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capítulo 4

Punto de vista de Alex.

Había soñado durante toda la noche cómo habría sido mi vida, si hubiera cumplido todos mis sueños junto a Sam, tal vez pudiera haber despertado por las mañanas y ver cómo su tripa crecía cada día, haber visto el nacimiento de Alex, y llorar de emoción por convertirme en papá, con diecinueve, pero un papá alegre, y enamorado de la madre de su hijo, porque sí, sigo tan enamorado de ella como hace seis años. Sé que Sam ya no siente nada por todo el daño que le había hecho, me lo merecía.

La mañana había llegado a la ciudad de Miami, yo desperté en casa de mi hermana, porque había pasado la noche con ella, necesitaba del apoyo de su hermano mayor y no se lo iba a negar. Había pasado tres cuartos de la noche llorando, y yo cuidé de Jace en lo que ella se calmaba. No durmió a penas así que decidí llevar a Jace yo mismo a la escuela. Estaba tan afectada por la muerte de su marido, y se sentía tan sola que tuve que llorar yo con ella.

Una vez estaba montado en el auto que me envió Regan, junto a mi sobrino, caí en la cuenta de que no tenía idea de donde estaba la escuela de este pequeñín.

— Oye, Jace. —le digo a mi sobrino, que está en el asiento trasero con cara de sueño. Normal, joder, no son horas para estos críos. — ¿Sabes dónde queda la escuela, cierto?

—si, tío. —nos dirigimos hacía la escuela, el se despidió de mí con un fuerte abrazo, me levanté y vi a Alex con él mientras me sonreía. Sam se encontraba a mi lado.

La observé detenidamente, llevaba una falda negra de tubo que se ajustaba perfectamente a su cuerpo, una blusa blanca que le quedaba divina, su pelo estaba recogido en una coleta y unos tacones de infarto. Miraba como nuestro hijo se marchaba lentamente por la puerta de su escuela, acompañado de su primo, son dos encantos.

—¿Cómo así que trajiste a Jace? —Me mira mientras se le escapa una media sonrisa. --No me digas que ahora tienes ese instinto paternal, Morgan.

— Gia lloró durante la noche y no durmió, a penas hace un rato que conseguí que se relajase. — le respondo a su pregunta. —Quise dejar que durmiera.

—Debo ir a verla. —me dice preocupada.

Se va a marchar para su coche pero le tomo el brazo, haciéndola girar hacia mí. Su mirada se dirige por una milésima de segundos a mis labios, pero rápidamente se redirigieron a mis ojos, había sentido una corriente eléctrica atravesándome todo el cuerpo. Era una alegría saber que ella seguía produciéndome el mismo efecto que hace seis años, pero me encantaría más que ella lo sintiese también.

— Yo puedo llevarte. — le digo con voz suave.

— No, gracias. — me dice y finalmente se dirige a su coche.

--Casi --dije cuando ella ya se había ido. --Casi cuela.

Yo me monto en el mío y vuelvo a casa de mi hermana, lo que eso indicó en sí que tuviera que encontrarme nuevamente con Sam. En efecto ahí estaba ella en la puerta; seguía siendo tan bella como siempre.

Ya había llamado a la puerta de la casa de mi hermana, por lo que estaba esperando que ella le abriera. Me puse a su lado y noté como su mirada de reojo se fijaba en mi figura, conociéndola seguramente, estaría pensando en que he tonificado más mi cuerpo. Efectivamente, dos giras dan para hacer mucho más ejercicio.

— Llevo seis años esperando a volver a ver esta imagen. —Samantha y yo nos miramos a la vez para luego mirar a Gia. — Perdón, he pensado en voz alta. — la rubia de mi hermana se hace a un lado y dejo que primero pase la madre de mi hijo, y tras ella mientras mi hermana cierra la puerta, voy yo.

Mientras mi hermana y Sam conversaban yo la miraba embobado, no se podía negar lo muy enamorado que estuve de ella, y ella de mí. Ojalá las cosas hubieran sido diferentes, ojalá nunca hubiera montado en aquel avión, nunca me hubiera ido a Los Ángeles. Me daría igual no tener fama y a penas dinero para vivir, pero la tendría a ella, y a mi hijo.

