
Rojo
Zarbon se relamió por tercera vez en aquel rato que llevaba ahí. Y de nuevo bajó la cabeza lo suficiente como para tontear con su víctima. Sus mejillas se llenaron de nuevo del maravilloso sabor a sangre mientras mordía ávido el interior del muslo que sujetaba con fuerza para mantenerlo en su sitio y que no se le escapara.
Oh, lo mucho que disfrutaba el metálico sabor de la violencia. Siempre había creído que simplemente era masoquista... Pero quizás también tenía la parte sádica que le incitaba a infligir dolor. Mmmhhh... Tal vez eso era culpa de su parte bestia. Porque sin duda en ese momento podía notar cómo había algo que le impedía estar en completo control de sus acciones, un deseo de...
-¡AH! ¡Z-Zarbon! ¡Rojo!
Un deseo evaporado. Alzó el rostro asustado por la urgencia con la que fue pronunciada la palabra.
-L-lo siento... ¿Ha dolido mucho?
-Uffff -un resoplido de agotamiento y alivio escapó de su dolorido compañero -. Luego el bruto soy yo, ¿eh? Un poco más y me arrancas el cacho de carne.
-Venga, no... No seas exagerado, Dodo -Zarbon miró con temor la herida y sintió una punzada de culpabilidad. Sí que parecía haberse pasado de bruto, eso tenía un aspecto lamentable.
Miró angustiado a su pareja y se levantó con torpeza de la cama.
-Voy a por el botiquín para curarte eso. No te muevas.
Los oscuros ojos de Dodoria le siguieron un momento para después volver a su pierna... Y los cerró al momento. Realmente tenía una pinta horrible.
-Menos mal que no estaba transformado... Me habría tronchado el hueso.
30-11-2023
269 palabras
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