto enfado.— Bien, pero sígueme, no quiero que tú noviecita arruine la fiesta.

Tomé en brazos a la azabache y seguí a Chloe hasta las habitaciones. Me abrió una puerta y yo entré, recostando a Mari en la cama. Chloe cerró la puerta detrás de ella y se acercó para quitarle los tacones a la azabache.

Me senté en una orilla y miré su rostro adormilado. Sonriente, tomó mi mano y la llevó a su rostro.

— Prometiste no dejarme.— Mierda, otra punzada en mi pecho y no quería decirle la verdad.— pero aún así te quiero. Cómo a mi unicornio "Pegaso".— otra carcajada salió de ella.

Voy a suicidarme si empiezo a sentir culpa por lo que le hice.

Con mis dedos acaricié su mejilla suavemente y recorrí su cabello ahora más despeinado.

Mari ya no podía con el cansancio, por lo que veo, ella nunca toma y por ello, ni su cuerpo ni su mente saben reaccionar ante la situación.

— Si que sabes elegir a tus mujeres.—  escuché a Chloe decir. Ahora ella estaba recostada del otro lado de Marinette, paseando su dedo por su hombro.— aunque esta es más hermosa que Lila, debo decir.

¿Debo ignorar su presencia?

— Mira que senos más perfectos.— su dedo se fue hasta aquel monte y lo sobo hasta que el pezón se hizo visible.— Mmmm... Qué lindo.— escuché un suspiro salir de los rosados labios de mi acompañante.

— Detente, ¿Quieres?

— No.— su dedo se fue hasta su ombligo y luego hasta donde debe estar su intimidad.— ¿No te da curiosidad, Adrien?

Me giré para no tener que ver. —Marinette está ebria.

— Eso no le quita lo bien que se ve.— Por el rabillo del ojo noté como Chloe se incorporaba. Ojalá salga de la habitación, pues todo esto estaba excitandome.— ¿Te gustaría compartirla?

— Nunca.

La escuché reír.— ¿Sabes que las mujeres somos más compartidas que los hombres?

— Buen chiste.— ésta vez yo reí.

— Es cierto, hay más tríos de dos mujeres y un hombre, que de dos hombres y una mujer.

— ¿Y qué con eso?— ya sabía la respuesta, pero no lo quería ahora.

No escuché que me respondiera, por lo que voltee de nuevo buscando a la rubia, que para mí sorpresa, levantó el vestido de Marinette, dejando a la vista su feminidad.

— Adrien... — escuché a Marinette y la mire.— tengo frío ahí abajo.—  Sonrió.— y se siente rico.

Oh joder. No estoy seguro si esto es un cielo o un infierno. Pero me encanta.

— Ven Adrien, echa un vistazo.— dijo la rubia.

Me levanté y me puse a un lado de Chloe, quien miraba extasiada la vagina de Marinette.

— Chloe, ponle sus bragas.

— Yo no le quité nada.— estas palabras me nublaron la mente, pues eso quería decir que Marinette no se había puesto nada bajo el vestido. Estuvo junto a mi casi desnuda todo este tiempo. Que excitante.— ¿No quieres probar?— Se puso detrás de mí y me susurró al oído.— se vé deliciosa.— Abrazándome por detrás, fue desabotonando mi camisa.

- Eres una perra morbosa.- musite.

Me arrodillé frente a la intimidad de Mari, aún sin atreverme a lamer o tocar.

Cuando terminó Bourgeois con mi camisa, se acercó de nuevo a la azabache y la levantó ligeramente para bajar el ziper del vestido. La observé bajar los tirantes por cada brazo, hasta dejar sus pechos totalmente visibles.

— Te dije que eran unos hermosos pechos.— con la yema de sus dedos, acarició las puntas de estos sacándole más gemidos a la chica recostada y erectando sus pezones. Me dejó ver cómo lamía uno de estos.— Mmm... Ven Adrien, te van a fascinar.

Gatee hasta que llegué a sus pechos y los besé con delicadeza. Un gemido suave escapó de sus labios y eso me incito a seguir. Pasé mi lengua por su aureola en círculos, y después saboree sus pezones, para seguido aprisionarlos en mis labios.
Estos mismos se movían debido a la respiración que se agitaba poco a poco de la azabache. Pero no me hizo parar. Acaricié de igual manera el otro pecho y sentí una mano en mi cabellera.

Al abrir los ojos nuevamente, me encantó ver su rostro, por lo que devore sus labios sin piedad alguna. Sentí como apretaba en puños los mechones de mi cabello y acallaba gemidos más sonoros en mis labios.

Miré hacia atrás y supe la razón de que Marinette se excitara aún más. Chloé estaba lamiendo su vagina de manera pausada. Después me miró y se separó de ella, acercándose a mi.

