Capítulo 1
Trece años antes, en el centro de Moscú...
La pequeña Kytzia miraba el televisor de su casa ensimismada. Estaban retransmitiendo la ceremonia de entrega de los premios Nobel del año 2092. Observaba atenta cómo entregaban dicho premio a Evelyn Lincoln, la mujer que había conseguido la cura del cáncer, esa enfermedad que tantas muertes había causado a lo largo de los siglos anteriores.
Kytzia sólo contaba con seis años en aquel momento, pero ya era una niña con una gran capacidad intelectual. Había conseguido avanzar varios cursos por encima del suyo aunque sus relaciones sociales se habían visto afectadas por esto, ya que la consideraban una niña rara, demasiado introvertida, centrada en cosas que no eran lo normal para una niña de su edad. Su coeficiente intelectual estaba muy por encima de la media.
Viendo en la televisión cómo aquella mujer recogía su premio, se prometió a sí misma que algún día sería ella la que subiese allí a recoger el premio, se dijo que conseguiría algo tan importante como lo que había conseguido Evelyn, conseguiría salvar a millones de personas en su planeta. Esa era su meta, siempre le habían interesado las ciencias, sobretodo la medicina y la biología y ella iba a ser una de esas mujeres. Una Marie Curie, una Theresa Cori, una Evelyn Lincoln, una de las grandes mujeres de las ciencias que pasarían a la historia.
Nueve años después...
Una joven Kytzia corría exaltada por toda la casa. Acababa de recibir una carta que cambiaría su vida para siempre. Sólo contaba con quince años en aquel entonces, pero la gran universidad de Harvard, en Boston, había mandado una carta a su casa interesándose por ella. Por aquel entonces, la joven ya había conseguido acabar sus estudios en la escuela y trataba de entrar en una universidad, algo que le resultaba complicado debido a su corta edad.
La carta que había recibido le ofrecía una beca para estudiar conjuntamente medicina y biología en aquella universidad y ella no se lo podía creer. Alguien había visto su talento y le daba la mejor oportunidad de su vida, aunque para ello tuviese que irse a otro país y cambiar absolutamente toda su vida. No le importaba, lo haría encantada, aquella oportunidad era algo que no podía dejar escapar.
Corrió como una loca a la cocina de su casa, donde estaba su madre, y tiró la carta en la encimera de la misma, mirando a su madre con emoción.
—¿Qué es esto? —Preguntó Irina Medvédeva mirando a su hija.
—Léelo.
Su madre cogió la carta de la encimera y la leyó cuidadosamente. Como Kytzia era menor de edad, iba a necesitar el permiso de sus padres para poder irse al extranjero a estudiar pero dudaba que alguno de ellos tuviese algún problema con eso puesto que desde siempre había tenido su apoyo para todo lo concerniente a su educación. Sus padres conocían su potencial y, lejos de coartarla, siempre lo habían potenciado con todo lo que había estado en sus manos hacer por ella. Eso era algo que la joven agradecía profundamente de sus padres.
La mirada de su madre cambió de la carta a ella varias veces y soltó un grito que sorprendió a la muchacha.
—Sergey, ven aquí ahora mismo.
Sergey era el padre de la joven, que estaba en su despacho trabajando, por ello Kyt no había ido a darle la carta directamente a él. Instantes después, el hombre entró en la cocina donde se encontraban las dos mujeres de su vida.
—¿Qué es este alboroto, Irina? ¿Qué ha pasado?
Irina dejó la carta frente al hombre, que la cogió y repitió el proceso que había hecho ella misma minutos atrás. La mirada de Kytzia se posó en su padre emocionada, esperando por una respuesta. Sus ojos denotaban las ganas que tenía de que sus padres la dejaran irse, aunque sólo tuviera quince años y se tuviese que ir tan lejos a un país en el que probablemente no le sería nada fácil estar por varias razones. La primera era que era muy joven, por lo cual seguramente no se integraría como los demás en la universidad, la segunda es que tendría que vivir sola y, sinceramente, no tenía ni idea de cómo iba a hacer eso puesto que apenas era capaz de freírse un huevo frito ella sola y la tercera, pero no menos importante, es que ella era rusa y de todos era sabido que los rusos y los estadounidenses no tenían la mejor relación del mundo que se diga. Siempre habían tenido problemas y siempre estaban en los bandos opuestos, históricamente hablando, su relación era, por decirlo así, una guerra continua, pero todo aquello no le importaba, sabía que el culmen de su educación sería en aquella universidad, la mejor universidad del mundo en lo que ella quería estudiar y necesitaba ir allí.
Su padre levantó la vista y la miró por encima de sus gafas de media luna, escrutándola con sus bonitos ojos grises, que ella había heredado.
—¿Tú quieres ir?
Tanto su madre como su padre la miraron interesados, esperando una respuesta por parte de la joven.
—¡Por supuesto que sí, papá! Es decir, ya sé que es un cambio muy grande y que está muy lejos, pero, por favor, eso sería como tocar el cielo con los dedos, quiero decir, es Harvard, papá, eso puede hacer que llegue a ser como Evelyn algún día, eso podría cumplir todos mis sueños.
La joven habló muy rápido, nerviosa por la respuesta de su padre y emocionada por la oportunidad que se le estaba dando. Sergey miró a Irina unos segundos y ésta asintió con la cabeza, estando de acuerdo con lo que él también pensaba.
