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Debo confesarles que este sitio —De Todo un Poco— es mi escondite en Wattpad, o algo así. Aquí puedo venir a despotricar sobre la vida o hablar de lo enamorada que estoy de la misma sin problema alguno.

Se podría decir que este escrito es una versión intangible de mí, pues incluye cosas que me conforman como persona; las canciones que recomiendo, las anécdotas que les cuento, unos cuantos tags, los datos extraños que traigo... incluso las actualizaciones con el tema de psicología, o los problemas cotidianos de escribir. En buena medida todo eso soy.

Si has llegado hasta aquí conmigo, eres mi confidente; gracias.

De ahí que haya escogido este sitio para hacer memoria de mis primeros años de primaria, porque siento que conforme pasa el tiempo, esos recuerdos van desvaneciéndose de mi cabeza; así que necesito dejar evidencia de lo que sucedió en ese tiempo. Ah, pero ahí no acaba la cosa; al final te hablaré de un plan que traigo en mente, el cual está relacionado con los recuerdos.

El primer día de clases nunca se olvida, ¿están de acuerdo conmigo? El caso es que ese día, del primer grado de primaria, mis papás me acompañaron al salón que sería mío. Por cosas del destino —mala o buena suerte—, me senté junto a una niña de nombre Helena. Sí, Helena con H; lo recuerdo muy bien gracias a que años más tarde nuestra entrenadora de gimnasia le diría "Helena con H" como si ése fuera su nombre completo.

Volviendo al tema del primer día. Mi hermano tendría alrededor de un año y medio, por lo que también había venido con nosotros a la escuela. El salón tenía un zumbido constante por los papás yendo y viniendo con sus niños. Así pues, mi hermano se presentó ante mi nueva amiga con un beso baboso, segundos más tarde mis papás también se presentaron, pero no con un beso baboso. De esa manera transcurrieron las primeras horas de clases, junto a Helena con H.

No estoy segura de cómo sucedió, pero pocos días después mi círculo amistoso se conformaba de más niñas. Se las presentaré en breve.

La ya conocida Helena con H era una niña muy aplicada académicamente, dulce y amable hasta cierto punto. Su carácter te hacía sentir especial por el mero hecho de ser su amiga. Además era flexible como goma cuando se trataba de gimnasia, tanto que una entrenadora secundaria la bautizó como "La Niña de Goma".

Por otro lado estaba Maggie. Introvertida, temerosa y dependiente. Junto a ella yo era un humanito atrabancado y temerario. Maggie sonreía de manera extraña, porque no parpadeaba cuando lo hacía. Ella fue la primera amistad a la que consideré especial, al grado que se convirtió en mi mejor amiga los primeros tres años de primaria. Fungió de compañera en la única pijamada que he tenido en dieciséis años, también entrenábamos juntas y durante clases compartíamos mesa. En el auge de nuestra amistad, solía ir seguido a su casa para jugar la tarde entera, claro, después de hacer los deberes.

En la otra esquina, con un peso de veinte kilos (tal vez más, tal vez menos)... estaba Kalet, quien era risueña y coqueta por naturaleza. Sus almuerzos escolares consistían en galletas, panecillos y flan empaquetado; era suertuda para los ojos de un grupo de niñas donde las madres de éstas enviaban frutas, sándwiches integrales y juguitos naturales.

Por último, pero no menos importante: Marcela. No la Marcela que hoy en día es mi mejor amiga; otra Marcela. Esta niña era muy delgada; brazos y piernas cual popotes. Lo único que no flaqueaba era su carácter. Sus saludos de gimnasia para antes de subir a los aparatos parecían una maldición hacia los jueces, en serio; alzaba los brazos y doblaba sus antebrazos tanto que podía confundirse con una obscenidad.

No hace falta que me describa a mí.

Esta pandilla, por llamarlo de alguna manera, pasó por muchos eventos. Desde fiestas de cumpleaños hasta secretos, incluso competencias nacionales de gimnasia y peleas banales. Todas estuvimos en el mismo salón por dos años, nos veíamos seis días a la semana. Digo seis puesto que los sábados también entrenábamos.

Hablando de entrenamientos... un día de aquellos, mientras nos recargábamos en la pared en la posición de una silla, una amiga llamada Sofía le dijo a Maggie que ya no quería ser su amiga. ¿Por qué? Sofi no dio explicaciones. Quizás el ejercicio la tenía tan cansada que su manera de desahogarse fue rompiendo amistad con la primera persona que viera, y esa persona fue Maggie.