Me beso y pude percibir un sabor distinto en sus labios y lengua. Era el sabor de Marinette.— Vamos, pruébala. Sé que quieres hacerlo.

No pude detenerme. No en éste punto.

Quité mi camisa y me arrodillé de nuevo frente a su intimidad.

— Mari, ¿Quieres de nuevo?— ambos la vimos asentir con los párpados cerrados y los labios entreabiertos.— Pídeselo.— Chloe tomó su mano y la colocó en mi cabeza.— Dile que te lama, que continúe devorandote.— le susurró en el oído.

— Lameme, Adrien, Lameme por favor...— suplicó e hizo la cabeza para atrás ligeramente.

— Con gusto.— Separé más sus piernas y dejé un beso en sus labios mayores.

— Aahh...— gimió con dificultad.

Seguido, di una lamida recorriendo toda su intimidad, de abajo a arriba, deteniendo la punta de mi lengua en su ya hinchado clítoris. Su mano nuevamente apretó mechones míos y me pedía que me acercará aún más a su preciosa vagina.
Besé, lamí y mordí ciertas partes sin ser muy brusco. Por lo que me dió a entender, le gustaba que fuera lento y suave.

Por unos minutos me olvide que Chloe estaba con nosotros, así que abrí mis ojos para ver que estaba haciendo ahora.

La vi besar y morder ligeramente los pechos de Marinette y dejaba besos por sus hombros y cuello, hasta llegar a su boca.

Como la vestimenta a la rubia era de dos piezas, se quitó la parte superior, dejando sus pechos a la vista y se posicionó encima de Marinette rozandose con los de ella.

Con una mano, la azabache me despeinaba acariciando mi cabeza, pidiendo el aumento de mi velocidad, pero lo que recibió fue mejor.

Introduje mi lengua en su orificio y ella gimió más alto y comenzó a mover sus caderas con desenfreno.

— ¿Te está gustando Marinette?— preguntó Chloe.

— Ahh.... Si... ¡SI!... Mmmm...

— Es bueno oírte gemir.

Carajo, estaba tan excitado, que me desabroché el pantalón y comencé a acariciar mi pene que ya estaba duro.

Descanse mi lengua besando el interior de sus muslos, pero ella no tardó en indicarme que quería más.

Nuevamente la penetren con mi lengua y con mi dedo índice hice caricias en su clítoris, cada vez con mayor velocidad hasta que sus caderas estaban indicándome que estaba a nada de terminar.

Y por fin, había llegado a su orgasmo, arqueando la espalda y sin dejar de mover su pelvis.
La agarré fuertemente para detenerla y poder lamer su líquido que salió.
Dejé un último beso y al mirar al frente ví a Chloe girando su vista hacia mi.

Sin embargo, sus ojos no eran azules, estos ahora eran completamente negros, sus labios estaban más delgados y la sonrisa que me mostraba era totalmente demoníaca, dejando a la vista unos colmillos afilados y grotescos y una saliva negra y espesa saliendo de estos.

Se giró de nuevo para besar a Marinette y me alarmé, saliendo de ese momentáneo estado de Shock.

— ¡NO! ALEJATE DE ELLA.— Me incorporé velozmente y de un jalón la aparte.

— ¡Ay, Adrien! ¿¡Qué te pasa?!— en el suelo, estaba la verdadera Chloe, con sus ojos azules y unos labios gruesos con un pintalabios rojo, un poco opacado.

— Perdóname.— dije sin entender mucho.

Estaba seguro de lo que había contemplado. No estaba loco, y no era una maldita ilusión.

La ayudé a levantarse.— Hay que parar esto.

— ¿Seguro?— me sonrió y acarició mi pecho.

— Mucho.— la aparté.

— Como quieras.— puso los ojos en blanco y comenzó a vestirse.

Se encaminó hasta la entrada y le dije antes de que saliera.— Pide un café para esta habitación.

Pero lo único que oí fue el sonido de la puerta cerrandose.

Volví a ponerme mi camisa y a abrocharla, para después sentarme en la orilla junto a Marinette, quien seguía recostada, acaricié mi sien e intente no pensar en ese maldito rostro. Pero me fue imposible.

— Adrien... Más...— dijo con los párpados cerrados. Sin dejar de mirarla, sonreí un poco. Besé su frente.

— Tal vez luego, Princesa.—  sorprendiendo me a mí mismo, la vesti, dejándola como estaba en un principio.

Rato después llegó uno de los empleados para darme el café.
Prácticamente obligué a Mari a tomarselo y poco a poco ella iba recuperando su cordura.

— ¿Adrien? ¿Qué pasó? ¿Dónde estamos?— dijo sentada a mi lado, recargandose en mi pecho.

— En una habitación del hotel.— la abracé.— se te pasaron las copas y te traje aquí.

— ¿No hice nada que no debiera?—me miró con la esperanza de una respuesta negativa.

