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N/A: en multimedia dejé una canción que me trae obsesionada. No tiene nada que ver con el tema, pero... ahí está.
Resulta que ya cumplí un mes de vacaciones... y lo cierto es que me hace falta la escuela. Cuando estoy en clases añoro el tiempo de descanso, maldigo la mitad de las materias y llego arrastrándome a casa tan solo queriendo dormir. ¡Pero en vacaciones pido clases! Leer, escribir y perder el tiempo en el celular, incluso salir con amigos o ir a entrenar; no me parece suficiente. Quiero ocuparme de verdad, extraño el alboroto del cambio de clase y los recesos donde algunos ni siquiera comen por completar trabajos.
Se lleva un ritmo acelerado, de modo que al detenerse uno agradece... hasta cierto punto. El kínder, la primaria, la secundaria... bachillerato y universidad son vacaciones comparadas con la vida allá afuera. No tengo que pagar impuestos ni servicios, mucho menos hacerme cargo de un trabajo o mantener una casa. Solo tengo que estudiar, y si por mi fuera, lo haría toda la vida.
Estando en kínder queremos pasar a primaria; los de primaria tienen tareas difíciles y un patio enorme donde juegan a lo que quieran. En primaria ansiamos estar en secundaria; los de secundaria son grandes y se la pasan hablando de sus proyectos. Una vez en secundaria, lo único que queremos es pasar a preparatoria; los preparatorianos no llevan uniforme y vagan por los pasillos con sus mochilas al hombro. Ya en bachillerato miramos con admiración a los universitarios; ellos estudian lo que quieran, tiene sueños grandes.
Siempre buscamos más y al parecer pocas veces estamos a gusto con lo que hacemos. En vacaciones me quejo del descanso, y el clases me quejo del trabajo. Por ahora estoy aprendiendo a valorar lo que ya tengo; gracias, Dios mío, por las vacaciones, gracias por la escuela.
Sin embargo, tengo dudas... Es aquí cuando les hablo de mis dudas sobre la universidad. Primero expongamos que este año (onceavo grado/segundo de preparatoria/tercer semestre de preparatoria) debo tomar la decisión de qué quiero estudiar, puesto que el año siguiente la educación se divide en cuatro, donde debo escoger un área orientada a mi carrera. Esta parte de las áreas ya la había comentado antes. Y... no tengo la menor idea de qué escogeré. Hay tantas cosas que me gustan, y son tan diferentes entre ellas que varias personas me han dicho lo perdida que voy.
La gente que ha querido ayudarme me dice que la decisión vendrá sola, por lo cual no debo preocuparme. Otros hablan sobre escoger lo que de verdad me apasiona, así jamás me cansaré de ello. Algunos más me dicen que me asegure de que la carrera tenga amplio campo laboral, para no morir de hambre en el intento.
He pasado por varias situaciones donde los adultos que me rodean hablan sobre el éxito de allegados suyos.
—La hija de tal quiso aprender alemán desde niña y ahora es traductora para una empresa en Múnich.
—Tu primo, hijo de tal, ya terminó su especialidad en neurocirugía y se encuentra laborando en Heidelberg.
—¿Recuerdas al hermano de tal? ¡Está trabajando para Microsoft!
Y en esos momentos yo no puedo evitar pensar si llegaré tan lejos. Y para empezar, ¿qué es lejos? ¿Cuál es mi lejos? Ahora bien... ¿todas las personas de mi edad se cuestionan las mismas cosas? Quizás soy la única paranoica pensando en su carrera en plenas vacaciones.
Ya no sé muy bien qué estoy escribiendo aquí. Solo sé que esa angustia de allá arriba es una piedrita en mi zapato, ¿es normal que me pese de esta forma una decisión así? Presiento que debería ser motivo de alegría y emoción en vez de traerme insomnio. Y no puedo forzar mi cabeza a llegar a la respuesta, ¿o sí?
Estoy convenciéndome que todavía tengo tiempo para pensar. Y por lo pronto, quiero estar en paz con lo que ya hago, en vacaciones por ahora... más adelante en clases. ¡Ah! ¡Pero tampoco puedo ignorar el tema de la carrera!
*se da un golpe en la frente porque siente que se contradijo mil veces*
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