— De hecho, debo irme. — dice levantándose y yo regreso a mi realidad. — Tengo que entregar hoy mi libro y casi no dormí por terminarlo.

—¿Eres escritora? — le pregunto.

Recordé que ella se había graduado en filología inglesa y cuanto amaba los libros y todo lo que fantaseaba en escribir uno, tenía mil ideas para plasmarlas en un papel, era una alegría saber que había conseguido su sueño, lo que no lo era tanto, era no haber estado con ella para verlo.

— Aún no, pero lo será — Dice mi hermana como una mejor amiga orgullosa. Ellas seguían siendo dos personas inseparables, no se habían faltado la una a la otra nunca en la vida, no se fallaron. — Su libro arrasará cuando salga.

— Ay, no digas tonterías. — ella sonríe y le da dos besos y se acerca a mí para abrazarme. — No olvides pasar por Alex, por favor. — asiento y sale por la puerta cerrándola tras sí.

Miré a mi hermana que tenía sus ojos azules clavados sobre mí, con una expresión de extrañeza en su rostro.

--Escribió un libro... --le dije, sentándome en el sillón frente a ella.

--El que se enamora pierde. --Dijo, al escuchar esas palabras miles de recuerdos vinieron hacia mí como si fueran diapositivas. Había escrito sobre nosotros, había contado nuestra historia, me alegraba saber que no influí en ella del todo negativamente. --Dice que es una manera de despedirse de ti. Claro, que lo hizo pensando que nunca volverías.

--Supongo.

--Pero la conozco bien y sé que ese libro más que para despedirse de ti ha sido una forma de tenerte cerca todos estos años. --Mi hermana se acercó hasta mí. --Alex, sé que no la has olvidado, igual que sé que ella a ti tampoco.

--No me quiere ni a diez metros, está muy dolida. --le dije.

--Pero sí que te quiere con vuestro hijo, y para ella no hay mayor debilidad que verte con Alex.

--¿Y cómo lo hago? --Mi hermana coge un cojín negro que había a su izquierda y me lo estrella contra la cabeza.

— ¡Idiota! — me grita Gia.

— ¿Que tú quiere'? — le digo.

— Deberías de invitarla a cenar, Con Alex y contigo. — me dice poniendo su dedo índice sobre su sien en señal de que debería pensar.

— Que Sam ya no me ama. — le digo.

— Que eres tonto, chico. — mi hermana menor se va indignada, mientras yo me quedo pensando en si debería hacerlo o no.

Punto de vista de Sam.

Dejé mi coche en los estacionamientos de la editorial P&S, era una de las mejores que había en Miami, y tuve la suerte de que se interesaran por mi libro, espero que lo que terminé de escribir les guste. Este libro es la manera de cerrar mi etapa con Alex, de dejarle marchar, de por fin aceptar que lo único que nos une es un hijo y nada más.

El edificio de P&S era muy alto, a decir verdad era una alta torre de color gris lleno de ventanales tintados. La puerta principal era una puerta giratoria que tenía en grande arriba un cartel que ponía: P&S

Me adentré en la editorial y fui hasta el ascensor de puertas negras, marqué la sexta planta y ese aparato me llevó hasta ahí. Salí y me fui hasta la secretaria.

— Hola vengo a ver a la señora Gómez. — ella me sonríe amable, era una chica morena con ojos verdes y un vestido pegado a su cuerpo.

— Venga conmigo. — ella hace sonar sus tacones y me lleva hasta una puerta gris que hay al fondo del pasillo. — Adelante la señora Gómez la está esperando. — la chica se va y yo respiro hondo, giro el mango de la puerta y entro.

La mujer estaba sobre su sillón mirando su ordenador gris Apple, mientras apuntaba cosas en su agenda. Llevaba una camisa negra y unos pantalones del mismo color, su pelo era castaño rizado y sus ojos eran marrones, calculo que tendría unos cuarenta y pocos años.