Tardé en contestar.— Nada pasó, me quedé a tu lado.— le besé la coronilla y ella me abrazó.

Estuvimos así un buen rato, hasta que la sentí separarse de mi.

— Adrien.

— ¿Si, princesa?

— Te quiero.— tomó mi rostro entre sus manos y me atrajo para besarme.

No quiero que me ame y yo no quiero amarla, pero me gustan sus besos y el haberle provocado un orgasmo, el haberla probado, me hacía desear más de su cuerpo.

Me separó de ella y se levantó, posicionándose frente a mi.

— En un principio no estaba segura de ésto, pero ahora...— llevó sus manos detrás y vi como el vestido se iba aflojando. Se lo fue quitando lentamente, maravillandome con ese espectáculo, hasta que estuvo en el piso, dejándola completamente desnuda para mí.

— Marinette...

Se sentó sobre mí y yo enseguida puse mis manos en su cintura, sintiendo la blanca piel tan tersa.

— Quiero que me hagas tuya.— susurró en mi oído, para después lamer mi lóbulo y morderlo.

— Ah, Mari...— cerré mis párpados y acaricié desde su espalda hasta su trasero.

Nos besamos con ferocidad, sintiendo nuestras lenguas en la cavidad del otro. Fue desabotonando mi camisa y la quitó por completo de mi. Dejándo sentir sus erectos pezones en mi piel.

La recosté nuevamente en la cama, bajando mis besos húmedos por todo su cuello, entrelace sus dedos de cada mano con los míos y las aprisione contra la cama, sin despegar mis labios de la piel de sus senos acercándome a cada pezón.

Conforme más la besaba, me sentía extraño; era una sensación tan placentera pero a la vez un ardor un tanto incómodo en el centro de mi pecho. No había sentido eso con ninguna otra mujer, ni siquiera cuando estaba Chloé con nosotros hace rato.

Con cada beso, con cada caricia, ese sentimiento incrementaba; agitaba mi respiración, me hacía gruñir cada vez más audible y quería ser más salvaje y violento con ella. Pero me retenía. No quería asustarla.

No sé si eso fue mejor o peor, puesto que al retenerme, la incomodidad se convirtió en dolor. Cerré mis párpados con fuerza y dejé de besarla.
Gruñi aún más y juro que estaba sonando como un animal.

— ¿A-adrien? ¿Está todo bien?

Mis ojos ardían de manera insoportable, y pesar de que estaban cerrados podía ver todo de color verde. Sentí algo derretirse dentro de ellos, y me provoco tanto dolor que comencé a gritar y gruñir.

Intentando bajar de la cama, caí al suelo y con mis manos presioné mis párpados en un intento de que este dolor se detuviera.

— ¡Adrien!— sentí sus manos sobre mi espalda y yo las aparté bruscamente. Al mirarla, sus ojos se abrieron como platos y tapó con sus manos su boca, se levantó aterrorizada y chocó contra la pared.

— ¡Vete Marinette!— el verla desnuda... Quería penetrarla, quería ser rudo y obligarla a que se entregará a mi.

Pero mi razón, me decía que la dejara ir.

— T-tus... Tus o-ojos... ¿Qué co-cosa eres...?— de nuevo quiso acercarse pero volví a gruñirle.

— ¡VETE!

Se asustó. Más de lo que pretendía. Volví a taparme y presionar mis manos contra mis ojos puesto que el infernal ardor seguía presente en mi.

Escuché el sonido de la puerta abriéndose y después cerrandose.

Me obligué mirar a mi alrededor y lo único en el suelo era mi camisa y sus zapatos. Casi cayendome, me ví en el espejo y al mirarme me asusté.

Mis pupilentes habían desaparecido, dejando a la vista mis demoníacos ojos, pero ahora, unos picos negros estaban emergiendo de mi cabeza, entre mi cabello. Eran pequeños, pero cualquiera los podría ver.
Vi que mis dientes no eran los mismos, eran colmillos, incluso más aterradores que los que Chloe me mostró en esa sonrisa horrorosa.

Alarmado, abrí el armario y vi una sudadera gris y me la puse, tapando con la capucha mi cabeza. Salí del cuarto olvidándome de todo, solo quería escapar de ahí.

Bajé por las escaleras a toda velocidad y salí corriendo del lobi.

No me detuve a buscar mi auto, estaba aterrorizado y el dolor parecía solo calmarse cuando me agitaba, por lo que decidí irme corriendo hasta mi casa.

Cómo dije antes, no sé qué soy, pero me canso más difícil que una persona normal.

Seguí corriendo por la carretera hasta que por fin llegué a la entrada de mi casa. Me dolía un lado de mi abdomen y mis rodillas y pies ya no daban para más. Arañe la entrada al caer por el cansancio, y me golpee mi cabeza contra el suelo frío, dejándome inconsciente.

★★★

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