Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Ofrenda de paz


Izuku creía que el karma por fin le había alcanzado.

Estar en el apartamento de un alfa no era su idea de comodidad, incluso cuando este estaba dormido la mayor parte del día y solo lo veía durante la cena antes de que el partiera a su trabajo en un bar.

Había pasado una semana y no podía estar más disconforme. El incendio en su apartamento había causado más estragos de lo que creía, lo que lo había obligado a seguir viviendo con el malhumorado Bakugo Katsuki que siempre le ponía los pelos punta cuando gruñía al salir de su habitación después de una de sus siestas.

—¿En que piensas?

—¿Eh?—dijo Izuku, mirando por fin al hombre frente a él.

Katsuki llevaba el pelo despeinado y comía un tazón de cereal en la mesa. La cocina y la sala estaba conectados en un espacio amplio, pero sin mucha privacidad.

—En que tengo que pagarte la renta en unos días—escuchó al cenizo gruñir otra vez lo que hizo que se encogiera de forma inconsciente esperando los gritos.

¿Qué había hecho mal? 

¿Se escuchó como una queja, en lugar de un comentario?

—No tienes que pagarme ni un centavo.

Oh.

—¿Es enserio?

—¿Por qué le cobraría renta a un omega embarazado que perdió su hogar? No, ni hablar. Mi madre me mataría.

—Hablando de su madre...¿No le incomoda que esté viviendo con un omega embarazado? Digo, las madres son muy sensibles con eso, si mi madre supiera que estoy viviendo con un alfa que no es mi pareja...

—Mi madre no vendrá, no te preocupes por eso—dijo de forma brusca levantándose de la silla y poniendo sus trastes en el lavadero para lavarlos con una rapidez impresionante.

Los dos se quedaron en silencio, con solo el ruido de la televisión de fondo. Izuku había encontrado entretenimiento en un tonto programa de comedia, hacía años que tenía un televisor, hacía años que no veía películas sin el temor de ser golpeado o agredido, hace años no estaba tan libre a pesar de lo incómodo de la habitación.

Por un momento, le molesto el silencio.

Pero luego se escuchó un disparo.

No muy lejos, tal vez afuera del recinto de apartamentos. El edifico no estaba en una buena zona de la ciudad, pero en las semanas que había estado viviendo aquí, nunca pudo escuchar una disparo tan claro. La violencia le ponía los pelos de punta, pero las balas no le aterrorizaban lo suficiente como para esconderse como un gatito debajo de la mesa, aunque el estruendo lo había dejado con los pelos de punta.

La mujer con la que trabajaba como mesero, había trabajado en un centro para victimas de PSTD y le había enseñado mucho sobre cómo manejar la ansiedad por ahora, mientras tenía el suficiente dinero para encontrar un buen psicólogo. Su madre era increíble, pero siempre se pregunta si las cosas hubieran sido diferentes si hubiera tenido la atención necesaria.

Su hijo tendría una vida diferente.

Dirigió su mirada a la cocina, donde antes estaba el alfa. Se sorprendió al no verlo parado, si no, de cuclillas con las manos en sus orejas mientras miraba a la nada.

Sus ojos se abrieron con sorpresa mientras miraba al hombre de uno noventa y algo temblar por el sonido de una bala perdida. 

—¿Señor Bakugo?—susurro, esperando que solo fuera una broma cruel.

Pero este no se levantó, solo apretó más sus ojeras, como si quisiera olvidar el tétrico sonido, y todo lo que este detono en su cerebro.

Se levantó del sillón y se posicionó en frente, sentándose en el frío piso con dificultad tratando de encontrar las palabras adecuadas.

¿Qué iba a ser?

Apenas él podía controlarse cuando tenía ataques provocados por el estrés postraumático. Peor sabía algo, era el único en ese apartamento, y no podía dejarlo así, vulnerable, débil, todo lo contrario a lo que había visto del hombre los últimos días.

—¿Puedes escucharme?—dijo con una voz dulce, Katsuki medio asiento no prestando mucha atención.—Ahora ¿Me harías un favor? Quiero que levantes tus brazos encima de tu cabeza, como si alcanzaras el cielo.

Katsuki con una mirada escéptica hace lo indicado, sus manos tiembla y sus pupilas están dilatadas tratando de enfocarse en la labor que el pecoso le acaba de pedir.

—Buen trabajo, ahora quiero que respires profundo...—indica, haciéndolo el mismo—Estas a salvo, estas en tu apartamento, conmigo ¿Entiendes? Acabas de cenar , tú cereal favorito...

—¿Todo está bien?—dice con una voz rota que encoge el corazón de Izuku.

—Si, todo está bien. 

Acaricia un poco el hombro de Katsuki, arriesgándose un poco a ese contacto físico que tanto había odio pero que estaba empezando a soportarlo. Él lo necesitaba, necesitaba a alguien que lo apoyara.

Él día fluyó como si nada hubiera pasado, pero con Katsuki mas calmado y silencioso de lo usual, se fue a su trabajo e Izuku se quedó en el pequeño apartamento el solo, con sus pensamientos. No iban a hablar de eso si Katsuki no se lo permitía, pero podía ver que trataba con todas su fuerzas de suprimir aquellas emociones tan fuertes, y se pregunta si eso pasaría más veces cuando se hospedara ahí.

De pronto, se encontró diciendo a si mismo que nunca había visto a una alfa siendo tan debil. Y no era malo ¡Para nada! De hecho, lo hacía sentir más seguro. No vio a su ex novio llorar nunca, siempre era fuerte y imponente, lo que le encantó la primera vez que lo conoció pero se fue convirtiendo en un infierno conforme pasaron los años.

A pesar de que estaba preocupado por Katsuki, le hizo sentir seguro el sentimiento que no era el único con problemas en la casa.

A la mañana siguiente, no pudo volver a ver al peli cenizo, él ya estaba noqueado en su cama después de una noche de trabajo. Pero vio algo en la cocina que lo hizo sentir...

Un pie de limon, como el que trato de preparar el día que quemo su cocina, con una pequeña notita.

"Lo compré en una pastelería cerca de casa, no quiero que quemes mi departamento también"

Izuku sonrió, ante lo que pensaba que era una ofrenda de paz.

Tal vez vivir con Katsuki no sería tan malo.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro