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O8


Dedicado a una gran fan
de Deadpoint
florisiest
(2/2)


El joven detective junto a aquel doctor organizaron perfectamente las mochilas al igual que los demás.  Finalmente había sido mejor esperar un poco, a que estuviera ordenado y escrito lo necesario para ejecutar cuando volvieran o de ser que no lo hicieran. Comenzaban a ocurrirsele ideas aún sin saber el entorno, esperaba que al menos una de ellas pudiera ser ejecutada, de lo contrario tendría que improvisar.

Y aunque se le daba bien, no le gustaba para nada. Improvisar muchas veces significaba que podía ser impulsiva la decisión y con rumbos de ese tipo, las cosas salían mal. Prefería tener todo calculado, aún cuando la situación en si no podía calcularse de todo, era una ruleta de eventos catastróficos.

El doctor por su parte se mantenía al margen de lo que decidiera el detective, no se sentía muy prudente de comentar algo diferente o bien, planear alguna cosa por su cuenta. De supervivencia no sabía mucho, solo de trabajo bajo presión, de salvar vidas, de tener la mente ocupada en operaciones, enfermedades terminales, mantener su organismo funcional con café y pocas horas de sueño. Iba a pensar más, pero su cerebro se detuvo ahí cuando el detective le llamó frente a la puerta de vidrio.

El dueño, el señor Horikoshi, abrió la cerradura luego de buscar la llave entre varias de color plata h bronce, con diferentes formar y tamaños. Jungkook se preguntó para que funcionaba cada una y si alguna de ellas los llevaría a algo importante además de la salida. Luego abrió la puerta, para permitirle la llave del candado al detective y este se agachó con tal de poder hacerlo. Le pareció curioso que aquel hombre rubio le dijera con una sonrisa cuál era la correcta, parecía ser que conocía bastante bien aquello y luego descubrió que hacía eso cada mañana antes del trabajo, ayudarles a abrir el local.

Akihiro se mantenía a un lado, sin hacer nada más que observar entre aburrido y aterrado la situación. No sabía bien si era un cobarde que quería fingir que no o era un cobarde holgazán. Cualquiera que fuera la razón, estaba seguro de que sería el primero en patear su trasero, él tenía respeto por los ancianos, pero no los conocía más del tiempo que le tomaría perder la paciencia con ese tipo como para moler su culo a golpes.

Park llevó las llaves a las manos arrugadas del hombre, agradeciendo su ayuda, aunque él solo abrió una puerta y le tendió los pedazos de metal. Pareció ser como si le hubiera regalado la oportunidad de vivir y eso le tentó el corazón a Jungkook, porque la mirada del hombre fue una de absoluto valor. Luego, Park le pedía que se moviera a la parte que le tocaba estar y regañó con una mirada muy fea a Akihiro para tomar su posición también. Detrás del rubio se colocaba el doctor y posterior a ello Darren.

⸺Darren, mejor ve al frente del doctor Jeon.

⸺Vale.

⸺¿Por qué? ⸺preguntó de inmediato el mismo ⸺. Me sé el plan, no voy a joderlo.

⸺Para nada, no es por eso ⸺comenta el rubio. Todos ellos hablaban a un nivel prudente dado el oído de aquellas bestias. El rubio sostuvo la cortina de metal entre sus dedos y suspiró tomando fuerza, agachándose en el suelo para levantarla levemente ⸺. Su vida es la más valiosa entre todas estas personas. Tiene conocimientos médicos, puedo faltar yo, Darren o cualquier otro, pero si falta usted, significa que todos los demás en estas paredes corremos un riesgo mayor fuera de las cosas que están al otro lado de esta cortina.

⸺¿Entonces debo ser cuidado? ¿Ah?

El rubio sonríe al levantarse, luego de haber estado recostado, observando por la orilla entre la cortina y el suelo si era posible salir. Según su vista, no había rastros de alguna de esas cosas sobre la acera y frente al local se encontraba un auto, la puerta del mismo estaba abierta. Miró a Jungkook estirando su mano para señalar la bolsa improvisada.

Todas las mochilas habían sido cargadas con cosas útiles, pero para salir ellos primero, habían tomado una sola y pequeña mochila parecida a una lonchera, además de fundas de los cojines en el sofá. Aquellas habían sido llenadas con latas de comida vacías, aquellas que con antelación habían vaciado en otros recipientes. No había sido un desperdicio, con ellos se prepararía ma comida de los siguientes días y la mayoría eran de comida para mascotas, las cuales no tenían o pensaban tener.

Jungkook le pasó la bolsa llena de latas cubiertas por papel para no hacerlas sonar demasiado entre sí por el roce. El rubio había ingeniado todo eso para atraer la atención de las bestias en direcciones opuestas a su locación.

⸺Sí. Más no dice que será tratado como princesa en una torre ⸺comenta el detective, volviendo a revisar ⸺. Solo se tendrá más en cuenta que su vida entre todos será prioridad. Importa, Jeon. Ahora, comencemos con esto.

Darren asintió, poniéndose en posición y Jungkook aún algo descolocado se acomodó igual. Por su parte, el abuelo Horikoshi hizo lo mismo y llamó a su hijo Akihiro para prepararse.

Jimin fue el primero en deslizarse cuando la cortina fue sostenida por el dueño e hijo para que esta no se accionara a subir siendo ruidosa, mientras que el rubio pasaba por abajo arrastrándose. El doctor le vió salir y su corazón se inyectó en adrenalina cuando no escuchó nada más que los lamentos. Según el plan del rubio, debían esperar a su confirmación para que saliera el siguiente y, de la misma forma, esperar una segunda confirmación para salir el último. De ahí, se ayudarían mutuamente a cerrar la cortina de la misma forma silenciosa que antes. Horikoshi y Akihiro pondrían los candados, mientras que ellos se moverían por la ruta mental que Jimin había trazado en uno de los cuadernos que tomó de la zona de papelería.

Él se aferró al cuchillo que tenía en la mano y la bolsa que había en la otra. Mirando la luminada rendija, luz exterior, más brillosa que la artificial dentro de la tienda. Estaría a punto de morder sus uñas si no tuviera la mano sucia por todo el ajetreo, por la tensión, por estar perdiendo al detective.

Luego la voz del detective se escuchó baja, pero muy clara. Salió Darren en cuanto esta sonó y sus cosas fueron pasadas por el mismo Jungkook, este se acomodó en la misma posición que Jimin y Darren anteriormente. Vió a través de la rendija los pies de Darren, como los de Jimin, ambos agachados contra el auto. Se preguntó que miraban, que había allá afuera que Jimin tardaba tanto en decirle que saliera. Pero la voz de él le ayudó a saber que no tardaría en enterarse.

Se arrastró por el suelo, notando la diferencia entre la tienda y el exterior de inmediato. Se sintió como salir de un refugio subterráneo en el que estuvo durante años para probar un poco del nuevo mundo luego de una guerra mundial. Dejó de escuchar la refrigeración, las lámparas tintineando, el rezo preocupado de la señora Hamiko y la voz que pedía se cuidarán los tres venida del señor Horikoshi. El azabache suspiró al estar afuera, levantándose para ayudar a cerrar la cortina junto con el rubio y Darren. Fue algo que les tomó unos segundos, sintiéndose como una eternidad. Empujaron con fuerza sin llegar a ser bruscos. Jimin había indicado que la cortina no quería tocar el suelo si no se usaba la fuerza y esta rebotaba hacia arriba.

Afortunadamente, la fuerza de tres hombres fue suficiente para que el metal tocara el suelo. Esperaron los golpes de dedo en la cortina y así pudieron saber que los candados estaban colocados. Sin tomarse más tiempo volvieron contra el auto.

Así Jungkook pudo observar lo que le había tomado tiempo a Jimin.