— Hola. — la mujer me mira y me sonríe — Soy Samantha Sánchez, la autora de El que se enamora pierde.

— Si, Hola cariño, siéntate. — Me ofrece el asiento y yo la obedezco, saco de mi bolso el borrador que tengo para entregárselo. — ¿Terminaste lo que te faltaba?

— Si, claro — le paso el borrador Y ella lee lo que le falta, ya habíamos estado hablando por e-Mail y había leído hasta lo que llevaba escrito le faltaba tan solo dos capítulos.

— Oh, me gusta mucho. ¿Pero por qué se va? — me mira en shock por el final del libro. — Si tanto la ama debería de haberse quedado a luchar por ella, o al menos llamarla. ¿qué es lo que le tiene que decir?

Que Alex debería de haberse quedado y haber luchado por volver a ganarse mi confianza, recuperar nuestra relación, era lo más cierto que había dicho Ester sobre mi libro.

— Él decide irse para olvidarse de ella, y ella aún aferrada a él le llama para contarle que está embarazada solo que él nunca le respondió. — le cuento cosas que no le han quedado claras.

— Me encanta. — ella sonríe y yo le devuelvo la sonrisa, se levanta de su asiento y se pone bien sus pantalones. — Pásate mañana y firmamos el contrato.

— Muchas gracias de verdad, señora Gómez. — estiré mi mano para estrecharla con la suya.

— Ay no, señora no. Me hace sentir vieja y solo tengo cuarenta y dos. — se ríe y su risa me resulta familiar. — llámeme Ester.

— Está bien, Ester. — sonrío. Se llama igual a mi mamá. — gracias y mil gracias.

salgo de P&S para ir a casa, la hora de recoger a Alex ya había pasado hace una hora, pero no me preocupo, su papá había ido por él.

Ahora que lo pienso, es un buen papá, lo está haciendo todo por Alex y está demostrando que realmente quiere formar parte de su vida. Cada vez que les veo juntos no puedo dejar de pensar que podríamos haber tenido un futuro los tres juntos, unidos, como una familia. Si tan solo me hubiera cogido una de esas tantas llamadas que le hice durante un año...Ahora ya, es demasiado tarde.

El timbre de la casa suena y voy a abrir a donde detrás se encontraban los dos amores de mi vida.

— ¡mamá! — dice nuestro pequeño abrazándome. — lo he pasado genial, hemos hecho sopa y hemos tocado la guitarra.

— ¿tocado la guitarra? — miro a Alex y nuestro hijo desaparece en el interior de la casa.

— Si, sabe tocar. — sonríe. Lo hace de una forma tan bonita. — ¿Lo sabías?

— No, pero es normal. Sale a su padre. — los dos nos reímos. Había extrañado esa sonrisa a muerte. Sus ojos verdes se fijaron en los míos y volvía Aquella conexión, la nuestra, la de siempre. — debo volver dentro...

— ¡Aguarda!, ¿podrían venir un día al cine conmigo? — me dice.

— ¿tú, yo y nuestro hijo? — él asiente. — Alex, no va a pasar entre nosotros si es lo que buscas.

— Solo quiero pasar tiempo con Alex, y que mejor que lo pase con sus dos padres. — me sonríe y siento como mis defensas se debilitan.

— Está bien.

--¿Qué tal la entrevista? --Sonreí. El hecho de que se hubiera acordado de que había tenido esa entrevista y de lo importante que es para mí, esto ya significaba demasiado.

— a partir de mañana trabajaré allí.

— ¡ESO ES GENIAL! — me coge de la cintura y me abraza. — Eres fantástica.

Nuestros ojos se quedaron conectados a nada de distancia, y a decir verdad mi corazón me pedía a gritos besarlo, ya que llevaba seis años sin hacerlo, pero no podía. Esto no estaba bien.
Él se fue acercando hacia mi, pero yo me alejé, no por falta de ganas de besarle, sino por pura dignidad.

— Mañana nos vemos. — entré en casa y lo dejé ahí en el porche, como si nada. Pero había algo muy dentro de mí que estaba feliz de tenerle de vuelta.

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