—Está bien. Si es lo que tú quieres, puedes ir. Firmaremos todos los papeles. ¡Enhorabuena, hija mía! Eres universitaria.
La chica soltó un grito desde el fondo de su garganta y se tiró a los brazos de sus padres, contenta por haber conseguido aquello y les acribilló a besos, riéndose. Repitió su agradecimiento hasta la saciedad. Lo había conseguido. Ella iba a estudiar en Harvard, iba a conseguir el primero de sus sueños a una edad a la que la mayor parte de la gente aún no tenía ni siquiera bien formados sus sueños. Como siempre le habían dicho sus padres, ella era una campeona.
Cinco años después, Harvard, Estados Unidos...
Kytzia miraba al frente, viendo a toda la gente que se había reunido en aquella sala con motivo de la graduación de la promoción 2100-2105 en biología y medicina. Un birrete se situaba sobre su cabeza, haciendo evidente que ella era una de las graduadas. La más joven graduada en esa doble carrera en años. Contaba con tan sólo diecinueve años y ya era bióloga y médico, estaba feliz. En una de las primeras filas se hallaban sus padres, era la primera vez que podían venir desde Rusia a verla, ¿qué día mejor que ese? Estaba esperando de pie a que dieran el premio al mejor expediente de aquella promoción.
El profesor Peterson, una eminencia en el campo, era el que se encargaría de ello y en ese momento estaba saliendo a comunicar el resultado.
—¡Buenas tardes! Soy el profesor Ethan Peterson, encargado de conceder el premio al mejor expediente académico. Este premio, además del hecho de mostrar qué estudiante es el mejor de su promoción, proporciona la oportunidad de trabajar en nuestros laboratorios de la universidad en investigaciones y en nuevos proyectos, por lo tanto, es un gran premio.
Kytzia se removió ligeramente, expectante. No sabían aún quién era el mejor expediente pero soñaba con ser ella. Eso significaría tener el trabajo de sus sueños, un trabajo en el que podría ayudar a la gente de la manera que ella quería.
—Sin más dilación, pasaré a decirles el nombre de éste estudiante. Mi más sincera enhorabuena a una estudiante modelo, porque sí, este año es una mujer, una estudiante que ha superado todas nuestras expectativas a pesar de su corta edad. ¡Kytzia Medvédeva!
La joven se quedó unos segundos quieta, procesando lo que acaba de oír. ¿Era ella? ¿Había logrado ella el premio? Una compañera, que podría considerar su mejor amiga, Melissa Adams, le dio un ligero empujón para que se moviera, la estaban esperando. Salió de su ensimismamiento y se dirigió a donde se encontraba el profesor, sonriendo de la manera más amplia que alguna vez hubiese hecho. El profesor le sonrió de vuelta y le dio la mano, entregándole un papel que denotaba su premio y también un sobre.
—En este sobre se encuentra el contrato con la universidad. Léelo atentamente y comunícanos tu decisión cuanto antes, esperamos tu incorporación pronto.
La joven asintió con la cabeza y volvió a su sitio con el resto de sus compañeros graduados. Todos ellos la felicitaron, algunos con verdadera emoción por ella, pero la gran mayoría con envidia.
Su periodo en la universidad había sido complicado, sobre todo los primeros meses, puesto que no conocía a nadie y era demasiado joven. Después la complicación había radicado en que la gente comenzó a odiarla por sacar unas buenas notas y tener unos cuantos años menos que ella, pero también había conocido a gente que realmente le merecía la pena y había aprendido muchas cosas. La ciencia había avanzado mucho en aquellos años y había conseguido aprender todo lo que le habían enseñado e incluso más puesto que en su tiempo libre se dedicaba a continuar con su formación.
Ella se había centrado en la biología y medicina molecular, quería entrar en el programa de manipulación genética de virus y bacterias para la cura de diversas enfermedades, aquello le parecía un tema muy importante. Las investigaciones en ese momento se centraban en dos campos: el que ella había elegido y la cura del envejecimiento.
En ese año, la gente ya vivía hasta los ciento cincuenta años de media, ya que se había conseguido que los telómeros de los cromosomas se hiciesen más largos, lo que hacía que se alargara la vida, pero aún no se conseguía que la enzima que los creaba siguiera funcionando después de cierta edad y en eso se centraban esos estudios.
Por otro lado, la rama que ella había elegido se basaba en modificar ciertos virus y bacterias para que actuasen contra otros virus y bacterias, de manera que se podrían curar la mayor parte de las enfermedades. En esos momentos se trabaja con diversas cepas, como la viruela, el ántrax, la peste o la difteria, por ciertas características que poseían que las hacían aptas para el estudio.
Y había conseguido un trabajo para eso. Estaba encantada. La voz de su mejor amiga le susurró al oído.
—Lo tienes, cerebrito, sabía que lo conseguirías.
Todo en aquel momento era emoción en ella, todo le estaba saliendo tal y como quería. Lo que no sabía es cómo se iba a torcer todo aquello en un tiempo demasiado corto, tendría poco tiempo para disfrutar de lo que había conseguido.
¡Hola! Aquí el primer capítulo. Espero que os guste. Empieza bastante lento, pero quiero que se vean todas las etapas de esta historia, realmente más tarde será importante conocer todo esto. ¿Qué os parece la idea? ¿Os gusta? ¡No se os olvide comentar y votar si os ha gustado! Besos.
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