La calle estaba llena de autos de varios tipos y tamaños, parecía un lugar baldío luego de un terremoto, tormenta o cualquier otro evento natural que los llevo a la catástrofe. Lo creería de película de no estar ahí. Y responsabilizaria a la naturaleza si no estuvieran todas esas bestias caminando lentamente entre los vehículos. Había un gran grupo quieto, con algunos de ellos caminando entre esos cuerpos inertes al otro lado del vehículo en la esquina. Entre aquella esquina y ellos se encontraba otro vehículo, parecía haber chocado contra unos locales más allá y tenía ambas puertas delanteras abiertas. Un poco de ruido y se moverían en su dirección.

Luego giró su mirada al otro lado, a dónde daba la espalda. No estaba peor, pero tampoco era mejor.

Podía contar de cinco a siete cabezas, no había ningún auto que los cubriera, pero aquellos caminaban supuestamente sin identificarlos. Estaban lo suficientemente lejos como para eso, seis locales hasta llegar a la esquina y reunirse con la calle.

Desde la perspectiva de Jimin -que parecía haber tomado el dato de todas las bestias que los siguieron al callejón- se tenían que alejar de la zona a la más descubierta. Jungkook podía entender su plan hablado, pero desde esa situación se le hacía difícil concentrarse. Haría todo lo que el rubio le dijera, porque hasta ahora lo había sabido mantener vivo y continuaba fijo en esa idea. En qué el rubio lo sabía mantener vivo. Era un recordatorio constante para las palabras que tenían lógica pero parecían descabelladas en los labios del detective.

Jimin se movió en un abrir y cerrar de ojos a su costado, dejándolo en medio de él y Darren, le miró la nuca y luego los pantalones, no había relación en ninguna, pero no sabía bien a dónde mirar y se concentró en la mancha de tierra en sus talones. No había notado cuando estos se rasgaron. ¿Habrá sido cuando fueron por debajo de la cortina?

⸺Ire primero ⸺susurra el rubio ⸺. Darren, mantén la vista constantemente a nuestras espaldas. Jeon, vea por la calle, en los locales también y yo vigilaré este lado. Tenemos el beneficio de estar en una acera llena de autos, pero pongan atención.

Observa como el rubio acepta el silencio como una respuesta, porque se mueve agachas hasta el siguiente auto, es rápido y se coloca junto a la puerta trasera del mismo, luego camina a la del frente y gira en dirección a Jungkook. Este ve por la orilla de la ventana, vuelve su vista al frente y se mueve, pero el detective levanta su palma, diciéndole que tiene que esperar. Escuchan los lamentos de una de las bestias acercarse entre los autos y lo ven a mitad de la cajuela. Agachados, junto a las puertas y llantas, ven hacia arriba contra el metal.

La bestia portaba unos ojos incoloros que se movían sin rumbo, su boca estaba abierta, tenía la ropa cubierta de sangre, le faltaba un brazo y cojeaba. Jungkook cubrió su boca para no hacer ningún ruido y llevó su mano atrás para avisar a Darren, este al ser tocado de la rodilla se movió también asustado. El detective les pidió se calmaran con la mirada.

Lentamente señaló la bolsa de las latas que portaba Jungkook en la mano. Indicandole con esa acción que debía recurrir a una, más su mensaje siguiente acción fue imitar el aventar una pelota cerca del suelo. Fue suave y logró entender el mensaje, hacer rodar la lata por debajo del auto. Tenía sentido, si se levantaba a aventarla la bestia lo vería.

Gira la cabeza para observar el ángulo y que esta no terminara contra la llanta. Sentía el corazón en sus palmas al intentar no hacer ruido al elegir la lata más cercana y sacarla tomando el metal entre sus dedos. La servilleta que cubría la misma es retirada con el mismo cuidado, mientras la bestia seguía de pie entre los autos, lo siente jadeando en su nuca.

Baja la lata contra el suelo y reza porque la calle no esté inclinada en su dirección, cambia la posición de su mano a como Jimin le había dicho, pues parece no ser tan eficaz para hacerla rodar lejos. Sus dedos están contra el asfalto, sostiene el índice con su pulgar y golpea la lata.

Mantiene la respiración cuando el sonido metálico comienza a escucharse rodando por la calle.


















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