Para no hacerles el cuento largo, Maggie se soltó a llorar como si le hubieran arrancado un dedo. Yo entendía por qué lo hacía... es decir, ¿llorar por una amistad superflua? Entiendo que hayamos tenido seis años, pero...

Maggie suplicó otra oportunidad, pero Sofi ni siquiera le respondió. Aquí es cuando aproveché que estaba cerca de Maggie para decirle que no se preocupara; yo estaba para ella. Además, seguro las palabras de Sofi eran tan solo un arranque del que después se arrepentiría.

Maggie pasó del llanto a los pucheros conforme le hablaba. Salimos del entrenamiento como de costumbre, juntas. Cuando nos despedimos ya se veía más tranquila.

Era cierto que me tenía a mí. Unos años más tarde me daría cuenta que yo no podía contar con ella. Pero esa historia la dejo para otra ocasión.

Primero les explicaré que hace unas semanas le propuse a mi mamá hacer su biografía, pero ella no aceptó por razón que creí incorrectas. Soy una mujer ordinaria, dijo ella, no entiendo por qué quieres hacerlo. Mira, es más... imagina un contenedor lleno de pelotitas con el nombre de cientos de personas. Si sacas una de las pelotas por la razón que quieras, podría ser yo. ¿Entiendes? No tengo nada de extraordinario, hija.

En fin... no opino lo mismo que ella sobre su cotidianidad; no tiene un pelo de ordinaria. El caso es que poco después ella me propuso que hiciera mi biografía. Eres joven, y te queda mucho por vivir, argumentó.

Así que aquí estoy ahora, preguntándoles qué les parece la idea. Si decido hacerlo, ya pensé que necesito un lugar donde lo que escriba no se borre. Si mi computadora muere y pierdo los documentos, quiere tener la seguridad de que mis escritos están a salvo. Y sí, de inmediato pensé en Wattpad. Pero luego dije... ¿Una biografía? ¿En Wattpad? Qué locura.

Debería decir autobiografía, pero ustedes me entienden. El caso es que no pienso narrarlo desde el momento en que nací, no, no. Sino de eventos claves que me han ido moldeando, del porqué Andrea es Andrea en experiencias breves, anécdotas que no serán en orden cronológico. ¿Se les hace una estupidez? Una parte de mí me dice que sí. Me atrevo a traerlo aquí porque, recuerden, son mis confidentes.

Me gustaría hacer una introducción aclarando este detalle, y además presentando el escrito como si estuviéramos caminando por la superficie de mi cerebro o como si se trata de una intervención quirúrgica algo fantasiosa. Por ejemplo:

Aquí tenemos al lóbulo frontal, se ve jugoso, ¿no es cierto? Si caminas por sus pasillos encontrarás cómo fue que resolví problemas, también puedes darle una probada a mi personalidad y reírte de mi pensamiento creativo.

¡Ey, mira por allá! Está el lóbulo temporal. Si tienes curiosidad sobre mi memoria visual y auditiva, ésa es la zona indicada. Pero si te parece aburrido, podemos dar un paseo por mi hipotálamo, el cual está en la calle Sistema Límbico, esquina con Tálamo. ¿Que qué podemos encontrar en el hipotálamo? Oh, pues ahí regulo mi humor...

Y bla bla bla. Ése fue un boceto rápido; tendré que investigar sobre el cerebro más a fondo y afinar algunos detalles de cómo quiero narrarlo.

La otra idea va algo así:

Debemos informar que por órdenes externas, Andrea fue sometida a una intervención quirúrgica cerebral antes de que continuara escribiendo incoherencias. Al revisar su lóbulo parietal pudimos notar que su juicio y razonamiento estaban un tanto nublados. Su lóbulo temporal tampoco se encuentra muy bien que digamos, de modo que últimamente su memoria no es confiable; por esta razón decidimos intervenir, para recuperar sus memorias antes de que sea demasiado tarde.

Las dos ideas me gustan, aunque habrá que escarbar ahí para ver si encuentro otra cosa que valga la pena desarrollar. ¿Ustedes cuál prefirieren? Para empezar... ¿qué opinan de la idea entera? De hacer una autobiografía en partes.

¡Nos leemos pronto!


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